Jardinería

6 Mar 2014

Dentro del laberinto

Formados a partir de marañas de setos y convertidos en los principales atractivos de jardines y parques, los laberintos forman parte de la historia de la jardinería desde hace más de quinientos años. Su importancia es tal que, durante años, no se concebía un jardín bien proyectado si no tenía su propio laberinto.

Para perderse y para encontrarse. Para ser escenario de intrigas y romances. Para los amantes de la jardinería. Para el ejercicio contemplativo y del desarrollo de la mente. Por puro amor a la jardinería y a la arquitectura, ligadas de la mano en este peculiar arte. ¿Por qué se construye un laberinto? Los motivos que han llevado al hombre a crear este tipo de enmarañadas construcciones vegetales en sus jardines y parques son tantos como laberintos pueda haber en el mundo. Cada uno tiene su propia historia, su leyenda, su objetivo ornamental o de uso y, por supuesto, cada uno tiene sus propios trucos de creación y conservación.

 

Hay decenas y decenas de historias que nos hablan de laberintos. Se recogen en la literatura y en teatro y sobre todo en la poesía. Los laberintos forman una parte fundamental de las historias de amor y tragedia del Romanticismo, igual que se convirtieron en elementos fundamentales en los palacios de los aristócratas y reyes del siglo XVIII, pero es muy difícil poner una fecha exacta al inicio de su construcción.

 

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Ashcombe (Australia)

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Concepción de laberinto clásico


En el sentido más estricto de la palabra los laberintos fueron diseñados para el ejercicio contemplativo de la mente y del cuerpo, siguiendo preceptos simbólicos de una entrada y una salida (nacimiento y muerte) a través de un sólo camino (la vida). Esta es la misma idea que mantuvieron los laberintos hasta la Edad Media, aunque en aquel periodo éstos fueron apropiados por la Iglesia, que limitó su construcción a pavimentos de iglesias y catedrales relacionándolos con cuestiones teológicas y con el camino de la fe. Los laberintos vegetales, desarrollados con mayor esplendor a partir del siglo XV, son copias de estos mismos modelos y en muchas ocasiones siguieron en su diseño las pautas y principios esotéricos de los laberintos clásicos.

 

Los laberintos vegetales comenzaron a convertirse en una tendencia en el siglo XVI, guiados por el espíritu del Renacimiento y la vuelta a los valores más clásicos, y alcanzaron su máximo esplendor durante los siglos XVII y XVIII. Algunos testimonios y fuentes confirman que en la Antigua Roma existieron algunos laberintos vegetales muy importantes, como el descrito por Plinio el Viejo en una domus de la Toscana. Sin embargo, no seremos conscientes de la importancia de los laberintos vegetales hasta la edad moderna, que es alcanzan su mayor importancia, teniendo cada vez más frondosidad y altura en sus setos, siendo decorados además con otros elementos como glorietas y esculturas y presentando diseños más complejos.

 

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Granja Davids. Massachusetts

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Hampton Court (Londres)

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Laberinto del hombre verde (Gales)


El laberinto de Hampton Court de Londres comenzó a plantarse en el año 1690 y es casi con total seguridad el laberinto sobreviviente más longevo que se conoce. Por supuesto, si hablamos de laberintos no podemos obviar el del Palacio de Versalles, una gran extravagancia en forma de jardín construida por J. Hardouin-Mansart para el rey Luis XIV. Otros muchos laberintos vegetales que comenzaron a construirse en el siglo XVIII sobreviven en la actualidad en Francia, Italia, Dinamarca y España. A lo largo del siglo XIX la construcción de grandes parques públicos propició la creación de muchos laberintos vegetales cuyos diseños se fueron extendiendo por todo el mundo.

 

¿Cómo hacer un laberinto?

A la hora de hacer un laberinto vegetal es muy importante tener claro con qué tipo de especies vas a hacer las paredes, si son altas (es decir, para perdernos) lo más importante es buscar árboles y arbustos de hoja perenne. Por lo general, se buscan especies con un crecimiento compacto y hojas pequeñas. Dentro de estas especies destaca el boj, que es por su compacidad y facilidad de poda de muy fácil mantenimiento, pero otras variedades como el tejo, el acebo o la lonicera son igualmente válidas. Si en lugar de arbustos queremos árboles con los que hacer más frondosas las paredes de nuestro laberinto, podemos optar por el laurel y el ciprés.

 

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LABERINTO_longleat

Longleat

A lo largo del siglo XVI los laberintos, a pesar de ser construidos según los principios clásicos, habían descartado ya su simbolismo religioso y su uso era fundamentalmente recreativo, no sólo como lugar de entretenimiento sino también como escenario de encuentros clandestinos. Es por eso, para aumentar la frondosidad y favorecer los encuentros galantes, que comenzó a usarse la técnica más común de este tipo de construcciones o, lo que es lo mismo, la jardinería de nudo.

 

Los jardines de nudo están compuestos por setos bajos que se entrecruzan. Normalmente son cuadrados, con los bordes marcados por otros setos mayores. Dentro de las casillas delimitados por los setos pueden plantarse otras hierbas y flores para crear contrastes y destacar los dibujos deseado,s o también se puede usar gravilla para favorecer estos efectos visuales.

 

Esta jardinería se desarrolló en la época de Isabel I de Inglaterra y la moda se fue extendiendo desde el Imperio Inglés a toda Europa, siendo ésta una de las principales técnicas de construcción de laberintos a lo largo de los siglos XVII, XVIII y XIX, sobre todo en Francia, donde el arte topiario en todas sus vertientes tuvo mucha aceptación. En estos jardines de nudo también era común cultivar plantas aromáticas. Ya en el siglo XVIII, con la Ilustración, los intelectuales quisieron dar a este tipo de laberintos otro tipo de lectura, haciendo que éstos reflejaran el dominio del hombre sobre la naturaleza y su capacidad de encauzarla e incluso domesticarla.

 

Pero aunque esta técnica es la más extendida, existen otro tipo de laberintos vegetales, como los hechos con setos podados (con boj y tejo), los laberintos de césped (que están enmarcados en el suelo por áreas de hierba que se combinan con senderos de gravilla o directamente con el suelo desnudo) o los laberintos de maíz o girasol (comunes en zonas agrícolas y de moda en los últimos años, y que se trazan dentro de grandes y altas extensiones de cereal). En este último caso, se trata de laberintos efímeros que sólo sobreviven a una cosecha.

 

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Laberinto Pisani

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Jardín del Capricho (Madrid)


Paseando entre laberintos

Posiblemente, uno de los laberintos más bonitos del mundo y también uno de los más antiguos y longevos es el Hampton Court, realizado en por los botánicos George de Londres y Henry Wise por orden del rey Guillermo de Orange. Estos jardines cubren un área de alrededor de 1.500 metros cuadrados y atraen cada año a miles de visitantes. También famoso por su antigüedad es el laberinto de Ashcombe (Australia) ubicado al este de la Península de Mornington. En este caso, destaca la altura de sus paredes, de tres metros de altura por dos de ancho. Además, este laberinto es rico por albergar más de doscientas variedades de rosas y más de un millar de especies de arbustos.

 

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Plantación Dole

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Laberinto Franco Maria Ricc (Italia)


Famosa en todo el mundo es la Plantación Dole (Ohau, Hawai) considerada como el laberinto más largo del planeta. Consta de 11.400 plantas nativas y tropicales que abarcan un total de 4,82 kilómetros. Otro laberinto que destaca por su longitud es Laberinto de la Piña, en Hawai, con más de tres kilómetros de caminos y sendas distribuidos a lo largo de tres acres. Para crearlo se plantaron más de 14.000 plantas autóctonas incluidas algunas un tanto exóticas como el hibiso, la piña o la heliconia.

 

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Laberinto Reignac-sud-Indre

 

Pero si lo que buscamos es espectacularidad, debemos hacer referencia obligatoria al increíble laberinto de Longleat, en el Reino Unido. Tiene una superficie de 1,48 hectáreas y cerca de dos kilómetros de caminos en los que incluso encontramos puentes de madera para sortear por encima algunos de los caminos del laberinto. Creado en el año 1975, está compuesto por más de 16.000 setos que recrean las paredes de un laberinto poco convencional, creado en tres dimensiones y que además de los puentes de madera incorpora una torre de observación justo en medio. Y si esta propuesta os parece inquietante, no lo es menos el laberinto de Reignac-sur-Indre, el más largo y conocido de Francia. Está situado en un campo de girasoles. Como curiosidad, cada invierno se siembra todo el campo y en primavera se crea un nuevo laberinto que cada año, el día de su inauguración al público, es sorteado por más de 80.000 personas.


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