El Banco Mundial de Semillas de Svalbard

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Semillas de judías procedentes del banco genético CIAT (Colombia) preparadas para ser enviadas al Banco Mundial./ flickr

Los cultivos forman una parte esencial de la alimentación humana desde hace milenios. Para salvaguardar su biodiversidad frente a posibles desastres, en 2008 se creó el Banco Mundial de Semillas de Svalbard que, en la actualidad, guarda más de un millón de muestras de más de 5.000 especies y variedades vegetales procedentes de todo el mundo.

Antecedentes

La idea de coleccionar y conservar muestras de semillas con el fin de preservar la diversidad vegetal no es nueva. De hecho, es bastante anterior a la creación del Banco de Svalbard. Se la debemos al botánico y genetista ruso Nikolai Vavilov, que, a principios del siglo XX, viajó por todo el mundo a la búsqueda de miles de diferentes especies vegetales con la intención de conservarlas y mejorarlas, lo que hizo en la Estación Experimental Pavlovsk, fundada en 1926 por él mismo, con la ayuda de varios colaboradores.

Aunque inicialmente sus proyectos le trajeron prestigio y premios, una corriente antigenetista propiciada a finales de los años treinta por el ingeniero agrónomo Trofim Lysenko convirtió el trabajo de Vavilov en un delito, llevando a su arresto y más tarde a su condena a muerte en 1941. Aunque su pena fue conmutada a veinte años de encarcelamiento, murió en la prisión de Saratov en 1943. Mientras tanto, sus compañeros científicos se encargaron de transportar gran parte de las colecciones almacenadas en la Estación Experimental Pavlovsk a la cercana Leningrado para evitar que cayeran en manos de las tropas alemanas. En pleno asedio de Leningrado, entre septiembre de 1941 y enero de 1944, protegieron las semillas manteniéndolas intactas a pesar de la intensa hambruna que asolaría la ciudad acabando con las vidas de cientos de miles de personas, incluidas las suyas.

Nikolai Vavilov./Wikipedia

Se cree que muchas de las variedades agrícolas de las que disponemos hoy existen gracias al sacrificio y al extraordinario trabajo de conservación de Vavilov y de su equipo de botánicos, que décadas más tarde inspiró la creación del propio Banco de Svalbard con objetivos idénticos, aunque diferenciándose en su carácter exclusivo de reservorio con fines conservacionistas, sin permitir ninguna clase de estudio, investigación o comercialización de las semillas.

Localización y diseño

El Banco Mundial de Semillas de Svalbard (en inglés Svalbard Global Seed Vault) se construyó en el archipiélago noruego de Svalbard, en el Océano Ártico, en forma de almacén excavado en una ladera a 130 metros sobre el nivel del mar, con el fin de evitar cualquier daño derivado de la subida de éste en el futuro. La instalación está diseñada a prueba de terremotos y erupciones volcánicas y se encuentra totalmente protegida de la radiación solar. Un sistema refrigerante mantiene una temperatura constante de -18 °C en su interior, necesaria para conservar viables las semillas almacenadas. No obstante, en caso de posibles fallos del sistema, el permafrost (capa de suelo permanentemente congelada en estas latitudes) mantendría la temperatura de forma natural entre -3 y -4 °C.

Vista del exterior del Banco de semillas de Svalbard./enciclopedia.cat/

Propósito

Aunque a lo largo de su historia muchos se han referido a este Banco como la “bóveda del fin del mundo”, relacionándolo directamente con la supervivencia de la humanidad en caso de un cataclismo global, lo cierto es que fue creado para reponer la pérdida de semillas en bancos de cualquier país, actuando como una especie de “copia de seguridad” y, al mismo tiempo, preservar la historia de la agricultura. Una historia escrita por cientos de generaciones que en el pasado decidieron seleccionar y conservar ciertas variedades de semillas, ya fuera por su calidad o por su resistencia a condiciones adversas. En muchos casos, las mismas que Vavilov recolectó en sus viajes haciendo posible el uso global de la diversidad de productos agrícolas de los que disfrutamos en la actualidad.

Los bancos de semillas interesados en enviar sus muestras al Banco de Svalbard deben firmar un contrato garantizando que disponen en su colección de suficiente cantidad de las semillas que se pretenden enviar para certificar su condición de “duplicado”, siendo el proceso totalmente gratuito.

La eficacia del Banco de Svalbard fue puesta a prueba por primera vez durante la guerra civil en Siria. Este conflicto forzó a los trabajadores de la sede en Alepo del Centro Internacional de Investigación Agrícola en las Zonas Secas (en inglés: Internacional Centre for Agricultural Research in Dry Areas o ICARDA) a abandonar sus puestos ante la cada vez mayor amenaza de un ataque sobre la instalación. En 2015, los científicos del ICARDA solicitaron al Banco de Svalbard colecciones de semillas para cultivarlas en las sedes situadas en Líbano y Marruecos hasta alcanzar la cantidad necesaria que les permitiera retomar sus investigaciones y, al mismo tiempo, garantizar la condición de “duplicado” requerida para poder reenviar las semillas al Banco de Svalbard, que recuperaría las colecciones para almacenarlas de nuevo habiendo cumplido su función como reserva frente a una crisis.

Contenido

Las muestras se encuentran selladas herméticamente en sobres de aluminio, que a su vez se guardan en cajas que se van disponiendo sobre estanterías. El Banco de Svalbard alberga espacio suficiente para preservar hasta 4,5 millones de estas muestras, es decir, más de cuatro veces más de las que dispone en la actualidad.

Estanterías donde se almacenan las muestras/flickr

Las variedades más abundantes son las de arroz, trigo y cebada (entre los tres cultivos abarcan más de un tercio del total), aunque también encontramos en cantidades importantes muestras de sorgo, maíz, alubias y soja, entre muchas otras que convierten la colección de semillas agrícolas del Banco de Svalbard en la más diversa del mundo.

La información sobre el contenido del Banco de Svalbard es pública y se encuentra accesible a través del siguiente enlace: https://www.nordgen.org/sgsv/. En él se disponen las muestras almacenadas por países de procedencia, taxones, especies, géneros y muchas otras características.

Otros bancos de semillas

Siendo su función únicamente de reserva, el Banco de Svalbard no permite la extracción de muestras para agricultores, investigadores y botánicos, como sí hacen otros bancos de semillas en el mundo. En estos bancos se indaga en la mejora de los diferentes tipos de cultivo, buscando aumentar su cantidad y calidad, así como su resistencia a plagas, enfermedades y catástrofes climáticas, con el fin de hacer frente a la creciente demanda alimenticia que acompañará al incremento de la población mundial en los próximos años.

Paquetes donde se almacenan las semillas en el banco WRPIS (Estados Unidos)./Wikipedia

Con el auge de estas investigaciones genéticas en bancos de todo el mundo se planteó la necesidad de una regulación de las mismas, que desembocó en la adopción en 2010 del Protocolo de Nagoya sobre la participación justa y equitativa en los beneficios derivados de la utilización de recursos genéticos. Este protocolo estableció una serie de normas a cumplir por proveedores y usuarios de dichos recursos, favoreciendo además la capacidad de las comunidades indígenas y locales de beneficiarse de la riqueza producida a partir de sus conocimientos botánicos tradicionales.

En la actualidad existen 1.750 bancos de semillas a nivel internacional que, en su conjunto, almacenan una cantidad de 7,4 millones de muestras de semillas. En España se encuentran 37 de ellos, 30 de los cuales tienen representación en el Banco de Svalbard por medio de casi 6.000 muestras de semillas.

Semillas de trigo almacenadas en el banco CIMMYT (Mèxic)./flickr

El propio Jardín Botánico de la Universitat de València dispone desde 1991 de un Banco de Semillas que fue inaugurado con el doble objetivo de encontrar, coleccionar y conservar semillas por un lado y, por otro, investigar la optimización de su conservación y uso.

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Graduado en Ciencias Ambientales en la Universitat de València
Lo que más me gusta hacer en mi tiempo libre es escribir historias. Tengo la manía de alinear el mantel cuando pongo la mesa para comer o cenar, ¡tienen que estar rectas! Admiro el alcance de la tecnología, especialmente la relacionada con Internet y recurrentemente me pregunto cómo se pusieron de acuerdo todos los países a nivel mundial para posarle el nombre en nuestro planeta.

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