El árbol en la ciudad, y ¡en el Botànic!

¿Qué sería de una ciudad sin árboles? El Botànicc acogió este año la jornada El árbol en la ciudad, un diálogo abierto sobre cómo comunicar a la ciudadanía la realidad del arbolado urbano, con sus problemáticas y las necesidades de una buena gestión. Ideas y reflexiones alrededor de cómo convivimos con los árboles entre coches, avenidas y una necesidad imperante, a veces no suficientemente reconocida, de más verde a las urbes.

El Jardí Botànicc de la Universitat de València está dedicado tanto a la recreación y la cultura como la docencia y la investigación, y una representación clara de este tándem es la jornada El árbol en la ciudad que acogió el pasado abril, organizada por el Ayuntamiento de València. Este acontecimiento reunió todo tipo de perfiles, como profesionales de la gestión municipal, instituciones, organizaciones, personal universitario y representantes de la ciudadanía. Todos ellos comprometidos con el fomento, la reivindicación y la gestión de las zonas verdes urbanas, que compartieron con un numeroso público sus ideas, líneas de trabajo y conclusiones alrededor del arbolado urbano. En este sentido, voy a aprovechar espores para contaros todo lo que allí se habló.

Inauguraron la jornada Nacho Lacomba (jefe del servicio de jardinería sostenible del ayuntamiento de València), Inma Bascón (vicepresidenta de la Asociación Española de Arboricultura), Emilio Barba (catedrático en ecología y encargado de las políticas de cambio climático en la Universitat de València) y Pedro Torrent (representante del Ayuntamiento de Sevilla), y dieron unas pinceladas interesantes sobre temas como la consideración del “verde público” como mitigador en el contexto de emergencia climática, o la importancia del arbolado urbano no tanto por su estética sino por sus servicios ecosistémicos: de aprovisionamiento, apoyo, aumento de biodiversidad, regulación de la calidad del aire y la temperatura, etc.

Santiago Beruete y la filosofía del verde

Santiago Beruete, protagonista de la primera ponencia, es antropólogo, doctor en filosofía y tiene creaciones literarias como “Libro del ajedrez amoroso”, “Verdolatría”, “Jardinosofía” o “Aprendívoros”, y ofreció la perspectiva más filosófica y poética sobre la figura del árbol. Entre sus aportaciones habló de que “no podemos concebir una buena vida sin la presencia tutelar de los árboles”; de que “necesitamos la sabiduría de los árboles para aclarar la incógnita de la ecuación del futuro”; también de que “veneramos los árboles, pero estamos en guerra con ellos”; “llenamos nuestros pulmones con el aliento de sus hojas”; y “el árbol representa la metáfora por excelencia de una economía regenerativa”.

Además, Santiago ofreció unas ideas muy reveladoras, apuntando que las ecópolis, financiadas por empresas tecnológicas, se han convertido en una estrategia propagandística que legitima las desigualdades sociales. En este sentido, enmascaran la explotación inmobiliaria, el consumismo y la explotación turística, originando las llamadas burbujas de riqueza, islas de sostenibilidad o con otro nombre, los oasis para ricos. Por último, finalizó puntualizando que las plantas, y en concreto los árboles, desafían nuestro zoocentrismo, alegando que sin la “magia” de la fotosíntesis no existirían las pirámides, ni la democracia, ni ninguno de nosotros.

Desde el Jardí Botànic

Jaime Güemes, director del Jardí Botànic de la Universitat de València ofreció una visión más científica, y se centró en las problemáticas y retos que supone la gestión del arbolado urbano. En su opinión, una de las cuestiones más preocupantes es la plantación de árboles en las alineaciones viarias (grandes vías, avenidas y bulevares), que se podan para modelar o rectificar su dimensión y esto los hace acumular peso en zonas débiles, cosa que en un futuro puede suponer un riesgo de caída y, en consecuencia, un peligro para el propio árbol y la ciudadanía. Además, como el árbol crece en altura y en diámetro toda su vida, es relevante seleccionar qué especies son las más adecuadas en cada espacio urbano, porque “no podemos pensar que los árboles caben en cualquier lugar”, apuntó Jaume.

Además, el sellado de los suelos constituye otro gran problema, porque desde la segunda mitad del siglo XX el sellado de las calles se generalizó en las ciudades, actuación que provoca una pérdida de la capacidad de filtración, permeabilidad y porosidad, todas ellas propiedades necesarias para que el suelo pueda acoger vegetación arbórea. Además, comentó que la modificación del nivel del suelo debilita la corteza de los árboles, y deriva en problemas de conductividad, que en el peor de los casos provoca la muerte. Igualmente, afirmó que las raíces no son un elemento de apoyo del árbol per se, sino que su principal función es captar agua, y de forma secundaria puede hacer de apoyo en el suelo, a pesar de que no siempre ocurre.

Tuvo también tiempo para la capitalidad verde europea, y Jaime considera que la razón del galardón es precisamente por su superficie arbolada, que se traduce en el control de la temperatura y la calidad del aire o la reducción de las enfermedades. Desgraciadamente, estos beneficios parecen no afectar la tendencia de la ciudad en materia de cobertura verde, dado que dos de las plazas inauguradas recientemente (la Plaza de la Reina y la de Brujas) están completamente selladas y con árboles plantado en maceteros, una solución ambientalmente incorrecta. La visión esperanzadora vino al final, señalando algunos de los puntos positivos del Pla Verdi i de la Biodiversitat de València, como por ejemplo la alternativa de la Plaza del Ayuntamiento, que a diferencia de las anteriores plazas, tiene diseñado arbolado. A pesar de que, aseguró, que hay que pensar en otra variedad de especies de cara a las nuevas plantaciones, dado que el clima cambia a gran velocidad y tendremos que anticiparnos mediante la selección de especies resistentes al clima que tendrá València en 30 o 40 años.

La gestión municipal

Desde esta perspectiva habló Félix Martínez, jefe técnico del Ayuntamiento de València, aportando datos concretos: a finales de 2023, el total de árboles en la ciudad de València se situaba en 419.034 árboles, de los cuales más de un tercio estaban gestionados por el servicio de zonas verdes y arbolado viario de conservación municipal. Así, la superficie de cobertura vegetal en la ciudad es del 10’6%, de la cual una proporción importante está en los jardines del lecho del antiguo río Turia. Entre las especies plantadas en la ciudad, más de 300, predominan el pino carrasco (Pinus halepensis), el naranjo (Citrus x sinensis) y el falso platanero (Platanus x hispanica).

Félix afirmó que los principales problemas a los cuales se enfrenta el arbolado de la ciudad son la escasez de recursos hídricos, así como la compactación y el sellado del suelo. Por otra parte, están los conflictos sociales que suelen originarse entorno a los árboles: la caída de hojas, la presencia de plagas o el peligro de la caída de ramas.

Pero también hubo una aportación desde fuera de nuestra ciudad, concretamente desde Sevilla, con Torrent, docente en su Universidad, y parte del servicio de parques y jardines de su Ayuntamiento. Él presentó el Plan Director de arbolado de Sevilla, iniciado en 2019 y con horizonte hasta 2039, con 3 objetivos principales: conseguir un arbolado más funcional que mejore el conjunto de servicios ecosistémicos derivados; mejorar la gestión hacia la maximización de beneficios del arbolado y, paralelamente, hacia una reducción de los conflictos de forma eficiente y sostenible; y fomentar la corresponsabilidad de todas las áreas municipales en el manejo y cuidado del arbolado y de la ciudadanía, consiguiendo un clima de confianza y transparencia en la gestión.

¿Cuáles son las claves de una correcta gestión?

Este fue el título escogido para la primera mesa participativa, moderada por el periodista Abel Campos. Jacobo Llorens, del Centre Verd, aportó interesantes argumentos como que no todos miramos el árbol con los mismos ojos, o que es fundamental, si se quiere una gestión exitosa, buscar un equilibrio entre escuchar las opiniones de la ciudadanía, y las reclamaciones vecinales, al tiempo que se combinen con el conocimiento científico técnico. También planteó que la formación continua en arboricultura moderna es obligada por quien gestiona el arbolado urbano y que su objetivo tiene que ser siempre el bienestar de los que viven en la ciudad. Por otra parte, habló de aspectos muy actuales, como los “Tree influencers”, figuras interesantes en la comunicación y divulgación sobre arboricultura, puesto que tienen gran impacto entre la sociedad, y la IA, y su potencial en arboricultura.

También participó la arquitecta Débora Domingo, de la UPV, quien resaltó que en su Universidad tienen un firme compromiso con la descarbonización (eficiencia energética de los edificios, energías renovables), y además, a través de los contratos “investigo” está haciendo esfuerzos para investigar un nuevo plan de infraestructura verde, la implantación de huertos urbanos y reducir los gastos hídricos. Para ella, el elemento verde es un elemento más del diseño urbano, porque es un elemento volumétrico y visual, un volumen más para ser considerado por quien diseña el espacio público. El siguiente paso ya es pensar que mediante la colocación de esos elementos se puede dar un valor añadido, dado que el verde urbano sumado al espacio público bien diseñado determina el comportamiento social y las políticas de movilidad.

Por su parte, Mª Eugenia Rodrigo, de la ETSIAM, trató su tarea como asesora fitosanitaria externa de las 4 empresas concesionarias de la gestión de las áreas urbanas de València, que se encargan de identificar aquellos agentes bióticos y abióticos que producen daños a los vegetales, basándose en la gestión integrada de plagas. Si el problema es biótico, en la lucha contra estos agentes se utilizan herramientas culturales, biotecnológicas (feromonas), sistemas de trampeo, control biológico (sueltas de enemigos naturales) y el control químico (endoterapia).

Su grupo participa activamente en el diseño y selección de plantas para aumentar la biodiversidad de la ciudad, utilizando plantas mediterráneas autóctonas y manteniendo un periodo de floración constante durante el año. Desde el Ayuntamiento contó que fue de los primeros en plantar en los alcorques, y ya hay sembrados más de tres mil, tampoco se utilizan herbicidas por el control de plantas adventicias, se realiza un control mecánico. Se trata de favorecer el control biológico natural de las plagas y enfermedades mediante la mejora y el aumento de la biodiversidad vegetal, mejorando así las condiciones del suelo y, como consecuencia, del árbol. Además, con la siembra de plantas con flor, se fomentan los polinizadores y la fauna útil, tan necesaria para el control de plagas.

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A continuación, Vicente del Toro de GVA, enfocó la ciudad desde un sentido botánico, remarcando que son muchos las calles donde hay carencia de arbolado, así como los que tienen un dosel arbóreo continuo para proteger de la insolación. Como la cuenca mediterránea es una de las regiones del planeta que más está calentándose, y València ha quintuplicado su población en cien años y se ha expandido, todo esto aumenta el efecto de la isla de calor. En este contexto, el arboladp está dejando de ser un lujo para convertirse en necesidad vital, y las administraciones tendrían que hacer todos los esfuerzos posibles para incrementar el arbolado urbano, especialmente el arbolado viario. Y continuó explicando que muchas especies autóctonas que se han utilizado no han funcionado bien porque València ya no tiene un clima mediterráneo, por el que habría que valorar el uso con especies autóctonas y especies exóticas subtropicales, probablemente mejor adaptadas al clima futuro de la ciudad.

Comunicar el arbolado, una tarea complicada

María García, de APIA, lo tuvo claro desde el principio, se tiene que poner en valor el patrimonio natural de las ciudades, ¿pero como hacerlo? Surgieron diferentes ideas, como colocar cartelería identificativa en las plantas y árboles singulares o monumentales. Pero hay que ir más allá, se puede explicar el porqué de plantar especies subtropicales, o vincular el arbolado con temas de salud y cambio climático, así se entiende su importancia. También planteó la necesidad, a veces, de una comunicación radical, y atreverse a defender que los espacios verdes, especialmente urbanos, disminuyen la mortalidad. ¿Qué pasaría si se eliminaran los árboles en las calles, en las escuelas, si el Botànic desapareciera? Además, dado que hay personas que tienden a monetizar todo, María defendió la idea de que conservar los espacios naturales no es un gasto, sino una inversión que revierte en bienestar y salud. Sí, el mejor hospital es la naturaleza.

Hubo también espacio para errores cometidos en la comunicación del cambio climático, claves para hacerlo mejor y algunas recomendaciones. De errores, las más destacables son alejar el problema, como si solo estuviera en los casquetes polares, ubicarlo en el presente, y no en el futuro, porque es un problema actual, y olvidarnos del sacrificio, funciona mejor el deseo de vivir mejor, el vínculo con el bienestar y la salud y no culpabilizar a la población.

En cuanto a claves básicas comunicativas, estaría el cómo hemos conseguido que el cambio climático haya pasado del ámbito científico a estar presente en conversaciones personales, aprovechar para destacar los protagonistas de nuestro entorno, integrando la biodiversidad dentro del propio patrimonio natural y de la riqueza de barrio, y ofrecer información especializada, con uno adecuado en contenido y forma en cada contexto. Y también la transversalidad de temas, dado que el arbolado está presente, por ejemplo, en economía, deportes, cultura, salud, cuestiones internacionales, y comunicar siempre en positivo, ofrecer un periodismo de soluciones. Y es que no tenemos que ver a la ciudadanía como una víctima del cambio climático, sino como un agente de cambio, y podemos apostar por una comunicación rompedora y valiente.

La visión ciudadana

En la jornada pudimos escuchar también la interesante intervención de Marta García, del Grupo Nadalvillena – Aranea, quien coordinó la participación del Pla Verd i de la Biodiversitat de València, un documento estratégico que establece las bases de la gestión municipal de la infraestructura verde, el patrimonio natural y la biodiversidad urbana, con el fin de optimizar los servicios ecosistémicos y socioambientales existentes. Este plan consta de seis objetivos, entre los que se encuentran: adaptar y mitigar desde el ámbito municipal los efectos de la emergencia climática; proteger el patrimonio natural, cultural y social de la ciudad; incrementar la biodiversidad del ecosistema urbano; conectar los espacios verdes entre sí y con la infraestructura verde de escala regional; divulgar para una nueva percepción de la infraestructura verde y la biodiversidad urbana; y fomentar la introducción de criterios de mejora de la biodiversidad urbana de manera transversal con la elaboración de políticas, planes y proyectos municipales.

Como resultados, se ha visto que el verde urbano forma parte de la vida cotidiana, y que estos espacios están repletos de actividades diferentes, como el deporte, el ocio y la socialización, y de ahí la importancia de los equipamientos. También que hay una sensibilidad hacia el cuidado de los espacios naturales, y que hay cierta concienciación sobre los beneficios ambientales. En este sentido, surgieron muchas necesidades y propuestas de la participación ciudadana, centradas en la mejora del mantenimiento de los espacios y su reverdecimiento, haciéndolos más atractivos y agradables, también la mejora de la conectividad para ciclistas, o la protección de la huerta, el aumento de superficies con obra, la peatonalización de los centros de los barrios, la adaptación de los espacios a la diversidad y la gestión de las consecuencias derivadas de la convivencia con la fauna urbana.

Lo que acabó destacando Marta es la demanda de la ciudadanía de una mayor participación en el diseño de los espacios verdes, las nuevas iniciativas y las infraestructuras, y la necesidad de continuar estableciendo mecanismos para incorporar a todas las personas en la construcción y gestión del espacio público.

Las claves de la percepción social

En esta mesa, moderada por M. Josep Picó, Josevi Casañs, de Actio, habló de la educación ambiental y su papel para que los árboles se perciban como amigos y aliados, conociéndolos tanto a ellos como a los beneficios que aportan, además de sus usos y curiosidades. Como ejemplo están programas como “Conoce los árboles de tu ciudad”, iniciado en Benetússer hace treinta años con 34 especies de árboles que permitían hacer rutas estacionales para ver la evolución. Un programa que se copió en Benagéber, Bunyol y Paiporta, o las cinco rutas de València para conocer más de 125 especies de árboles monumentales y singulares. Por su parte Sonia Fernández, de la Fundación Global Nature, explicó las actividades de su ONG, basadas en 2 ejes principales: la conservación de las especies y hábitats, y la parte de agricultura y ganadería. Para ella “hablar del árbol y la biodiversidad urbana implica hablar de un plan estratégico planificado y muy gestionado”.

Stefano Ascione presentó Cuidem La Raiosa, la asociación un barrio con una cobertura vegetal muy inferior a los estándares de bienestar y calidad de vida, que nació por no tener árboles en la mayoría de sus calles y que trabajan por la habitabilidad de la zona. Según él, el árbol es un recurso que permite cohesionar el barrio. Por último, Inma Gascón de la Asociación Española de Arboricultura, destacó que el problema principal es que la información se mueve entre personas interesadas o concienciadas con el verde urbano, pero no se llega a la ciudadanía en general por carencias en la comunicación y divulgación. En esta sesión se propusieron iniciativas como replicar el programa “Conoce los árboles de tu pueblo/ciudad” en todas las localidades del País Valencià, aumentar el tamaño de los alcorques, apadrinar árboles o crear cementerios arbóreos.

cuidemlaraiosa.org

Y ya para acabar…

Alejandro Carbonell, de Green Urban Data, cerró la jornada con unas conclusiones centradas en la figura del árbol como elemento protagonista, pero reconociendo que la emergencia climática acaparó buena parte de la atención por motivos obvios. El árbol es transversal, porque los problemas a los cuales está sometido son transversales, y también tiene que serlo la comunicación que se necesita para darle el reconocimiento adecuado. Hablar de árboles, no es solo hablar de medio ambiente, también de urbanismo o salud.

En cuanto a la arboricultura, se destacó su corto recorrido y la cantidad de cosas que quedan para hacer. La heterogeneidad del interlocutor obstaculiza las tareas de comunicación, dado que el mensaje tiene que adaptarse, no llega a la ciudadanía por el hecho que esta vive ajena a sus beneficios y en consecuencia, a sus necesidades. Así, es necesario orientar el mensaje y modelarlo dado que cada persona ve el árbol desde una perspectiva diferente. Como gran inconveniente también apareció la financiación. l de igual forma, se reclamaron más políticas ambientales, con continuidad y compromiso en la gestión, concluyendo que sí, que las personas que vivimos en las ciudades, queremos más árboles. Una idea clara sobre la que hay que continuar trabajando, si puede ser, a la sombra de un árbol.

Estudiante de Ciencias Ambientales en la Universitat de València
Me gusta hacer senderismo, bucear y pasar tiempo con mis amigas. Aunque lo intento, no soy capaz de recordar los nombres de la mayoría de animales y plantas que veo cuando hago excursiones. Estoy obsesionada con hacer listas de todo aquello que quiero hacer y me encanta fotografiar las cosas absurdas o ingeniosas que me encuentro por la calle.
extern Colaborador Externo
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