Etnobotánica Lecturas

12 Jun 2026

La Etnobotánica farmacéutica de Gátova, el saber de un pueblo

Los pueblos pequeños que salpican nuestro paisaje de patrimonio paisajístico, arquitectónico y natural, también conservan muchos conocimientos, entre ellos el relacionado con las plantas que forman parte de su entorno. ¿Pero quiénes son los depositarios de todos los nombres, usos y curiosidades que componen los saberes botánicos de un pueblo? La edad de estas personas es elevada y el relevo generacional para conservar esta información, escaso. Por eso, publicaciones como Etnobotánica farmacéutica de Gátova son tan necesarias, y por eso la sensibilidad de su autor, el que fue farmacéutico del pueblo, se convierte en fundamental.

Alrededor de todo el país, muchos de los que hace cien años eran pueblos grandes y llenos de vida, hoy se reducen cada vez más a lugares en los que escapar del ritmo cosmopolita los fines de semana. Los jóvenes crecen, y muchos se van a trabajar o a vivir a la ciudad, como hicieron antes muchas familias de las generaciones de sus padres y de sus abuelos. Estos pueblos rurales, con menos de 5.000 habitantes, según un estudio del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, constituyen el 77,9% de municipios españoles, pero viven en ellos tan solo un 9,3% de la población.

Gátova está rodeado de bosques de pino carrasco, pino rodeno y alcornoque, con una buena representación de sotobosque mediterráneo, ya que está ubicado en el corazón del Parque Natural de la Sierra Calderona.

Este es el caso de Gátova, un pueblo de la Sierra Calderona, hoy en día parte de la provincia de Valencia, aunque no siempre fue así. En la actualidad, los negocios del pueblo peligran, ya no hay horno ni pescadería, y los demás servicios esenciales, como el supermercado o la carnicería, los llevan personas que están a punto de jubilarse o que no lo han hecho ya por no abandonar a sus vecinos. Sin embargo, como es un pueblo donde la mayoría de la población tiene más de 65 años, hay un comercio que funciona muy bien: la farmacia.

En este negocio trabajó como farmacéutico hasta hace 17 años Eduard Segarra i Durà. Estuvo prácticamente dos décadas ayudando y acompañando a vecinos y familias del pueblo. Pero Segarra no solo vendía. Recomendaba, comprendía, acompañaba y escuchaba a sus vecinos. El cariño fue mutuo. Ellos, de vez en cuando, aprovechaban para contarle los remedios caseros que se habían hecho toda la vida en el pueblo con elementos de las montañas y los campos que lo rodeaban, elementos botánicos. Plantas que se usaban para el dolor de cabeza, flores que se usaban como diuréticos o semillas que se tomaban para reducir molestias… Por ello, cuando tuvo que abandonar su puesto, decidió escribir un libro sobre aquello de lo que tanto le habían hablado sus clientes, y publicó Etnobotánica farmacéutica de Gátova (2008).

Etnobotánica farmacéutica de Gátova

El libro es una recopilación detallada de las especies vegetales que crecen en las montañas del pueblo. En cada planta o flor, Eduard incluye el nombre científico y popular (algunas plantas tienen motes exclusivos de la localidad), la descripción, el lugar donde se encuentra, la época de recolección, las partes que se utilizan, cómo se conserva, refranes asociados y su uso popular. Después, confirma o desmiente el o los usos farmacéuticos de estas, basándose en las evidencias científicas.

Borraja en flor

Segarra tenía especial interés en este último elemento, por lo que no resulta sorprendente que sea uno de los aspectos más interesantes del libro. En estos apartados, incluye en qué cantidades y de qué forma tendrías que ingerir o aplicar el fragmento de la planta para cada fin concreto comprobado. Por ejemplo, la Borago officinalis, popularmente conocida como la borraja, tiene efectos antihistamínicos: “se seleccionan las hojas y tallos tiernos de cuatro plantas, se limpian y se cuecen a fuego lento durante 15 minutos. Se pueden adobar con aceite de oliva, limón o vinagre, pero nunca con sal. Tomar un plato por la noche durante cuatro días”.

Claro está que también hay usos populares que Segarra desmiente y advertencias sobre los posibles efectos secundarios de algunas plantas, en los que a veces como se suele decir, puede ser peor el remedio que la enfermedad. Además, añade costumbres con algunas especies vegetales que se inclinan más hacia el lado místico que hacía el farmacéutico. Por ejemplo, con el enebro rojo (Juniperus oxycedrus): “Para eliminar las verrugas. El paciente comunicará cuantas verrugas tiene, y después le diremos que se olvide de la cantidad. Por la tarde arrancaremos tantas bayas de jengibre como verrugas tenga y las enterraremos. Si se ha olvidado de contar alguna, no desaparecerá (¿y si ha contado de más?)”.

Fruto de enebro rojo

Eduard Segarra cuenta que no solo eligió Gátova por los años que estuvo viviendo allí, también porque es una localidad aislada geográficamente, con un microclima propio y unas características concretas. Tal y como explica en la introducción, la única comunicación es mediante “unas carreteras muy duras”, y su economía se ha basado tradicionalmente en una agricultura de subsistencia, de olivares, almendros, cerezos e higos, lo cual “proporcionaba recursos limitados”. Por ello, antiguamente, cuando los habitantes no podían acceder a un farmacéutico profesional, confiaban su salud a los remedios naturales que les habían enseñado sus padres y sus abuelos, y que después ellos mismos les contarían a sus hijos.

Por ello, otro de los aspectos importantes de la recopilación taxonómica es la lista de vecinos a los que ha entrevistado. Incluye solo a aquellos que no han querido permanecer en el anonimato, junto con una fotografía y su edad de nacimiento. La persona citada más joven nació en 1956, y cuando se publicó el libro en 2008 tenía 52 años, mientras que la persona más mayor nació en 1919 y tenía 89 en el momento de publicación. La edad es relevante, porque demuestra que, en algún momento, este conocimiento se ha dejado de compartir con las nuevas generaciones. Quizás por la migración a las ciudades o por el acceso público que existe a día de hoy a los medicamentos de primera necesidad y a la sanidad.

María Navarré Romero y Ricardo Martínez Zapata, dos de las personas entrevistadas del pueblo, que han aportado conocimientos populares sobre las plantas.

Carles Subiela, del Instituto de Estudios Comarcales del Camp de Túria y escritor del prólogo, plantea otra tesis: la aparición de la televisión y de otras nuevas tecnologías ha quebrantado la costumbre de hablar con los abuelos sobre el pasado; se ha roto la tradición oral. Es por esto, que obras como esta de Eduard Sagarra i Durà, son de tanto valor, tanto científico como cultural. En Etnobotánica farmacéutica de Gàtova encontramos conocimiento que durante siglos ha sido patrimonio inmaterial que se ha ido trasmitiendo oralmente. Leer el libro es aprender etnobotánica, aprender sobre cómo somos las personas, y sentir a ratos ternura o notar dibujada una sonrisa. Como afirma Subiela para terminar el prólogo: “tenemos un libro que es un homenaje a la sabiduría popular reencontrada; el apotecario pone encima de la mesa el tesoro recuperado con la ilusión de que lo podamos disfrutar”.

Libros como este suponen una apuesta por los conocimientos tradicionales, por poner en valor todo aquello que ha servido en las sociedades que nos han precedido. No queda tan lejos, muchos de ellos están todavía con nosotros, pero no sabemos hasta cuándo. Aprender todo esto también nos ayudará a repensar la sociedad actual y quizá sembrar las bases de la futura. 

Estudiante de Periodismo en la Universitat de València
Soy de las que se ponen tristes si no tienen un libro en las manos; vivo leyendo. Me apasiona la artesanía: una semana tejo un suéter a crochet y la siguiente hago cerámica o coso a máquina. Confieso una obsesión absoluta por los girasoles, las amapolas y el azahar, aunque soy incapaz de mantener ninguna flor con vida. Tengo la manía innegociable de escribir en el ordenador solo en Times New Roman —para mí tiene todo el sentido— y le tengo un pánico impresionante, y quizás exagerado, a la procesionaria.
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