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28 Sep 2025

La montaña del Codoval de Quart de les Valls: pasado y presente

La mayoría de los paisajes de nuestro entorno, los que vemos habitualmente, acaban pasando desapercibidos a nuestros ojos y hace falta que alguien: un guía de montaña, quien nos acompaña en una excursión, alguna amante del territorio, nos abra los ojos y nos haga ver en realidad toda la riqueza que contiene. Este es hoy el papel de Carme Rosario, con quien podemos pasear por la montaña del Codoval prestando atención a cada árbol, cada planta y cada insecto, mientras la historia nos acompaña también, en forma de fanegadas, nombres propios que podrían ser actuales pero son muy antiguos, y muchas, muchas algarrobos.

Uno de los parajes que más importancia tiene para el municipio de Quart de les Valls (Camp de Morvedre) es la montaña del Codoval. Está situada a una altura máxima de 261 metros sobre el nivel del mar y es una de las lomas que bordean el término de Quart, junto con el Pic de la Creu o la Catxola, en el flanco sur/suroeste del municipio. Su nombre proviene, según Coromines, del vocablo mozárabe qubtâl, que significa “codo”.

Pedo de lobo

Un paisaje de algarrobos
A partir del siglo XVII, y a través de los registros documentales, empezamos a tener noticias sobre el uso y explotación de la montaña en cuestión, y una cosa que llama la atención es que la mayoría de árboles a los que se hacía referencia en los libros de cuentas de la época eran algarrobos. Estos poblaban los terrenos de los alrededores de Quart y fueron ganando espacio en las montañas, en detrimento de los pinos y las encinas. Según Pérez Puchal, que estudió el paisaje agrario de la comarca del Camp de Morvedre, comenta que en pleno siglo XVIII el bosque de encinas, que ocupaba sobre todo el interior de Les Valls, Morvedre, Albalat, Estivella, Torres Torres y Algar, comienza a ver su desaparición porque estas se van sustituyendo por árboles aptos para el comercio. Todo contando también con las aportaciones que hizo Cavanilles, que se hizo eco de los árboles que poblaban Les Valls y de los productos que de allí se extraían. Entre ellos estaban la miel, pero sin olvidar las hortalizas, el trigo y sobre todo las arrobas de aceite, de algarrobas y de seda.
Como decíamos, las laderas de las montañas, además del llano, comienzan a ser utilizadas para ser llenadas de algarrobos, olivos y árboles frutales. La plantación de algarrobos, por ejemplo, fue abundante en la montaña baja. Debemos tener en cuenta que el término de Quart es, en comparación con el resto de Les Valls, el que más hectáreas de montaña baja tiene: 120,17 ha. Según Pérez Puchal, solo por detrás estaba Benifairó, que tenía 86,55 ha.

Salseta de pastor

Los algarrobos eran los árboles que más abundaban en el término de Quart entre los siglos XVII y XVIII, y parte del XIX. Según los registros documentales del Ayuntamiento de Quart, se hacen continuas menciones a la recaudación de impuestos gracias al cultivo extraído de estos árboles. De hecho, tenemos noticias sobre vecinos concretos de la villa y sobre sus bienes que nos dan testimonio de este hecho.
Una de estas vecinas fue Cecilia Queralt, que era hermana de Josep Queralt, uno de los frailes servitas del monasterio que tenía la localidad. Según el testamento de esta mujer, aparte de la casa donde vivía y que tenía en la “calle de abajo”, disponía de una buena cantidad de tierras de secano: tenía tres cafizos de tierra de algarrobo en la partida de la Rambla, que lindaba con las tierras de Miquel Amorós, de Josep Ferrer y con la llamada montaña de Ribelles y el barranco del Codoval; otras tres fanegadas de algarrobos en la partida del Codoval, que confrontaban con la tierra de Vicent Bayona, Juan Queralt, Ignacio Queralt y con el barranco en medio; nueve fanegadas de algarrobos en el barranco del Arquet, término de Almenara, barranco en medio, y tres fanegadas en la partida del Rajolar, que lindaban con las tierras del señor (del conde de Almenara), callejón en medio y ocho cafizos de algarrobas en la partida de Fontanelles.
Otra noticia la hemos conocido de Francisco Guijarro, que era el arrendador de la bailía de Morvedre, a través de un litigio que tenía con los servitas de Quart. Este comenta que las tierras que poseía el convento eran de algarrobos, olivos, higueras y viñedos, además de una casa en la partida de Fontanelles, que afrontaba con el camino de la Cerverola, término de la Vall d’Uixó, y el barranco al fondo.
Pero, sin duda, uno de los libros que más información nos ha dado sobre los vecinos y las propiedades que estos tenían fue el de Amortizaciones de Quart y su anexo Quartell de 1889. Esta era una especie de declaración de bienes y propiedades, donde aparecen mencionados vecinos de otros pueblos de Les Valls, como Antoni Soriano, de Faura, quien tenía moreras en el término de Santa Coloma; un tal Vicent Ferrer, que compró un campo de viñas, limoneros y olivos en la partida de la Canyada d’Arnau, en Morvedre; también comenta que gran parte de la partida del Codoval estaba poblada de algarrobos.
De hecho, esta montaña del Codoval todavía presenta bancales de piedra en seco dispuestos sobre la ladera, fruto de aquellos tiempos en los que se desmontaba la montaña para aprovecharla. Actualmente tenemos un buen número de elementos protegidos de piedra en seco como son precisamente estos muros de desmonte, casetas, aljibes, entre otros.

Ooteca

Recuento de biodiversidad
Pero, aparte de todos estos árboles, que la mayoría son el resultado de la acción antrópica humana, la montaña del Codoval aún conserva algunas especies, tanto de fauna como de flora, autóctonas de nuestro ámbito mediterráneo. Entre los insectos que podemos encontrar, y que resulta más difícil de ver hoy en día, está la Mantis religiosa. Y es que, de hecho, mientras hacíamos uno de nuestros paseos, casi en la cima de la montaña nos encontramos con una ooteca de mantis. La ooteca es la coraza o carcasa que protege un conjunto de huevos, y viene del latín “oo”, que significa huevo, y del griego “teca”, cubierta. Esta ooteca presenta una forma elíptica y tiene una consistencia esponjosa. Después de su período de reproducción, en otoño, se inicia la puesta de huevos en dicha ooteca. La mantis suele vivir en zonas templadas y húmedas con bastante vegetación, por tanto no es extraño encontrarla aquí, en una zona prelitoral y en una montaña que contiene gran cantidad de vegetación.
También en la cima se pueden encontrar “pets de llop”, Lycoperdon perlatum, setas en forma de bolsa que suelen tener entre 2 y 5 cm de altura. De joven es blanca y está recubierta de cortas púas cónicas que, a medida que va creciendo, las va perdiendo. Esta es una seta que contiene, dentro, una masa polvosa de esporas de color verde oliva que, al ser expulsadas cuando se presiona, desprende un olor desagradable. No es difícil entonces imaginar por qué se le denomina vulgarmente “pedo de lobo”, o también “pedo de bruja”.
Y también nuestra zona es casa habitual de las atalantas. A la mariposa diurna Vanessa atalanta la podemos encontrar fácilmente en nuestro territorio. Es migradora y tiene una distribución geográfica que abarca la zona templada de Europa, Asia y América del Norte. Se caracteriza por sus colores vivos anaranjados, que combina con el blanco.
Asimismo, es habitual encontrarse con plantas como la denominada “racimo de pastor” o “pan de lobo”, Sedum sediforme, a la cual también se la conoce como “uña de gato”, dado que puede crecer en los tejados y zonas por donde suelen moverse los gatos. Es de la familia de las crasuláceas y originaria de la región mediterránea, la podemos encontrar desde el nivel del mar hasta los 1.700 metros. Parece que para combatir el dolor de estómago los pastores solían comerla, pues era una planta fácil de recolectar en el tránsito de sus trayectos. Incluso, su uso medicinal comprendía hacer como una especie de apósitos para aliviar heridas y durezas en los pies.
Por último, también debemos destacar, por una parte, la presencia habitual de la “salseta de pastor”, Globularia vulgaris, una planta muy común en nuestro territorio. Tiene una forma como de roseta, muestra colores entre azules y blancos, y morados, y suele crecer en lugares secos y soleados de llanuras y montañas. Tiene propiedades purgantes y diuréticas, por lo tanto, se le otorgaba antiguamente un uso curativo, pues tiene propiedades antioxidantes y antiinflamatorias, entre otras. Por otro lado, tenemos la “botja de cucs” o “Albaida”, Anthyllis cytisoides, que se adapta a las sequías sin problemas, aunque no soporta muy bien el frío, por lo que es raro verla lejos de zonas litorales. Puede llegar a medir hasta 90 cm de alto y tener numerosas ramas de un tono grisáceo. También tenía un uso en la medicina popular, para el estómago, como antiasmático y contra los resfriados.
En definitiva, ya vemos cómo la referida montaña del Codoval ha sido, siglo tras siglo, una fuente fundamental de recursos. Allí aún permanecen los elementos arquitectónicos junto con la vegetación de algarrobos y olivos, que son todavía el recuerdo del pasado, al mismo tiempo que los animales y las plantas propias de este ámbito, que aún permanecen inertes a pesar de la presión humana sobre el medio.

Albaida

Referencias
PÉREZ PUCHAL, Pedro, El paisaje agrario del bajo Palancia, València, Institució Alfons el Magnànim, 1968, pp.63-66.
CAVANILLES, Antonio Josef, Observaciones sobre la historia natural, geografía, agricultura, población y frutos del Reino de Valencia, Madrid, Imprenta Real, 1795, p.119.
PÉREZ PUCHAL, Pedro, El paisaje agrario del bajo Palancia…, op. cit., pp.63-66.
Archivo del Reino de Valencia (en adelante ARV), Bailía, PI 3595, año 1806.
ARV, Libro de Amortizaciones de Quart y su anexo Quartell, p. 13 v.
Íbid., p. 14 r.
https://micoex.org/2016/09/17/lycoperdon-perlatum/
https://www.micosmos.com/otros/gastronomia/verdurasylegumbres/raimet_de_pastor.pd

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Doctora en Historia del Arte para la Universidad de Valéncia
Me gusta la lectura relacionada con la História y el patrimonio local y la História medieval. Siempre me pregunto como sería la vida de nuestros antepasados
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