Más allá de la fitofagia: relaciones entre sírfidos y plantas

Aunque a priori puedan parecer abejas o avispas, por esos patrones de color en tórax y abdomen tan similares que confunden a sus depredadores, los sírfidos son en realidad dípteros. Unos insectos de ojos grandes y con un único par de alas membranosas que presentan un ciclo vital estrechamente unido a las plantas. Estupendos polinizadores que son conocidos como “moscas de las flores”.

Cuando pensamos en la herbivoría, en el hecho de alimentarse de plantas, seguramente lo primero que nos venga a la cabeza sea pensar en rumiantes. Vacas y ovejas pastando, ciervos y gamos paciendo o incluso jirafas ramoneando las verdes hojas de los árboles. Sin embargo, tanto espacial como numéricamente, los insectos son los principales herbívoros del planeta. Para comprender el alcance de estos abundantes pero pequeños seres hay que ser conscientes de que la herbivoría, o fitofagia si queremos ser más técnicos, no solo abarca los extensos pastos de gramíneas o las hojas de árboles y arbustos; madera, raíces o bulbos, flores y polen o incluso los fluidos internos de las plantas, aunque con denominaciones y particularidades científicas concretas, también forman parte del amplio concepto de fitogafia.

 

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Detalle morfológico de un sírfido
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Sírfido o mosca cernícalo (familia Syrphidae) en el aire con su característico vuelo junto a otro ejemplar alimentándose y polinizando una flor


A este respecto, dentro del gran mundo de los insectos, existe una familia de moscas cuya relación con las plantas va un paso más allá de la simple alimentación. En efecto, los sírfidos o moscas cernícalo (orden Diptera: familia Syrphidae), llamados así por su habilidad para suspenderse inmóviles en el aire, se alimentan de diferentes partes de las plantas, pero esta interacción, que a priori podría considerarse negativa es, en realidad, mucho más compleja.

  

los sírfidos como fauna útil

Para empezar, todos los sírfidos adultos se alimentan de una parte de las plantas puesta deliberadamente a su disposición. Estas moscas aprovechan el polen y el néctar de las flores en un frenesí estacional por conseguir la energía necesaria para poder completar su ciclo de vida. El polen les proporciona proteínas y aminoácidos esenciales para poder desarrollarse y reproducirse; el néctar, sin embargo, más dulce y rico en azúcares, es la recompensa repleta de energía que las plantas regalan a quienes les prestan el impagable servicio de la polinización. Así pues, tras hurgar entre anteras y corolas, los sírfidos se llevan pegados sobre el cuerpo los granos de polen que polinizarán otras flores, completando así el ciclo reproductivo de muchas plantas. De hecho, son tan exitosos en su tarea florícola que después de abejas y abejorros las moscas cernícalo son los polinizadores más usados en cultivos de todo el mundo. Sin ellos no podríamos paladear algunos de los deliciosos frutos que disfrutamos en nuestras mesas.

 

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Larvas de sírfido utilizadas como agente de control biológico, en este caso alimentándose de pulgones / Kerry Wixted, www.marylandbiodiversity.com


Siguiendo con los beneficios que aportan, si bajamos de nivel también observamos que muchas especies de sírfidos son en su fase juvenil (estado de larva) depredadores de los enemigos de las plantas. Las larvas de algunas especies actúan como agentes de control biológico de los pulgones, insectos plaga de cultivos tan importantes como el pimiento o el tomate. En otras ocasiones, es tras la muerte natural de la planta cuando muchas especies encuentran su espacio. Existen larvas saproxílicas, o lo que es lo mismo, que viven ligadas a la madera en descomposición o a las oquedades de árboles añosos en bosques de todo el mundo, aprovechando al máximo los microambientes que la naturaleza les proporciona. Así pues, la aparente vida sencilla que estas moscas cernícalo llevan cuando son adultas resulta ser la consecuencia de muy variopintas y extraordinarias estrategias de supervivencia.

  

el equilibrio es la clave 

Como vemos de momento, la presencia de los sírfidos, pese a ser fitófagos en su sentido amplio, no es ni mucho menos perjudicial para las plantas. Sin embargo, como en muchos otros aspectos del mundo natural, no es oro todo lo que reluce y donde unas especies aprovechan la degradación natural, otras son las encargadas de producir la propia podredumbre o senescencia. Las larvas de estas especies, como la de Merodon equestris, se alimentan, entre otras, de los bulbos o rizomas de las plantas, muchas de las cuales tienen una repercusión económica trascendente como en el caso de los narcisos, tulipanes y similares, cuyo cultivo y explotación genera millones de beneficio a nivel mundial. En este caso, las larvas se alimentan de los bulbos, penetrando en los tejidos vegetales y llegando a producir la podredumbre total o parcial, lo que acaba por matar a la planta.

 

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Campos de tulipanes cultivados en los Países Bajos


A este respecto, un curioso caso es el de Merodon luteihumerus y Drimia maritima (Asparagaceae), sírfido y planta, respectivamente. Esta interacción descubierta recientemente es un caso único y extremo de hasta dónde pueden llegar las relaciones entre insectos y plantas. Y es que el adulto de M. luteihumerus es un sírfido polinizador como casi todos los demás, con la peculiaridad de que exclusivamente se alimenta del polen y del néctar de Drimia maritima. Aunque otros insectos pueden acercarse a esta planta de manera puntual para tomar su polen, M. luteihumerus es prácticamente el único que aprovecha este recurso activamente y va de flor en flor polinizando meticulosamente las flores de esta planta. Así, es muy probable que las poblaciones de esta planta sean dependientes de este sírfido allí donde ambos cohabiten. No obstante, en su estado larvario, M. luteihumerus es un ejemplo de lo comentado previamente, pues se alimenta exclusivamente de los bulbos de Drimia maritima.

Así las cosas, este no es el único caso de mosca cernícalo que tiene una relación mutualista y antagonista al mismo tiempo con una especie de planta. Es posible que la escasez de recursos y la coevolución hayan provocado estas maravillosas interacciones, donde la mosca adulta ayude a la reproducción de la misma planta de la que su propia larva se alimenta. Al fin y al cabo, el equilibro entre lo que una especie toma y lo que la otra da es un compromiso tácito sin el cual es posible que ambas no puedan existir. Sin duda alguna, aun nos queda mucho por averiguar.

 

ILUSTRACION CEBA MARINA

Ilustración de Drimia maritima en Köhler's Medicinal Plants (1887) / www.museedesarcspremiers.fr

 

El mundo de las interacciones es tan complejo como seamos capaces de observar. Las plantas dependen de los insectos para ser polinizadas y ellos del polen, el néctar y otros tejidos de las plantas para poderse desarrollar. La fitofagia no es tan sencilla como etiquetar “quién se come a quién”. Es posible que estemos en los albores de entender las complejas relaciones que los seres vivos establecen, para bien o para mal. Si tenemos suerte, es posible que aprendamos algo de ellos y podamos aplicarlo para mejorar nuestras vidas. Solo se trata de pararse a observar lo que el diminuto mundo de los sírfidos puede llegarnos a enseñar sobre la naturaleza que tenemos a nuestro alrededor.

Artículo escrito por Gabriel Jacques SoubaJose Mª Marmaneu.

Gabriel Jacques Souba

Biólogo por la Universidad de Alicante con Máster en Biodiversidad. Actualmente trabajando en el CIBIO (Centro Iberiamericano de la Biodiversidad de la Universidad de Alicante). Apasionado de la botánica, las flores y la gastronomía. Co-fundador del Blog de divulgación científica GRUBIAL.

Sitio Web: grubial.blogspot.com.es/

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