Modernismo y naturaleza. Forma y simbolismo de las representaciones vegetales

En espores estamos siempre al acecho de elementos vegetales, y por suerte contamos con colaboradores de vista igualmente entrenada para ello. Daniel Climent y Carles Martín se adentran en el modernismo y reflexionan sobre cómo las plantas se convirtieron en un motivo nuclear de su arquitectura, su pintura ornamental, su cerámica… Plantas que además no eran accesorias, por lo que, si las analizamos bien, obtendremos mucha información cultural, social y de simbología.

El modernismo fue uno de los movimientos artísticos que más profusamente usó la naturaleza como fuente de inspiración. Pero las plantas o los animales que figuraban en sus obras no eran tan solo simples ornamentos estéticos, sino que estaban cargados de valores o referencias históricas, sociales, ambientales, económicas, simbólicas y culturales. El modernismo las utilizó a diferentes escalas, de la urbanística y arquitectónica a la ligada a las mal llamadas «artes menores»: pintura ornamental, impresión, cerámica, ebanistería, orfebrería, etc., muy a menudo con motivos naturales en los que tallos, zarcillos, hojas, flores, ornan el motivo central de la obra o se enrollan a su alrededor.

Como resultado, cada obra modernista ofrece un muestrario admirable de formas naturales y de inspiraciones fantásticas, de elegantes configuraciones y de maridajes estéticos que permiten conjugar composiciones simétricas o asimétricas igualmente bellas.

Novelda como ejemplo

Al comparar las obras del modernismo, pueden establecerse patrones de recurrencia de elementos naturales comunes, pero también las causas que podrían ocasionar diferencias. El objeto de este artículo será mostrar algunos de estos patrones en edificios y en obras de arte emblemáticamente modernistas, y como unidad básica hemos tomado Novelda, una ciudad próxima a Alicante y situada en la falla que une la costa del sur valenciano con el interior peninsular.

Rosas en la fachada de la Casa Museo de Novelda / Imagen: Daniel Climent

Esta falla, por la que transcurre el río Vinalopó, ha servido de camino entre el Mediterráneo y la Mancha-Madrid desde tiempo inmemorial, y de hecho en 1858 se estableció el ferrocarril de unión entre Madrid y Alicante. Eso facilitó la exportación de los productos de Novelda y de los pueblos vecinos (mármol, vino, anises) así como el comercio de las especias que llegaban gracias a las líneas de navegación que unían el puerto de Alicante, directa o indirectamente, con centros de gran vitalidad comercial como Barcelona, Marsella, Orán o Argel. Estas conexiones también facilitaban el acceso a otros mercados todavía más distantes, incluso del Extremo Oriente (el canal de Suez se inauguró en 1869), puesto que Japón se había abierto a Occidente tras el triunfo de la revolución Meiji en 1868.

Toda esta actividad comercial sirvió de base a la formación de una nueva burguesía mercantil potente que, en las últimas décadas del siglo XIX, supo dar el salto cualitativo de la simple acumulación dineraria a la riqueza cultural del modernismo y, así, transformó las poblaciones próximas al río Vinalopó, y muy en particular Novelda.

Tendencias florales en el modernismo

El modernismo encontró en las fascinantes formas de las plantas sus motivos de inspiración predominantes, hasta el punto de que este movimiento fue conocido como stile floreale en Italia (donde también se denominaba liberty) o style floral (más conocido como art nouveau) en Francia. Dentro de esta tendencia destaca la afición por la línea curva, por las fluencias delicadamente sinuosas, y por la asimetría y libertad de formas inspiradas en la naturaleza, todo ello puesto de manifiesto en el reiterado recurso ornamental denominado coup de fouet. Estas atrevidas decoraciones de inspiración zoomorfa y fitomorfa y, en concreto, los motivos florales, constituían la más genuina expresión de lo que se pretendía enfatizar.

Una de las vidrieras de la Estación del Norte de Valencia / Imagen: Jaime Silva

Porque si queremos captar el alma de este estilo, habría que preguntarse por qué se utilizan determinadas plantas. Además del componente estético o meramente formal, encontramos un trasfondo asociado a la voluntad de una burguesía ascendente de presentarse como adalid no solo en el aspecto industrial, comercial o agrario, sino también en el cultural; una cultura que supo asociar los avances científicos, técnicos y sociales con la naturaleza y, en particular, con las plantas. Así, muchas de las que decoran el escaparate vegetal del modernismo fueron elegidas tanto por razones estéticas como por el significado simbólico. Y hay que subrayarlo porque tanto los símbolos como las analogías, las metáforas o las alegorías son excelentes dispositivos culturales que organizan la información más allá de la utilidad o la inutilidad de los objetos que los soportan. De ello sería un caso paradigmático el Palau de la Música Catalana (1908), donde uno de los arquitectos más representativos del modernismo, Lluís Domènech Muntaner, ideó una innovadora estructura de hierro que permitía hacer paredes de vitrales traslúcidos que, en sutil armonía con un interior repleto de motivos florales, conseguían una especie de invernadero tan frondoso como atractivo.

Para empezar, haremos una propuesta de clasificación en tres grupos de las plantas empleadas: 1) las que remiten a la influencia cultural del mundo clásico europeo; 2) las provenientes del japonismo, y 3) las plantas de relevancia local, comarcal o de país. A continuación, veremos ejemplos tanto en Novelda como en otras ciudades que felizmente se incorporaron al proyecto modernista, como por ejemplo Alicante, Alcoi, Barcelona, Borriana, Carcaixent, Cerdanyola, Palma, Reus, Sóller, Terrassa o Valencia. De tal manera que cuando las visitamos podemos disfrutar todavía más al saber asociar las artes plásticas, literarias y musicales a los motivos florales que figuran en sus edificios emblemáticos.

Los motivos vegetales de origen europeo y tradición clásica

En las tradiciones de ornamentación vegetal existe un tipo de repetición de determinadas plantas relativamente comunes en diferentes estilos y épocas: acanto, laurel, trébol, lirios, amapola, trigo… El modernismo continuó esta tradición, enriquecida con los componentes simbólicos que se habían incorporado a lo largo del tiempo y de los cuales hemos elegido algunos de los ejemplos de más éxito.

  • Lirios

En primer lugar, encontramos el lirio, una de las plantas que disfrutó de especial consideración entre los modernistas. De hecho, uno de los nombres descriptivos de este movimiento en Alemania fue Lilienstil. De todos los lirios (de los géneros Iris, Lilium, Zantedeschia), el más representado en el modernismo ha sido el lirio azul (Iris germanica).

Detalles florales en la fachada dela Casa Museo de Novelda, un edificio emblemático del modernismo en el País Valenciano / Imagen: lorenaA1, flickr

En los edificios modernistas de Novelda es relativamente fácil encontrar ondulantes hojas y tallos de lirios coronados por las flores. Los lirios aparecen en diferentes lugares y de múltiples formas: grabados en las ventanas, como si la savia hubiera esmerilado el vidrio y se hubiera metamorfoseado en alas de libélula; en bajorrelieves de muebles; en paneles cerámicos, cortinas, pinturas y tapices… En representación naturalista o simbólica, o en quimeras botánicas: híbridos artísticos en los que hojas, flores y frutos provienen de especies botánicamente incongruentes.

  • Rosas

En la decoración modernista encontramos rosas con profusión, tanto resplandecientes rosas cultivadas como silvestres, que, a pesar de ser más sencillas, están dotadas de gran fuerza ornamental.

Estación del Norte de Valencia

En Novelda hay espléndidas representaciones de rosas de las más variadas formas y colores en espacios como el salón comedor de la Casa Museo Modernista, donde se pueden admirar las primaverales rosas silvestres también denominadas gavarreres o gavarneres, con solo cinco pétalos pero guarnecidas de hirientes espinas curvadas como los colmillos de un perro (de aquí proviene su nombre científico, Rosa canina). Una rosa espinescente, sí, pero también paradigma de la belleza, quintaesencia de las artes y mensajera del amor.

  • Amapolas y adormideras

Tanto las genéricas amapolas de color escarlata intenso (Papaver sp.) como el opiáceo adormidera de color más rosado (Papaver somniferum, “portadora del sueño”) figuran en las decoraciones de algunos de los aposentos más destacados de casas modernistas de Novelda.

Detalles florales en el techo de la Casa Museo de Novelda, un edificio emblemático del modernismo en el País Valenciano / Imagen: lorenaA1, flickr

En el mundo grecorromano, tanto la amapola como la adormidera habían sido consagradas a Deméter (la Ceres romana, epónimo de la palabra cereal) por doble motivo: en primer lugar, porque estas flores crecen espontáneamente entre las mieses, a las que ornan con su color refulgente; en segundo lugar, porque habían adormecido el dolor de la diosa tras el rapto de su hija Perséfone (o Proserpina, en la mitología romana) por parte del dios del inframundo Hades (o Plutón).

A su vez, la adormidera, el origen del opio, ha sido considerada la alegoría del olvido y del consuelo, quizás por sus propiedades analgésicas, narcóticas y somníferas. De hecho, ha sido vinculada a Morfeo, el dios del sueño y epónimo de la analgésica y sedante morfina. Las propiedades calmantes de las cápsulas de la adormidera eran conocidas desde la antigüedad y tradicionalmente se han usado en medicina popular, en infusión, para aplacar el llanto de los niños o la tos de los mayores. Y también como inductoras del sueño, razón por la que la adormidera abunda, grabada y como si fuera un amuleto, en los bajorrelieves que decoran los muebles del dormitorio principal de la casa del recolector y exportador de vinos Francisco Mira Abad en Novelda.

Hay que recordar también que el opio era una de las drogas de moda en época del modernismo (al igual que la marihuana y la absenta) y que la forma habitual de tomarla era en tintura alcohólica hecha con vino blanco, opio, clavo, canela y azafrán. Así, encontraremos vino, azafrán y adormidera dándose la mano en la decoración modernista de Novelda.

Este artículo se publicó originalmente en la revista de divulgación científica Mètode, de la Universitat de València. Puedes leerlo completo aquí

Artículo escrito por:
Daniel Climent Giner y Carles Martín Cantarino

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Profesor de Ciencias de la Naturaleza. Investigador y divulgador etnobotánico.
Autor de artículos en Mètode y libros de etnobotánica. Conferenciante sobre temas de divulgación científica, etnobotánica y antropología cultural.
extern Colaborador externo

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