Conservación

20 Jul 2013

La amenaza de las coníferas

Lejos de las salas de cine donde somos siempre los humanos quienes nos sentimos atacados, esta vez son ellas, los árboles más antiguos de la Tierra, quienes ven su supervivencia en peligro. Por desgracia, están cada vez más presentes en la relación mundial de especies amenazadas.

Este verano la UICN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza) informaba sobre la actualización de su Lista Roja de Especies Amenazadas y alertaba, entre otras cosas, sobre el aumento de la amenaza sobre las coníferas, los árboles más antiguos de nuestro planeta. Esos pinos, cipreses, tejos, araucarias, o secuoyas que caracterizan muchos de los paisajes que conocemos, también forman parte de ese gran número de seres vivos que de una forma u otra necesitan medidas de protección y conservación.

 

Cerca de 5.000 especies se han añadido a la lista, que ya pasa de las 70.000, y de estas casi 21.000 están en peligro de extinción. Una amenaza que puede suponer estar en peligro crítico, simplemente en peligro o ser vulnerable, tres de las ocho categorías que hay establecidas. La más grave, y frente a la cual se está luchando, es por supuesto la de especie extinta.

 

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Pinus radiata

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Cedrus atlantica


Desde el Jardín Botánico de la Universidad de Valencia hemos participado en esta actualización que ha supuesto la primera reevaluación mundial de las coníferas. Así, hemos aportado datos que aseguran que «el 34% de los cedros, cipreses, abetos y otras plantas con conos o piñas del mundo actualmente están amenazadas por la extinción: un aumento del 4% desde la última evaluación exhaustiva realizada en 1998». Y se ha concluido que el estado de conservación de 33 especies coníferas ha disminuido, entre ellas el pino de Monterrey de California (Pinus radiata), y el cedro del Atlas (Cedrus atlantica).

 

Pero en España también hay coníferas en peligro de extinción. Según la lista roja de la flora española, publicada desde el año 2000 por la Sociedad Española de Biología de la Conservación de Plantas (que sigue los mismos criterios que el listado de la UICN), al menos 6 especies de coníferas están amenazadas. El pinsapo (Abies pinsapo) es una especie vulnerable a la extinción, situación que se mantiene estable desde que se elaboró la primera lista roja española. El pinsapo es un abeto meridional, formado tras el último periodo glacial, emparentado con los abetos del norte de África. Una especie exclusiva (endémica) del sur de la Península Ibérica, refugiada en las frescas sierras de Grazalema (Cádiz) y de las Nieves (Málaga).

 

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Abies pinsapo

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Pinsapar en la sierra de Grazalema


Otro endemismo andaluz amenazado es el pino de Sierra Nevada (Pinus sylvestris subsp. nevadensis), otra reliquia glaciar que quedó aislada en Sierra Nevada. La presión del ganado, que se come sus brotes jóvenes, y el cambio climático ponen en peligro la supervivencia de esta planta. Además, también están amenazadas la sabina y el enebro marítimos (Juniperus navicularis y Juniperos macrocarpa, respectivamente). Su situación crítica en este momento se debe a la descontrolada urbanización de la costa, que ha convertido en viviendas o paseos marítimos los antiguos cordones dunares litorales.

 

En cuanto a Cartagena, y ocupando algunos de los hábitats más secos de la Península Ibérica, vive el araar (Tetraclinis articulata), especie también presente en Marruecos y que en nuestro territorio está en una situación vulnerable, con una reducción progresiva de sus poblaciones. Por otro lado, en Canarias se encuentra la tercera conífera española más amenazada, el cedro de Canarias (Juniperus cedrus). Todas estas especies están legalmente protegidas en España y corresponde a la Administración garantizar su supervivencia.

 

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Tetraclinis articulata


Pero en España se está produciendo una situación contradictoria. Por un lado aumenta la superficie de ocupación de las coníferas, ya que vuelven a ocupar tierras de labor abandonadas de las que fueron expulsadas hace cientos de años. La reducción de la población en el mundo rural ha tenido como consecuencia el cese de la actividad agrícola en grandes superficies de nuestro territorio, las menos productivas y de más difícil acceso. Esas tierras están siendo ocupadas por especies de coníferas (pinos, enebros, abetos) que encuentran en ellas unas condiciones de elevada iluminación y disponibilidad de nutrientes muy favorables.

 

Sin embargo, al mismo tiempo hay grandes zonas de España (incluidas las islas canarias) donde las coníferas son los primeros indicadores de la contaminación ambiental y, quizás también, del cambio global. Las hojas se secan de forma inesperada, los árboles se debilitan, y los hongos y los insectos fitófagos aprovechan esa situación para alimentarse a costa de la muerte de ejemplares. Es muy fácil observar esta situación en los pinos albares del Maestrazgo castellano o turolense, o en los pinos canarios de Tenerife o Gran Canaria. También las coníferas españolas están amenazadas por el rápido cambio en el uso del territorio. Los enebros y sabinas litorales son algunas de nuestras especies más amenazadas por la agresiva construcción en nuestras costas.

 

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Pino albar (Pinus sylvestris)

 

La amenaza de las especies no es solo un problema que afecta a la biodiversidad de países exóticos, tropicales y con grandes selvas. Debemos ser conscientes de que también España tiene especies en peligro de extinción. Algunas de ellas muy amenazadas y otras desaparecidas recientemente, en los últimos años, a la vista de todos, como consecuencia de aquellos cambios que han afectado al territorio y sus nuevos usos. De acuerdo con la lista roja de la flora española, en España podemos encontrar casi 1.300 especies de plantas con flores amenazadas. Unas 300 en peligro crítico, unas 325 en peligro y unas 600 son vulnerables a la extinción. Hasta 30 especies de plantas se han extinguido en nuestro país en tiempos recientes, y hay coníferas entre ellas, pero también otras muchas plantas que se encuentran en un riesgo alto de extinción como consecuencia principalmente de la actividad humana que afecta tanto al clima como al territorio. Estas cifras, muy a tener en cuenta, suponen que más del 20% de la flora española está amenazada.

 

Más información: www.uicn.es/content/view/645/45/lang,spanish

 

Director y Conservador del Jardín Botánico y profesor de la Universidad de Valencia. Doctor en Ciencias Biológicas

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