La Vall d’Albaida, la Blanca (II)

La umbria de la sierra del Benicadell desde la localidad de Otos La umbria de la sierra del Benicadell desde la localidad de Otos Imagen de Enrique Garcia. Fuente: FlickR

Continuamos con la descripción de los encantos naturales de La Vall d'Albaida: nuevas pinceladas paisajísticas y enriquecidas por el hegemónico, simbólico patrimonio cultural. Es momento de dejarse enamorar y perderse por las principales sierras del extremo más oriental de la comarca. Nos localizamos en paso natural la Vall hacia la comarca litoral de la Safor y su interior montañoso. Aquí comienza la excursión por los dos itinerarios más extensos y acogedores de la Vall.

Dejando el Pantano de Bellús y la Serra Grossa a nuestras espaldas, el tercer itinerario corresponde a la esquina más noreste de la Vall compuesto por los municipios de la Baronía de Llutxent: Benigànim, Puebla del Duc, Quatretonda, Llutxent, Pinet y Benicolet. Esta área natural en contacto directo con la Valldigna y con las montañas litorales de la comarca de la Safor (Valle de Barxeta, Sierra de Vernissa y Cima del Mondúber a más de 800 metros) se encuentra bañada por los vientos marítimos mediterráneos, dando lugar a los rincones más lluviosos y ricos florísticamente del sector Setabense. Son muchas las voces afirmando que este itinerario nos lleva a los lugares más desconocidos de la comarca y mejor conservados botánicamente hablando, y es que es la ruta menos explotada por el turismo rural.

 

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Casco antiguo de la localidad vitícola de La Pobla del Duc y detrás, los campos de frutales de la Baronia de Llutxent, extensos hasta los pies de la Serra Grossa-Buixacarró

 

A lo largo de los casi 67 km de recorrido por este sector oriental la Vall, los diversos núcleos urbanos son reinados por infinidad de monasterios, conventos, ermitas y basílicas; así como antiguos molinos y castillos, siendo destacables los restos fortificadas del Xiu (s. XII). La arquitectura civil y religiosa es sorprendente y culminada con la famosa Ruta de los monasterios valencianos, uniendo: San Jerónimo de Cotalba- La Marxuquera (Alfauir), el Monte Santo del Corpus Christi (Llutxent) y las más lejanas Sta María de la Valldigna (Simat), Aguas Vivas (Carcaixent) y la Murta (Alzira). Todo un conjunto de piedras cargadas de historia y si nos centramos solamente con la Baronía llutxentina, es uno de los latidos religiosos del Valle.

 

Dedicada a la manufacturación de vidrio y plástico, y su elaboración artesanal de alpargatas; el municipio de Benigànim es el más grande del sector y gira alrededor de su homenajeada, natal Beata Inés (conocida monja agustina del siglo XVII) o a su emblemático naranjo de más 350 años de historia. La leyenda cuenta que la monja plantó el árbol al revés y sus naranjas no llegan a pudrirse nunca (muchas casas dan fe de este mito, incluyendo la mía). En cambio, el tesoro arquitectónico más relevante de la localidad agrícola de Llutxent es el Castillo-palacio de los Pròxida del siglo XIII, la iglesia parroquial o el dominicano y extenso convento-iglesia del Corpus Christi del siglo XV. Siendo uno de los centros religiosos por excelencia de la comarca, actualmente vive un período de esplendor, con tareas de restauración para convertirlo en un centro cultural de renombre internacional.

 

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Construido en 1422 y después de diversos saqueos, abandonos e incendios; el monasterio del Corpus Christi de Llutxent y su conocido claustro disfrutaran de gran transcendencia al convertirse en un punto de referencia religiosa. Imagen de Jose Aparici.

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La montaña del Corpus Christi llutxentí es punto de referencia paisajística por el extenso pinar que lo rodea y por el algarrobo centenario con más de 350 años de historia. Imagen de liesvanrompaey

 

Sobrevolando entre pueblo y pueblo, en esta ruta queda demostrado que la agricultura de la Vall d'Albaida es también un importante patrimonio cultural, arraigado socialmente. Los repartidos cultivos agrícolas de secano se ocupan mayoritariamente con plantaciones de vid, algarrobos (Ceratonia siliqua), almendros, olivares y los frutales de hueso. Cultivados con ancestrales técnicas de abancalamiento y multitud de terrazas de paredes de piedra seca; respetan el laberinto de barrancos, azudes y simas. Sólo hay que ver los alrededores de la Pobla del Duc. Como también topamos con corrales y granjas; y es que la Baronía posee la principal actividad ganadera de la comarca.

 

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Los municipios de Benigànim, Quatrentonda y Llutxent forman un triángulo económico debido a la potente actividad de las cooperativas agrícolas, dependientes principalmente de la producción de un aceite de oliva virgen. Imagen de Manel. Fuente: FlickR


El mosaico de campos de secano de Quatretonda y Pinet se extienden lindando con la comarca de la Safor (Vall de Barx y la Marxuquera y Barxeta en la Costera. Entre la Serra Grossa y el macizo litoral del Mondúber, y rozando los 800 metros de altitud, nos encontramos en las faldas de la conocida crestería caliza del Buixcarró. Buixacarró, cordillera famoso mármol y vejez enigmática, cierra el valle por el extremo más noreste y remarcada por el escritor David Mira: "Fondals i serralades, barrancs i aigua vessants, i nosaltres enllà, voretaires ardits, sota els pins i els romers o al fons d’espessos coscollars”. La singularidad de los tramos de barrancos rellenos de estancos y vegetación de ribera, dan paso al aislado y húmedo tesoro vegetal de la zona: la micro-reserva de flora única en la comarca, el plan de los bosques de alcornoques (Quercus suber) y situados entre las localidades de Llutxent y Pinet. Desde esta misma zona, tendremos una privilegiada panorámica de la Safor y perfilada por el golfo de Valencia.

 

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Con un modelado kárstico teñido de pinares junto a coscojares, lentiscos y palmitos, el Buixcarró junto a poljes como la Drova o la sima de Quatrentonda presentan picos destacados como el PicayoFoto 7

El alcornoque (Quecus suber) ligada a la economía carpinteroa. Imagen de Balázs Suhajda. Fuente: FlickR


Y ¿sabes qué? El material constructivo denominado "mármol del Buixcarró", se conoce por su alta calidad y explota en una cantera datada de la época romana y aún hoy está en uso en plena sierra. Por ejemplo, el valenciano Monasterio de Santa María de la Valldigna se nutre de este mármol rosado.

 

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El Real Monasterio de Santa María de 1298 (Simat de la Valldigna), a escasos kilómetros de la sierra del Buixcarró. Imagen de Vicent Girbés. Fuente: FlickR


El pulmón verde, la joya del Valle: la Umbría del Benicadell
Son muchas las localidades rurales, la mayoría de ellas sin superar el millar de habitantes, las que se alzan en las faldas de la sierra diánica del Benicadell, limitando el Valle por el extremo sureste y con las comarcas alicantinas de la Marina Alta y el Comtat junto a la depresión del Serpis o río de Alcoy. Terrateig, Montichelvo, Ayelo de Rugat, Rugat, Castelló de Rugat, Ràfol de Salem, Salem, Beniatjar, Otos, Bèlgida, El Palomar, Bufali, Carrícola y Adzeneta de Albaida dan lugar al sector con más núcleos urbanos y con una historia local intensamente arraigada en la umbría del Benicadell. Aferrado a la producción de vasijas de barro y otros materiales de construcción; Castelló de Rugat es la localidad más poblada, conjugando la tradición industrial con la agrícola. La situación demográfica de este sector permite disfrutar de los pueblos más acogedores, humanos y mejor conservados arquitectónicamente del conjunto comarcal. Explotan su economía agrícola con el rebrote de su turismo rural, buscando nuevas alternativas como Carrícola y su museo artístico al aire libre o Otos, el conocido pueblo de los relojes de sol.

 

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La emblemática Casa dels Guardes de Beniatjar es el punt geográfico durante la subida al pico del Benicadell.


Este cuarto itinerario se debe totalmente a su protagonista, a la poderosa y ya citada sierra del Benicadell. Ella ha sido por excelencia el mito, la referencia paisajística virgen y la evocación al ejemplar montaña de la Vall d'Albaida. Es magia en estado puro, y lo que esconde el paraje y su red de senderos, nos lo confirman. Como bien dice el escritor David Mira: "La Vale se hace sierra en el Benicadell". Y es que la infinidad de estudios históricos, científicos; o cancioneros, poesías o cuentos populares girando alrededor del paraje natural cosían la riqueza literaria de los pueblos más meridionales de la comarca. Pero no todos en la comarca lo denominan Benicadell. En los pueblos de la Baronía de Llutxent es conocido por el Cerro de Mediodía, mientras los pueblos que se encuentran en la sombra de la sierra, le llaman simplemente la Peña.

 

Una vez ascendemos a través de los senderos tanto de la solana de Gaianes-Beniarrés (El Comptat), o por la ladera boscosa de umbría de Beniatjar-Salem y llegamos a los tramos finales, las vistas no dejan indiferente a nadie. La fuerte pendiente nos da paso a una cresta rocosa amplia, culminada con un vértice geodésico como meta. Al sur, se extienden los valles alcoyanas con el pantano de Beniarrés y las sierras alicantinas, como Aitana o la Mariola. Mientras en el este podemos divisar en días claros, la línea del Mediterráneo rota por el Montgó e incluso, la isla de Ibiza. A nuestros pies y mirando hacia el norte, observamos la totalidad la Vall d'Albaida convertida en un mosaico de cultivos, bordeada por la Serra Grossa y apreciando detrás: la Costera, las sierras de la Canal de Navarrés y parte de la Ribera .

 

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Con 1104 m de altitud, el paraje protegido del Benicadell es característico por su vertiginosa crestería caliza. Un paisaje singular: formación de cuevas, simas y hondonadas; y una vegetación adaptada a unas condiciones climáticas adversas 

 

El Benicadell es el principal punto de referencia del itinerario más largo de los seis, empezando por el extremo oeste de la sierra (puerto de Albaida-Adzeneta de Albaida) y atravesando los diversos pueblos del histórico marquesado de Albaida de oeste a este hasta llegar al extremo más prelitoral de la sierra, donde se alza el vertical y rocoso del Benicadell (Foia de Salem-Beniatjar) y en contacto con las sierras de la Safor. Esta ruta esconde el tesoro botánico, el pulmón verde de la comarca debido a una vegetación de contrastes, ¿por qué? Solamente hay que fijarse con los barrancos húmedos que cicatrizan la vertiente norte del Benicadell. Observamos curiosos la inmensa Vall Blanca a nuestros pies y sin enterarse de que a pie de senda crecen riquezas endémicas por excelencia del subsector Alcoyano-diánica, y del sector Setabense.

 

 

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Con la acogedora y fresca umbría de la sierra, paseamos volteando monumentales roquedales y penetrantes barrancos, con el peculiar perfil de la cima del Benicadell al fondo de la foto. Imagen de José Aparici 

 

Por si fuera poco, en esta ruta también encontramos un gran abanico de recursos patrimoniales y es que la presencia humana fue considerado factor clave en la estructura del paisaje. Ejemplos como las numerosas cuevas con yacimientos arqueológicos (Coveta del Mig, del Moro...), la red de neveras y corrales de los neveros con gran valor etnológico y arraigados en la pasada economía del hielo (nevera del Benicadell, de Dalt, de la lloma Solaneta, entre otros) o castillos medievales y restos de torres (castillo de Carbonera, castillo de Peña Cadiella o el de Carrícola...). Todas estas fortificaciones árabes de vigilancia pertenecían a la línea defensiva y estratégica del Benicadell, controlando el paso hacia tierras alicantinas.

 

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Con reciente restauración, el castillo árabe de Carrícola fue declarado Bien de Interés Cultural y se encuentra a más de 400 m, sobre un roquedal del barranco del Castellet. Reinando el valle, es el principal reclamo turístico de la Umbría del Benicadell. Imagen de Jose Aparici

 

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La Nevera del Benicadell representa la pequeña Edad de Hielo (XIV-XIX), un periodo más frío y lluvioso que el actual, las nevadas frecuentes aprovechaban para la conservación del hielo

 

Los simbólicos manantiales, pequeños nacimientos fluviales junto a una reducida vegetación de ribera y caducifolia, hacen posible a las faldas de la sierra, la vida agrícola rural. La Fuente Fría perteneciente a la localidad de Bèlgida es un verdadero paraíso recreativo y forma parte de la red de miradores a lo largo de la pista forestal, la cual bordea toda la vertiente norte del Benicadell. Miradores convertidos en auténticos balcones que nos permiten disfrutar de amplias y espectaculares panorámicas del valle y su inmenso manto de cultivos escalonado. Sí, debería ser objetivo explicando cada uno de los seis itinerarios de la comarca, pero tengo que reconocer con sinceridad que es mi ruta favorita. Tal vez, simplemente, el Benicadell enamora.

 

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Izquierda: entre matorrales autóctonos, el mirador de la Fuente Fría de Bèlgida es el balcón del Valle de Albaida. Derecha Thymus piperella

 

Hasta aquí la segunda parte de nuestro viaje entre sierras orientales de la Vall d'Albaida. Próximamente la tercera y última publicación de esta comarca. Pues sí, todavía quedan acogedoras sorpresas para mostrar a los intrépidos excursionistas y los amantes del paisajismo. Has oído hablar de la sierra de Agullent o de la Vall de la vila de Bocairent? ¡Hasta la próxima, viajero!.

José Aparici

Graduat en Biologia per la Universitat de València i postgrau d’Ecologia Avançada i Gestió del Medi Natural per la Universitat d’Alacant
He treballat al Servei Tècnic d’Espais Naturals Protegits de la D.G. de Medi Natural (GV), al Museu de Ciències Naturals de València i al Parc Científic-UV. També he realitzat col·laboracions formatives al Jardí Botànic UV, assistències tècniques en AE-Agró i com a Especialista Municipal Voluntari del Fons Valencià per la Solidaritat a Bolívia.