La Reina de las Orquídeas. El Género Cattleya
Las orquídeas nos fascinan por su espectacular floración, pero basta conocer algo más de sus curiosidades morfológicas o fisiológicas para caer definitivamente a sus pies. En otoño, en el Jardí Botànic, hay una cita obligada para los amantes de estas plantas, así que aprovechamos este encuentro para contaros un poco más de un género que no defrauda y cuya conservación se ve amenazada por numerosos factores.
Hoy hablamos de unas orquídea muy conocidas y con mucha historia. El género Cattleya pertenece a la familia de las orquídeas (Orchidaceae), y se ubica evolutivamente dentro del grupo de las angiospermas. Su denominación taxonómica rinde homenaje a William Cattley, un botánico inglés aficionado a las plantas que cultivaba orquídeas procedentes del Nuevo Mundo.
Históricamente, las primeras plantas del género Cattleya llegaron a Inglaterra a finales del siglo XIX por error, mezcladas con otros cargamentos vegetales de apariencia más vistosa. Sin embargo, al florecer por primera vez bajo cultivo, los botánicos advirtieron de inmediato su singular valor estético y su belleza exótica.
Aunque el botánico John Lindley fijó formalmente el nombre científico de especies emblemáticas como Cattleya maxima en 1831, la exploración de este taxón cuenta con un destacado antecedente en la botánica española. En 1777, los expedicionarios españoles Hipólito Ruiz López y José Antonio Pavón Jiménez estudiaron previamente dicha especie durante una expedición científica de casi once años por los territorios de Perú y Chile, recabando miles de muestras botánicas y describiendo numerosas especies para la posteridad.
Características morfológicas y taxonómicas distintivas
Una de las características más distintivas de las orquídeas es la unión de los componentes de la reproducción sexual en un solo elemento, el ginostema o columna. Por otro lado, dentro del reino vegetal, el género Cattleya se encuadra en la división Spermatophyta (plantas con semillas), específicamente en el grupo de las angiospermas, caracterizadas por presentar estambres, pistilos, polen y ovarios separados.
Además, este género presenta, entre sus estructuras vegetativas y reproductivas, diferentes características morfológicas. En cuanto a las raíces y el rizoma, presenta un crecimiento simpodial, a través de una raíz-tallo adaptada a crecimiento horizontal, de la cual nacen las raíces y los pseudobulbos, que participan en la fotosíntesis y la reproducción asexual. Estos pseudobulbos, cumplen la función primaria de almacenamiento de agua y nutrientes, y cuentan con cloroplastos, lo que les otorga la capacidad de realizar la fotosíntesis.
También estas plantas presentan una división entre entre especies monofoliadas (desarrollan una sola hoja por pseudobulbo) y bifoliadas (desarrollan dos). Y tienen espatas, hojas modificadas cuya función es proteger los botones florales en desarrollo. Las flores, que emergen directamente a través de estas estructuras, están compuestas por un sépalo dorsal, dos sépalos laterales, dos pétalos laterales y un pétalo altamente modificado denominado labelo. El labelo posee un gran desarrollo y su función biológica principal es atraer a los agentes polinizadores hacia la columna. Esta columna alberga la antera (que contiene cuatro políneas o núcleos masculinos provistos de estípite para la fecundación) y la superficie estigmática receptiva.

Patrones fisiológicos de enraizamiento y floración
Cattleya posee una diferenciación taxonómica y fisiológica relevante en función del momento en que el pseudobulbo emite raíces. Hay especies que enraízan antes de la floración, y que incluyen monofoliadas como C.maxima, C. labiata, C. jenmanii, C. percivaliana, C. quadricolor, C. trianaei, C. schroderae, C. iricolor, C. mossiae y C. mendelii; y bifoliadas como C. bowringiana, C. loddigesii, C. deckeri, C. amethystoglossa, C. aurantiaca, C. intermedia, C. skinneri, C. lawrenciana y C. luteola.
Y otras especies lo hacen después de la floración, como las monofoliadas C. lueddemanniana, C. warneri, C. warscewiczii, C. dowiana, C. rex, C. gaskelliana, C. aurea y C. eldorado; y bifoliadas como C. schilleriana, C. forbesii, C. porphyroglossa, C. granulosa, C. harrisoniana, C. leopoldii, C. schofieldiana, C. tenuis, C. bicolor y C. elongata.
Asimismo, la floración puede surgir de pseudobulbos viejos (como en Cattleya labiata) o de pseudobulbos nuevos (como en Cattleya warneri), un fenómeno filogenético que sugiere una posible evolución convergente en lugar de un parentesco directo inmediato.
Distribución geográfica y hábitat natural
Hablamos de un género exclusivo de las regiones tropicales y subtropicales del neotrópico, con un rango geográfico que se extiende desde México y Costa Rica, pasando por el área del Caribe, hasta el norte de Argentina y el sur de Brasil.
En cuanto a la diversidad geográfica, se identifican dos grandes núcleos: el de la Región Andina del Norte y Occidental, que comprende países como Colombia (donde Cattleya trianae ostenta el estatus de flor nacional), Venezuela, Ecuador y Perú, y el de la Región Costera e Interior de Brasil, que representa la zona con mayor riqueza de especies del género, destacando especialmente la concentración de especies bifoliadas.
Ecológicamente, las especies de Cattleya colonizan diversos ecosistemas comprendidos entre el nivel del mar y franjas altitudinales que oscilan entre los 100 y los 1.800 metros de altitud (pudiendo alcanzar hasta los 2.000 msnm. en ciertas regiones del continente americano).
Su hábitat es epífito, por lo que la mayoría de las cattleyas crecen sobre las ramas y troncos de los árboles (no en el suelo), lo que les permite situarse en el dosel forestal, lejos de la oscuridad del suelo de la selva. Además, reciben una gran cantidad de luz solar brillante pero filtrada por las hojas de los árboles. Rara vez están expuestas al sol directo del mediodía, que quemaría sus hojas.

Conservación y principales amenazas
Las poblaciones silvestres de Cattleya han enfrentado graves problemas de conservación derivados de la presión humana, como la depredación y sobreexplotación histórica. Y es que durante décadas se produjo una extracción masiva de ejemplares silvestres en toda Sudamérica. Las plantas eran codiciadas por investigadores y coleccionistas de la alta sociedad, quienes pagaban elevadas sumas por estos especímenes. Como consecuencia directa de esta recolección indiscriminada, en la actualidad es sumamente complejo encontrar grandes cantidades de especies de Cattleya en su ambiente silvestre primario.
También han sufrido el impacto de la deforestación, que destruye su hábitat natural, causando la pérdida directa de sus poblaciones silvestres y pone a muchas especies en peligro de extinción. Además, al ser plantas epífitas (que crecen sobre los árboles), la tala de bosques destruye su hogar y las deja expuestas en el suelo, donde mueren rápidamente, y al depender de hongos específicos en sus raíces para nutrirse, cuando alteramos el bosque, estas asociaciones naturales se rompen. A todo esto se suma que al caer los árboles, las orquídeas quedan indefensas ante hongos, bacterias e insectos dañinos.
Por último, han sufrido un aumento del tráfico ilegal, ya que las áreas deforestadas facilitan el acceso humano, lo que fomenta la extracción clandestina de especies raras y muy cotizadas por su belleza. Sin embargo, la biotecnología vegetal mediante siembra asimbiótica y cultivo in vitro en laboratorio ha permitido multiplicar masivamente las especies e híbridos. Esta metodología aprovecha la gran resistencia de la semilla y su capacidad de transmisión genética para abastecer el mercado sin recurrir a la extracción de ejemplares silvestres.
MÁS INFORMACIÓN: https://www.cao.org.es/cattleya/
Bibliografia
- Boletín nº 2 (Año 2007) - orquioval.org: Incluye los artículos "Cattleyas, las reinas de las orquídeas", "Por Carlos Keller Cattleya" y "Ruiz y Pavón".
- Documento de Distribución Geográfica y Hábitat Natural: "Distribución Geográfica y Hábitat Natural del género Cattleya".
- Orchidarium, revista del Orquidario de Estepona ISSN 2386-6497
Nº2 Año 2015. Abril - Mayo – Junio



