Lecturas Plantas

3 Ago 2026

La Botánica Española descubre 80 nuevas especies de plantasen dos años y desafía a la «ceguera vegetal»

Si no trabajáis en el ámbito de la botánica, las siglas SEBOT no os sonarán mucho, pero la Sociedad Botánica Española, con cerca de mil miembros, agrupa a las principales sociedades científicas de este ámbito del conocimiento en nuestro país y supone un punto de encuentro, un espacio de trabajo y una plataforma de acción y difusión del mundo vegetal. Además, entre 2024 y 2025 sus miembros han descrito 80 especies nuevas, una muestra de todos los tesoros que la naturaleza alberga y que todavía siguen escondidos a nuestros ojos curiosos.

Parece una premisa de otros tiempos, un eco de las expediciones del siglo XIX, pero es una realidad rigurosamente actual: en pleno siglo XXI la naturaleza sigue guardando secretos. Entre 2024 y 2025, la Sociedad Botánica Española (SEBOT) ha dado a conocer 80 nuevas especies biológicas, un hito que no solo revoluciona el inventario de nuestra biodiversidad, sino que sacude la ciencia a nivel global. En una época donde el cambio climático impone una carrera contrarreloj, conocer la biodiversidad se ha vuelto una necesidad desesperada; muchas especies corren el riesgo de extinguirse antes, incluso, de que alcancemos a darles un nombre.

23 ejemplos de especies nuevas de plantas descubiertas en 2024 y 2025 por botánicos españoles.

La revolución silenciosa del ADN

El descubrimiento de una nueva especie raramente es el fruto de un chispazo de suerte, sino un proceso minucioso que puede prolongarse durante meses de trabajo en el laboratorio y en el campo. En el caso de la botánica, Carmen Acedo, presidenta de la SEBOT, señala la metamorfosis que ha vivido la disciplina: “en las últimas dos décadas, el despegue de las técnicas moleculares ha arrojado luz sobre muchos factores que antes pasaban desapercibidos”. 

En el pasado, la botánica dependía exclusivamente de la morfología, la observación visual de los rasgos físicos de la planta, sin embargo, existen grupos vegetales cuyos caracteres externos son prácticamente idénticos a los ojos humanos. “Los expertos del siglo XIX observaban, dibujaban la morfología y a veces no tenían ni lupa”, recuerda, “ahora podemos, no solo hacer estudios moleculares, sino conseguir la secuenciación masiva de cientos de genes”. Esta tecnología no solo desentierra especies inéditas, sino que corrige la historia: a menudo revela que dos plantas que se creían distintas son, en realidad, la misma; o al revés. El estudio detallado de una especie nos puede llevar a la conclusión de que, en realidad, estamos ante dos o más especies.

Del sur al norte: el sesgo geográfico

La importancia de estas 80 nuevas especies, que abarcan plantas con flores, helechos y briófitos, radica también en su dispersión geográfica. Aunque la Península Ibérica sigue dando sorpresas, el grueso de los hallazgos se reparte por África y Sudamérica, evidenciando una brecha histórica en la investigación de campo.

“El hemisferio norte está muchísimo más prospectado y estudiado que el hemisferio sur”, explica la presidenta de la SEBOT, apuntando que tradicionalmente los grandes centros de investigación y jardines botánicos se concentran en las regiones septentrionales. Así, al profundizar en latitudes australes, el universo vegetal estalla en novedades.

La pregunta es obligada: ¿alguna de estas nuevas especies destaca sobre el resto?, pero Acedo evita los favoritismos científicos y apela a la ecología: “todas destacan, porque cada planta cumple su función en el ecosistema del que forma parte”. Menciona, por ejemplo, una esquiva rubiácea localizada únicamente en las Sierras Béticas, entre Granada y Jaén, cuya singularidad radica en su distribución extremadamente restringida. “Pero si me preguntas cuál destaca por su importancia, yo te digo que todas son igual de importantes”.

SEBOT: la arquitectura de una voz común

Detrás de este éxito científico no hay investigaciones aisladas, sino una sólida red de cooperación. La SEBOT nació en 2019 con la unión de cinco asociaciones y el impulso de profesionales de la ciencia decididos a dinamizar la disciplina. En España ya existían pequeñas comunidades botánicas especializadas, pero faltaba una estructura estatal homologable a la de los países de nuestro entorno. Hoy, la sociedad roza los 1.000 miembros, uniendo a colectivos del profesorado universitario, la investigación y la administración, así como estudiantado y personas aficionadas. 

Participantes del congreso de SEBOT en la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla en 2025.

Podríamos decir que la fuerza de la SEBOT reside en su capacidad para aglutinar sensibilidades y disciplinas muy diversas bajo un mismo paraguas, voluntad que une a Asociaciones como la Española de Aerobiología (AEA), la de Herbarios Ibero-Macaronésicos (AHIM) o la de Palinólogos en Lengua Española (APLE), así como a Sociedades como la Española de Biología de la Conservación de Plantas (SEBiCoP), la de Briología (SEB), la de Geobotánica (SEG) o la de Etnobiología (SdEB). Recientemente también, a la Asociación Ibero-Macaronésica de Jardines Botánicos (AMIB).

“A mí me encantaría que todas las agrupaciones más específicas se uniesen”, confiesa Carmen Acedo, defendiendo que la masa crítica es el único camino para que los resultados científicos trasciendan los comités de expertos. “Dar visibilidad y relevancia a la botánica es más fácil si vamos todos a una que cada uno por su lado”. Eventos como su congreso internacional, celebrado recientemente en Sevilla, funcionan como esos puentes indispensables para poner en valor la disciplina frente a otras ciencias.

El antídoto contra la «ceguera vegetal»

Existe una paradoja incómoda en nuestra relación con el entorno. Vivimos rodeados de verde, pero rara vez miramos lo que vemos. “Se está detectando a nivel global un fenómeno llamado ceguera por las plantas (plant blindness)”, advierte Acedo. Al estar biológicamente más alejadas de los humanos que los animales, las plantas tienden a ser tratadas como un mero fondo estático. En realidad, es un concepto que se estudia desde hace años y que está evolucionando hacia uno más novedoso, el plant awareness disparity, un sesgo cognitivo y cultural más complejo por el que no solamente no vemos a las plantas, ni somos conscientes de ellas, sino que además las infravaloramos. 

“Los animales cumplen su papel en los ecosistemas, pero las plantas y los hongos dan el soporte y la estructura; son el sostén de la vida en la Tierra, de todo lo que consumimos”. Por ello, la labor de la SEBOT va más allá de la taxonomía pura: es un imperativo ético para reconectar a la sociedad con su entorno y recordar que el decorado verde que damos por sentado es, en realidad, el motor que nos mantiene vivos.

Estudiante de Periodismo en la Universitat de València
Soy de las que se ponen tristes si no tienen un libro en las manos; vivo leyendo. Me apasiona la artesanía: una semana tejo un suéter a crochet y la siguiente hago cerámica o coso a máquina. Confieso una obsesión absoluta por los girasoles, las amapolas y el azahar, aunque soy incapaz de mantener ninguna flor con vida. Tengo la manía innegociable de escribir en el ordenador solo en Times New Roman —para mí tiene todo el sentido— y le tengo un pánico impresionante, y quizás exagerado, a la procesionaria.
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