Valencia Verde: descubriendo los parques y jardines de la ciudad
La capitalidad verde europea de València en 2024 puso el foco en la necesidad de naturaleza que tienen los espacios en los que vivimos el cincuenta por ciento de la población mundial, y después os hemos hablado en espores del proyecto Renaturalitza València en el que ha participado el Botànic para contribuir a una ciudad más biodiversa en ecosistemas y especies. Y en esta línea seguimos, esta vez analizando por qué caminar por las calles de nuestra ciudad supone una pincelada verde miremos por dónde miremos, y es que tenemos mucho donde escoger.
Desde hace años, la ciudad de Valencia ha permitido a sus habitantes conocer, disfrutar y respirar espacios abiertos gracias a sus parques y jardines. Entre ellos, el famoso Jardín del Turia se alza imponente como el parque urbano más extenso de Europa, abarcando 120 ha y 12 km de largo. Su presencia, junto a la protección de la Albufera y la huerta por medio de una serie de políticas de movilidad sostenible, llevaron a la Comisión Europea a nombrar la ciudad como “Capital Verde Europea” en 2024, siendo la primera ciudad mediterránea en lograr este reconocimiento.
Por eso creemos que se merece este artículo, que nos hará viajar por los jardines y parques que hicieron esto posible, reconociendo por medio de todos nuestros sentidos su inestimable valor, y centrándonos en los beneficios que disfrutamos gracias a los esfuerzos volcados en acciones dedicadas a convertir nuestro hogar en una ciudad sostenible. ¿Nos acompañas?

Más verde, más bienestar
Es fácil imaginar que la abundancia de zonas verdes es buena para una ciudad, pero los beneficios que traen a sus habitantes van más allá de lo que podría pensarse. Aunque el aspecto estético es el más conocido y evidente, la presencia de estas zonas conlleva además mejoras tanto en la salud física, fomentando la práctica de ejercicio y actividades de ocio en el exterior, como en la mental, reduciendo el estrés, la ansiedad y la depresión. También sale beneficiada la calidad del aire, gracias por un lado a la capacidad de la vegetación de absorber gases contaminantes y, por otro, al incremento del oxígeno como resultado de la fotosíntesis. Además, hacemos que la ciudad tenga parte activa en la tan comentada lucha contra el cambio climático, tanto fijando dióxido de carbono, como contribuyendo a disminuir la temperatura ambiente debido no sólo a la sombra proyectada, sino también al uso de la radiación solar en la fotosíntesis.
Todos estos beneficios llevan a un claro aumento del bienestar de la población, directamente relacionado con la superficie verde de la que puede disfrutar y que conecta precisamente con los motivos por los que Valencia fue elegida como “Capital Verde Europea” en 2024. Un importante premio que reconoció el papel protagonista de la naturaleza en nuestra ciudad, posible gracias a la abundancia de espacios verdes en ella, los cuales han ido convirtiéndola poco a poco en una urbe cada vez más sostenible y merecedora del afamado título.

Se trata, sin duda, de un gran reconocimiento que nos invita a descubrir aspectos tan interesantes como la superficie verde total en Valencia y por distritos, o la biodiversidad en las zonas verdes. Además, queremos profundizar en las acciones llevadas a cabo para crear y mantener estas zonas, llevándonos a conocer mejor esa bella faceta de nuestra ciudad y permitiéndonos así disfrutar aún más de ella.
¿Con cuánto verde contamos?
A pesar de no haber sido considerada como superficie verde en los cálculos reflejados en la web del Ayuntamiento, es importante reconocer en primer lugar el innegable papel de la huerta valenciana, parte fundamental del patrimonio histórico y cultural del territorio. Papel que en 2019 la llevó a ser declarada como “Sistema Importante del Patrimonio Agrícola Mundial (SIPAM) por la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura).
Y esto no es de extrañar considerando sus más de mil años de historia por un lado y, por otro, su extensa superficie, nada más y nada menos que 2.800 ha. ¡El equivalente a una quinta parte de la ciudad de València! Según datos proporcionados por el Ayuntamiento, la superficie verde total del municipio es de 500 ha, lo que equivale a 4 veces el Jardín del Turia. Considerando que la superficie del municipio es de algo más de 13.000 ha, eso significaría que casi un 4 % de su superficie es verde.
Comparándola con otras ciudades españolas, y según los datos de sus respectivos ayuntamientos, vemos que Madrid contaba con 6.000 ha de superficie verde en 2017, un 10 % de su superficie, mientras que en el caso de Barcelona esta cifra aumenta a un 36 %. En cuanto a otras ciudades europeas, la superficie verde de Londres es de un 40%, y en Berlín de un porcentaje algo menor, un 30%.
Por tanto, y teniendo en cuenta que estamos hablando de una ciudad de clima mediterráneo, en realidad el punto fuerte de València es que el 97% de la población vive a menos de 300 metros de zonas verdes urbanas, superando con creces la media europea y encontrándose entre las primeras en España con máxima accesibilidad verde, después de Vitoria-Gasteiz (País Vasco) y Mollet del Vallès (Cataluña). Además, cuenta con 7,5 m2 de zona verde por habitante, que se pretende ampliar a 10 m2 al terminar las intervenciones propuestas en la capitalidad verde.
Analizando los distritos
Aunque comprobemos que somos una ciudad con mucha superficie verde, es importante saber también dónde y cómo está distribuida.

Como se aprecia en el gráfico, realizado a partir de la información encontrada en la web del Ayuntamiento, de los 19 distritos que tiene Valencia, el que mayor superficie verde contiene es Quatre Carreres (con casi 60 ha), seguido de Campanar (con cerca de 40 ha), Poblats Marítims (con una superficie similar aunque algo inferior a la de Campanar) y la Saïdia (con algo más de 30).
Como podría parecer lógico, en estos distritos encontramos también varias de las zonas verdes más grandes: el Parque de la Avenida de los Hermanos Maristas, con casi 4 ha (Quatre Carreres), el Jardín de Polifilo con una superficie similar (Campanar), el Paseo Marítimo junto al Paseo de Neptuno con casi 5 ha (Poblats Marítims) y los Jardines de Viveros con casi 19 (la Saïdia).

En el resto de distritos las cifras son bastante menores, encontrándose las más bajas por un lado en Pobles del Nord y por otro, en los distritos más antiguos de Valencia: Ciutat Vella, Benimaclet y Extramurs, cuyas superficies, aunque también importantes, son inferiores a las 10 ha. Esto nos demuestra que si bien la ciudad no tenía en tiempos anteriores grandes entornos verdes que la sostuvieran, las dinámicas de las últimas décadas la han llevado a crear nuevas zonas de naturaleza urbana en nuevos barrios o en barrios en expansión.
Biodiversidad y calidad de las zonas verdes
Las zonas verdes, como ya hemos hablado en la introducción del artículo, tienen muchos efectos positivos sobre la población, siendo la biodiversidad en ellas un factor clave. Es por esto que, enmarcados en la capitalidad verde, se han desarrollado diferentes proyectos de renaturalización en la ciudad para aumentar la superficie verde y la biodiversidad, en sintonía con algunas medidas a nivel de gestión de parques y jardines que ya se venían haciendo los años anteriores.
Entre todos ellos destaca “Renaturaliza VLC”, una iniciativa del Ayuntamiento con la colaboración del Jardín Botánico UV, SEO/BirdLife y la Fundació Global Nature, que incluye cuatro actuaciones principales: el Jardín Mediterráneo Trini Simó (Solar de Jesuitas), el Jardín de polinizadores (frente a las Torres de Serrano), los Huertos urbanos (Orriols Convive) y el proyecto de Pilotos de biodiversidad (por toda la ciudad).

En cuanto al Jardín Mediterráneo Trini Simó, desarrollado en el histórico Solar de los Jesuitas, se originó con la idea de crear un espacio que reprodujera el paisaje agrícola valenciano con acequias, caminos, tapias y cultivos tradicionales, acercándolos a la ciudadanía. Además de fomentar la conservación de la biodiversidad autóctona, se buscaba formar a centros educativos, asociaciones vecinales y público general sobre la producción sostenible y de proximidad, la agricultura urbana y la ecológica, así como sobre el consumo responsable.
La parte dedicada a Orriols Convive se propuso en este barrio con el fin de transformar un solar abandonado, hasta entonces utilizado como aparcamiento, en un huerto urbano comunitario gestionado por los vecinos. Se proponía que el huerto contuviera 25 parcelas de cultivo destinadas al autoconsumo, fomentando la cohesión social, el contacto con la naturaleza y la educación ambiental.
Además, había otras dos partes en la propuesta. El Núcleo de conservación de polinizadores que se ideó con el fin de aumentar la riqueza de especies vegetales autóctonas y con ella la presencia de polinizadores en una superficie a los pies de las Torres de Serranos, en el Jardín del Turia, para favorecer la biodiversidad de la ciudad contribuyendo a incrementar la presencia de aves, insectos, reptiles y pequeños mamíferos. Y los Pilotos de biodiversidad, compuestos por más de 60 intervenciones experimentales repartidas por toda la ciudad, se desarrolló con el fin de fomentar la biodiversidad en el espacio urbano al mismo tiempo que se probaban nuevas técnicas de ajardinamiento, plantación de flora autóctona, instalación de espacios de vida silvestre y creación de pequeñas zonas de vegetación.
Entre las especies utilizadas se encuentran pequeñas hierbas, muy poco valoradas pero muy importantes para preservar la biodiversidad, manteniendo el suelo fértil, mejorando la gestión del agua y reduciendo la temperatura del ambiente. Entre ellas está Poa annua (poa anual), la especie más común en los espacios verdes valencianos. Se encuentra formando césped y puede llegar hasta los 30 cm, presentando pequeñas espigas blanquecinas. También Capsella bursa-pastoris (zurrón de pastor), que presenta numerosas flores blancas muy pequeñas, atrayendo además diferentes insectos polinizadores y produciendo una gran cantidad de semillas que pueden servir de fuente de alimento para las aves. Y Sonchus tenerrimus (cerraja tierna), una especie con hojas muy variables y de flores amarillas que atraen numerosos polinizadores, entre los que destacan las abejas.
Por otro lado, tenemos las especies vegetales arbóreas, de las que encontramos una gran biodiversidad en todas las zonas verdes de nuestra ciudad. Entre ellas, hay numerosos árboles monumentales y singulares, conocidos no solo por su antigüedad o sus dimensiones, sino también por su lejano origen o su conexión con importantes acontecimientos históricos y sociales. Como el Ginkgo (Ginkgo biloba), plantado en los Jardines del Real o Viveros (distrito la Saïdia). Se trata de una especie que existe desde hace 250 millones de años, y que mucha gente conoce porque un individuo sobrevivió a la detonación de la bomba de Hiroshima encontrándose a sólo 1 km de donde fue detonada, brotando un año después. Se convirtió así en símbolo del renacimiento y de la esperanza.

También destacan dos olivos (Olea europaea) de 400 años de edad que se encuentran en el Parque de Marxalenes (distrito la Saïdia), que son los árboles más viejos de la ciudad. El olivo es el símbolo de la paz y era el premio que antiguamente otorgaban a quienes vencían en los Juegos Olímpicos. Y un aromo aromo (Acacia farnesiana). Recibió dicho nombre de los Jardines de Farnesio en Roma: los primeros jardines botánicos de Europa fueron llamados Jardines farnesianos. Un conocido individuo se encuentra en el Jardín de la Glorieta y el Parterre (distrito Ciutat Vella).

Planes de futuro verde
Por otro lado, se ideó el “Corredor Verde Valencia Sur”, un proyecto de casi 5 ha y 1 km destinado a la renaturalización de los barrios del sur de la ciudad, ordenando y renovando los espacios obtenidos con el soterramiento de las vías del tren de esta zona y con la reordenación de las zonas industriales entre el Parque Central y el barrio de Vara de Quart, para crear un gran corredor verde que conectaría los barrios de Arrancapins, Russafa, Raiosa, Malilla, Creu Coberta, Sant Marcel·lí, Camí Reial, Sant Isidre y Vara de Quart.
Las nuevas zonas verdes abarcarían diversos paisajes, desde masas forestales hasta espacios agrícolas, pasando por zonas verdes vinculadas al agua y otras de carácter más urbano, que se adentrarían en los barrios y que favorecerían la movilidad sostenible para conseguir ecobarrios con cero emisiones.
Desafortunadamente, este proyecto llamado Estrategia Grean Leaf y que fue aprobado en 2023 a través de un concurso público, se encuentra en la actualidad desestimado y en plena controversia, ya que ha sido sustituido en 2026 por el nuevo Bulevar García Lorca que, en contraste con el proyecto original, planea incorporar tres carriles de circulación atravesando las zonas verdes: dos destinados a vehículos privados y un tercero reservado para transporte público.
Otro proyecto importante es el que la Generalitat pretende llevar a cabo prolongando el Jardín del Turia más allá del Parque de Cabecera en 2,5 Km, con la creación de un espacio de 80 ha (cuatro veces el Parque de Cabecera), lo que beneficiaría a los municipios de Mislata, Paterna y Quart de Poblet. Esta propuesta conectaría con las huertas colindantes, incluyendo además praderas para el descanso, el ocio y actividades forestales, así como espacios preservados para la recuperación de la biodiversidad y láminas de agua que servirían de refugios para la avifauna.

Un camino hacia el futuro que solo tiene un color
Con todo lo anterior, hemos comprobado que sin duda València es una ciudad merecedora de su nombramiento hace dos años como “Capital Verde Europea”, teniendo sus numerosas y extensas zonas verdes amplios beneficios sobre su población. Las importantes actuaciones planificadas, no sólo para incrementar su número y su superficie, sino también para potenciar la biodiversidad en estas zonas, continuarán esta tendencia en el tiempo, asegurando que todos podamos disfrutar cada día de la naturaleza en todo su esplendor en nuestra cada vez más verde ciudad. Un verde que nos permita ser más resilientes, adaptarnos mejor al cambio climático y vivir nuestra vida plenamente en sintonía con la naturaleza, como siempre debería ser.
¡Nos vemos donde lo verde!
Nota de Marcos López
No quiero terminar este artículo sin dedicar unas palabras a Susana Romo, la otra autora del texto y con quien, por desgracia, no podré volver a colaborar. Aunque tuve la oportunidad de agradecérselo en persona, necesito dejar por escrito cuánto influyó en mí durante el desarrollo de mi TFG sobre el Aprendizaje-Servicio en el medio ambiente, y posteriormente en las numerosas veces que colaboramos en jornadas, proyectos e incluso en artículos para esta revista. Valoro muchísimo haber podido compartir todo eso con ella. Una parte importante de lo que soy ahora y de mi trabajo actual se lo debo a nuestras conversaciones, a nuestros intercambios de ideas, a su gran conocimiento y a su inestimable apoyo. Que este artículo sobre nuestra particular ciudad verde sirva también para recordarla.




