Investigación

6 Feb 2013

Contaminación y comportamiento

Sabemos que la contaminación está destruyendo el planeta, cambia los ecosistemas, destruye la biodiversidad y modifica el modo de vida de plantas y animales. Por supuesto, también influye en el ser humano y en su comportamiento pero tal vez hasta ahora no sabíamos como estos efectos podían ser de directos.

El pasado 12 de enero, el periódico inglés The Guardian publicó un artículo que ponía de manifiesto la relación existente entre el envenenamiento por plomo y el crimen violento. La noticia, firmada por el escritor y activista ecológico George Monbiot, se hacía eco de los últimos estudios publicados por el profesor Howard Mielke, prestigioso farmacólogo de la Universidad de Tulane en Luisiana que lleva décadas estudiando este vínculo.

 

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La contaminación puede alterar nuestro día a día, provocando por ejemplo transtornos en el sueño, pero aún es un misterio saber hasta que punto ésta es capaz de modificar nuestro comportamiento y si puede producir cambios neurológicos severos que a la larga se manifiesten en determinadas conductas


Según se expone en este artículo, los estudios entre ciudades, estados y naciones muestran que el incremento y reducción en el crimen surgen con un retraso de unos 20 años, después del incremento y reducción en la exposición de los niños y jóvenes de una determinada zona a minúsculas cantidades de plomo. Este tipo de estudios llevan desarrollándose desde principios de los noventa, cuando empezaron a aplicarse medidas estrictas para reducir la contaminación de plomo. Desde entonces, según el estudio, las tasas de violencia se han reducido en las grandes ciudades en las que se han establecido medidas estrictas para reducir este tipo de contaminación de plomo.

 

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El plomo es un elemento químico altamente contaminante. Es tan tóxico como el mercurio o el arsénico. En realidad, el plomo puede estar contaminando tu entorno sin que seas consciente


Para algunos, se trata de una relación puramente casual y llena de vacíos, ya que el estudio se ha realizado con personas expuestas al plomo durante su niñez y otras veinte que no, y se les ha hecho un seguimiento durante las últimas dos décadas. Evidentemente, a lo largo de estos veinte años, hay muchos factores que han influido en la conducta de cada uno de estos individuos además de su exposición ambiental. Pero, ¿qué es lo que lleva a los expertos a seguir creyendo que existe una relación directa entre contaminación por plomo y violencia?

 

El plomo, ¿una epidemia del siglo XXI?

Los estudios han demostrado que el plomo es una de las sustancias contaminantes más peligrosas para ser humano y ya no hay dudas de los daños que causa en el cerebro. La intoxicación por plomo se conoce desde la antigüedad. Dioscórides ya afirmaba que “el plomo hace que se pierda la cabeza” y describió por primera vez la intoxicación por plomo en niños. Durante siglos las denuncias sobre este metal se han ido sucediendo, y en casi todos los casos han resultado muy polémicas, ya que siempre hacen referencia a los niños y a su impacto en la capacidad de aprendizaje.

 

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El rápido crecimiento económico de China,  debido a la rápida industrialización, ya muestra su cara oculta y se enfrenta a los problemas de contaminación de sus propias fábricas. Según un informe de la ONG Human Rights Watch (HRW), millones de niños chinos podrían haber sido envenenados con plomo debido a la proliferación de fábricas de baterías para ciclomotores, bicicletas eléctricas y coches


La intoxicación por plomo afecta todos los órganos del ser humano, pero principalmente el sistema nervioso central y periférico, los riñones y la sangre, e inhibe el crecimiento pre y postnatal. También afecta a la agudeza auditiva y a los niveles cognitivos, por eso la exposición de los niños a concentraciones, aunque sean bajas, de este material puede producirles alteraciones neurofisiológicas y afectar a su capacidad de aprendizaje. En el caso de que la exposición durante la niñez sea elevada, se pueden producir daños graves en el encéfalo. En cuanto a la agresividad, se ha hablado de una predisposición genética o biológica, circunstancias sociales o carencias económicas que empujan a un individuo a estas conductas. Ahora bien, ¿influye el plomo también en la conducta violenta? 

 

En todo caso, hay evidencias científicas de que el plomo daña el cerebro y por lo tanto no es un disparate que pueda influir en alteraciones en el comportamiento del ser humano. De la misma forma, las investigaciones recientes alojan algunas dudas a la hora de establecer vínculos entre exposición (al plomo) y efecto (comprobar si un individuo es violento o no). Por eso, los expertos que han realizado este estudio aseguran que es necesario promover más estudios detallados y controlados de este tipo, y que tomen en cuenta el resto de los factores que ocurren durante el desarrollo de esos individuos.

 

Contaminación, cambio climático y psicología ambiental

Los contaminantes pueden producir efectos nocivos e irreversibles para la salud a determinados niveles de concentración. Estos efectos dependen de la dosis y de la frecuencia de exposición a ese contaminante y suelen aparecer a largo plazo, aunque a veces se manifiestan de forma casi inmediata. Pero, como influye la contaminación en nuestro organismo? Genera un estado de continua alerta en nuestro organismo, lo cual produce diferentes efectos fisiológicos y comporta sobrecargas en los mecanismos reguladores llegando alterar nuestro rendimiento físico y psicológico.

 

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Según algunos expertos, muchos de los efectos de la contaminación se relacionan, de forma directa, con el nivel social y económico en que se encuentran las comunidades afectadas. La pobreza, la falta de acceso a agua potable y de vivienda junto a la combustión de leña y carbón influye de manera significativa sobre la salud de las comunidades más vulnerables que habitan el planeta. Los más afectados por la contaminación ambiental son los ancianos, los niños, las embarazadas y los enfermos crónicos. Así, la psicología ambiental tiene como objetivo dar respuestas a las relaciones que mantenemos los seres humanos con los factores ambientales que nos rodean y que influyen directamente en nuestra conducta.

 

Serien cuatro, la contaminación sonora, la temperatura, la físicoquímica, y las radiaciones. En cuanto a la primera, el ruido y las vibraciones pueden afectar el ecosistema y el bienestar de los organismos vivos. Puesto que por sus características tienden a generar perturbaciones en el sistema neurovegetativo (funciones circulatorias, respiratorias, endocrinas…). El ruido puede ser la causa de cefaleas, irritabilidad, cambios de humor y alterar el rendimiento y la concentración.

 

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El ajetreo de las ciudades es la principal causa de la contaminación acústica. Los trastornos del sueño y la ansiedad se relacionan muchas veces de forma directa con ella


En cuanto a la temperatura, se relaciona directamente con el cambio climático, e influye sobre nosotros de manera personal y cultural. Los estudios indican que las temperaturas tanto elevadas como bajas, fuera de unos niveles estándar, alteran el bienestar, las relaciones sociales. el estado de ánimo y el rendimiento. También se dan cambios fisiológicos que pueden producir irritabilidad, cansancio y confusión.

 

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Muy importante es la contaminación tanto física como química, puesto que aparte de los efectos fisiológicos que ambas pueden desencadenar, los efectos psicológicos no son pocos. Se destaca la depresión, el insomnio, la dificultad de juicio o la tristeza. Algunos estudios, como el del inicio, han descrito alteraciones en las relaciones sociales, incremento de la agresividad y alteración en el rendimiento. Entre ellas estaría la contaminación lumínica (ciclo día-noche, luz-oscuridad) que aunque es poco conocida y divulgada, es una de las cuales más afecta al ser humano puesto que regula la vida social y laboral de las personas.

 

Finalmente, existen las radicaciones de alta frecuencia y la ionización del aire. Por un lado está el que comúnmente conocemos como radiactividad (los rayos gama, los rayos X, la energía nuclear) que pueden provocar efectos nocivos (cancerígenos) y también pueden alterar nuestro estado de ánimo. Sin embargo, estas radiaciones de alta frecuencia se encuentran positivamente también en nuestra naturaleza para regular procesos biológicos.

 

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Un ejemplo serían las tormentas, cargadas de iones negativos, que tienen un efecto positivo sobre la salud y el bienestar. Del mismo modo, la falta de iones negativos en el aire puede generar malestar, abatimiento y diferentes síntomas. Hay que destacar que la ionización del aire no se produce solamente por radiaciones de alta frecuencia, sino que también por baja frecuencia (microondas). Los electrodomésticos como la televisión o el aspirador son emisores de radiaciones y según los expertos estos aparatos tienen diferentes efectos psicológicos sobre nosotros.

 

Contaminación en el comportamiento de animales y plantas

Los mismos efectos que la contaminación causa en el ser humano se reproducen en animales y plantas. Precisamente son los primeros los que más ha sufrido la contaminación, y a causa de acciones contaminantes, intencionadas o no, muchas especies están en peligro de extinción. Por ejemplo, la contaminación acústica en el mar y los océanos ha afectado en la salud y en el comportamiento de numerosas especies submarinas, como delfines, ballenas, algunos invertebrados y otros animales marinos. La contaminación química también los daña y muchos investigadores encontraron restos de metales y de sustancias muy contaminantes como el mercurio, el cadmio, el cobre y el plomo en especies acuáticas.

 

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Además la contaminación lumínica cambia el comportamiento de muchos animales. Algunos expertos observaron que los murciélagos han logrado adaptarse a la vida en la ciudad porque su alimento principal, las polillas, se han trasladado atraídas por la luz de las farolas. Por el contrario otros animales necesitados de oscuridad, al intentar alejarse de la luz, terminaron en el mar donde es difícil conseguir alimentos.

 

La polución afecta también a las plantas, a su crecimiento y provoca la desaparición de muchas especies. Por ejemplo, la escasez de lluvias y la contaminación de agua, aire y suelo han traído como consecuencia la desertificación. Esta situación perjudica de manera seria a agricultores porque sus plantas y sus cosechas no podrán crecer ni recolectarse.

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