Un paseo botánico con… Pablo San Juan
“Lo que más me maravilla de una flor es su relación con lo efímero y el milagro”
El paseo por el Jardín aún es fresco, la primavera ha sido húmeda y las colecciones, agradecidas, lucen ese verdor que tiene valor botánico y estético. Sabemos que vendrá el verano y que lo hará con fuerza, que buscaremos sombras, pero todavía no, hoy buscamos respuestas. El fotógrafo Pablo San Juan ha inaugurado una muestra en el Jardín con un título sugerente, también lo es el cartel que la presenta, y él lo sabe, pero esta intención provocadora no es un reclamo vacío, tras las fotografías hay toda una reflexión sobre las plantas, y en concreto sobre las flores. Hablamos de belleza, evidentemente, a pesar de que también lo estamos haciendo de reproducción, de atracción, de dotar a las flores de un significado que va mucho más allá del que vemos a simple vista, y de cambiar la mirada que depositamos habitualmente sobre el paisaje. Aún hay frescor en el Jardín y lo vamos a aprovechar para hablar un rato.
Pablo, entrar en tu sala es hacerlo en un auténtico jardín, y eso que solo paseando diez metros ya estamos dentro del Jardín de verdad. Las flores vuelven locos a los insectos, y sabemos por qué, los seducen con colores y premios para que no se olviden de su necesaria tarea de polinización. Pero no deja de continuar siendo un misterio botánico la atracción que las personas sentimos hacia ellas. El escritor Christian Bobin escribió textos bellísimos sobre las flores que compraba para su casa y que iban marchitándose día a día. En tu caso, ¿cuál es el mayor atractivo de las flores? Aquello que a ti concretamente te ha vuelto loco.
Después de años fotografiando flores, no dejan de sorprenderme su delicadeza y su presencia. Cada primavera me maravilla esa cascada de vida que se manifiesta, para quien quiera verlo, por todas partes, cuando los árboles y las plantas exhiben sus preciosos atributos florales. El contacto con la naturaleza genera sensaciones de placer, calma, bienestar, potencia las emociones positivas y la creatividad. En este ámbito, aparte de sus formas, colores y aromas, lo que más me maravilla de una flor es su relación con lo efímero y el milagro, la promesa que una flor implica: de un fruto, de una semilla, un augurio de provisión, de vida y futuro. Un balcón abierto al infinito.

Un balcón que tiene unas vistas impresionantes! Esta es una muestra de retratos, que pretenden sacar a la luz un lado no siempre escondido de las cosas pero sí muchas veces invisible a nuestros ojos. Las flores se muestran contigo estéticamente impecables, y tu discurso está salpicado de sensualidad mientras hablas de reproducción vegetal. ¿Estamos ante una mezcla innegable de botánica y seducción?
Bien es cierto que el título la muestra, Botanica amoris, es bastante descriptivo en cuanto a su contenido, dado que en las imágenes se explora la sensualidad y el poder cautivador de las flores. El trabajo quiere expresar un diálogo metafórico sobre la vida, el amor, la sensualidad y el sexo.
Por lo tanto tu enfoque es de las flores como órganos sexuales.
Lo son en la mayoría de las plantas, las angiospermas, y se presentan vestidas de colores preciosos y llamativos, con formas y texturas extraordinarias, y con delicados aromas. Esto supone una incitación para muchos de los agentes que ayudan en la polinización. Algunos insectos, atraídos por flores que reproducen sus formas, incluso el olor de sus feromonas, eyaculan sobre ellas confundiéndolas con una hembra de su especie.
Las flores y la sensualidad están ligadas. Linneo, naturalista y botánico, padre de la clasificación de las plantas a partir de su sistema sexual, utilizó alegorías sexuales para describir su reproducción.

Y fue una revolución…
Sí, generó controversia y rechazo en la sociedad puritana de la época, era mediados del S. XVIII, y consideraron sus observaciones pecaminosas e inmorales. En España, José de Viera y Clavijo, diácono católico y biólogo, compuso en 1806 un precioso poema titulado “Las bodas de las plantas” sobre este tema.
Nota: unos días después Pablo comparte conmigo unos versos:
Colocado en su centro peregrino
El Estambre, cono borla y filamento,
Se un miembro del sexo masculino.
A servir á su Dama muy atento.
Pero lo Pistilo, de puntero fino,
Cono el germen y ovario miedo asiento.
Provocando su Estigma mil amores,
No se sino lo bello sexo de las floras.
Aun así, esta ya es una mirada profesional y adulta, pero no puedo evitar pensar con los inicios, cuando surgió en ti la vocación de fotografías. ¿Cuál es la primera vez que te recuerdas con una cámara en la mano?
De pequeño la cámara de fotografiar parecía un objeto mágico, con un magnetismo cautivador. Mi padre tenía una Yashica, que utilizábamos en las excursiones familiares. No fue hasta los 27 años cuando compré mi primera cámara en un viaje en Londres. A partir de ese momento, la cámara ha pasado a formar parte de mi vida, un artefacto indispensable en mi relación con el mundo.
Y en esta relación Botanica amoris supone, a pesar de no ser una serie de retratos formales, un auténtico homenaje a la belleza de las flores. También has trabajado otros muchos tipos de retratos, ¿te ves capaz de retratar cualquier cosa?
No lo creo, la fotografía alcanza numerosos ámbitos que requieren mucha especialización. Cuando inicié Botanica amoris, mi primer trabajo de estudio y totalmente apartado de la fotografía que hasta entonces hacía, y que continúo realizando, pensé que se trataba de un divertimento en un tiempo de crisis creativa.
Evidentemente, te equivocaste. ¿Cómo es que se ha quedado contigo este trabajo tan alejado de los anteriores?
Para Robert Frank, la fotografía es un acto de amor y he tenido la fortuna de que casi siempre he amado el motivo de mi trabajo. Mis inicios en la fotografía tenían el viaje como marco de actuación. Retratar gentes, culturas y paisajes diferentes me ayudaba a profundizar en el conocimiento y en la comprensión de lo que me rodeaba, situarme en el mundo. Al principio mi trabajo se centraba en reportajes sobre minorías étnicas, conflictos bélicos de baja intensidad o contextos de problemática social en Asia y Medio Oriente que se publicaban en diferentes medios de comunicación. A partir de mi trabajo sobre El Monzón, entre 1991 y 1993, que comprende Filipinas, Vietnam, Camboya, India, Nepal y Bangladesh, convergen la lírica y el relato autobiográfico en mis trabajos. Diferentes ensayos fotográficos empiezan a elaborar un discurso narrativo que muestra, a partir de diferentes realidades sociopolíticas o culturales de un mundo compartido, el reflejo de un entorno íntimo y la necesidad de expresar sentimientos y evocaciones. Creo que es este discurso el que justifica la coherencia de un trabajo de estudio como Botanica amoris con otros de naturaleza tan diferente.

Dado que sacas el tema de los viajes, ¿hay alguno en concreto que, como fotógrafo, consideres que cambió tu visión o tu forma de relacionarte con las imágenes?
Existe un punto de inflexión en mis trabajos que se produce después de un viaje en Filipinas. Una secuencia de imágenes tomadas en Manila, bajo la lluvia del monzón, me hacen descubrir el potencial lírico de la fotografía. Esas fotografías, que me conmueven al positivarlas en el laboratorio, me hicieron experimentar emociones íntimas y evocadoras y marcaron un camino definitivo en mi trabajo, al cual continúo siendo fiel. Nuria Enguita escribiría en el prólogo del libro El Monzón: “Pablo se ha fotografiado a sí mismo, como silueta, en unas fotos silenciosas, mínimas, haciendo suyo un espectáculo que no le pertenecía, pero que ahora ha pasado a formar parte de su alma”.
Palabras muy bonitas… También han dedicado muchas a tu trabajo desde el catálogo que acompaña a la muestra. En él, por ejemplo, la subdirectora del Jardín, Olga Mayoral, explica que “una de las razones por las que muchas personas no se sienten atraídas por las plantas es su naturaleza sésil, dado que el mundo vegetal parece estático”, a pesar de que nos parezca así porque “sus procesos responden a una escala temporal diferente a la nuestra”. Tus bodegones botánicos no se mueven ante la cámara. ¿Es más fácil o más complicado trabajar con ellos que con “modelos móviles”?
Es mucho más difícil fotografiar elementos móviles, donde el fotógrafo tiene que dominar, además de la técnica, la escena, el motivo, un entorno no siempre amable y perseguir la toma adecuada superando el imprevisto. Resulta muy exigente y agotador. Además, en estos casos, no siempre existe una segunda oportunidad para conseguir el resultado buscado, imaginemos un fotógrafo de prensa o un reportero de guerra.
Por el contrario, normalmente la fotografía de estudio, arquitectura, paisaje o retrato, se elabora en un ambiente controlado por el fotógrafo que, todavía en situaciones complejas de luz o atmosféricas, puede adaptar su técnica y generalmente dispone de tiempo para obtener un resultado preciso. Pero no digo que esto sea fácil. Imagino a mi amigo, el fotógrafo Jesús Rocandio, en la penumbra de un bosque primario encharcado, lejos de la civilización, asaltado por los insectos, con un complejo y pesado equipo técnico y realizando, para una sola toma, múltiples fotografías mediante la técnica del bracketing u horquilla, a expensas de que la brisa o el viento te arruinen la sesión. Así que en realidad nada es fácil.

Mientras hablamos damos un paseo por el Jardín, que explota primavera, y vamos también a la sala, por la que paseo de vez en cuando por diferentes motivos. Y cuando voy acompañada de alguien, siempre me pasa lo mismo: usan la palabra “japonés” para describir algunas de tus piezas. Así que me siento obligada a preguntarte si tienes alguna influencia.
Es cierto, a mí también me pasa, pero no puedo encontrar una influencia oriental en mi trabajo, más allá del gusto por la sensibilidad que caracteriza este arte. Los retratos de las flores buscan la simplicidad y la técnica utilizada interviene el resultado de manera azarosa, aportando elementos pictóricos que recuerdan a los adornos o la escritura orientales. Si analizamos las imágenes desde un punto de vista estético, pueden tener relación con elementos de la filosofía zen, tan influyente en el arte japonés: son retratos de naturaleza en composiciones simples y armoniosas; por otro lado las tonalidades pastel , características de la película instantánea y la calidez del papel de algodón donde están impresas las imágenes, inspiran serenidad y evocación. Simon Dent también alude, en su prólogo del catálogo, a una posible relación de estas fotografías con los poemas japoneses “haikus indescifrables sobre la fertilidad, la transitoriedad y la eternidad”.
Como hemos hablado desde que inauguraste en el Jardín, tu muestra ha tenido muy buena acogida. Jorge Alacid describía en prensa tu trabajo como “el discreto, e insospechado, encanto de la naturaleza”. Si alguien se acerca a la sala después de leer las reseñas de la exposición, ¿qué crees que es el que más le puede sorprender?
La exposición acoge dos series muy diferentes. Por un lado, Botanica amoris, con una estética vibrante por el color y los efectos pictóricos en obras que representan flores en su máxima plenitud. Creo que la primera impresión de quien la visita se centra en la delicada e inusual estética de sus composiciones, para después dejarse llevar por el juego metafórico de unas fotografías que acrecientan la sensualidad de la flor sugiriendo calidades antropomórficas.

Por otro, Caecitas ad plantas, es una serie vinculada al concepto de la “ceguera vegetal”, ese sesgo cultural humano por el cual las plantas son desconocidas e ignoradas, ocupando, en la jerarquía natural aristotélica, el último lugar solo por encima de las piedras. Sus imágenes monocromáticas y las transparencias encapsuladas en cuadernos, despertarán la curiosidad y extrañeza del visitante ante el discurso complejo que plantean. Las dos series son diferentes, pero se complementan, mostrando un mensaje de acercamiento, un llamamiento al conocimiento y sensibilización hacia el mundo botánico y a nuestro entorno natural a través del arte.
Esta segunda serie, Caecitas ad plantas, efectivamente acompaña un discurso muy coherente sobre la ceguera vegetal, esa tendencia, como dices, tan nuestra de ignorar las plantas de nuestro alrededor. ¿Cómo crees que contribuye tu trabajo a paliar este fenómeno?
Dependemos de las plantas, unos seres vivos con maravillosas facultades y propiedades, resultado de un proceso evolutivo fascinante, indispensables para la vida en el planeta tal y como la conocemos. Y a pesar de esto, somos incapaces de identificarlas o conocer sus propiedades. Las subestimamos o, simplemente, las ignoramos. La serie Caecitas ad plantas encierra, en cuidados estuches y cuadernos, imágenes parciales de plantas, producto del desmantelamiento de fotografías. Así, desnudadas de color y de formas definidas, solo les queda su nombre, que las hace reconocibles en los lujosos cuadernos que las contienen. Y son lujosos por la importancia de su contenido, la imagen representativa de una planta, una joya, un milagro natural.
Sin embargo, después de abrir el estuche y acceder a las imágenes, estas no son capaces de dar más allá de una exigua información sobre ellas. Sus características, propiedades, usos ancestrales, su comportamiento, su hábitat suponen un misterio que se esconde detrás de esa pobre, aunque atractiva, imagen.

Es toda una metáfora…
Sí, que muestra nuestras limitaciones para ver, con mayúsculas, y conocer las plantas, constriñendo la curiosidad y el afán del espectador para descubrir los misterios escondidos de cada planta. Caecitas ad plantas quiere ser una contribución más a los esfuerzos de tantos otros profesionales del arte, la ciencia y la educación, que reivindican el interés el conocimiento y el amor por las plantas.
Me tienes que permitir que te diga que en temas de fotografía voy muy perdida. Por eso, me resultaba difícil llegar al significado último de las palabras del fotógrafo Simon Dent en el catálogo, donde explica que en tus imágenes “los pétalos y filamentos de las flores se unen con las arbitrarias y viscosas figuras y tramas producidas por el revelado intervenido”. También explica que con el tratamiento que haces a las fotografías, “más que un borrar o desfigurar la composición, las capas de químicos secos del soporte dan lugar a un diálogo con las flores”. Así que te lo tengo que pedir, explícanos, a los poco entendidos, cómo es la cuidadosa, pero curiosa técnica, que has usado en parte de las fotografías de la muestra, y que confieren a las fotografías su aspecto sugerente y original, ese “efecto pictórico” del que habla Simon en su texto.
Antes de que existiera la fotografía digital, en el estudio era habitual el uso de película instantánea como test de visualización previo a la imagen definitiva. Las películas peel apart están formadas por un sándwich disgregable en el cual se separan las dos hojas que lo forman después de la toma. En su estructura incorpora saquitos con gelatinas químicas necesarias para que se produzca un auto-revelado que dura dos minutos; es prácticamente inmediato. Después, se pueden abrir las dos caras del paquete para que aparezca, en una de ellas, la imagen.
La intervención en ese proceso de revelado mediante cambios bruscos de temperatura y presión antes de abrir el sándwich modifica los químicos y hace que estos pasen a formar parte de la imagen de manera residual. El resultado son manchas azarosas, texturas aleatorias por la cristalización química sobre la superficie del retratado. Cada imagen obtenida así es única. Las obras expuestas son ampliaciones de los originales, a partir de su digitalización, sin ningún tipo de manipulación o retoque posterior. Lamentablemente, este tipo de película, muy apreciada por sus posibilidades creativas, se dejó de fabricar en el 2016. Actualmente se pueden encontrar caducadas, aunque los precios son prohibitivos.
Como este paseo está acabando, no quiero despedirme sin decirte que en el Botánico estamos muy satisfechos con tu propuesta y cómo se ha desarrollado, y me consta que el sentimiento es recíproco. Ahora que nos conoces de más cerca, en el Botánico trabajamos para consolidarnos como un referente en divulgación científica, educación ambiental, pero también como espacio cultural. ¿Cuál dirías que es nuestro fuerte como lugar expositivo?

Te tengo que decir que es increíble la actividad diaria en los espacios del Botánico, es frenética. Me encanta ver el Jardín lleno de jóvenes estudiantes en las actividades educativas rodeados por los magníficos árboles. Pienso en la importancia que esta tarea tiene para una sociedad cada vez más necesitada de reconciliarse con la naturaleza. Además, hace tiempo que las propuestas expositivas del Jardín Botánico son de una gran calidad. Si el objetivo es acercar y divulgar los valores y la importancia de la naturaleza al público a través del arte y la ciencia, está ampliamente conseguido, siendo cada vez un espacio más considerado en el circuito expositivo de València.
Podría comentar un buen número de exposiciones magníficas: la inspiradora Scriptum Lucem de Gerardo Stübing, la elegante reivindicación de los algarrobos y les Macollades de Nuria Ferriol, las sensibles propuestas de Yasmina Benabdelkrim y Susan Mowbray, esta última todavía en la Estufa Fría, pasando por los excelentes dibujos y las acuarelas de Marcelo Fuentes o José Saborit.
Cuando lo enumeras así no me puedo creer la cantidad de nombres que pasan por aquí, a veces se me olvida.
Pero es que, además de lo acertado de los contenidos, es en la gestión que hacéis donde reside el punto fuerte de la propuesta expositiva. Los tratamientos museográficos son de calidad, cuidados y elegantes, muy bien atendidos por profesionales. También la difusión y promoción, con la edición de un catálogo, materiales de sala y la participación de las redes sociales y la página web del Botánico. El Jardín Botánico destina muchos recursos económicos, humanos y técnicos a las exposiciones y detrás de cada una hay un extraordinario trabajo de coordinación. Un esfuerzo, el resultado del cual no sería el que es, sin el gusto y amor por lo que se hace. Tengo un sincero agradecimiento y valoración por el trabajo que desarrollas, Eva. Te tengo que dar las gracias, también a las personas que han intervenido en esta y otras propuestas. En mi caso, no puedo estar más contento con el paso de Botanica amoris por el Jardín, lugar al que tengo en gran aprecio. Me siento contento y agradecido para participar en un proyecto tan importante y ambicioso como el que realizáis.
Te agradezco mucho tus palabras Pablo. Los proyectos que pasan por el Jardín nos hacen crecer en todos los sentidos, y el tuyo no ha sido una excepción. Tenemos que despedirnos y voy a hacerlo con una foto final y pidiéndote que tires de imaginación. Estamos en un momento en el que el mundo parece fundirse en un complejo entramado de problemáticas de muy diversa índole. Sin ponernos demasiado dramáticos, imagina una escena apocalíptica muy cinematográfica, en ella vemos a una persona, cámara en mano, ante una flor, tratando de tomar delicadamente toda su esencia para depositarla en papel fotográfico. ¿Cómo titularías esta escena?
Aparentemente, tal y como lo planteas, la escena es de locos. Tengo sentimientos dispares en cuanto a la valoración de nuestro mundo. Por un lado, la impotencia y el sufrimiento diario por situaciones como la de Palestina, también de estupefacción ante la incapacidad de combatir un desbocado capitalismo y sus consecuencias. Pero permíteme darle la vuelta y dibujar un mundo con hombres y mujeres que trabajan, se esfuerzan y se relacionan en paz, científicos que avanzan en el conocimiento, maestros, doctoras que nos atienen, personas que luchan por la justicia, artistas que generan cambios en la cultura y la sociedad… Me gustaría titularla, “Resistencia”.
Resistiremos Pablo. Gracias por tu tiempo, por tus imágenes y por poner la palabra “amor” en nuestras paredes.
Gracias a vosotros, ha sido un placer.
Referencias
Carl Linneo (1707-1778). Científico, naturalista, botánico, médico y zoólogo sueco, padre de la clasificación de los seres vivos.
José Viera y Clavijo (1731-1813) sacerdote católico, historiador, biólogo y escritor. Dejó un enorme legado de conocimiento en campos tan variados como la poesía, teología, historia o biología.
Robert Frank (1924-2019). Influyente fotógrafo y cineasta suizo-americano, autor de The americans publicado por primera vez en Francia en 1958 con el título de Les americains por el editor Robert Delpire.
El Monzón, 1998. Editorial Focal A.C. Barcelona
Jesús Rocandio. Logroño, (1958). Fotógrafo y documentalista, creador de Universo Bosque, un proyecto ecoartístico que recorre los últimos bosques primarios de la Tierra.
Núria Enguita. Madrid, 1967. Historiadora y i curadora de arte. Directora del Museo de Arte Contemporáneo de Lisboa.



