Conservación Jardines Botánicos

25 Sep 2026

El traslado de un herbario

Una de las colecciones importantes de soporte a la investigación del Jardín Botánico son los más de 250.000 pliegos que forman el herbario. En sus instalaciones, conserva la union de los antiguos herbarios de Biológicas, Farmacia y el mismo Jardín, además del herbario personal del botánico y farmacéutico Josep Borja i Carbonell, entre otros. Y esta colección crece anualmente gracias a las tareas de recoleción de su personal y también a las donaciones. El Jardín no puede recibir mayor regalo que el trabajo de recopilación de muchos años de alguien que dedica parte de su tiempo a las plantas. En este caso, el botánico Pablo Ferrer, con una larga trayectoria ligada a la conservación vegetal, decidió entregar su propio herbario para hacer crecer el nuestro y ofrecerlo para su consulta. Nos lo cuenta mientras comparte también su vivencia de atesorar plantas secas como una experiencia de conocimiento y de disfrute.

El pasado 10 de julio de 2026, una gran parte de la colección de plantas secas que fui reuniendo durante los años en los que realicé los trabajos de campo de mi tesis doctoral fue trasladada desde el Departamento de Botánica de la Facultad de Ciencias Biológicas de la Universitat de València al herbario del Jardí Botànic de la Universitat. Fue un momento cargado de emoción, una de esas sensaciones difíciles de describir.

Imágenes del traslado de los pliegos de la Facultad de Ciencias Biológicas de la Universitat de València al herbario del Jardí Botànic.

Los herbarios constituyen una herramienta fundamental en la formación de cualquier botánico que quiera adentrarse en la corología, la florística, la taxonomía y la nomenclatura. Son el medio a través del cual se aprende no solo la identificación de las plantas y el reconocimiento de las formas vegetales, sino también el placer de construir una colección científica que, para quien la confecciona, o al menos así me sucede a mí, adquiere incluso una dimensión estética, íntima y profundamente personal.

En mi opinión, aprender a identificar plantas es como aprender a leer. Cuando sabes leer, no conoces todos los libros, pero puedes acceder a cualquiera de ellos. Cuando aprendes a identificar, no conoces todas las plantas, pero puedes llegar a conocer cualquiera de ellas de cualquier parte del mundo, si además tienes el libro adecuado, claro. ¿No es maravilloso? A partir de esos momentos importantes, todo se convierte en disfrutar: de las plantas, de los libros, y también del campo y de las bibliotecas.

La colección donada al herbario del Jardí Botànic está formada por más de 5.400 pliegos y reúne una buena parte de las plantas que mi director de tesis, el Dr. Miguel Guara, y yo recolectamos entre los años 2003 y 2005. Las recolectamos en la Muela de Cortes de Pallás y en las montañas del Macizo del Caroche, así como en otros enclaves próximos, y también en otros lugares tanto de España como del extranjero, que visité con el propósito de completar la colección.

Parte de la colección de Pablo.

Con el paso del tiempo, un herbario deja de ser únicamente una acumulación ordenada de muestras vegetales y pasa a ser también un reflejo de quien lo ha ido construyendo. A través de mi experiencia particular, he podido comprobar cómo el coleccionismo acaba imponiéndose a cualquier planteamiento inicial: surge el deseo de seguir incorporando nuevos especímenes, de ampliar la colección, de conservar cada hallazgo, de llegar más lejos y de profundizar en el conocimiento de las plantas que contiene. En mi caso, poco importaba si se trataba de especies raras o comunes; cada planta tenía un valor propio, porque cada una contribuía a hacer crecer ese herbario que, poco a poco, iba tomando forma. Yo ampliaba la colección y, al mismo tiempo, la colección me ampliaba a mí: me ayudaba a conocer cada vez más y mejor las plantas, y a acercarme a ellas a través del camino que yo mismo había elegido libremente al iniciar este proyecto de conocimiento y de realización personal e intelectual.

Pablo fotografiando un ejemplar de planta.

Cada pliego representa mucho más que una planta conservada. Es un momento de recolección, un instante de observación en el campo, una etapa de estudio, un proceso de preparación y montaje, y sobre todo una identificación. Algo así como un libro, un pequeño gran libro. Y esto contribuye a que la suma de todos esos momentos convierta un herbario en algo más que una colección: en un vínculo entre quien lo crea, quien lo conserva, quien lo estudia y quien lo consulta. No siempre serán las mismas personas, pero el herbario las unirá de forma inexorable.

Por eso, esta colección tan personal no puede tener mejor destino que formar parte de un herbario oficial, un lugar al servicio del público, de la ciencia y del conocimiento, donde pueda ser conservada, consultada y estudiada por otras personas. Así, del mismo modo que yo estudio y aprendo de las recolecciones de otros, dejo también mi contribución para el uso y el conocimiento de quienes vengan después, tanto ahora como en un futuro lejano.


Fotografía de Pablo Ferrer estudiando 
plantas junto al río Júcar.
Fotografía de Pablo Ferrer estudiando plantas junto al río Júcar.

Quizá, dentro de muchos años, alguna de esas personas se pregunte quién recolectó aquella planta, del mismo modo que yo me lo pregunto cuando estudio pliegos que fueron recogidos hace décadas. Sin duda, ese es un momento especial, una ensoñación que con frecuencia aparece cuando me encuentro ante la muestra y su etiqueta: imaginar la recolección inicial, a la persona que la realizó y todo lo que ha sucedido desde entonces. Pienso también en las otras personas que, a lo largo del tiempo, habrán abierto ese mismo pliego y se habrán detenido ante aquella muestra, contemplándola y estudiándola como yo lo hago ahora. Y pienso en quienes vendrán después y harán lo mismo que yo hago hoy, en un momento en el que yo ya no esté, pero en el que, de algún modo, una parte de mi trabajo seguirá presente en esa muestra, en su etiqueta y en la historia que guarda ese pliego.

Entregar esta colección al herbario del Jardí Botànic de la Universitat de València supone cerrar una etapa, pero también abrir una nueva: la posibilidad de que todos esos momentos vividos en el campo, todos esos días de búsqueda, estudio, montaje y preparación, de aprendizaje y descubrimiento, continúen teniendo vida y sentido a través de quienes, en el futuro, se acerquen a sus pliegos.

Doctor en Ciencias Biológicas por la Universitat de València y coordinador del Equipo de Conservación de Flora Amenazada en el Centro para la Investigación y Experimentación Forestal de la Generalitat Valenciana
M’apassiona l’esport, la música, la lectura i tot el món que envolta la vinya i el vi. No suporte l’esnobisme en l’enologia i, quan puge una muntanya, no m’obsessiona arribar al cim: pense que les coses bones quasi mai estan només dalt.
extern Colaborador Externo
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