Plantar semillas, recoger libros

Las semillas, sus aventuras, y toda la ilusión que encienden en quien las planta, son un tema perfecto para posar en marcha la imaginación de los cuenta-cuentos y los lletraferits, así que no nos extrañemos de que esta entrega de Plantes contades las tenga de protagonistas. Libros ilustrados cargados de semillas que nos explican un poco cómo funcionan, pero, sobre todo, hablan de todo aquello que esconden: plantas e historias.

Plantar una semilla es una de las actividades habituales en educación ambiental en las primeras visitas de los más pequeños a un Jardín Botánico. Mostrar las partes de un árbol, tan majestuoso, con aquella sombra gigante, y entender que todo aquello nace de una cosa tan pequeña como una semilla es un ejercicio de abstracción fascinante. Semillas que se siembran, que germinan, que crecen, que viajan, que caen, que se elevan. Os traemos un montón de cuentos preciosos con semillas y, de paso, si los leemos con nuestros niños y niñas, plantaremos también la semilla de la lectura y el aprecio por los libros, una que siempre deseamos que brote.

 

La llavor viatgera

Todos sabemos que, a la hora de la dispersión, las semillas no lo tienen fácil. Tienen que hacer frente a animales, a vientos fuertes que se las llevan muy, muy alto, a las personas, que cortamos los árboles donde nacieron, y así, entre unas cosas y otras, pueden llegar muy lejos antes de volver a tocar tierra. Una semilla es, por definición, aventurera, y la promesa de una nueva planta, y en este delicado cuento seguiremos las peripecias de una semilla viajera junto a todas las otras semillas que viajan con ella.

 

 llavor viatgera portada

 

Ilustraciones donde detenerse a mirar qué nos quiere explicar el autor de la aventura de su protagonista. Encontraremos, eso sí, muy poca letra, porque las imágenes llevan todo el peso de esta historia con unas semillas con las que te entrarán ganas de comenzar un camino sin mirar atrás.

 

llavor viatgera interior

 

Hoy la semilla viajera sigue yendo por toda la galaxia, buscando el lugar donde viven los sueños.

 

Todo empieza con una semilla

En este álbum ilustrado tampoco debemos esperar una larga hilera de palabras, apenas unas pocas frases como hilo conductor que acompaña a preciosas láminas que parecen listas y preparadas para enmarcar. Y sí, todo empieza como el título del libro, con una semilla. Una semilla que arraiga en el suelo y saca un brote y unas tímidas hojas, que irán creciendo hasta ir cogiendo porte y fuerza, que formará un gran tronco hacia arriba, hacia el cielo, y unas raíces hacia abajo, hacia el suelo. Y después de unos años veremos un árbol que baila la canción del viento, cambia al ritmo de las estaciones y es el hogar de animales grandes y pequeños.

 

 Todo Empieza portada

 

Cuando llegamos finalmente a la última lámina, ya tenemos un majestuoso árbol que ha visto muchos veranos y muchos inviernos, con roedores en las ramas, nidos, enredaderas y todo un entramado de raíces que lo anclan a la tierra y evitan que se eleve cada primavera cuando hay una explosión florida de colores y de aromas. Y de ese árbol saldrán nuevas semillas, y de esas semillas, nuevos árboles.

 

Todo Empieza interior

 

Un recorrido en imágenes por la vida de un sicomoro (Ficus sycomorus), que acaba con algunas de sus características, como que un solo árbol puede producir hasta 10.000 semillas al año, o que puede alcanzar los 35 metros de altura. Un libro que empieza como un árbol, con una semilla...

 

Cien semillas que volaron

Tenemos un árbol protagonista que está lleno de esperanza en el día que suelte todas las semillas que tiene preparadas. Un centenar de promesas aladas que salen del pino, concretamente de su piña, cuando llegan los esperados días de calor. Pero si cien semillas empiezan su largo viaje, ¿significa que las cien llegarán a buen puerto? Por desgracia, no. A las cien semillas que empiezan este cuento, vemos como página detrás página, las trabas, los obstáculos, y alguna que otra desgracia, se lo ponen muy difícil.

 

Cien semillas portada

 

Coches, aguas profundas, piedras sin sustrato, pájaros hambrientos, insectos curiosos, ardillas, niños juguetones... poco a poco, nuestra reserva va bajando ante nuestros ojos, y sufrimos, sufrimos porque, como el árbol al principio, deseábamos que todo fuera bien. Y, de pronto, una semillita valiente parece que ha podido cumplir su objetivo. ¿Seguro? Ay, que no, que al final las cosas también van mal para ella y de cien opciones que tenían ya no queda ninguna.

 

Cien Semillas interior

 

Pero esperad, no estamos aún en la última página, ¿cómo es posible? Pues porque las semillas que creíamos perdidas no lo estaban en realidad. Las semillas de las panzas de los pájaros pueden volver a la tierra después de una digestión, las semillas del bolsillo de un niño juguetón pueden caer mientras corre y salta, las semillas encima de una roca pueden encontrar aquello necesario para crecer. Así, en un santiamén, diez árboles aparecieron en el bosque, diez árboles que se harán grandes y soltarán sus semillas un día, llenos de esperanza. Tal vez no os lo imaginabais, pero el pino de la primera página ya lo sabía, porque muchas veces, para que todo vaya bien, solo hay que saber esperar.

 

La maceta encantada

Me gustan los dibujos de Esther Gili, no lo puedo evitar, pero si además, alguien le escribe una historia donde cada rincón de las ilustraciones está lleno de hojas y macetas, si aparecen invernaderos, huertos, y los protagonistas son amantes de la naturaleza, entonces con solo tengo ganas de mostrar el cuento en un Plantes Contades.

Nara y Lucas son dos niños que pasan los veranos en casa de su tía Celia, una mujer que se dedica a cultivar frutas y hortalizas con las que hacer mermeladas. Imagino esos veranos, jugar hasta tarde, recorrer valles y caminos, la piel morena de estar al aire libre, el agua y, al volver a casa, ayudar a la tía con las plantas, cuidarlas, y plantar las semillas de los frutos que irán a la huerta después.

 

Maceta encantada portada

 

Todo va bien, hasta que un año, los insectos acaban con toda la fruta. Sin fruta no hay mermelada, y sin mermelada la tía perderá su fuente de ingresos. Pero los niños no lo quieren consentir, porque son niños de cuento y tienen que buscar una forma de complicarse la vida. Así que salen a buscar unos seres mágicos de los que han oído hablar en las historias sobre los bosques de los alrededores. ¿Sabéis lo que es un bostildo? Unos duendes gorditos que duermen los días de lluvia y que habitan lugares diferentes del bosque según la estación del año. No tienes que tener miedo si te encuentras uno, más bien lo contrario, puesto que están obligados a darte un objeto mágico que desees o necesites.

 

maceta encantada interior

 

Nuestros protagonistas marchan decididos y, cómo no, tropiezan con un bostildo que, adormilado, les dice que aquella noche encontrarán un objeto mágico en casa. Al volver, cuando la luna estaba ya de guardia, encontraron en el invernadero una maceta vieja llena de tierra. ¡Qué objeto mágico más extraño y decepcionante! Sin embargo, ya sabéis que en los cuentos no podemos juzgar nada por las apariencias, así que aquella misma noche descubren que todo aquello que plantan en la maceta crece en gran cantidad: libros, paraguas... y sí, dinero también, sé que lo habéis pensado. Problema solucionado, ¿no? Sí, si no fuera por una pega, nada de lo que crece sirve, no seréis tan ingenuos como para creer que un duendecito que tiene de nombre bostildo lo va a poner fácil. Los libros que aparecen tienen las letras a la inversa, los paraguas son diminutos y los billetes no son de verdad. ¿Que tendrán que plantar Nara y Lucas para salvar el huerto de su tía?

Un cuento que nos transportará a la niñez, que contiene hojas, flores, frutos y magia, con unos duendecitos entrañables y que habla de cómo de importantes son las semillas, ya sean para hacer crecer plantas o para hacer crecer deseos.

 

Semillas de cabañas

El último libro es poco botánico, en él las semillas son una metáfora de la construcción de nuestra propia vida y el hogar que necesitamos para darle sentido, pero es tan bonito y tan gustoso de leer que lo he añadido como un epílogo preciosista. En la primera página encontramos un explorador que va en busca de unas semillas muy especiales de las que ha oído hablar, semillas que al plantarlas y regarlas hacen crecer cabañas, de todas las medidas y tipos, para una persona o para tres familias. En su viaje recorrerá todo el mundo e irá recogiendo semillas y presentándonos las cabañas maravillosas, extravagantes, imposibles y deseables que va encontrando.

 

cabanes portada

 

El listado es enorme: cabaña de ducha, de libros, del fondo del jardín, de sombras chinas, del fin del mundo, de caracoles, de hielo, de chocolate, de brujo, de arena... y así hasta cuarenta y nueve cabañas diferentes. Parecen muchas, pero si cogemos un año sabático y quisiéramos pasar una semana en cada una todavía nos sobrarían unos días.

 

cabanes interior

 

Página tras página encontramos paisajes encantadores, personajes enigmáticos y situaciones divertidas, sin olvidar en ningún momento que todas aquellas maravillas han surgido de una pequeña semilla. De hecho, el explorador lleva la cuenta de las semillas que recoge por el camino, porque quiere hacerse una colección. Pero los números son erráticos, y va perdiendo y encontrando según las aventuras se van sucediendo. Al final, le queda una y la planta un ocho de junio. La riega con amor, la ve crecer, aparecer los primeros brotes, el tejado, las ventanas, y para el diecisiete de septiembre del año siguiente ya es habitante de su propia cabaña. Perdeos en este libro, vale la pena, y soñad con un mundo lleno de semillas y sin ninguna hipoteca.

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Bibliografía

1. Sergio Mora (2007). La llavor viatgera. Thule ediciones. 30 pàg.

2. Gemma Camblor (2019). La maceta encantada. Esther Gili (il.) Astronave. 32 pàg.

3. Laura Knowles (2017). Todo empieza con una semilla. Jennie Webber (il.) Bruño. 31 pàg.

4. Philippe Lechermeier (2005). Semillas de cabañas. Éric Puybaret (il.) Edelvives. 86 pàg.

5. Isabel Minhós (2018). Cien semillas que volaron. Yara Kono (il.) Coco Books. 28 pàg.

Eva Pastor

Responsable de Cultura y Comunicación del Jardí Botànic UV.
Me gusta la música, los libros, viajar, escribir, la divulgación científica e ir al cine con todas las consecuencias; hacer cola, comer palomitas... Me divierte ordenar con mis hijos la colección de coches de Cars. Nunca he comprendido las reglas del tenis y me da dentera cortar la pizza con tenedor y cuchillo.