Etnobotánica

27 May 2020

El calendario y las plantas: mayo, el mes de las flores

Crataegus-Monogyna
Espino blanco ('Crataegus monogyna'). / Emili Laguna

Daniel Climent se une a Carles Martín para empezar una serie dedicada a las relaciones entre el calendario festivo y la etnobotánica. Y lo hacen con el mes de mayo, en el que los antiguos consideraban que se iniciaba una de las dos estaciones en las que dividían el año. Acompañadnos a descubrir tradiciones y celebraciones, como la del árbol de las flores de mayo, que van de la mano de la explosión floral del campo en esta época.

Mayo florido, por las flores es bendecido.

Les primeras culturas europeas solo consideraban dos estaciones climáticas: la del “buen tiempo” (que los romanos denominaban vernum tempus o aestivum tempus) y la del “mal tiempo” (hibernum tempus). Ambas empezaban cuarenta días después de una efeméride solar, un tiempo considerado de transición a la vez que de comunicación entre dos mundos, el terrenal de la naturaleza viva y el inframundo de la naturaleza suspendida.

El hibernum tempus empezaba el 1 de noviembre (samhain, para los celtas), cuarenta días después del equinoccio de otoño, representaba que las divinidades protectoras de la naturaleza retiraban su apoyo y, por tanto, entrábamos en una época de muerte, de defunción del mundo natural. Nosotros lo hemos heredado, ya cristianizado, en las fiestas concatenadas de Todos los Santos y Difuntos, ahora transformadas en una mascarada de carácter tan laico como light, Halloween, destructiva del sentido de la fiesta.

Fragmento de un mosaico romano con una imagen correspondiente al mes de mayo. Museo Arqueológico de Sousse, en Túnez. / Ad Meskens – Wikimedia

Por lo que respecta al vernum tempus y aestivum tempus eran, dependiendo de la latitud, las dos posibles entradas a l‘estación del buen tiempo. Una era el 2 de febrero, cuarenta días después del solsticio de invierno, como reza el dicho: Si la Candelera flora, l’hivern ja està fora; i si no flora, ni dins ni fora (“Si por la Candelaria florece, el invierno ya está fuera; y si no florece, ni dentro ni fuera»). Y la otra, sobre todo, el 1 de mayo, cuarenta días después del equinoccio de la primavera, un tiempo floral y de alegría, pero también propicio a la comunicación entre el mundo de los muertos y de los vivos, como veremos.

L’inici de l’estació del bon oratge en el món nord-europeu

La noche del 30 de abril al 1 de mayo los celtas celebraban Beltane, la entrada en la estación del buen tiempo; y festividades equivalentes se hacían en el mundo germánico, Walpurgis (Walpurgisnacht) y escandinavo, Valburg (Valborgsmässoafton). De hecho, la lista de celebraciones especiales por el mismo motivo, en el tráfico de esa noche, es mucho más larga y va del norte en el sur de Europa: en Estonia, la noche de Volbriöö es seguida de la fiesta grande de Kevadpüha; en Finlàndia, Vappu; en la Italia septentrional (la antigua Galia cisalpina) Calendimaggio; también en el Portugal septentrional y celta, y en Galicia, MaiasOs Maios, respectivamente; en Gales, concatenan la noche de Nos Calan Haf con la fiesta de Calan Mai o Calan Haf; y a Grecia, en griego moderno, Πρωτομαγιά (protomagia).Y todo para acabar en la celebración inglesa del May Day, que no debemos confundir con el código internacional de emergencia como demanda de auxilio, el triple mayday (que, de hecho, proviene del francés m’aider, “ayudadme”).

El 30 de abril se destabulaba al ganado y se le dejaba salir de las casas donde había pasado la mala estación para que pudiese pacer. Por la noche se encendían hogueras para atemorizar a los depredadores, y al día siguiente por la mañana, el 1 de mayo, se hacían rituales florales y de cultos dendrolátricos, de veneración a los árboles sagrados. Muchos de aquellos antiguos pueblos europeos, algunos de los cuales se desplazarían hacia el sur siglos después, renovaban ese día la veneración a determinados árboles totémicos, ornaban con flores los cruces de caminos y con guirnaldas las cabezas de los contrayentes en las bodas que se celebraban.

The war lord
Fotograma de la película The war Lord (“El señor de la guerra”, 1965) en el que se ve una boda con los antiguos rituales paganos en la Normandía del siglo XI.

Aún así, no olvidamos que la noche de Walpurgis era también un momento en el que los difuntos se comunicaban con el mundo terrenal, tiempos de brujas y encantamientos, similar con el tránsito del 30 de octubre al 1 de noviembre, Samhaim, y en el que los rituales florales y vegetales se utilizaban como sortilegios frente a los espíritus de ultratumba.

De manera equivalente, los romanos antiguos celebraban a finales de abril y principios de mayo las Floralia, de las que hablaremos en un próximo artículo. Y hoy en día todavía hay obsequios florales en Francia, donde es tradición regalarse pequeños ramos de muguet o lirio de mayo (Convallaria majalis), le muguet de mai, el primer día de mayo. El nombre científico Convallaria majalis viene a decir: lirio (Lilium convallium) de los valles (donde florece) en mayo (el sufijo –aria, –ariae indica relación en sentido amplio). Se considera la flor nacional de Suecia (liljekonvalj) y de Serbia (Ђурђевак , Đurđevak); y de Finlandia, donde se le llama kielo, que también es un nombre tradicional femenino.

Incluso en condiciones tan dramáticas como las que estamos viviendo con la COVID-19, el primero de mayo ha sido recordado en Francia con el símbolo floral correspondiente, el muguet de mai. / www.thegoodgoods.fr

La disposición escalonada de las flores de estas Maiglöckchen (“pequeñas campanas de mayo”, en alemán) hacía de esta planta una de las preferidas para ornar los altares a la Virgen María de mayo en los monasterios centroeuropeos, como símbolo de la deseada ascensión al cielo relacionada con las oraciones del mes de Maria.

La planta se ha convertido en emblema de la casa Dior (moda, joyería, perfumería) e incluso simboliza la propia fecha del primero de mayo, como se puede ver en la obra de Franz Xaver Winterhalter (1805–1873), pintor de cámara de las cortes europeas del siglo XIX. En el cuadro Le premier mai 1851, el príncipe Arthur, hijo de la reina Victoria y del príncipe Eduard, ofrece al duque de Wellington un muguet del 1 de mayo. El ramo tiene aquí un doble sentido: indica el primer cumpleaños del príncipe, y también la fecha en que se inauguró el Crystal Palace de Londres para la Gran Exposición (que se ve al fondo, a la izquierda), la apoteosis expositiva de la I Revolución Industrial. Una obra diseñada y dirigida, curiosamente, por un jardinero y paisajista, Joseph Paxton (1803–1865), que se reveló como un excelente innovador en el uso del vidrio laminado y el hierro a partir de módulos prefabricados fáciles de encajar.

Cuadro 1 de mayo
A la izquierda, cuadro Le premier mai 1851 de Franz Xaver Winterhalter (1805–1873) donde se ve cómo el príncipe ofrece al duque de Wellington un muguet del 1 de mayo. / Wikipedia. A la derecha, imagen más detallada del lirio de mayo (Convallaria majalis). / H. Zell – Wikipedia

En calidad de planta amatoria, en Alemania Maiglöckchen se regalaba “para fundir el corazón de las chicas”.  Ahora bien, tal y como advertía el poeta Heinrich  Heine (1797–1856), haciendo un juego de palabras entre la metáfora y la realidad, esta flor bricht das Eis des Winters und der Herzen (“rompe el hielo del invierno y del corazón”). Porque a pesar de su belleza, aroma y valor simbólico, no debemos menospreciar el carácter tóxico del muguet; los glucósidos que contiene (convalarina, convalamarina y convalatoxina) pueden causar trastornos cardíacos y digestivos (náuseas y vómitos), a pesar de que, si se toman a tiempo las medidas apropiadas, las intoxicaciones no necesariamente acaban con la muerte.

Y ha sido justamente su toxicidad aquello que ha dado al muguet un protagonismo de excepción en dos de las series más exitosas de televisión, Breaking Bad y Outlander, en las que los conocimientos etnobotánicos y toxicológicos de los protagonistas contribuyen de manera decisiva a la trama.

EnEn el primer caso, el químico orgánico Walter White consigue asesinar a su jefe y rival Gus Fring usando extracto de muguet; y la idea le llega al relacionar la intoxicación del hijo de la novia de su amigo Jesse con la presencia de muguet en una maceta del jardín.

Fotograma de uno de los capítulos de la serie Breaking Bad, en la que el protagonista se da cuenta de que el muguet o lirio de mayo (Convallaria majalis) puede ayudarle a deshacerse de su enemigo. / Breaking Bad Fandom

Por otra parte, y puesto que la hoja de muguet se confunde fácilmente con la del comestible “ajo de bruja” o “de oso” (Allium ursinum), eso puede inducir a ingerir el bulbo; y ese parece ser el caso de lo que se narra en el episodio tercero de la primera temporada de la serie británica Outlander, en la que la enfermera Claire salva a un niño que se ha envenenado suministrándole como antídoto otra planta, belladona (Atropa belladona, rica en la cardiotónica atropina), y enfrentándose al rector de la parroquia que atribuye la enfermedad del niño a un castigo divino.

El árbol de las flores de mayo

Alguns pueblos de los bosques caducifolios (celtas, germánicos, vascos, eslavos) incluían pautas de dendrolatría y adornaban los cruces de caminos con guirnaldas de flores. En el caso de los celtas, para los que determinados árboles estaban asociados a los meses del calendario lunar, el período entre el 1 y el 25 de mayo correspondía al espino blanco (Crataegus monogyna), un arbolito conocido también amb nombres como espino albar y majuelo, entre otros, y que en esa época se encuentra espectacularmente florido y desbordante de juvenil joya.

A la izquierda, imagen del espino blanco (Crataegus monogyna). / Emili Laguna. A la derecha, foto de detalle. / Daniel Climent

La relación fenológica entre la floración y el mes ha quedado registrada en fitónimos como el francés bois de mai, el neerlandés meidoorn, o los ingleses may, maytree, maybush, maythorn, mayblossom o mayflower. Y no solo en fitónimos, sino también en dichos populares como este de Irlanda del norte: ne’er cast a clout ‘til may is out (“no te quites la  ropa hasta que florezca [el árbol de] mayo”); o el francés: dejà est passé l’hiver, que l’aubépine fleurit et que la rose s’épanuit (“ya ha pasado el invierno, porque el espino blanco ha florecido y también lo ha hecho el rosal”).

Ese vínculo inspiró poemas como Court of Love, en el que el iniciador de la lírica inglesa, Geoffrey Chaucer (1340-1400), recomendaba que todo el séquito fuese el primero de mayo a coger flouris fred, and branche and bloome (“flores frescas, y ramas y capullos”).

Amongst the many buds proclaiming May,
decking the fields in holiday array,
Striving who shall surpass in bravery.
Mark the fair blooming of the Hawthorn tree,
who finely clothed in a robe of white,
Feeds full the wanton eye with May’s delight:

Entre tantos brotes que anuncian mayo,
dejando la comarca de fiesta vestida,
rivalizando en audacia
notad la elegancia florida del espino blanco,
que bellamente ataviado con un traje albo,
inunda el ojo distendido del encanto de mayo:

Extraído de Arboretum et fruticetum britannicum, de John Claudius Loudon (1838)

A su vez, el fitónimo catalán santperemàrtir es una metonimia que asocia el nombre de la planta al día de su uso, puesto que en la cordillera prepirenaica del Cadí se salía al campo la víspera del 1 de mayo (el 30 de abril, fiesta de San Pedro Mártir) y se esparcían guirnaldas de espino blanco para favorecer las cosechas. El mismo día, en Inglaterra, limpiaban con rames de espino blanco las telarañas de los jardines y de los establos. También en las granjas del nordeste de Francia se colgaban ramas con flores para evitar que accedieran unas arañas llamadas sorcières (brujas).

Ese poder apotropaico, de prevención frente a las influencias maléficas, también se le atribuía en la antigua Roma, hasta el punto de que el poeta Ovidio (43 a. C.–17 d. C.) cuenta que “[la ninfa Carna] depositó una rama de espino blanco […] bajo la pequeña ventana que iluminaba la habitación [del niño sin nodriza] y a partir de entonces las aves (los striges o ‘vampiros’) respetaron la cuna” (Fasti VI, pp. 165–169).

nos permite, nos facilita y nos anima a estudiar cómo, a lo largo de la historia, los humanos no tan solo hemos usado las plantas, sino también cómo hemos proyectado sobre ellas nuestras emociones, los deseos y los temores.

En muchos pueblos españoles se celebraba también la festividad que da paso al mes de mayo con rituales en los que el árbol tiene un destacado protagonismo. En la imagen, cuadro La cucaña, de Francisco de Goya (1746–1828). / Wikipedia

El cristianismo, al observar que los cultos dendrolátricos y florales del primero de mayo eran muy difíciles de desterrar, incluso cuando la gente había abandonado los ambientes nemorosos y silvestres, optó para cristianizarlos, para absorberlos y hacerlos suyos. Así, En el caso del espino blanco, en Inglaterra se veneraba el llamado Glastonbury thorn, una variedad que florece dos veces en el año, una de ellas en invierno. En la leyenda ad hoc se consideraba que este árbol situado en Somerset (suroeste de Inglaterra) era el heredero el rebrote del bastón que había llevado José de Arimatea en Inglaterra en su fuga de la persecución que se había desatado contra los cristianos después de la resurrección de Jesús. La leyenda se narra en el libro Herbari. Viure amb les plantes, de Daniel Climent y Ferran Zurriaga (Publicacions de la Universitat de València, 2012).

Pero, como diría el inspirado novelista Rudyard Kipling (1865-1936), esto ya sería el motivo de otra historia. No sufráis, la trataremos en el próximo capítulo.

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Profesor de Ciencias de la Naturaleza. Investigador y divulgador etnobotánico.
Profesor titular del Departamento de Ecología de la Universidad de Alicante.

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