Lecturas

9 Mar 2026

Desconexión, una de las ventajas de leer sobre naturaleza

Si de algo estamos necesitadas las personas hoy en día es de momentos para desconectar de la tecnología, las obligaciones y las rutinas que nos imponen o nos imponemos, y conectar con todo aquello que nos nutre, como las relaciones, el ejercicio por placer o la libre gestión del tiempo. Hay muchas propuestas para desconectar pero en Espores se nos ocurre una muy importante: abrir un libro lleno, a rebosar, de naturaleza. Viene una nueva entrega de libros ilustrados sobre plantas que, ellos sí, merecen conexión total.

Con #PlantesContades podéis descubrir algunos de los mejores cuadernos botánicos que alguien ha tenido la delicadeza y la paciencia de ilustrar. No son tratados científicos, quizá no nos sirvan de guía en una excursión al campo, están repletos de humor, o de aventuras, son para grandes y pequeños, y son muy, pero que muy bonitos. Para que nuestra cabeza se llene de verde, y si no tenemos la suerte de contar con naturaleza a menos de un metro de distancia del lugar exacto en el cual estemos leyendo esto, nada mejor que empaparnos de las ideas y las historias que todos estos libros nos ofrecen pidiendo muy poco a cambio: que les dediquemos un ratito de nuestra atención.

Furor botánico

Ahora estoy aquí, en Nevà, en un momento de mi vida en el que lo que más valoro es el silencio y la calma. Habito un espacio lleno de recuerdos que no me pertenecen, pero al mismo tiempo tengo la oportunidad de crear nuevas vivencias para mi memoria. Como este verano, cuando nos visitó mi hermana y mi sobrina se puso a corretear por el jardín con unas alas de mariposa.

Los cambios de hogar suponen replantearse muchas cosas, y si además de dejar atrás un lugar mudas también de modelo de núcleo urbano, todavía más. En un momento de su vida, la ilustradora Laura Agustí se plantea dejar Barcelona y probar cómo sería estar en un pequeño pueblo de los Pirineos, en una casa de la familia de su pareja. El inicio perfecto de un relato que ella nos cuenta como mejor sabe hacer: con sus dibujos y sus reflexiones, a través de un viaje hacia un futuro incierto pero que se consolida en una experiencia presente totalmente arraigada a lo rural, y que además se complementa con todas las vivencias de la infancia que, quizá lo habíamos olvidado, todos tenemos ligadas a las plantas de una forma u otra. Un paisaje, un aroma, los veranos, el patio de nuestras abuelas. Las plantas son casa y también la casa, aunque sea abstracta, donde estuvimos de niños.

Aquí tenemos otra historia de alguien que reconecta con sus necesidades básicas de verde. No os engañéis, las tenemos todos. ¿Qué la hace especial? La forma sincera de enfrentarse al reto de reinventarse, la recopilación de recuerdos que salpican cada hallazgo en forma de flor o remedio medicinal, las referencias botánicas puras a Jeanne Baret o a Pardo Sastrón, y sí, lo reconozco, me gana con los consejos jardineros y las recetas, y con los inventarios ilustrados de plantas de interior o de setas.

El libro es una delicia estética que combina hortalizas, autorretratos dominados por hojas, detalles botánicos, animales espontáneos, paisajes, naturalezas muertas y alguna fachada. Lees sin parar con una especie de placer culpable, porque aquello se parece bastante a haberle robado el diario a alguien. Pero reconozco que evita de forma muy inteligente la romantización de la aventura, porque también aparecen puntos ciegos como la soledad, la separación de la red de confianza, la ausencia de la comodidad del «todo a todas horas» y la experiencia de superar la adicción a la adrenalina de lo urbano, entre otros que seguro se me olvidan.

No os adelantaré si lo que empieza como una prueba de tres meses acaba siendo definitivo o si la naturaleza les permite escapar de ella. Tendréis que averiguarlo asumiendo que cada vez que paséis una página sentiréis un mayor furor botánico. Eso sí, no puedo acabar sin un arriesgado espóiler: quien no quiera plantearse el éxodo rural que no compre este libro, que ni siquiera lo mire por encima. Hay un serio riesgo de que se lo llegue a plantear.

El oasis

Cuando compramos la casa, sabíamos que nos quedaba un arduo trabajo por delante. Aunque era más bien feúcha, y un poco tristona, para nosotros rezumaba potencial. Y, entre las razones que nos animaron a firmar, el gran jardín tuvo un peso considerable.

La cita que he elegido es un resumen sencillo de este delicioso cómic que narra las alegrías y calamidades de una familia, a lo largo de una década, para transformar en un jardín el trozo de tierra abandonado que tiene la casa a la cual se mudan. Pero no pretenden transformarlo en un jardín cualquiera, sino en un jardín biodiverso, que puede parecer apenas un matiz y no es solo eso. Y es que respetar la biodiversidad en un jardín supone muchas cosas, como respetar ciertos tiempos y espacios, tomar decisiones respecto a actuaciones o a inacciones, y también reutilizar, repensar y aprender que un entorno verde tiene muchas capas y en todas ellas hay tipos de vida que, si los dejamos, pueden perfectamente llegar a convivir.

Así, el libro se convierte en una guía breve de lepidópteros, aves y coleópteros, donde se intercalan las aventuras de abejas, arañas, babosas, avispas, serpientes, murciélagos y gatos domésticos totalmente desbordados por tanta compañía a quienes hay que poner en su sitio más de una vez. Y todo esto planteado como el escenario perfecto para ir pensando en qué hacer con las plantas que había antes de llegar al jardín y en cómo encajar las nuevas.

Dos tejos, dos saúcos, dos cerezos y un boj dominan entre los helechos, el romero, el hinojo, la hiedra y muchísimas más especies que rodean dos pequeños huertos. Seguir la evolución del plan de ese pequeño edén es hipnótico, una combinación ideal con el cómic de las peripecias de un ilustrador que se define como “un aficionado incorregible” y que se empeña, sabiamente, en convertir la parte exterior de su casa en un proyecto enriquecedor que al mismo tiempo lo conecta con su entorno y con sus vecinos.

Como dice al final del libro este permanente aprendiz de jardinero: “para mí, el jardín es la búsqueda constante de equilibrio entre el hacer y el dejar hacer, entre lo domesticado y lo salvaje, entre lo deseado y lo incontrolable, entre lo artificial y lo natural…”. Quizá todo se resume en eso también cuando disfrutamos de un cómic que plantea el resurgir de una nueva vida mientras nos planteamos qué hacer con la nuestra. Quizá todo es cuestión de la búsqueda constante de equilibrio.

Bombástica naturalis

¿Qué son las ruedas y los carruajes que ves desde tu ventana, más que árboles que nos conducen rodando hacia nuestro destino? ¿Qué son los barcos que cruzan los océanos y las velas que atrapan el viento que los impulsa, más que robes y lino que nos transportan hasta los más recónditos extremos de la esfera terrestre?

Bombastus Dulcimer

¿Y si cayera en nuestras manos una obra de botánica que nos cuenta una historia intrigante sobre un doctor, botánico y filósofo que ha creado nuevas plantas fantásticas al servicio de una sociedad cada vez más abstraída? ¿No sometemos ya la madera a toda clase de procesos y tratamientos para que nos sea útil? Y así con los alimentos, el tejido de nuestras ropas, la decoración de nuestras casas. Si un libro así llegara a nuestro escritorio nos volveríamos locos por publicarlo y darlo a conocer, con el fin de entretener, sí, pero también de mostrar la riqueza vegetal de nuestro alrededor.

Hay libros que poseen un encanto irresistible porque saben combinar pinceladas científicas con toques de humor e historias curiosas. El mundo de Bombastus Dulcimer está repleto de plantas imposibles, ahora bien, todas bien etiquetadas, con sus nombres científicos inventados en latín (bueno, en realidad solo inventada la especie porque sus géneros son reales), y descripciones que aportan luz al porqué de tan sugerentes nombres. En él descubriremos a la curiosa manzano Malus scalaria, que nos facilita el ascenso hasta su fruto más delicioso, o el Acanthus columnanta, un primo hermano del acanto que imita columnas corintias y adorna las puertas de las casas.

Las plantas son fascinantes, lo sabemos y lo descubrimos a cada segundo con cada cosa nueva que aprendemos de ellas. ¿Fabricar su propio alimento? ¿Semillas que vuelan decenas de kilómetros? ¿Seducir y engañar insectos? Todo parece posible en botánica, así que por qué no rendirnos al encanto del Quercus suber obturans, que produce bellotas de corcho, de la Cucurbita currus, una variedad de calabaza que bien hubiera podido llevar a su baile a la famosa princesa del zapato de cristal, o de la Urtica tiara, la diadema urticante que mantendrá lejos de nosotros a pesados o indeseables.

¿Y las historias? Porque hemos dicho que todas estas bromas y pinceladas científicas iban acompañadas de una. Solo que en este caso no tendremos que leer, tendremos que mirar. Porque el autor e ilustrador del libro, que en este caso aparece como editor (no olvidemos que la obra es propiedad de nuestro querido Bombastus), se ha encargado de explicarla a través de los dibujos. Un misterioso personaje aparece en la primera página, lleva en la mano una jaula con un pájaro azul, y a lo lejos vemos volar un gran globo aerostático con forma de pera… ¿Quién es ese caballero? ¿A dónde va el globo? ¿Cuál es el destino del pájaro? Nosotros mismos contestaremos a las preguntas, solo tenemos que aceptar la invitación de Dulcimer, ser unos buenos naturalistas y leernos su manual Bombástica naturalis de principio a fin.

Superpoderes de las plantas

Mimosa pudica, superpoder: super sensibilidad. Cuando siente el contacto de algún elemento externo reacciona contrayendo las hojas y replegándose. Con esta reacción muestra una apariencia mustia, ya que normalmente los depredadores prefieren alimentarse de plantas frescas y vigorosas: Para contribuir a la simulación, durante este movimiento de desprende de algunas hojas débiles.

Desde una estantería nos llama la atención una portada poderosa, de colores vivos, anuncia 17 superpoderes y 22 plantas. La pregunta es obligada: ¿tienen superpoderes las plantas? La respuesta es única: sí. Seguramente habrá quien no quiera verlo, porque las películas de superhéroes están llenas de capas y rayos penetrantes. Pero igual que asumimos que la realidad supera la ficción o que la felicidad está en las cosas pequeñas, lo cierto es que sabemos que los verdaderos superpoderes no tienen nada de mágico, son muy reales.

Las investigaciones en botánica nos revelan cosas cada día más sorprendentes, sabemos que hay un gran mundo vegetal que todavía nos tiene preparadas muchas sorpresas, pero otras ya las sabemos. La longevidad, la resiliencia, la sensibilidad a los estímulos de las plantas superan por mucho nuestra capacidad para imaginar. Y este álbum ilustrado recorre con minuciosidad auténticas proezas y capacidades de nuestras compañeras de planeta.

Pasad y contemplad la super movilidad del girasol, capaz de realizar el movimiento heliotrópico siguiendo al sol; la super hoja de la venus atrapamoscas atrapando a los insectos que se posan sobre ella; la super imitación del lirio cadáver para atraer moscas carroñeras; el super tronco de la secuoya roja, la conífera más alta que existe; o la super raíz del álamo temblón que emerge a una distancia de hasta 80 km del árbol madre para brotar de nuevo.

Como en una gran carpa de circo, desfilan las plantas por las páginas del álbum mostrándonos todo lo que son capaces de hacer. Aunque ellas no están aquí para entretener, sino para sobrevivir, y no les vendrán mal todas sus capacidades en este loco mundo que las personas nos hemos empeñado en destruir. Como en las buenas películas de superhéroes, esperamos que todo acabe bien. Disfrutad del espectáculo.

El gran libro de las flores

Las flores son de colores vivos para destacar entre el verdor de jardines o campos y para que los polinizadores las vean fácilmente. Las líneas y motivos de los pétalos ayudan a saber dónde aterrizar.

Las flores nos dejan embobados al natural y también en las fotos y en los dibujos. Los pétalos delicados, las formas imposibles, salpicar de colores llamativos el jardín o el prado, son muchísimas cosas las que hacen que un lugar florido esté entre nuestros favoritos. Ante una ilustración, además, la flor puede seducirnos de muchas maneras más, ya que se pueden exagerar los tonos o hacer combinaciones que no por menos espontáneas son menos bellas. Pero en estas ilustraciones si nos pica la curiosidad nos suele faltar información. ¿Cuál es el nombre de esa especie? ¿Dónde nos suena haberla visto? ¿Qué es eso tan curioso que muestra?

Esa sensación desaparece ante este libro, en el cual pasamos página a página por auténticos estampados florales comentados, es decir, como si un guía nos acompañara por el Jardín. Y es que hay mucho que contar del mundo florístico, y no solo en términos botánicos, porque es innegable la importancia de conocer la anatomía de la flor, la polinización o los diferentes tipos de dispersión de las semillas, además, la lista de curiosidades que podemos encontrar alrededor del mundo es infinita.

Así que este cuaderno ilustrado es una guía perfecta para curiosos y una fuente de respuestas para un concurso botánico. Algunos datos rescatados al azar de entre sus páginas: los astronautas han cultivado una rosa en el espacio, el tulipán es una planta bulbosa, la flor más grande del mundo es la Rafflesia arnoldii, y puede llegar a medir un metro de diámetro (¡si extendemos los brazos nos hacemos una idea de la barbaridad que es eso!), y la orquídea de Darwin tiene un tubo de néctar de unos 30 centímetros que es la longitud exacta para que la lengua de la esfinge de Morgan, una polilla, pueda polinizarla.

Este álbum nos aportará gran cantidad de pinceladas interesantes sobre las flores, nos dará algún consejo de cultivo y nos llenará la cabeza de términos muy precisos, además, también dedica unas páginas a la relevancia de la conservación vegetal y del trabajo de los profesionales de la botánica. Porque las flores tienen una importancia vital en nuestros ecosistemas, ya lo sabemos, pero nunca está de más recordarlo, y si lo hacemos con un precioso libro entre las manos, la satisfacción es doble.

Bibliografia

Simon Huerau (2024). El oasis. Historias y curiosidades de un pequeño jardín biodiverso. Errata naturae. 116 pàg.

Laura Agustí (2025).  Furor botánico.  Lumen. 147 pàg.

Iban Barrenetxea (2010). Bombástica naturalis. Abuenpaso. 36 pàg.

Soledad Romero Mariño (2024).  Superpoderes de las plantas.  Sonia Pulido (il.) ZahoríLumen. 51 pàg.

Yuval Zommer (2020). El gran libro de las flores. Juventud. 56 pàg.

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Responsable de Cultura y Comunicación del Jardí Botànic UV
Me gusta la música, los libros, viajar, escribir, la divulgación científica e ir al cine con todas las consecuencias; hacer cola, comer palomitas... Me divierte ordenar con mis hijos la colección de coches de Cars. Nunca he comprendido las reglas del tenis y me da dentera cortar la pizza con tenedor y cuchillo.
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