Etnobotánica Plantas

21 Jun 2020

Noche de San Juan: la higuera y la mimbrera para curar a los niños ‘rotos’

Higuera

La noche de San Juan está llena de rituales en los que el mundo vegetal tiene un papel destacado. Daniel Climent nos acerca a uno de los más antiguos y arraigados: el de curar los niños herniados. ¿Queréis saber en qué consiste? Pues leed esta historia de árboles "sanadores" en la noche más mágica del año.

Uno de los rituales más antiguos de la noche de San Juan iba destinado a curar los niños rotos o herniados. Eran niños que presentaban un bulto en la zona abdominal, a menudo a la ingle, allí donde se junta el muslo con el abdomen inferior. La causa era una evisceración parcial de las tripas a través de un desgarro en la membrana peritoneal. Un esfuerzo o simplemente levantarse podía hacer que apareciera el bulto, y al sentarse o con ayuda manual la tripa volvía al lugar; si esto no se producía el peligro de estrangulamiento hernial era muy grave y causa ocasional de muerte.

La ceremonia de la que vamos a hablar era no tan solo ancestral sino también estaba ampliamente repartida por numerosas culturas, países y ambientes sociales, como lo recoge, entre otros, Font i Quer en su Dioscórides renovado (1962).

A la izquierda, la obra Plantas medicinales. El Dioscórides renovado (1962), de Pius Font i Quer (en la imatge de la dreta). / Daniel Climent / Wikipedia

En el sur valenciano la hemos registrado por transmisión oral en Altea y Villajoyosa (en la Marina Baja) y en la isla de Tabarca. En general, el protocolo consistía en hacer pasar a la criatura “rota” entre la apertura de una rama partida.

La higuera de Tabarca

En Tabarca, “la Isla” para los nativos, la última mujer que practicaba este ritual fue Maria Ripoll. Casada con Manuel Parodi (muerto por viruela), fue la bisabuela del autor de este artículo, mi “yaya Maria”; las segundas nupcias la habían llevado a El Campello con la hija del primer marido, la que sería mi “mama” (abuela) Encarnació Parodi Ripoll. Yo, a pesar de haber nacido en Alicante en 1952, pasaba los veranos en El Campello. Todas las mañanas iba a primera hora a casa de la “yaya Maria”, en la calle del Mar, donde, en el patio de atrás, había una higuera de la que cosechaba higos, los guardaba en un capazo de esparto y los cubría con las hojas, para llevarlos después a nuestra casa como postre de la comida.

Una panorámica de la isla de Tabarca en los años 50. / Alicante vivo

Hasta el último momento de su larga vida la “yaya Maria” tuvo la cabeza muy clara y un público garantizado entre mis primas, mi hermana y yo, dada la cantidad de historias que nos narraba y fábulas que nos contaba. Y en cuanto a la higuera, en más de una sesión, nos contó su participación activa, su protagonismo, en el ritual para curar a los niños rotos que se hacía en la Isla en la noche del 23 al 24 de junio, la noche de San Juan.

Poco más o menos, lo que me contaba era que en esa noche, las familias que tenían algún niño en esas condiciones se dirigían al único árbol que entonces (entre los siglos XIX y XX) había en la Isla, una higuera. Los oficiantes eran mi yaya y un hombre, que tenía que llamarse Juan. Elegían una rama apropiada y a media distancia se le hacía un corte longitudinal, que se abría y se partía con la ayuda de las dos manos. A ambos lados de la hendidura se situaban María y Juan, que tenían que pasarse alternativamente el niño por la apertura de la rama, tres veces seguidas.

Más tarde he sabido que en Altea también se usaba una higuera para la misma finalidad; y que en otros lugares, en vez de Juan y María los participantes tenían que llamarse Juan y Pedro, ayudados por los padres de la criatura. En este caso el intercambio iba acompañado del siguiente diálogo:
Juan, aquí te lo doy roto.
Juan lo cogía y lo devolvía mientras decía:
Pedro, aquí te lo devuelvo.
Y así hasta tres veces, pero a la tercera Juan respondía:
Pedro, aquí te lo doy curado.

Mientras tanto, el padre y la madre del niño rezaban tres avemarías y tres glorias en honor de la Santísima Trinidad.

Fuera la que fuera la fórmula y la liturgia empleadas, quien había dirigido el proceso unía las dos partes de la rama estropeada con un trozo de tela y barro, mientras que con otro trozo de la misma pieza de tela fajaba adecuadamente al niño comprimiendo la zona inguinal para evitar que se volviera a salir aquella parte de las tripas. La creencia consistía en que si al cabo de cuarenta días la rama dañada había cicatrizado y no se había secado, también la herida interna (hernia) se habría curado.

Sea como sea, nos quedamos con algunas preguntas sin respuesta porque los oficiantes ya no viven. Por ejemplo ¿por qué elegir una higuera, si al ser dañada derrama un látex acre e irritante? En Tabarca tendría una explicación: era el único árbol de la Isla; pero, ¿y en Altea? A menudo las preguntas que generan los estudios de etnobotánica no tienen respuesta, porque los últimos depositarios del saber de este tipo han muerto, han perdido la memoria o no quieren recordar. Y tendrán que ser algunas hipótesis muy fundamentadas, comparaciones apropiadas o fuentes indirectas las que nos aproximen a alguna respuesta sensata. Y este caso de las preguntas sin respuesta concluyentes en cuanto a la higuera del ritual sería un buen ejemplo de que también tenemos que abordar, exponer y mostrar las carencias en la investigación etnobotánica.

Aun así, y como veremos, este ritual también se celebra, de manera parecida, en otros lugares como por ejemplo Villajoyosa y Manacor.

La mimbrera de Villajoyosa

Esta otra versión se la escuché contar a mi suegro, Jaume Soler Soriano, de Villajoyosa, y la registró en su libro Des del cantó d’El Mercantil (1995).

A la izquierda, portada del libro Des del cantó d’El Mercantil, de Jaume Soler Soriano. A la derecha, localización de la Era Soler, en Villajoyosa (Alicante), en Google Maps. / Daniel Climent / Googlemaps

En el libro cuenta que al lado del río de la Vila o Amadòrio, cerca del Molino Llinares de la pedanía conocida como Era Soler, había aparecido hacía muchos, muchos años, un arbusto único en la comarca, una mimbrera, a la que se le atribuían virtudes curativas en la noche más especial del año, la de San Juan. Se trataba muy probablemente de un Salix fragilis, la mimbrera, con cuyas finas ramas se pueden hacer objetos de cestería.

Salix fragilis. / Willow – Wikipedia

Durante décadas, desde toda la comarca de la Marina Baja acudían madres que llevaban los hijos rotos a visitar la mimbrera y hacer el ritual la noche de San Juan. Iba gente de las vecinas Orxeta, Sella; de Aigües, al otro lado del Cabeçó d’Or, a través del barranco de la Mola; e incluso acudía gente acaudalada desde Alicante y Elche montada en lujosas tartanas donde llevaban al hijo roto. La afluencia permitía montar, en las eras de don Jeroni Zaragoza, una pequeña feria comercial donde poner a la venta productos tradicionales como magdalenas y toñas, coca morena y rollos morenos, mantecados, mistelas, hierbas medicinales, etc. Al anochecer, se recogían trastos viejos y matojos secos para prenderles fuego y hacer la hoguera de San Juan alrededor de la que se cantaba y bailaba.

A la luz de la hoguera los allí reunidos sacaban de los capazos la cena que llevaban preparada: conejo con tomate, pimiento con sangatxo (la parte negra de la carne del pescado azul: atún, melva, bonito), tortilla de patata y cebolla, salmuera, olivas chafadas y del cuquillo… mientras el tonel de vino rodaba entre los comensales. Después de cenar, la improvisada orquesta de púa afinaba los instrumentos y se lanzaba a amenizar la fiesta y a animar a bailar, cosa que hacían sobre todo los más jóvenes y solteros mientras los más mayores, sentados en las tradicionales sillas de boga, disfrutaban viéndolos bailar y recordando con nostalgia los tiempos en que también ellos lo habían hecho… o la ocasión de hacerlo que habían perdido cuando todavía podían; y todo esto mientras se hablaba de las cosechas, el agua o el tiempo. Entre pieza y pieza se cargaba el alma con los dulces preparados o con los sorbos de los aguardientes endulzados con anís (Pimpinella anisum), los anisados, emulsionados en agua hasta formar los llamados nuvolets; y, seguro, la gente de Elche que había ido entonaría canciones alusivas a esa bebida, como “De l’aigua dolça venim» (Del agua dulce venimos).

Curar al niño roto

Al llegar la medianoche las madres con los hijos rotos al brazo se dirigían al Molino Llinares, al lado del cual crecía la mimbrera milagrosa. Los encargados de la ceremonia hacían un corte longitudinal en una de las ramas de la mimbrera de tal forma que se pudieran separar las dos partes y dejar un ojal por donde pasar una criatura.

Ritual de la mimbrera en Manacor (Mallorca). A pesar de que se mantiene el nombre de «mimbrera», realmente no se trata de ningún Salix, sino de una  Buddleja  madagascariensis, arbusto introducido en Mallorca en tiempo relativamente reciente. Estaríamos ante un tipo de lexicalización funcional, en que el ritual denominado «de la mimbrera» se aplica a otra planta a la que se atribuye la misma propiedad a pesar de no ser realmente ningún Salix. / Diario de Mallorca

Al llegar al arbusto se colocaban en corro y empezaba la liturgia de pasar el niño a través de los cortes hechos en las ramas de la mimbrera mientras se repetía tres veces la fórmula mágica:

Toma, Juan
Toma, María
A quien tenéis «trencaura» (hernia)
Que el que todo lo cura os cure la «trencaura»

Ritual de la mimbrera. / Diari de Mallorca

Un momento del ritual en que se pasa a la niña entre las dos partes de la rama. Después, se unirán de nuevo y se cubrirá con barro. / Diari de Mallorca

Y, como en el caso descrito en Tabarca y con la higuera, el que había dirigido el proceso cogía al niño, presionaba el bulto de la hernia hacia dentro del bajo vientre hasta hacerlo desaparecer y con mucho cuidado fajaba la ingle del niño. Por otra parte, con otra venda de la misma tela unía las dos partes de la rama de la mimbrera y lo cubría de barro.

Según el ritual, pasados cuarenta días, si la rama volvía a estar unida, el niño también estaría curado de la hernia / Diari de Mallorca

Y, como también hemos dicho antes, si pasados cuarenta días el desgarro de la rama de la mimbrera se había cerrado, si ambas partes se habían fusionado y la rama seguía viva, entonces el niño también habría cerrado el desgarro de su envoltorio intestinal (… o no).

En el caso de Villajoyosa la tradición de la mimbrera perduró hasta los años veinte del pasado siglo, en que la mimbrera se secó. Y con ella se acabó también el ritual y la pequeña fiesta que las noches mágicas del 23 al 24 de junio se celebraban en la Era Soler para curar a los niños rotos.

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Profesor de Ciencias de la Naturaleza. Investigador y divulgador etnobotánico.
Autor de artículos en Mètode y libros de etnobotánica. Conferenciante sobre temas de divulgación científica, etnobotánica y antropología cultural.

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