Siguiendo al Júcar en la Serranía de Cuenca

Una botánica nos lleva de la mano por los paisajes que la fascinan. En este caso nos presenta esta Serranía rica en plantas y animales, con tesoros como la Ciudad Encantada, pero también muchos otros quizá más desconocidos.

 

Es difícil, si no imposible, definir con exactitud la agreste y bella Serranía de Cuenca; algunos afirman que su esencia reside en los extensos e ininterrumpidos bosques de pino, mientras que otros optan por la preeminencia de los procesos erosivos que han excavado imponentes gargantas y cañones. Aunque quizá las imágenes que nos acuden a la retina al mencionarla sean sobretodo las de la Ciudad Encantada y el Nacimiento del Río Cuervo.

 

Encontramos como elemento modelador del espacio natural al río Júcar, que nace en las proximidades de Tragacete, a unos 1.700 metros de altitud. El incipiente río atraviesa los estrechos del Infierno y de San Blas, regalándonos la imponente vista de la cascada del Molino de la Chorrera, unos primeros kilómetros en los que el río, aunque de aguas cristalinas, no es muy caudaloso. Sin embargo, la incorporación del arroyo Almagrero y del río Valdemeca, que recogen las aguas de la Sierra del Agua y Sierra de Valdemeca respectivamente, le ayudan a adquirir mayor entidad.

 

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Sierra de Valdemeca

 

En cuanto a esta Sierra de Valdemeca, es la única zona con substrato silíceo en un área natural predominantemente calcárea, y está compuesta por areniscas del Buntsandstein (rodenos) que marcan una vegetación diferente a la del resto de la Serranía y singular. Así que se caracteriza por los bosques más meridionales a nivel peninsular de roble albar (Quercus petraea), y también por árboles más propios de los Pirineos que de esas latitudes, como el álamo temblón (Populus tremula), el serbal de cazadores (Sorbus aucuparia), el abedul (Betula pendula subsp. fontqueri) o plantas como las frambuesas (Rubus idaeus), las dedaleras (Digitalis purpurea), las uvas de zorra (Paris quadrifolia) o las carnívoras Drosera rotundifolia y Pinguicula vulgaris, propias de turberas.

 

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Dedalera (Digitalis purpurea) y Frambuesa (Rubus idaeus)

El curso del Júcar

Siguiendo al río aguas abajo, queda interrumpido por el Embalse de la Toba, estética lámina de agua frecuentada por ciervos, gamos y corzos. En las proximidades de su presa, junto a la población de Uña, la Laguna de Uña queda enmarcada por el Rincón de Uña y los imponentes farallones de El Escalerón, a los que se puede ascender por diferentes itinerarios que permiten disfrutar de las mismas vistas que los buitres y alimoches, compañeros frecuentes de los excursionistas.

 

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Embalse de La Toba

 

Al pie de estos roquedos nace un manantial cuyas aguas se suman al Júcar, al tiempo que alimentan la Piscifactoría de Uña y la Escuela Regional de Pesca, destinada a la conservación de la trucha autóctona y otros habitantes nativos de los ríos conquenses. Pero ya aguas abajo de Uña el Júcar se encajona y, hasta el Ventano del Diablo, en Villalba de la Sierra, discurre ajeno a cualquier influencia humana, salpicado de tilos centenarios y excepcionales bosques de ribera.

 

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Ventano del Diablo

 

Pero sin duda la gran conocida es La Ciudad Encantada, que pugna con el Torcal de Antequera por ser el paisaje kárstico por excelencia a nivel peninsular, y además recibe multitud de visitas a lo largo de todo el año. Aunque incluida dentro de una finca privada, que cobra una módica entrada, merece una visita, ya sea en la otoñada de guillomos (Amelanchier ovalis), arces (Acer monspessulanum) y mostajos (Sorbus aria), en invierno, cubierta por una capa de nieve o en épocas más benignas. Para aquellos deseosos de paseos menos bulliciosos, los Callejones de Las Majadas os ofrecerán un paisaje dolomítico semejante, y mucho más tranquilo.

 

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La Ciudad Encantada

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Callejones de las Majadas

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Mirador de la Majadas

 

También encontraremos el Parque Cinegético Experimental de El Hosquillo, junto al río Escabas, que además de ofrecer un paisaje excepcional nos brinda la posibilidad de ver osos, lobos, corzos, ciervos o jabalíes en un entorno inigualable. Se creó en el 64 como granja cinegética, pero desde el 96 funciona como centro experimental dedicado a la conservación, investigación y educación.

 

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Gamos (Cervus dama)

 

Otro de los atractivos indiscutibles de la Serranía de Cuenca es la alta probabilidad que tendréis al visitarla de poder observar fauna silvestre en su medio. Al margen de los buitres y alimoches que os he comentado, es frecuente ver diferentes aves rapaces aprovechando los farallones rocosos, así como fochas, zampullines, somormujos y garzas reales en los cursos de agua y lagunas, donde conviven con poblaciones de nutrias.

 

En cuanto a la fauna entomológica, cabe destacar la llamativa Graellsia isabelae, uno de los más bellos y espectaculares lepidópteros europeos. Aunque se trata de una mariposa esquiva, no es raro ver revoloteando en torno a las farolas de los pueblos más elevados de la Serranía algunos ejemplares de mariposa isabelina en las noches de mayo y junio.

 

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La mariposa isabelina, Graellsia isabelae

 

Un Parque Natural con mucho contenido

El de la Serranía de Cuenca fue declarado en 2007, tiene 73.726 ha de superficie y constituye el núcleo central del territorio conocido con ese nombre. Realmente el espacio natural protegido queda enmarcado por enclaves de gran interés y singularidad que no han sido incluidos en el perímetro de protección, y que demuestran el alto valor paisajístico y para la conservación de todo el sector nororiental conquense.

 

El propio Nacimiento del río Cuervo, declarado Monumento Natural desde 1999, queda fuera del Parque, constituyendo su límite septentrional. Y otro hito de gran interés que limita al norte es el Monumento Natural Hoz de Beteta y Sumidero de Mata Asnos, pequeño espacio protegido caracterizado por un espectacular cañón fluvial con acantilados verticales de más de 80 metros de altura, con formaciones vegetales de interés, entre las que destacan los tilares y avellanares.

 

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Pino salgareño (Pinus nigra)

 

El sector norte es además adyacente al Parque Natural del Alto Tajo, conformando entre ambos parques naturales una de las masas forestales de pino salgareño (Pinus nigra subsp. salzmannii) y pino albar (P. sylvestris) más extensas de la Península Ibérica. En cuanto al sur, allí se sitúa el Monumento Natural Palancares y Tierra Muerta, área dominada por extensas parameras de sabinas albares (Juniperus thurifera) salpicadas de dolinas, sumideros, simas y lapiaces, destacando las llamadas torcas, grandes hundimientos naturales de entre 30 y 500 metros de diámetro en terreno calcáreo, algunas con lagunas en su fondo.

 

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Pino albar (Pinus sylvestris)

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Juniperus sabina y Pinus sylvestris

 

Por último el sector sur oriental queda enmarcado por la Reserva Natural de la Laguna del Marquesado, humedal de origen kárstico de pequeñas dimensiones de aguas cristalinas que incluye una excepcional flora acuática.

 

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Cerval de cazadores (Sorbus aucuparia)

 

Además de todo esto, el Parque Natural de la Serranía de Cuenca cuenta con tres Centros de Interpretación (Tragacete, Uña y Valdemeca), aunque no están todos abiertos al público por el momento. Si os animáis con la visita, el principio del otoño es una época especialmente atractiva que os permitirá deleitaros con una gran variedad micológica y disfrutar de los rojos y amarillos de los árboles y arbustos caducifolios, escuchando el bramido de la berrea.

Olga Mayoral

Doctora en Biología. Profesora del Departamento de Didáctica de las Ciencias Experimentales y Sociales

Me gustan las excursiones, la lectura y el cine. Sí, soy botánica pero ¡no me regales ramos de flores! Siempre corto la tortilla de patatas con cuchillo, nunca con el tenedor.

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