El ikebana en la ceremonia del té

Con Victoria Encinas hemos repasado muchos aspectos del ikebana, el fascinante arte floral japonés. En la cultura japonesa, la naturaleza cobra una especial importancia, por eso no nos sorprende que el ikebana esté presente en escenas cotidianas y celebraciones, y también por eso hoy os traemos su papel especial en una actividad tan delicada como necesaria dados los estresantes tiempos que corren: la ceremonia del té.
Existe un tipo especial de ikebana cuyo ámbito es la ceremonia del té japonesa: el chabana (cha es té, bana es flor). Ambas, tanto la cultura del té como la del ikebana, tienen en común el espíritu zen, y el chabana expresa la filosofía y la estética de la ceremonia del té que, desde un punto de vista conceptual y abstracto, es la creación de un espacio-tiempo ético-poético de recogimiento, reservado para compartir el deseo de calma y de paz.
Para empezar, anoto unas sencillas palabras del maestro centenario Sen Soshitsu (1923-2025) conocido por promover el espíritu Peacefullness through a bowl of tea, o la tranquilidad que se puede desarrollar a través del acto de tomar una taza de té. Sen Soshitsu, Gran Maestro de la Escuela de Chanoyu Ura Senke, Kyoto, y descendiente del maestro Rikyu), expresaba: “en esta época de atmósfera polucionada y explotación de la naturaleza, en la que estamos superados por el estrés y la tensión social, deberíamos encontrar el lugar y el tiempo en nuestras mentes para una taza de té y una flor sencilla”. Cincuenta años después de esta cita, el grado de tensión ha aumentado considerablemente, y su reflexión se ha hecho aún más necesaria.
En qué consiste la ceremonia del té
Los maestros del té japoneses han cultivado una estética del despojamiento, y han perfeccionado la ceremonia del té hasta convertirla en un ‘arte de lo esencial’. Esto ha influido en todos los géneros implicados en la misma: diseño de jardines, de cerámica, de espacios interiores, en el arte de la laca, y por supuesto en el arreglo floral, chabana, dotando a estas artes de ascetismo, de un sentido meditativo profundo.
Esencialmente, la ceremonia del té crea una atmósfera capaz de hacer un paréntesis en el ajetreo cotidiano, reuniendo a un pequeño grupo de personas bajo la idea de compartir una taza de té en armonía, respeto y sosiego, dentro del espacio acogedor de una modesta arquitectura de proporciones armónicas, colores neutros y materiales honestos, como la madera cruda, el bambú, las ventanas de papel soji y el suelo de tatami de paja de arroz.
La presencia de un arreglo floral como chabana, recién hecho para la ocasión como recordatorio de lo efímero que es cada momento, es una parte importante de un rito elaborado, cuyas formas constituyen una cultura dentro de las tradiciones que perviven en el Japón actual.

Casa de Té Bôki. Museum für Asiatische Kunst, Berlin. Una pequeña cabaña de madera, con ventanas de papel soji y suelo de tatami (esteras de paja de arroz). En el tokonoma, espacio encuadrado al fondo,cuelga la tradicional caligrafía. Un recipiente vacío indica la posición que ocupa tradicionalmente el ikebana. Fotografías: Victoria Encinas. Reproducidas con autorización expresa delStaatliche Museen zu Berlin, Museum für Asiatische Kunst / Sasaki Kikaku
La ceremonia del té, llamada chanoyu, se lleva a cabo en el salón de té o en la casa del té, a la cual se accede por una entrada con el dintel muy bajo, diseñado así para entrar ligeramente agachados y vivir físicamente el acto de humildad inicial del rito. Llamada también morada de lo asimétrico, o morada del vacío, “erigida para servir de asilo a un impulso poético” (Kakuzo Okakuro), es un entorno en el que las imperfecciones de lo inacabado son un grado de sutileza estética. El arreglo floral que refleja el momento de la estación del año, los utensilios de cerámica para el servicio del té, los objetos valiosos o antiguos que se colocan en tokonoma, la pintura o caligrafía exhibidas, así como el jardín, son motivo de disfrute, comentarios y aprecio por parte de los invitados.
Cómo es el ikebana de la ceremonia del té
Para los adeptos del chadō (cha es té, dō es camino), el chabana es parte de la cultura del té. Los practicantes de ikebana consideran el chabana como un estilo especial dentro de la cultura del ikebana. Ambas son hermanas. Chabana es un tipo de arreglo sabiamente humilde, caracterizado por la ausencia de artificios e intención compositiva. Es más bien improvisación inspirada. Su forma no es ortodoxa, se subordina y forma parte de todo el programa estético de la casa de té y del rito.
Prácticamente consiste en la flor o la rama elegida y cortada en el momento, sutilmente presentada en su recipiente, destinada a acompañar el encuentro ritual e invocando la fuerza poética de lo sincero, el sentimiento de la estación, una sutil percepción de la atmósfera y su belleza.

Es un micro-acontecimiento privado, franco, sin ego ni aparente creatividad, que lleva al interior de la casa la presencia benéfica de la hierba, la flor, o la rama, sin realizar prácticamente más intervención que la separación de la parte vegetal, que habrá de introducirse armónicamente en una vasija y en un entorno humano simbólico.

Puede tratarse por ejemplo de un lirio, de un jacinto silvestre o de una ramita de cerezo en flor, recién cortados y dispuestos con la máxima simplicidad, dejando que se muestren tal cual son, sin enfatizar sus cualidades. De un modo introspectivo y silencioso, la rama, la hierba o la flor adquieren un significado profundo de ofrenda cuando se colocan en un espacio destinado a la meditación.
En este tipo de arreglo prevalecen los valores éticos por encima de los estéticos: Wabi, sabi, hie. La mirada es interior y resulta más importante el acto y su sentido que el resultado visual o plástico. Kakuzo Okakura, en su obra “El libro del Té” define este modo de arreglo floral como la tendencia natural, más allá del naturalismo y el formalismo:
“Nos placería llamar escuela natural a esta tendencia, en contraste con las tendencias naturalistas y formalistas. La maestría del té opina que su deber se limita a la selección de las flores y deja a éstas que cuenten su propia historia. Entrad en una sala de té al fenecer el invierno y veréis que toda presencia floral se reduce a una ligera ramilla de ciruelo silvestre conjuntada con un capullo de camelia”.
El lugar que ocupa el arreglo chabana en la ceremonia del té
El ikebana en la ceremonia del té, físicamente, se instala en un lugar de honor, el tokonoma, un pequeño espacio de base rectangular y colores neutros, ligeramente más elevado que el nivel del resto del suelo de la estancia. El ikebana se coloca acompañado habitualmente de una pintura o caligrafía enrollada, kakemono, que suele tener un contenido filosófico zen. En ocasiones, en lugar del ikebana, o junto a él, puede haber una piedra o un objeto artístico, antiguo o precioso. Estos elementos simbolizan pensamiento, sentimiento, arte y naturaleza integrados en la vida. La ceremonia del té es un rito en el que todo lo circunstancial debe cesar, para recordarnos que lo esencial debe estar siempre presente en nuestro interior.
Además, dentro del tokonoma el ikebana (chabana) puede colocarse en tres lugares: sencillamente depositado sobre el tatami de la base; o bien colgado desde el techo pendiendo en el aire de una cadenita; o bien sujeto al muro, colgado de la pared, o del tokobashira, (viga vertical que delimita el tokonoma).

Izquierda: dos tipologías tradicionales de arreglo suspendido en el aire desde el techo. El primero, en recipiente de bronce, circular, (mangetsu) El segundo en tsuri fune, recipiente de bambú, más apreciado cuando lleva parte de la raíz de la caña. Derecha: fotografía de arreglo en recipiente colgado de la pared. Flores y ramita de madreselva. Ambas imágenes: Victoria Encinas.
Cómo se componen las flores en chabana
A pesar de la completa naturalidad de la que hemos hablado, desde el punto de vista compositivo se observan tres preceptos. Es muy posible que digáis, ¡ay!, siempre hay normas en ikebana aún en su expresión más simple, y tenéis razón, pero son tan naturales que casi “se realizan solas”. Consisten en limpiar de hojitas menores la zona del tallo que se inserta en el recipiente, si fuese necesario; facilitar que la flor mantenga su posición natural en armonía con el recipiente (vertical o ensanchado); y mantener un número impar de elementos, es decir, evitar la simetría. No hay más. Lo principal es que antes de cortar es preciso observar, pensar y sentir, para elegir bien ese elemento sutil de la naturaleza que transmita el sentimiento del momento presente.
Chabana puede constar de un solo material vegetal, pero también de dos, uno mayor y otro menor, éste segundo como contrapunto, llamado nejime. Por último, si el material es un grupo de hierbas o plantas silvestres muy pequeñas, pueden utilizarse varios tallos, incluso mezclados entre sí, como si fuesen un solo elemento. Aunque aquí la belleza es la ausencia de artificiosidad no se trata, sin embargo, de un arreglo en absoluto fortuito ni descuidado.

Plantas prohibidas y plantas predilectas en chabana
El espíritu de chabana encuentra lo poético en la fragilidad de las flores pequeñas, livianas y sensibles, en la flexibilidad de las hierbas frescas, en las líneas crudas de las ramas desnudas… Se utilizan plantas autóctonas, del entorno cercano, herbáceas, silvestres, y también flores de árboles frutales como el melocotonero, pruno, etc. También plantas y flores poco llamativas, de colores matizados o pálidos, con preferencia por el blanco.
La curiosidad botánica forma parte de chabana. El tipo de plantas que se utilizan es casi ilimitado, siempre manteniendo una elección sencilla, sin perfeccionismo ni abundancia, sin deseo de impresionar o decorar. Se trata de encontrar esa sintonía con el paisaje, el espíritu del momento climático y estacional, y elegir esa pequeña ramilla que lo represente.
El gran maestro del té Sen Rykiu designó algunas plantas “prohibidas”. O más bien podríamos traducirlo como ideas humanas atribuidas a las plantas que consideró poco convenientes en chabana. Como veréis, no se trata de arbitrariedades, sino vetos que tienen un sentido cultural. Así, según el maestro, en primer lugar, no serían apropiadas las plantas que no pertenecen a una estación o momento específico del año, pues no expresarían con certeza la conciencia de lo efímero.
Tampoco favorecerían el espíritu zen de chabana las flores de colores u olores muy llamativos, ni las formas complicadas, grandes o caprichosas, tampoco los híbridos cultivados, cuya forma podría percibirse como contraria al sentimiento wabi, pues la aspiración a lo neutro es una invitación a introducirnos lenta y sutilmente en las formas, evitando que éstas nos asalten con sus cualidades impresionantes. Lo espectacular es considerado vulgar. Se cultiva lo opuesto, los matices.
Por sus usos y significados, se excluirían también del arreglo chabana las partes comestibles o venenosas de las plantas, así como las ramas que contuviesen espinas. Por último, sería oportuno evitar también las plantas cuyos nombres resultasen malsonantes o tuviesen connotaciones desagradables, ya que las flores forman parte de los temas de conversación en el rito y quizá traerían a la mente lo grotesco o lo cómico, o bien connotaciones alejadas en cualquier caso de la atemporalidad “incolora” de la ceremonia.
Sin embargo, sí fueron apreciadas y queridas, por el maestro Rykiu y otros muchos maestros del té, las insignificancias silvestres espontaneas, ordinariamente llamadas malas hierbas, esas plantas libres crecidas en cualquier entorno, sin intervención humana, superando la nieve, el viento, el calor, o la sequía.
Anotaré aquí algunas de las plantas, que tenemos también en España, que han sido utilizadas ritualmente en arreglos de tipo chabana: aliso, camelia blanca, arándano, campánula, cornejo, begonia, lirio, enredadera, clematis, narciso, hamámelis, peonía, espirea, sauce, ciruelo, álamo, cerezo, almendro, amaranto, cortadera, ranúnculo, índigo, pimpinela, clavelina, primavera, patrinia, salix, genciana, mimosa, áster, campanilla, eulalia y onagra, entre otras.

Sobre el sentimiento japonés hacia las flores
El término ‘flores’ en ikebana es inclusivo, entendiendo que en este concepto entran todas las partes de los vegetales que se utilizan. En el arreglo de tipo chabana, las consideraciones de respeto hacia las flores, es decir, hacia el mundo vegetal entendido como vía de expresión del sentimiento, alcanzan el grado máximo de conciencia, de síntesis expresiva de valores zen.
Según Kakuzo Okakura (1862-1913), el origen del ikebana podría atribuirse a la costumbre de los viejos santos budistas de recoger las ramas rotas o flores desprendidas tras las tormentas, por la acción natural de viento, conservándolas en una vasija con agua. El pintor, paisajista y poeta Soami fue, según Okakura, un “rescatador” entusiasta de ramas rotas, e influyó en Yuko, maestro del té, que fue uno de sus alumnos.

Por eso, un maestro de la ceremonia del té escoge las flores estrictamente necesarias; le dolería y avergonzaría cortar más de lo necesario. También se despide de ellas con agradecimiento y dignidad.
Y cuando se desmonta el ikebana tras la ceremonia del té, ¿qué sucede con las flores, hierbas o ramas empleadas? Muchas casas de té tienen un espacio reservado a la función del cementerio de las flores que han sido cortadas para este fin ritual. Según Okakura, “reciben sepultura o son confiadas dulcemente a río. Incluso algunas son despedidas con honores”.
En la Ceremonia del Té, el arreglo chabana expresa este amor por lo frágil, la meditación sobre lo efímero. El término “Ichigo Ichie” expresa la gratitud de quienes participan en esta ceremonia, la conciencia de que la ocasión es única e irrepetible y no debe tomarse de forma trivial.
Así, las flores de cada chabana son únicas. Chabana está inspirado en una profunda veneración al mundo vegetal. Es el estilo más sencillo de realizar aunque quizá el más sutil en cuanto a sentido profundo. Requiere un particular sentimiento afectuoso por los vegetales. Me despido con las palabras del estudioso de la ceremonia del té, Henry Mittwer (1918-2012), para expresar el sentimiento de la ceremonia:
“[…] La gracia de las flores que resisten el viento y la nieve bajo la libertad del cielo y la tierra es colocada en un ángulo de nuestra habitación en medio de la ciudad. Y dentro de esta sociedad mecánica, la magnífica pulsación de la vida puede ser sentida en la silenciosa figura de Chabana […]”
Nota final:
Pequeña cronología de la Ceremonia del Té en Japón:
El concepto de la ceremonia del té, así como el propio té, la planta, llegan a Japón desde China.
Los maestros que han dado forma a la cultura del té se han ido sucediendo creando un arte desde la meditación y el rito:
- El monje Myoan Eisai (1141) llevó a Japón las primeras semillas (vegetales y culturales).
- Murata Juko (1423-1502) le dio la orientación zen, alejándose de la herencia china, más lujosa.
- A Takeno Joo (1502-1555) se le considera el padre de la cultura del té.
- Fue el maestro Sen Rikyū (1522-1591) quien dio a la ceremonia del té su forma canónica en todos los aspectos, bajo los conceptos estéticos wabi y sabi. (enlace a El lenguaje del ikebana: estética y tradición del arte floral japonés, article espores) Wabi-cha es una cultura de lo modesto, basada en la rusticidad de los utensilios, la simplicidad de la arquitectura de la casa de té y el meditado paisajismo del jardín que rodeaba a esta pequeña cabaña.
- Se atribuye también a Sen Rikyū la invención del chabana, el arreglo floral de espiritualidad más despojada.
- Uno de sus discípulos, Furuta Oribe (1544-1615), llevó la cultura del té al grado artístico más logrado, especialmente en el mundo de las peculiares cerámicas que también han influido mucho en el ikebana.

Bibliografia
“El libro del Té” Kakuzo Okakura. Editorial Libros del Zorro Rojo, 2021. Edición original, 1906.
“The art of Chabana. Flowers for the Tea Ceremony” Henry Mittwer published by the Charles E. Tuttle Company 1974.



