Etnobotánica Plantas

4 Sep 2020

Recoger los «cabellos de la Virgen María» esparcidos en la noche de San Juan

Cabellera
Cuscuta Epithymum./ Picuki

Buena parte de los rituales y leyendas de la noche de San Juan apuntan a la sanación, a conseguir el amor o la protección frente a cualquier mal. Algunas también van dirigidas a los niños mediante fábulas, leyendas y cuentos que facilitan la transición entre su inocencia y la participación en la noche mágica de San Juan.
Una de esas leyendas, la recogimos en Villajoyosa (la Marina Baja). Y como tantas otras de carácter similar, romántico, ha perdurado asociada a lugares y momentos de singular importancia.

La roca encantada

La fábula anima a los pequeños a recoger los supuestos cabellos rojos que se le han desprendido a una mujer misteriosa que habita en las profundidades de una roca muy singular, la Roca encantà(da). Una roca que guarda, impertérrita, el camino que enlaza la cruz de Piedra con el puente del barranco de les Robelles (un afluente del río de Sella o Amadòrio), el puente del Salt d’en Gil (erróneamente pronunciado «de Sant Argil»).


La Roca Encantada en Vilajoiosa./ Daniel Climent

Esa roca es un afloramiento pétreo de singular personalidad, idóneo para enlazar, a lomos de la leyenda, los patrimonios natural, cultural y sentimental.
Según cuentan los mayores, en determinadas noches de luna llena la roca se abría y de ella salía una mujer que llevaba una madeja de hilos o de cabellos que esparcía por el camino hasta llegar a la cruz de Piedra, en el antiguo camino del Pez que unía la Vila con Alcoy. Desde allí volvía de nuevo a la Roca para esperar la próxima luna llena… o la noche de San Juan.
Aquel que recogiera el último de los cabellos esparcidos por la mujer antes de volver a la Roca y desaparecer, conseguiría el amor verdadero o aquello que más deseara. Así que… si la noche de San Juan era, además, de luna llena… ya nos podemos imaginar la de virtudes que tendrían.
Al caer al suelo, esos hilos cubrían las plantas que había por los alrededores. Y resulta que en la zona de la leyenda abundan esos «cabellos». Unos filamentos vegetales de características muy singulares.

Los cabellos vegetales de la mujer encantada

Cuscuta Epithymum sobre Thymus ./ Daniel Climent

Los presuntos cabellos son, en realidad, los tallos de una planta parásita de otras, puesto que en lugar de elaborar clorofila para fabricarse el alimento, emite unos filamentos destinados a encaramar-se a las plantas que tienen la mala suerte de encontrarse en su camino; y como sí fuera una especie de vampiro vegetal, les mete sus «dientes», unos órganos chupadores llamados haustorios, que absorben la savia que la planta había fabricado para sí pero que acabará nutriendo a su parásita.

Cuscuta Epithymum./ Daniel Climent

Popularmente conocidos como «cabellos de la Virgen María» o «barbas de capuchino» corresponden a los tallos filamentosos de la Cuscuta epithymum, un nombre que viene a significar, poco más o menos, cuscuta «que sube» (epi) sobre el tomillo, timoncillo, tomello o frígola (Thymus sp.).
Pero la parásita no lo es en exclusiva del tomillo, sino que también trepa sobre otros arbustos, también habituales en los alrededores de la Roca encantada y lugares parecidos: romero (Rosmarinus officinalis), timón macho (Teucrium sp.), rabitos de gato (Sideritis sp.)… e incluso aulaga (Ulex parviflorus), espliegos (Lavandula sp.), brezo (Erica multiflora), boja blanca (Anthyllis sp.), jarilla (Helianthemum sp.), gorromino (Ononis natrix), lechetrezna (Euphorbia sp.) y otras especies típicas de matorrales y tomillares.

Cuscuta Epithymum sobre Anthyllis ./ Daniel Climent

Carentes de clorofila, los tallos de los «cabellos de la Virgen María» son de un color rojo o amarillento; son, además, volubles y capaces, de enroscarse entre las ramas y las hojas de la planta parasitada sobre la cual se muestran con un aspecto de cabellera más o menos apretada.
Las flores, de color blanco o rosado, cubren la planta como si se tratara de confites sobre un pastel, lo cual ha servido para que la planta reciba en algunos lugares el nombre de «confitets».

Cuscuta Epithymum./ Daniel Climent

Pues bien, la noche de San Juan hay quien todavía lleva sus hijos a los alrededores de la Roca encantà de Villajoyosa a recoger por los alrededores los cabellos de la Virgen María; unos cabellos la infusión de las cuales, según apunta Font y Quer a su magnífica compilación de farmacopea Plantas medicinales (1961),  son laxantes y facilitan la secreción biliar y la desaparición de las flatulencias.
Un buen remedio casero que puede servir para paliar los excesos cometidos en las cenas y veladas de las noches de San Juan.
Pero, sobre todo, animar a los niños a encontrarlos, recogerlos y guardarlos estimula que aprendan a mirar, a buscar con la vista, algunas de las maravillas de la naturaleza que que nos rodea.
En la noche de San Juan, sí, pero también en cualquier otro momento.

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Profesor de Ciencias de la Naturaleza. Investigador y divulgador etnobotánico.
Autor de artículos en Mètode y libros de etnobotánica. Conferenciante sobre temas de divulgación científica, etnobotánica y antropología cultural.

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