Las plantas, por su nombre

“Tenemos que llamar a las plantas por su nombre”. Esta es la idea genial que una buena compañera tuvo un día, cuando preparábamos un guion para uno de los vídeos divulgativos que hacemos en el Jardí Botànic, donde mostraos cómo diferenciar unos pinos de otros. Esta especie de eslogan nos vino también muy bien hace unos pocos meses, cuando el Botànic quedó vacío de público por el confinamiento y tuvimos que exprimirnos la cabeza con campañas en línea para las cuales teníamos la experiencia justa.

Sabíamos que la ciudadanía nos escribía mucho preguntándonos cómo se llama aquella planta que le habían regalado hacía tiempo y lucía en su terraza. Así que nos pusimos manos a la obra y, por redes sociales, nuestros botánicos y botánicas nos ayudaron a identificar cerca de las cien dudas de especies que nos enviaron. Primero con los ojos puestos en los balcones de renovado protagonismo, después buscando por los primeros y anhelados paseos, superado el cierre. En definitiva, querían saber los nombres de las plantas. Igual que nos maravilla cuando una ornitóloga nombra a la garza bueyera o a la codorniz, ¿por qué no hilar fino y saber que aquello que hemos visto es una uva de pastor o una salvia?

La cultura botánica contribuye a la educación para la sostenibilidad.

El Jardí Botànic de la Universitat de València puede y quiere contribuir a esta cultura botánica, la cual, en definitiva, es también cultura científica. Una sociedad que distingue un quejigo de un alcornoque es una sociedad más culta a nivel botánico, rica en conocimientos y con sentimientos más próximos a la naturaleza que nos rodea. Pero el problema, si es que en esta época complicada podemos denominar problema a algo que no supongo una emergencia sanitaria, viene cuando tratamos de clasificar estos conocimientos y saber si vienen de la divulgación científica o de la educación ambiental. Al final, nos cerramos tanto en nuestra parcela profesional, o de saber, que nos acabamos haciendo un lío.

Ampliar horizontes en cultura científica

Educadores y educadoras que no ven más allá del aula, divulgación que ya entiende que no es superior pero que continúa pidiendo una posición privilegiada lejos de las clases. Educación formal, información informal. Cada cual tiene una idea, quizás todo el mundo tenga razón, tal vez, nadie. Si hablo de ciencia, o de botánica, educo y divulgo, amplío conceptos, muestro realidades, abro ventanas. Da lo miso la edad de mi público, mi finalidad, el entorno o los canales. Es posible que teorizar sea necesario para perfilar una profesión, para orientar unos estudios o plantear un proyecto, pero superada esa etapa no estoy segura que valga la pena buscar límites, sino ampliar horizontes.

El Jardí Botànic es un lugar diverso e interdisciplinar donde también se hace educación ambiental.

Educación y divulgación enfrentadas en un quién es quién imposible. Hoy -26 de enero-, conmemorando el Día Mundial de la Educación Ambiental, puedo asegurar que mi experiencia en un lugar diverso, interdisciplinar y maravilloso como el Botànic, me ha mostrado la dificultad de delimitar estas áreas. Al fin y al cabo, nos interesa la ciencia, nos apasiona la naturaleza y nos seducen las plantas, un cóctel que casi se propaga y se contagia solo, de tan potente. Con esta moda de romper los hashtags, ya no quiero decir a qué me dedico, solo explicar qué hago: trabajo a un Jardí Botànic, lleno a rebosar de plantas, y quiero que todo el mundo con interés tenga la opción de conocerlas de cerca. Nada más. Porque, a veces, a las cosas, como las plantas, hay que llamarlas por su nombre.

Artículo publicado en la edición valenciana de ElDiario.es con motivo del Día Mundial de la Educación Ambiental, commemorado el 26 de enero. Enlace.

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Responsable de Cultura y Comunicación del Jardí Botànic UV
Me gusta la música, los libros, viajar, escribir, la divulgación científica e ir al cine con todas las consecuencias; hacer cola, comer palomitas... Me divierte ordenar con mis hijos la colección de coches de Cars. Nunca he comprendido las reglas del tenis y me da dentera cortar la pizza con tenedor y cuchillo.
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