Investigación

30 Sep 2014

Huellas en la Antártida III. Briófitos porque sí

Última entrada, por el momento, sobre la Antártida, donde nuestra bloguera Belén Albertos nos explica qué se le ha perdido ella por esos mundos lejanos.

Cuando alguien pregunta “¿para qué sirven los musgos?” o “¿por qué deberíamos conservarlos?”, algo dentro de mí se pone en guardia. Sé bien que lo mismo le ocurre a otros biólogos de los antiguamente llamados naturalistas y esa punzada interior es, por lo general, inversamente proporcional al tamaño del organismo en cuestión. No es que la pregunta tenga difícil respuesta, es que por mucho esmero que pongamos, el resultado es invariablemente un gesto de escepticismo en la cara del interlocutor (“si tú lo dices”) y la propia certeza de que “a este tampoco lo he convencido”. Y ya llevo un tiempo pensando que la estrategia debe ser otra. Porque quien hace una pregunta así, espera una respuesta del tipo: “esas plantas podrían curar el cáncer” o “hay mucha gente que vive de esas plantas”. Ninguna otra respuesta los va a dejar satisfechos.

 

Sanionia georgicouncinata

Uno de los musgos más habituales en la Antártida: Sanionia georgicouncinata.

 

En mi opinión, la pregunta es, en sí misma, perversa y tratar de contestarla con rotundidad es como arar en el mar. El concepto de que todo lo que no es directamente útil al hombre tiene que justificar su permanencia en el mundo no tiene lógica alguna. Lo lógico es que el que pretenda prescindir de algún componente de este complejo engranaje que es la vida en el planeta, todavía tan desconocido para el hombre, es quién debería justificarse, no al revés. Tal vez deberíamos empezar a contraatacar a la gallega con un “¿qué te hace pensar que podemos prescindir de ellos?” en lugar de desplegar toda una batería de argumentos éticos y científicos que resultan palabras vanas cuando lo que se espera es algo imperioso, tangible, inmediato y, sobre todo, cuantificable.

 

Brio-qué?

Debo decir que hasta ahora me he abstenido de llamar a las cosas por su nombre ya que en realidad, cuando digo musgos, quiero decir briófitos, término extraño para muchos. Y también conviene aclarar que los musgos no tienen en común con los líquenes nada más que el ser compañeros de hábitat. Pero es que hoy y aquí, saber lo que es la prima de riesgo es cultura general, pero distinguir un liquen de un musgo es solo para especialistas.

 

 suelo brioloquénico

Líquenes y briófitos conviviendo sobre suelo en Isla Barrientos (islas Shetland del Sur), formando una frágil comunidad muy sensible al pisoteo.

 

Pues estas plantas de nombre tan poco familiar, me llevaron a mi a la Antártida y hasta allí me persiguieron esas preguntas incómodas. Y eso que en la Antártida marítima los briófitos son como los árboles en la selva amazónica. En la zona de clima más suave, donde el hielo se retira parcialmente en verano, hay grandes extensiones cubiertas completamente por estas plantas y constituyen la base de los ecosistemas terrestres. Entre otras cosas, son un importante sumidero de carbono atmosférico y refugio de muchos invertebrados.

 

Efecto protector
Al hilo del problema que comentaba en el artículo anterior, una de las razones que explican que solo dos plantas vasculares sean nativas de la Antártida es que bajo la superficie existe una capa de suelo permanentemente congelada, denominada permafrost, que dificulta el enraizamiento de las plantas. Y esta es una característica importante y definitoria de este territorio. Pues bien, la alfombra de briófitos que aparece en las zonas no cubiertas por el hielo en verano, no solo regulan la disponibilidad de agua en el ecosistema, liberándola lentamente, sino que funciona como un excelente aislante térmico que protege el permafrost y lo mantiene congelado. En el momento en que la cubierta de briófitos se altera, el suelo queda desnudo, se descongela el permafrost y la posibilidad de enraizamiento de especies vegetales invasoras aumenta considerablemente.

 

permafrost 

Los procesos de congelación y descongelación bajo el suelo producen movimientos de tierra, especialmente visibles en zonas de suelo descubierto.

 

Por estas razones, además de porque sí, y por el hecho de que la conservación de la Antártida está en el mismo corazón de su actual estatus, surgió la alarma en una reunión del Tratado Antártico ante los daños que sufrió la cubierta muscinal de un pequeño islote en las islas Shetland del Sur, llamado Barrientos. El islote no tiene más de kilómetro y medio de largo (en dirección este-oeste), menos de 500 m de ancho y 70 metros de altitud, pero a pesar de su pequeño tamaño, es un lugar frecuentemente visitado por los cruceros turísticos, por su belleza, accesibilidad y la gran cantidad de fauna que puede verse en tan breve paseo: elefantes marinos, focas de Weddel, lobos marinos, pingüinos papúa y pingüinos barbijos, petreles gigantes, cormoranes imperiales y págalos grandes, entre otros. Al año recibe unos 5.000 visitantes que generalmente usaban una ruta que cruza la isla de E a W por la parte interior. Dicha ruta es bastante visible en la actualidad por el pisoteo acumulado durante una década larga. En el año 2005 se propuso una ruta alternativa, que discurre un poco más al sur, con la intención de dar un respiro al camino antiguo y permitir la recuperación de los briófitos del interior de la isla.

 

Briología en acción
Por desgracia, la solución fue adoptada sin información suficiente y fue peor el remedio que la enfermedad. España y Ecuador presentaron un informe conjunto realizado por equipos de investigación de la Universidad Autónoma de Madrid y la Universidad de San Francisco de Quito. El informe fue presentado a la Reunión Consultiva del Tratado Antártico en 2012, e incluía imágenes de los daños causados por el uso de la nueva ruta. Esto provocó una resolución que dictaminó el cierre temporal al turismo de los senderos que cruzan la isla y se instó a los dos países a continuar los estudios y el seguimiento de la posible recuperación. Incorporada al equipo como brióloga (con erre de briófito, para incordiar más) me encargué en la campaña del 2012-2013 de la recogida de datos para evaluar la situación actual, asesorar sobre las medidas más adecuadas de gestión y monitorizar la evolución de la cubierta muscinal.

 

pingüinos papúa y barbijo 

Pingüino barbijo (izquierda) y pingüino papúa (derecha).

pingüineras Barrientos

Aspecto de una de las extensas pingüineras de Barrientos.

elefantes marinos

Hembras de elefante marino descansando en Barrientos.

pingüinos y vértebra

Pingüinos papúa junto a una vértebra de ballena.

 

El resumen de la situación es que las condiciones que se dan en el sendero más nuevo lo hacen demasiado sensible al trasiego de turistas. Las comunidades de briófitos no son todas igualmente sensibles al pisoteo, dependiendo de la cantidad de humedad que absorben y la estructura de las diferentes especies que las componen. En el caso de Barrientos, el nuevo sendero transcurre ladera abajo y recoge toda el agua de deshielo que es aprovechada por los briófitos para crear una magnífica alfombra absorbente de más de diez centímetros de grosor en algunos puntos. Cuando unas pocas pisadas (300 según estudios realizadosdejan el suelo al descubierto, aparece barro, que es espontáneamente rodeado por los visitantes, por lo que se genera una senda cada vez más ancha.

 

huellas en sendero costero 

Efecto de las pisadas sobre la pradera de Sanionia en el nuevo sendero. Foto: Javier Benayas.

lodazal sendero costero  

En la foto se aprecia la extensión que llega a alcanzar la erosión por tránsito en las zonas embarradas. Foto: Javier Benayas.

 

En el sendero antiguo, la cicatriz generada está en terreno más seco, no hay barro y parece bastante estable. Además, otras medidas realizadas indican que la riqueza biológica de este sendero antiguo es menor que la del nuevo. Obviamente no es deseable ir a un lugar casi prístino como la Antártida y encontrar una senda marcada a fuerza de pisadas, pero puestos a sacrificar una zona para el paso de turistas, parece mejor esta opción. Además el hecho de que sea una senda visible, limita el riesgo de que los visitantes se equivoquen y se salgan del trazado.

 

recogida de muestras colembolos 

Recogiendo una muestra para el estudio de colémbolos del suelo. Foto: Daniela Cajiao.

 

El problema es complejo y el capítulo no está aún cerrado. El cierre de una zona de visita al turismo es indudable que mejora las posibilidades de recuperación de los briófitos, pero puede provocar un aumento de la presión de visitas en otros lugares. Los turoperadores desplazarán sus grupos a otros puntos de las Shetland del Sur, tal vez más sensibles, por lo que las decisiones referentes a la gestión deben tomarse con una perspectiva tan amplia como sea posible.

 

Y con este informe de pisadas, acabo esta serie de entradas antárticas, que espero hayan dejado alguna huella en el lector.

Profesora de Botánica en la Universitat de València
Las plantas me dan de comer, literal y figuradamente ¡cómo no voy a quererlas! Hago calceta y, si valoras tu vida, no me preguntes nada cuando estoy contando puntos. En los viajes siempre llevo mis acuarelas, lectura, punto y música antigua.
extern Colaborador Externo
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