La naturaleza efímera como musa

¿Puede el arte rebelarse y llevar lo efímero al máximo nivel? El Ecoarte supone subir el valor conceptual de la obra mientras pierde su valor económico. Los artistas vuelven a la naturaleza, igual que la sociedad, y siguen experimentando, algo habitual en tiempos de crisis.

 

 

Actualmente, un nuevo paradigma global parece aflorar en el modo en que una serie de artistas trabajan con la naturaleza, expresando su arte junto con ella. Desde experiencias distintas, con una gran versatilidad, introducen en sus creaciones ideas que pueden ser aplicadas en otras disciplinas no artísticas, y a su vez se nutren de ellas como referentes. Trabajan en un arte que trata de la experiencia de la naturaleza, cuando paradójicamente la sociedad en la que se desarrolla cada vez está más influida por las innovaciones tecnológicas. Estas nos apartan progresivamente de la realidad tangible creando un universo virtual, en el que la nada se adueña de nuestra experiencia perceptiva. Una gran cantidad de información a enorme velocidad acribilla al individuo desde todas las partes del mundo, dejando a la mente flotar en un no lugar, un vacío electrónico, una nada.

 

Pero la diversidad del mundo real aún no ha sido igualada por el virtual, pasear por un bosque o por un parque despierta en nosotros una gran variedad de sensaciones, captamos la creatividad de la naturaleza, la cual estimula nuestra capacidad reflexiva a la vez que proporciona una experiencia estética. Percibir esas formas materiales y sus combinaciones genera en nosotros conocimiento ecológico, antropológico, político o ético.

 

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Mientras, paralelamente, crece la sensación de que el arte actual, heredero del modernismo y el postmodernismo ha relegado el medio ambiente, alejándose de la naturaleza. El progreso capitalista ha convertido las obras de arte en mercancía, y la historia del arte materialista, que considera el arte como sucesivos movimientos y vanguardias, ha originado sistemas de expresión que desafían el individualismo. Unas formas artísticas que explotan la cultura y la historia, pero que el público no acaba de aceptar ni identificar como arte. En cambio, la conciencia contemporánea sobre el futuro del planeta y sus recursos, hace renacer el interés por la naturaleza. No se trata ya de una Arcadia romántica, ni una sublime fuente espiritual para una mentalidad judeocristiana, sino una naturaleza hábitat, real y fuente de recursos presentes y futuros. Actualmente, se suceden exposiciones dedicadas al arte y la naturaleza, a través de simposios, o en ocasiones en galerías, expuestas de forma indirecta, muestran el rumbo de la creación artística y la importancia del alcance interdisciplinar que esta conlleva. La cultura dominante va en contra de la naturaleza.

 

Sin embargo, es respetando la naturaleza y los procesos naturales como la sociedad se hace responsable, y crea una conciencia ecológica al tener en cuenta la perdurabilidad de los recursos naturales. El uso abusivo de estos recursos, que las grandes empresas explotan buscando beneficios, ha disparado el consumo. Hace años, el uso de esos recursos se concebía como una necesidad de subsistencia, se tomaba solo lo imprescindible para la vida. En la sociedad actual, el consumo indiscriminado y la explotación exponencial de los recursos, con la excusa de un mejor reparto en aras de una supuesta mejora de las condiciones de pobreza, se demuestra contraproducente, ya que los recursos son limitados. Así pues, para mantener la calidad de vida hay que revisar las necesidades reales, poniendo control a la producción, y establecer unos límites razonables de consumo en función de la disponibilidad de recursos.

 

Una respuesta en el arte

Los artistas se enfrentan al desafío. Fundamental es la defensa de la diversidad y supervivencia de las especies y de las culturas, ya que es esencial en la comprensión del mundo y su futuro. El arte nos permite comprender mejor cómo la naturaleza resiste, y la catarsis es posible. La naturaleza como fuente de reflexión frente a la tensión y la producción excesiva. El arte actual tiende a remarcar lo efímero, gran parte del arte ecológico y del Land art, así se conciben. La tendencia actual ve las obras de arte como patrones de pensamiento, no como actos visuales. En lo efímero confluyen lo virtual y el Eco-arte o Arte-Naturaleza, cuya creatividad se expresa a través de procesos en la propia naturaleza que es cambiante, viva, real y efímera. Frente a la solidez de las primitivas obras de Land art, estas creaciones se desvanecen poco después de ser realizadas. Estas propuestas artísticas impulsan la defensa de la naturaleza frente a la amenaza del progreso tecnológico, y sin embargo, están ligadas a la tecnología para su difusión y supervivencia. Paradójicamente, muchas dependen de la tecnología para ser captadas, de la mayoría lo único que perdura es la fotografía realizada, lo cual plantea nuevas cuestiones.

 

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Arriba a la isquierda, David Nash, arriba a la derecha, Andy goldsworthy, y bajo Nils Udo

Esta visión innovadora del medio ambiente inspira a artistas de todo el mundo. Transformación que Ana Mendieta prefiguraba en la fusión de cuerpo y tierra reflejada en sus representaciones rituales y obras de arte, alejándose del arte dominante. Algunos de los artistas más reconocidos, como Nils-Udo,c rean obras íntimas en plantaciones y montajes naturales; David Nash integra la naturaleza viviente en el arte; Maíz Fulton documenta en textos y fotos sus paseos por la naturaleza; el danés Alfil Bonnano crea de manera instintiva estructuras hechas con materiales que reflejan la historia humana natural de un lugar. El Eco-arte se caracteriza por la presencia del concepto y la pérdida de valor económico del objeto artístico. Estos artistas, que rechazan la propiedad privada y el comercio del arte, son frecuentemente activistas medioambientales.

 

James Hillman psiquiatra de la anti-psiquiatría, dice: "Cuando se rompe la visión predominante que sostiene a un periodo de la cultura, la conciencia regresa a contenedores más antiguos, buscando fuentes para sobrevivir que también ofrezcan fuentes para revivir". Subraya que el volver a la naturaleza como medio de manifestación es habitual en épocas de crisis, un retorno a lo primitivo, a la fuente, a la naturaleza, no como una huida sino una vuelta a los orígenes. Desde la antigua Grecia, el arte occidental se ha construido en torno a la figura humana, esta concepción ha determinado que el paisaje haya sido visto como algo accesorio, el espacio en el que el hombre habita, el lugar donde se desarrollan las relaciones humanas, lo que el hombre contempla a través de la ventana a la que se asoma. Sin embargo, otras culturas ajenas a la europea, especialmente las orientales, han hecho del paisaje el centro sobre el que se articula la creación artística. Algo que sin duda, está relacionado con la concepción filosófica oriental del universo en la que el ser humano es parte de la naturaleza en una simbiosis no jerarquizada.

 

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Nils Udo

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Richard Long

Pero decía Jung que "quien habla con imágenes primigenias habla con mil voces... liberando así en nosotros esas fuerzas benefactoras que desde tiempos inmemoriales han permitido a la humanidad escapar a los peligros y soportar la noche más larga... ese es el secreto efecto del arte", y en ello conectan todos los seres humanos de cualquier cultura. El Eco-arte o Arte en la Naturaleza es un movimiento de raíz social cuya identidad son las nuevas formas de creatividad. Unas propuestas que se enfrentan a las formas del arte establecido controladas por los poderes políticos y económicos. Amparado en el concepto actual de justicia ambiental, el artista de la naturaleza colabora con la ciencia en la defensa del medioambiente y en la conservación del ecosistema al valorar el espacio natural. A través de tipologías que se diferencian en la conexión que establecen entre ciencia y tecnología, bajo distintas formas de temporalidad y espacio.

 

Necesitamos por lo tanto, abrir los sentidos y la intuición a la naturaleza, retornando al contacto con ella seremos más humanos y más libres. El camino seguido por la civilización occidental ha infestado el planeta, buscando el todo ha llenado el mundo de detritus, que nos impiden ver el oro que reluce en la esencia. Pero una vez más la ciencia nos abre los ojos, nos inicia en el camino hacia lo olvidado. Cada vez un mayor número de personas se alejan de esta frenética carrera y se detienen a mirar el silencio. Tras inventar un millón de formas de perturbarlo, ahora se inventa cómo retornar a él. La naturaleza que ha sido vista durante siglos como devoradora, tal vez, comenzamos ahora a verla como una diosa. Una diosa que nos ha creado, que nos inspira, que nos conforta, que nos llama, que venciendo las apariencias da la libertad al hombre.

Mª Ángeles Pérez

Licenciada en Historia del Arte

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