Ocio verde

13 Dic 2014

Pinceladas de otoño. Parte II

Seguimos con el otoñal paseo por la historia del arte con Maria Ruitort. Pinturas cálidas de una fría estación. Abrígate, sal de paseo y mánchate de óleo los zapatos.

Hoy ponemos la marca de salida en el romanticismo decimonónico, en la luz y el paisaje para pasar por el Modernismo y el Art Noveau. Un siglo de tonalidades que contemplar desde la ventana de nuestro viaje al pasado. 

 

La fuerza de la naturaleza

Joseph Mallord William Turner, pintor romántico de inicios del siglo XIX fue llamado el pintor de la luz y a él se atribuye la elevación del tema paisaje más allá del de fondo de retratos o cuadros históricos, sino como género. Influenció a Monet, dominava el uso del color para simular bruma, con lo que le daba profundidad a sus cuadros y tantas veces fuerza, Turner gustaba de plasmar la naturaleza con toda su aterradora grandeza y hacernos participar de esa fuerza, a veces destructora, que configura la belleza de lo sublime.

 

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William Turner. Haz clic para conocer el origen de la imagen 

 

Al contrario que en el cuadro con que abríamos el artículo anterior, Impression Soleil, que es una obra principalmente bicromática, Turner se expresa en su cuadro explotando la escala de naranjas y enriqueciéndola con otros colores en los detalles según se acercan al primer plano, el azul es usado con discreción para dar el contraste en las partes de sombra.

 

Sorolla nos presenta un cielo menos vistoso, una imagen de Granada en una magnífica mañana de sol en el otoño de 1909. El valenciano nos regala un paisaje brillante de pelirrojos y ocres que se despliegan vistosos por la ladera alejando el plano, apoyando las zonas de contraste con verdes manchados de esmeralda y marrones cobre. En el segundo plano, un acertadísimo morado grisáceo se combina con la luz del reflejo salmón del sol que baña y cohesiona la escena, lo comparte tanto con las casas a la izquierda del primer plano, como con los puntos de luz en la ladera. En el último plano, nos encontramos con Sierra Nevada, leve, preciosa, brillante como el cielo que parece sugetarla integrádandola por su valor visual, el del blanco máximo del cuadro.

 

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Sierra Nevada en otoño. Sorolla. Imagen de WordPress

 

Paul Turner Sargant despliega un cuidado realismo y un delicioso tratamiento de la luz sobre los árboles de sus cuadros. En el cuadro titulado Los abedules el sol anaranjado ilumina con magestuosidad el árbol en primer plano y con menos fuerza los siguientes, hasta que se pierde en la bruma de un cielo tan brillante que podria parecer no estar en último plano, un azul espectacular en su vibrancia que enguye el paisaje en la lejanía para dar aun más encanto en su contraste con los tonos amarillos dorados y naranjas hacia el rojo teja que configuran los árboles.

 

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Beech Trees in Landscape y Sunlit Path in Autumn

 

En Sunlight path in autum la fuerza del cuadro reside en el acierto a la hora de elegir la paleta, esto es: qué colores dominarán el cuadro, cuáles serán los secundarios, los que nos lleven a las sombras, a la saturación máxima. En un cuadro sin bruma, el artista elige un tema donde el cielo reclama el máximo valor lumínico (ser el más claro, el blanco máximo) y compite con los tonos cálidos, amarillos y salmón muy claros en los árboles y el camino.

 

Estos tonos caen como manchas sobre las hojas y la tierra creando una sensación que contrasta con el grado justo y la variación de color adecuada para componer en nuestros cerebros la sensación de luz en un camino, la correcta ejecución de la dispersión de las manchas logra sugerirnos esa luz tamizada por las hojas atravesando las copas de los árboles hasta llegar al suelo, suelo que en su parte de sombra evoluciona equilibrando los valores oscuros que llevan el asalmonado hacia el marrón y se equilibran en la parte de luz con intensos grises azulados permitiendo a las texturas dar detalles y hacer avanzar la perspectiva por el sendero.

 

Símbolos, colores y árboles

Siguiendo su particular estilo Gustav Klimt, pintor simbolista que participó de la renovación artística desarrolada a finales del siglo XIX y a principios de XX denominada Modernismo, también representa la naturaleza y retrata diversos grupos de árboles como pinos o hayas, en este caso comentamos Los abedules, que retrata el otoño en un paisaje sin cielo donde la alfombra que forman las hojas caídas decora como un tapiz de dorados la base de unos árboles verdes y grises trabajados menos minuciosamente, realistas en la línea del autor a diferencia del engalanado suelo que llega hasta un horizonte que se pierde en una oscuridad de grises entre los árboles de a lejanía.

 

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Los abedules. Klimt: imagen de Wikipedia

 

Alphons Mucha realiza durante su carrera diversas series, sus obras ilustran los momentos de día, las artes, las joyas, flores, estrellas y las estaciones del año. Es un ilustrador realista influenciado por el Art Noveau (movimiento modernista en Francia) diseña carteles llenos de sensualidad, donde se nos presenta a un personaje vestido con ropas sedosas y enmarcado entre filigranas vegetales o arquitectónicas que se encuentra rodeado de elementos naturales que alegorizan sobre el tema elegido.

 

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Alphons Mucha

 

La gama cromatica también sigue esa línea y en los cuadros sobre el otoño nunca elude los naranjas, marrones y los tonos claros y poco contrastados, apastelados para los más frios. Las musas sostienen, normalmente, entre sus manos los frutos de la temporada y reflejan el humor y la actitud que se supone de cada estación en un gesto delicado y grácil con cierta inocencia y picardía a la vez.

 

Llegados al modernismo nos descalzamos para descansar de este viaje por la historia del arte. Escena tras escena, tonalidades y texturas, recordándonos una estación que se nos escapa, el otoño. Tal vez sea el momento de abrigarse y pensar en andar por los colores del invierno.

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