Investigación

17 Jul 2014

¿Existe la amistad entre las plantas?

El término alelopatía fue empleado por primera vez por el prestigioso botánico Hans Molisch, quien lo usó para referirse a las relaciones existentes entre distintas plantas y que les sirven para beneficiarse o perjudicarse. Esta relación de amistad (o de odio) lleva tiempo protagonizando la vida de muchos huertos y jardines sin que, desde el otro lado, los humanos apenas podamos percibirlo.

Existen múltiples combinaciones para dibujar qué planta ocupará cada lugar en nuestro huerto o jardín. Las opciones son casi infinitas y la elección en muchas ocasiones parece fruto del azar o del capricho del hortelano o jardinero en cuestión. Sin embargo, si nos fijamos atentamentel, estos parámetros de distribución de especies se repiten a lo largo del tiempo. Por ejemplo, Plinio ya se percató de que cerca de los nogales encontramos muy pocos o ningún cultivo, como si su sombra fuera peligrosa; los garbanzos crecen mejor en solitario y por eso suelen plantarse así; en las tierras más frías, la borraja y la albahaca tienen un lugar de honor cerca de los tomates, donde crecen mejor libres de plagas; y por norma general, cerca de las zanahorias se plantan ajos y cebollas.

 

La explicación a estos hechos es un fenómeno científico conocido como alelopatía y que a grandes rasgos podríamos definir como la habilidad de las plantas para inhibir o estimular el crecimiento de otras según sus intereses a través de exudaciones químicas. Es decir, que las plantas son capaces de generar ciertas sustancias bioquímicas que ayudan o perjudican a otras plantas que tienen a su alrededor. Las relaciones que se fraguan respecto a este fenómeno son variadas. Por una parte están las plantas que se benefician de esa exudación de forma recíproca; por otra, aquellas que lo hacen de forma unilateral; también encontramos plantas que se unen para luchar contra plagas o insectos; y, para finalizar, podremos nombrar algunas especies que establecen entre sí relaciones de antagonismo que parecen eternas.

 

alelopatía ajos

El ajo (Allium sativum) es una de las plantas más conocidas por sus propiedades alelopáticas. Es una alternativa natural para luchar contra babosas, pulgones, bacterias y hongos

 

Respecto a estas últimas, su existencia se conocía desde la antigüedad, especialmente cuando se trataba de malas hierbas que producían sustancias tóxicas que detenían, reducían e incluso frenaban en seco el crecimiento de los vegetales colindantes. En el siglo II a. C Teofrasto reconoció cierta interferencia entre la planta del garbanzo (Cicer aretinnum) con otras especies, y en el siglo XVII el botánico y herborista inglés Nicholas Culpeper aseguró que la ruda (Ruta graveolens) usada en la destilación de bebidas alcohólicas y la albahaca (Ocimum basilicum) nunca crecerían juntas porque la primera mataba a la segunda. Por esta época también se conocía, por ejemplo, que la hierba conocida como Alepo (Sorgum halepense) segregaba a través de sus raíces un exudado que impedía el desarrollo de las raíces del melocotonero y que la salvia (Salvia verbenaca L.) no deja que el maíz crezca a su alrededor. En el caso contrario, en el de las relaciones de amistad, podemos hablar de la artemisa o hierba de San Juan (Artemisia vulgaris), que expulsa en el suelo unos hongos que favorecen el crecimiento del maíz o de la cerraja (Sonchus oleraceus), una herbácea que inhibe la germinación negativa de las semillas de cebolla.

 

alelopatía Ruta graveolens

 Fuente: Wikipedia. Licencia de la imagen

alelopatía Sorgum halepense

Sorgum halepense

 

El primer experto en botánica que empleó el término alelopatía fue Hans Molish en el año 1937, quien lo definió como el proceso por el cual una planta desprende al medio ambiente uno o varios compuestos químicos que inhiben el crecimiento de otra planta que vive en el mismo hábitat o en un hábitat cercano. Etimológicamente, la palabra tiene su origen en el griego allélon (que quiere decir uno a otro o unos a otros) y pathia (enfermedad).

 

Amigas y enemigas

Los mecanismos de alelopatía pueden incluirse dentro de lo que se llama relaciones extrínsecas dirigidas a reducir las posibilidades de otras plantas afines para que exploten un recurso común, como por ejemplo puede ser el agua o alguna sal mineral del suelo. La lucha por este recurso implica, o bien una interferencia directa en la obtención del recurso del otro, o bien una reducción de las capacidades de la planta competidora para que use ese recurso lo menos posible. En este sentido, algunos expertos confunden la alelopatía con la competencia, dos procesos que aunque no son muy parecidos, son diferentes.

 

La identificación de la sustancia química responsable de la alelopatía que se conoce como aleloquímico es difícil de detectar. Normalmente se trata de fenoles, terpenos, flavonas, alcaloides y otros compuestos hidrosolubles. Hay que destacar que los aleloquímicos no siempre tienen efectos negativos e inhibidores en el desarrollo y crecimiento de plantas vecinas (alelopatía negativa) sino que algunas manifiestan efectos estimulantes, dependiendo de su concentración (alelopatía positiva).

 

alelopatía inducción alelopática fao

Fuente: FAO.org

 

El conocimiento de los aleloquímicos ha servido para desarrollar técnicas de control orgánico y ecológico de plagas tanto para atraer como para repeler a gusanos, insectos y agentes vectores de enfermedades. Las plantas que pueden usarse para estos fines son hortalizas, plantas medicinales y sobre todo plantas aromáticas y lo que conocemos como maleza o malas hierbas. Sin embargo, y desde un punto de vista estrictamente agronómico, el fenómeno de la alelopatía tiene, por norma general, más inconvenientes que beneficios.

 

alelopatía maleza

Lo que conocemos como maleza cumple en realidad una función, a veces perjudicial y en ocasiones beneficiosa para el entorno

 

Además de competir por los recursos, las plantas generadoras de aleloquímicos son capaces de inhibir a las semillas retardando su germinación, disminuir el crecimiento y la floración de las plantas, reducir su vigor y su cantidad de biomasa y prácticamente anular la producción de frutos. La alelopatía también es responsable de que algunas parcelas se contaminen y de que los cultivos en ellas sean irregulares y defectuosos. En este sentido, sólo la rotación, los periodos de barbecho y el descanso de la tierra puede ayudar. Por otra parte, aunque normalmente son las plantas salvajes las que generan aleloquímicos negativos, también las plantas cultivadas pueden exudar sustancias bioquímicas contra las malas hierbas, aunque esto sólo sucede en momentos de estrés.

 

Relaciones alelopáticas

Dentro de las relaciones control alelopático se establecen tres variantes: las denominadas plantas repelentes, los cultivos trampa y las plantas acompañantes. Las primeras son variedades con aroma fuerte empleadas para alejar a insectos y otros animales. Normalmente se ubican en lindes y bordes de campos, tanto en pequeñas como en grandes extensiones de terreno a modo de barrera natural. El poleo, el ajo, la hierba gatera, la caléndula o el romero son algunas de estas plantas repelentes. También lo es el hinojo, aunque su uso como planta repelente es escaso porque puede exudar otras sustancias más fuertes que generen efectos adversos en las plantas vecinas.

 

alelopatía ortiga

 Urtica urens

alelopatía lavanda

 Lavanda

alelopatía plantas aromáticas

 

En el caso totalmente opuesto están los cultivos trampa, cuyo objetivo es atraer a los insectos desviándolos de las plantas principales. Usados a escala industrial, reducen considerablemente los daños a las cosechas. Entre los cultivos trampa destacan el geranio Pelargonium (que atrae y mata al escarabajo japonés), el perifollo (que protege a las hortalizas de las babosas), el centeno (que aleja a las larvas y las moscas de los cultivos de soja) y las sesbanias, que son unas leguminosas capaces de hipnotizar a los chinches. En último lugar, podemos hablar de las plantas acompañantes, que son aquellas que combinándose obtienen un beneficio mutuo. Suelen plantarse de manera abundante y entre ellas destaca la borraja, la manzanilla, la camomila, el orégano o la valeriana. Todas combinan a la perfección con la ortiga, (Urtica urens) ya que los aceites esenciales de ellas pueden duplicarse.

Revista de divulgación científica del Jardí Botànic de la Universitat de València.
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