Siete plantas para comprender a Darwin

Zarcillos de la trompeta de los ángeles. Foto: Jaime Güemes

El 12 de febrero, conmemorando la fecha del nacimiento de Charles Darwin, en 1809, se celebra en todo el mundo el día Darwin para recordar la importancia de su contribución al avance del conocimiento y, muy especialmente, al desarrollo de la teoría de la evolución biológica mediante la selección natural. Aunque pueden ser más conocidos sus estudios sobre pinzones, percebes o fósiles de grandes vertebrados, Darwin estudió con detalle la diversidad y las adaptaciones de las plantas, que también fueron de gran importancia para el desarrollo de su obra sobre El origen de las especies.

En la primavera de 1831, una vez terminados los exámenes y obtenida la graduación en el Christ’s College de la Universidad de Cambridge, Charles Darwin leyó Viaje a las regiones equinocciales del Nuevo Continente, de Alexander von Humboldt (1769-1859). Aún no había recibido la invitación para embarcase en el Beagle, sin sueldo y como ayudante de recolección de muestras geológicas, paleontológicas, zoológicas y botánicas. Aún no sabía cómo su vida iba a ser, de algún modo, paralela a la del ya reconocido noble prusiano.

Ambos contravinieron la opinión paterna sobre lo que debía ser su educación y su actividad profesional. Ambos tuvieron infancias acomodadas y pudieron disfrutarlas en grandes espacios naturales. Ambos desarrollaron teorías e interpretaciones de la naturaleza que cambiaron la forma de entender el mundo y que dieron paso a las modernas disciplinas de la biología.

Darwin y Humboldt se embarcaron rumbo a América siendo muy jóvenes, sin haber cumplido los 30 años -Darwin con apenas 22-; sus viajes hicieron la primera escala en islas de la Macaronesia (Tenerife, Humboldt; Cabo Verde, Darwin); y tuvieron una duración cercana a los cinco años. Ambos dedicaron los siguientes 20 años a estudiar las notas y los materiales recolectados y apenas hicieron es ese tiempo otras exploraciones. No fueron grandes recolectores botánicos y reunieron poco más de mil especímenes secos después de sus largos periplos por territorios continentales e insulares. Ninguno de los dos estudió las plantas colectadas. Fueron otros botánicos los que dieron a conocer sus hallazgos y las especies descubiertas.

1.Las hojas de la trompeta de los ángelesMaurandya barclayana, tiene peciolos sensibles, capaces de rizarse sobre ramas próximas. La vuelta en giro ascendente se completa en tres horas i 17 minutos, según Darwin. Foto: Jaime Güemes

Darwin reconoce en la introducción de su libro The different forms of flowers on plants of the same species (1877) que debería haberlo escrito un “botánico reconocido, distinción que no me puedo atribuir”. El naturalista británico no se dedicó a la identificación de las plantas ni se preocupó por describir las novedades botánicas que pudo encontrar en su recorrido americano. Sí se interesó, sin embargo, por cómo crecían y dedicó tiempo a cultivarlas y observar su desarrollo. Desde esa faceta de jardinero, tan arraigada en la nobleza británica del siglo XIX, fue un colaborador habitual de la revista The Gardeners’ Chronicle, fundada en 1841 por algunos de los paisajistas y botánicos británicos más destacados del momento. En ella, publicó sus primeras contribuciones, antes de llevar sus más detallados estudios botánicos ante la Linnean Society.

2. Las plantas trepadoras con zarcillos, como la parra de hoja de castañoTetrastigma voinierianum, son más eficientes trepando que las que se fijan mediante raicillas.
Foto: Jaime Güemes

A Darwin le preocupaban las adaptaciones de las plantas y, muy especialmente, su capacidad de movimiento, en unos seres vivos tenidos tantas veces por inmóviles. Estudió el crecimiento de raíces y tallos, pero dedicó minuciosos estudios en el invernadero de su Down House al conocimiento de las fuerzas que permitían trepar a las lianas, atrapar insectos a las plantas carnívoras o trasladar el polen con eficacia, de una flor a otra, para garantizar la descendencia de la especie. Siempre con una mirada atenta a detectar los tránsitos evolutivos que llevaban de unas formas a otras, seleccionando siempre la mejor adaptación.

3. La observación del ficus trepadorFicus pumila, en el invernadero tropical permite comprobar explicaciones de Darwin sobre las trepadoras. Su peso hace que se desprenda de la pared y caiga, al contrario que las plantas con zarcillos. Foto: Jaime Güemes

Como un observador minucioso, Darwin estudió el comportamiento de centenares de especies, en su mayoría exóticas y obtenidas en los jardines botánicos británicos, muchas en The Kew Gardens. Pero también desarrolló experiencias con las plantas silvestres que nacían espontáneamente en su finca de Downe, unos kilómetros al sur de Londres.

Muchas de las especies que observó Darwin se cultivan en el Jardí Botànic de la Universitat de València y, fácilmente, podemos seguir su desarrollo o comportamiento atendiendo las explicaciones del autor británico. Sabemos por él que las hojas de la trompeta de los ángeles (Maurandya barclayana) tienen pecíolos sensibles capaces de rizarse sobre las ramas de las plantas próximas. Que ese giro, que las fija y les permite ascender sobre las plantas próximas, se completa en un tiempo de unas tres horas y diecisiete minutos.

4. La vainillaVanilla planifolia, produce sus aromáticas vainas solo si es  polinizada por insectos de las selvas tropicales originales de México. De lo contrario, se debe hacer una polinización manual. Darwin explicaba los porqués. Foto: Jaime Güemes

También nos explica, y lo podemos observar en nuestro invernadero tropical, que las plantas trepadoras que desarrollan zarcillos, como la parra de hoja de castaño (Tetrastigma voinierianum), son más eficientes trepando que las que se fijan mediante raicillas, como el ficus trepador (Ficus pumila). Una observación atenta a la pared que cierra el invernadero y por el que trepan ambas especies, nos permitirá comprobar las afirmaciones de Darwin. El peso del ficus hace que se desprenda de la pared y caiga al suelo, mientras que los zarcillos de la parra exploran todas las direcciones del espacio hasta encontrar un soporte al que fijarse.

En el invernadero de las orquídeas podremos ver florecer en primavera la vainilla (Vanilla planifolia), también una planta trepadora de tallos volubles, que giran en el aire sobre sí mismos y se aplican sobre los tallos que se interponen en su desarrollo. Pero Darwin nos expone, además, las razones por las que, sin los insectos propios de sus originales selvas tropicales de México, solo podamos hacerla fructificar, para obtener sus aromáticas vainas, después de una polinización manual.

5. El mérito de Darwin fue predecir que el insecto polinizador de la orquídea Angraecum sesquipedale fuera una mariposa esfíngido, Xanthopan morganii. Porque esta familia presenta una espiritrompa muy larga, capaz de acceder al fondo del espolón de la denominada orquídia de Darwin. Foto: Elisa Caballer

Más sorpresas nos reserva ese invernadero, pero tendremos que esperar a las semanas centrales del invierno, para ver las flores de la famosa orquídea de Darwin que no es otra -aunque Darwin estudió el comportamiento de muchas otras especies de orquídeas y de sus polinizadores- que Angraecum sesquipedale, también llamada estrella de Navidad, una orquídea de Madagascar de la que, en la época de Darwin, se desconocía su polinizador.

Esta especie sirvió para confirmar el carácter predictivo de las observaciones de Darwin y su teoría de la evolución. Darwin conoció las flores de esta especie en los invernaderos de su finca, gracias a unos ejemplares que le regaló James Bateman (1811-1897), un reconocido orquidiólogo. Observó el larguísimo espolón en el que se prolongan los pétalos y donde la planta concentra el néctar. Predijo que habría una mariposa con una espiritrompa tan larga como la longitud del espolón. No se había descubierto aún, pero sabía que la descendencia de la orquídea solo podría garantizarse si existía esa especie para polinizarla. El hallazgo se produjo en 1907, casi 50 años después de las observaciones hechas por Darwin al ver la flor y, efectivamente, una mariposa nocturna (Xanthopan morganii) se alimentaba del néctar a la vez que transportaba el polen, de flor en flor.

6. La salicariaLythrum salicaria, hace flores de tres tipos y Darwin explicó per qué: forzar la polinización cruzada y facilitar procesos evolutivos. Foto: Emili Laguna

La visita guiada por Darwin podrá prolongarse a lo largo de todo el año en el Jardí Botànic. Si esperamos al final de la primavera, podremos observar en las balsas de plantas acuáticas, cómo crece y florece la salicaria (Lythrum salicaria) y ver su compleja heterostilia, con tres tipos diferentes de flores sobre la misma planta. En la finca de Darwin nacían espontáneamente al borde de las charcas. Imaginaremos al autor de El origen de las especies adentrarse en el barro para llegar hasta las flores y permanecer horas delante de ellas viendo el comportamiento de los polinizadores, hasta comprender la razón de esa diversidad de formas: forzar una polinización cruzada, aumentar las combinaciones entre progenitores y, en definitiva, facilitar los procesos evolutivos que permitirán la adaptación de las especies a un mundo cambiante.

Para acabar este recorrido, mencionaremos algunas observaciones que nos llevan hasta el invernadero de las plantas carnívoras, que quizás deberían llamarse insectívoras, ya que poco más que insectos consumen habitualmente. En 1860, a partir de la observación de los numerosos insectos que cubrían las hojas de las droseras de una turbera próxima a Londres, Darwin empezó a interesarse por esta curiosa adaptación de las plantas que viven en suelos muy lavados y pobres en minerales básicos para el metabolismo vegetal.

7. Darwin estudió durante 15 años decenas de especies de carnívoras, entre ellas, la drosera de El CaboDrosera capensis, observando los insectos que cubrían sus hojas. Foto: Jaime Güemes

Darwin dedicó quince años al estudio de decenas de especies de casi todos los géneros de plantas insectívoras y nos describe con detalle sus movimientos y su forma de alimentación en Insectivorous Plants (1875). En el invernadero veremos las glándulas brillantes, transparentes, rojizas, de las hojas de la drosera de El Cabo (Drosera capensis) y recordaremos que Darwin experimentó sobre plantas como estas para identificar los estímulos que movían sus “tentáculos”. Puso sobre las hojas pedazos de vidrio, corcho o carbonilla, sin estimular apenas su movimiento. No ocurrió lo mismo cuando disponía una mosca sobre ellas, excitándolas rápidamente hasta que el insecto quedaba atrapado.

Encontraríamos otros muchos ejemplos. Los textos de Charles Darwin*, con sus detalladas observaciones y descripciones, podrían acompañarnos en un recorrido por el Jardí Botànic deteniéndonos en cada planta y haciéndonos comprender cómo las fuerzas de la naturaleza han modelado sus formas, sus colores, sus texturas, sus aromas o sus movimientos.

*Unas publicaciones disponibles en castellano gracias a la magnífica Biblioteca Darwin dirigida por Martí Domínguez, director de la revista Mètode de la Universitat de València, y publicadas por la Editorial Laetoli.

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Director y Conservador del Jardín Botánico y profesor de la Universidad de Valencia. Doctor en Ciencias Biológicas

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