Irene Teixidor: «sin personas y comunidades que valoren la biodiversidad, y sepan y quieran usarla, las colecciones pierden valor»

Hablamos con Irene Teixidor, una investigadora en etnobiología que desde su base en Francia, entre Marsella y Montpellier, colabora con profesionales de la ciencia de disciplinas muy diferentes, con persona expertas indígenas y locales, y miembros de asociaciones y organizaciones no gubernamentales, para poner en valor Conocimientos Indígenas y Locales en ecología y sobre la biodiversidad. Una investigación que va desde lo inter a lo transdisciplinar, y a la que le suma la formación de la nuevas generaciones a través de cursos en programas de máster, formaciones de investigación y supervisión de estudiantes, con un compromiso especial hacia los países del sur y al apoyo de jóvenes mujeres en ciencia. Visitó el Jardín Botánico de la Universitat de València con motivo de la cuarta semana mediterránea de la conservación vegetal y aprovechamos para sumergirnos en su mundo.

Aunque te abrimos las puertas de espores para hablar de tu trabajo, nos interesa mucho saber tu trayectoria hasta llegar hasta aquí. Seguro que nos ayudará a entender mejor a qué te dedicas…

Hice una licenciatura en biología y ecología, seguida de un máster en ecología marina a la Universidad de Barcelona. Sin embargo, aunque tengo una formación académica en ciencias naturales, siempre me interesé por los saberes “profanos” sobre el medio ambiente. Crecí en un pueblo del pre pirineo catalán, donde mi abuela y mi madre tenían una peluquería en la que he pasado muchas horas de mi infancia y juventud. Ese tiempo entre mujeres me formó a la entre-ayuda, a la historia oral del territorio y, de alguna forma, a la etnografía. Después de mis estudios y de un tiempo de viajes, tuve la oportunidad de realizar un doctorado en etnobiología en la Universidad de Reading, en el Reino Unido, durante el que pasé mucho tiempo en el Gran Atlas de Marruecos estudiando los conocimientos de plantas medicinales. Después del doctorado, tuve la suerte de obtener un financiamiento postdoctoral con dos colegas en Noruega para el estudio de las dinámicas espacio temporales de los Conocimientos Indígenas y Locales sobre plantas en Escandinavia. Aquí fue cuando me interesé en el rol de estos saberes,  y las personas que los poseen, en la sostenibilidad.

Explícanos qué son los estos Conocimientos Indígenas y Locales (ILK – Indigenous and Local Knowledge – en inglés) de los que hablas.

Son corpus de conocimientos, prácticas y cosmovisiones (y estos tres aspectos están íntimamente interconectados) sobre las relaciones entre seres vivos, incluyendo el ser humano, y de estos con su ambiente. Estos conocimientos son generados a través de relaciones y experiencias en un determinado lugar, y transmitidos principalmente de forma oral entre individuos de distintas generaciones, o una misma generación a través de procesos de transmisión cultural. Además, estos corpus no son estáticos a la largo del tiempo, por lo que hablar de “conocimientos tradicionales” puede ser engañoso. En realidad cambian y se adaptan a nuevas condiciones ecológicas, climáticas, sociales, políticas, culturales, etc.

Se habla mucho de la relación entre los poseedores del conocimiento y la naturaleza, ¿cuál es esa conexión?

Los Conocimientos Indígenas y Locales no solo pertenecen a los individuos, también a las comunidades y las instituciones de gobernanza locales. Las relaciones entre individuos, instituciones y comunidades, y la naturaleza pueden ser muy diversas, en función de las condiciones e historia de cada lugar, pero se construyen sobre una base de valores, observación y gestión de diversos aspectos del ambiente: desde especies a paisajes.

Como Jardín Botánico que somos nos interesa mucho el trabajo alrededor de la conservación de semillas para su utilización a largo plazo. ¿Cómo se vincula esta actividad con el concepto de Conocimiento Indígena y Local?

Cuando preservamos semillas, preservamos la posibilidad de hacerlas crecer y florecer, y si son semillas de plantas con un valor cultural, la posibilidad de poder usarlas de alguna forma. Las personas conocedoras de la biodiversidad que se está conservando pueden aportar muchísimo en el proceso de conservación de semillas (a nivel de información técnica), pero más importante es el hecho de que sin personas y comunidades que valoren la biodiversidad y que sepan y quieran usarla, las colecciones pierden valor. Hoy sabemos que los ILK se están perdiendo tan o más rápido que la biodiversidad y protegerlos es tan importante como proteger la biodiversidad materialmente.

Una cooperación entre las comunidades de indígenas o locales y quienes gestionan los bancos de semillas parece necesaria. Por un lado, implica el que ambas partes compartan el material vegetal de trabajo. Explícanos cómo se haría.

Actualmente ya hay muchos bancos de semillas que comparten semillas con individuos y asociaciones que quieren plantarlas. En los países del norte esto es relativamente fácil, ya que las personas que lo deseen pueden ponerse en contacto con los bancos de semillas. Pero en los países del sur, en zonas rurales, donde la biodiversidad y los conocimientos se están perdiendo de forma más acelerada, la gente no necesariamente conoce la existencia o tiene acceso a los bancos de semillas. Por esto es importante que los mismos bancos, directamente o a través de investigadores, asociaciones u ONGs, se comuniquen con las poblaciones locales para cooperar en la conservación de biodiversidad y conocimientos. Esto es todavía más importante cuando las semillas en cuestión pertenecen a especies y variedades domesticadas o semi domesticadas por estas poblaciones y sus ancestros.

Esta cooperación de la que estamos hablando, entre las comunidades indígenas y locales (in situ) y los Bancos de Germoplasma (ex situ) requiere de un reconocimiento del trabajo y contribución de la comunidad indígena o local en la conservación de la biodiversidad. ¿Qué crees que debería tenerse en cuenta?

Las comunidades indígenas y locales han sido históricamente marginadas por las ciencias naturales, sin embargo, hay mucha evidencia escrita sobre su contribución a la conservación de la biodiversidad. Por una parte, se pueden mejorar las formaciones de los profesionales de la ciencia y la conservación incorporando cursos interdisciplinares sobre los ILK y sobre la transdisciplinariedad, pero aún sin nuevas formaciones, el respeto y la escucha son ingredientes indispensables. Y por otra parte, esta cooperación está regulada por el marco legal del Protocolo de Nagoya y otras legislaciones a nivel nacional de cada país, que tienen por objetivo proteger a las comunidades locales y asegurar una cierta reciprocidad en los intercambios entre estas y instituciones como los Bancos de Germoplasma.

Nota: La transdisciplinariedad es un enfoque de investigación en el que todos los interesados en resolver un problema complejo colaboran para encontrar respuestas y desarrollar un soluciones holísticas e integrativas.

¿Cómo queda reflejado ese “conocimiento” y su propiedad a la hora de conservar material vegetal en cooperación con comunidades locales e indígenas? El registro de datos que se hace, ¿tiene en cuenta las contribuciones de las personas locales?

La mejor manera de conservar conocimientos es apoyando a las personas y comunidades que los tienen, valorando su cultura y permitiendo y dando soporte a su expresión cultural. En determinados contextos, se pueden preservar aspectos de estos conocimientos de manera escrita (lo que nunca será una conservación completa). Este proceso siempre debe ser apoyado por el consentimiento (libre, previo, e informado) de las comunidades y personas involucradas, y deben ser ellos quienes decidan de qué forma se tienen en cuenta sus contribuciones. 

En definitiva, estamos hablando de compartir conocimiento y valores. Cuando tratamos los servicios ecosistémicos, esos beneficios que obtenemos de la naturaleza y de los que dependemos ya que sustentan la vida humana, no debemos olvidar la importancia del conocimiento tradicional de estas comunidades indígenas del cual se benefician también los sistemas naturales. ¿Nos lo puedes desarrollar un poco más?

El marco conceptual del Plataforma Intergubernamental Científico-normativa sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas (IPBES en sus siglas en inglés) propone un avance gigante a este respecto. Ya no se habla de servicios ecosistémicos, sino de contribuciones de la naturaleza a las personas, que son coproducidas entre la naturaleza y las personas, y por lo tanto dependen de sus conocimientos. Si ponemos el ejemplo del servicio de alimentación que procuran las plantas llamadas salvajes, para obtener alimentación de ellas es necesario el conocimiento de cómo recolectarlas y prepararlas.

Y no olvidemos que las contribuciones de la naturaleza a las personas también pueden ser negativas, como es el caso de las enfermedades transmitidas por insectos o las plantas tóxicas, y existen Conocimientos Indígenas y Locales adaptados al manejo de estas. Además, hay una gestión indígena o local de los ecosistemas para asegurar la durabilidad de las contribuciones de la naturaleza a las personas percibidas como positivas, por ejemplo, divisando rutas de pastoreo para favorecer la cantidad y calidad de pasto, o si seguimos con el ejemplo de las plantas salvajes, favoreciendo la reproducción de estas especies.

El Modelo Alimentario global es uno de los grandes retos por diversas razones, como su relación con el Cambio Climático o la necesidad de alimentar cada vez aun mayor número de personas. ¿Cómo se relaciona con el conocimiento de las comunidades locales e indígenas?

Los ILK sostienen un modelo de agricultura multifuncional, basada en una alta diversidad de especies y variedades cultivadas (agrobiodiversidad), y adaptada a las condiciones ambientales locales, a menudo mimetizando los ecosistemas locales, como la agroforestería o agro-sylvo-pastoralismo.  Estos modelos antiguos aportan soluciones a los problemas modernos que padece la agricultura, como la resistencia a enfermedades, por ejemplo favoreciendo la biodiversidad cultivada y no cultivada en los campos,  o su aporte importantísimo de CO2 a la atmósfera, ya que la agricultura con menos insumos  químicos contribuye a la formación de suelos ricos en materia orgánica que capturan más CO2.

¿Qué significa el término “repatriación del conocimiento”?

Se refiere a la revitalización de aspectos de Conocimientos Indígenas y Locales por la parte de comunidades e individuos a partir de informaciones escritas o de artefactos (por ejemplo, cestos que muestran técnicas de tejer). Las comunidades actuales pueden no saber que ciertos objetos o informaciones se encuentran en colecciones diversas o en textos (académicos o no académicos), y la idea de repatriación indica la responsabilidad de la comunidad académica de contactar con las comunidades para colaborar en la conservación de los Conocimientos Indígenas y Locales.

En cuanto a los ODS, el 17 hace referencia a la necesidad de establecer alianzas para lograr los objetivos y metas que nos ayudarán a transitar a sociedades más justas y equilibradas. ¿Son estas alianzas esenciales en el trabajo que tú realizas?

Claro, y no solo en el mío. La investigación en etnobiología es pionera en tejer alianzas entre quienes investigan en ciencias naturales, sociales y humanidades, poblaciones locales, y organizaciones gubernamentales y no gubernamentales, y también en reclamar la participación de comunidades indígenas y locales en investigación y política sobre el medio ambiente. En 1993 la Sociedad Internacional de Etnobiología emitió la “Declaración de Belém” para reclamar los derechos de los pueblos indígenas y comunidades locales, por esta razón, la etnobiología está relacionada con la ciencia de la sostenibilidad, que busca encontrar soluciones a los retos complejos presentes.

Irene Teixidor

Nos ha quedado claro que conservar la biodiversidad va de la mano de preservar el conocimiento de las comunidades locales y contar con su irremplazable experiencia. ¿Qué se requiere a la hora de establecer una estrategia de conservación integrada ex situ-in situ?

Para mí el requerimiento básico es dedicar el tiempo necesario a encontrar los buenos colaboradores, y crear y mantener relaciones basadas en el respeto, la reciprocidad y la confianza con ellos. Esto necesita de flexibilidad a la hora de definir e implementar estrategias, no debemos olvidar que no solo cuentan nuestros objetivos y prioridades, sino también los de nuestros colaboradores de una forma igual o incluso más importante.

¿Qué papel juegan las mujeres en la conservación de los Conocimientos Indígenas y Locales y en particular de las semillas de especies locales?

En muchas zonas rurales del mundo las mujeres juegan un papel crucial en la conservación de conocimientos y semillas. Por ejemplo, en los Andes de Ecuador y el Gran Atlas en Marruecos, dos regiones de montaña que conozco directa e indirectamente, hay una elevada emigración masculina y son las mujeres las que permanecen en los pueblos de montaña, conservando un valioso patrimonio biológico y cultural. De manera general, los Conocimientos Indígenas y Locales no son siempre compartidos entre hombres y mujeres, y en cualquier caso es necesario tener en cuenta los aspectos de género.

Coméntanos, para cerrar la entrevista, qué es lo que más te gusta de tu trabajo y cuáles son los retos o dificultades que más te preocupan.

El gran placer en mi trabajo es la gente con la que lo realizo: ver a estudiantes formarse y crecer, compartir ideas y experiencias con gente muy diversa, y seguir creciendo con lo que aprendo. Y creo que lo que más me preocupa son el auge de la extrema derecha, que como ya hemos visto con Trump y Bolsonaro, tiene un impacto nefasto para la sostenibilidad a nivel global.

Doctora en Biología. Profesora del Departamento de Didáctica de las Ciencias Experimentales y Sociales
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Ingeniera Agrónoma por la Universidad Politécnica de Madrid, investigadora del Jardí Botànic de la UV y Profesora Asociada del Departamento de Didáctica de las Ciencias Experimentales y Sociales.
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