Las leyendas de Monte Perdido

Con una superficie de más de 15.000 hectáreas, el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido es el segundo más antiguo de España y uno de los paraísos para los amantes del senderismo y de la ornitología.

El Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido ocupa una gran superficie de la comarca oscense del Sobrarbe y recibe más de 600.000 visitas al año. En total, engloba seis municipios: Bielsa, Fanlo, Puértolas, Tella-Sin, Torla y Broto, y además es Reserva de la Biosfera, Zona Especial para la Protección de las Aves y Lugar de Importancia Comunitaria, incluso  en 1997 se convirtió en Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. El reconocimiento de Parque Nacional le fue concedido en agosto de 1918, siendo el segundo de España por detrás de la Montaña de Covadonga o de Peña Santa, en los Picos de Europa asturiano-leoneses.

 

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Senda de los cazadores

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Macizo de los Tres Seroles

 

En aragonés, el Parque se llama Parque nacional d'Ordesa y d'as Tres Serols, puesto que su orografía está marcada por el macizo que lleva este nombre, una de las mayores moles calcáreas de nuestro país. La elevación más grande es Monte Perdido, siendo también la más alta de estas características de Europa con 3.355 metros de altura. Identificado y conquistado en 1787 por el botánico y geólogo francés Louis François Ramond, barón de Carbonnières y uno de los primeros exploradores de los Pirineos, obtuvo un gran reconocimiento de la comunidad científica por la crónica de la conquista del macizo, publicada por el Journal de Mines.

 

Junto al Monte Perdido descansan otras dos grandes moles, el Cilindro de 3.328 metros , y el Añisclo de 3.262 metros, conocido popularmente como Soum de Ramond en honor de Carbonnières. Por sus laderas descienden una serie de crestas montañosas y valles glaciares que destacan por su gran belleza y espectacularidad.

 

Lugares más emblemáticos de la zona

Si algo llama la atención de los visitantes de este Parque Nacional son los cuatro valles que reposan bajo Monte Perdido en las laderas del macizo. Se trata de Ordesa al Suroeste, Añisclo al Sur, Escuaín al Sureste y Pineta al Este. El más característico y emblemático es el valle de Ordesa, recorrido por el río Arazas, origen del Parque. Con un desnivel de más de 2.000 metros entre la cabecera y la parte más baja del valle, es un magnífico cañón esculpido por antiguos glaciares y la fuerza y persistencia del río.

 

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Vista panorámica del Valle de Ordesa


Pero quizá el que más llama la atención es el Cañón de Añisclo, uno de los parajes más espectaculares de Aragón. Se trata de una profunda garganta producto de la intensa acción erosiva, primero de un glaciar y más tarde del río Bellós. Está formado por numerosas y vertiginosas cascadas enclavadas en un frondoso bosque, donde conviven dos especies de árboles diferentes en cuanto a su hábitat, pero pertenecientes a la misma familia, la de las fagáceas. Por un lado la encina, un árbol heliófilo de la España mediterránea, seca y tórrida, y por otro lado el haya, exigente en cuanto a humedad y brumas, habitante de zonas donde son espesas y precipitan sobre sus hojas. Encinas, hayas y otros árboles frondosos convierten al Cañón de Añisclo en una micro selva de montaña, y en una fabulosa escuela de naturaleza.

 

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El Cañón de Añisclo desde  la Punta de las Olas


Otro de los paisajes más llamativos del Parque Nacional es el formado por las Gargantas de Escuaín. Allí el río Yaga, alimentado por innumerables torrentes, fuentes y surgencias, recorre el Valle de Tella dando forma a un intrincado barranco pleno de roca y vegetación. La Garganta esconde en su fondo el tramo superior del río, y constituye una profunda brecha de roca caliza que da cobijo en su interior a una enorme riqueza vegetal. La cabecera de la Garganta está formada por una serie de circos suspendidos llenos de lapiaces y simas. Las espectaculares panorámicas sobre las gargantas pueden ser contempladas desde ambos lados, es decir, desde Lamiana y Revilla (municipio Tella-Sin) o desde Escuaín (municipio Puértolas).

 

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Vista del Valle de Pineta

 

La leyenda de Monte Perdido

La majestuosidad y el desproporcionado tamaño de las cimas, barrancos y cascadas del macizo de Monte Perdido y sus grandes bosques de hayas y abetos hacen que la tradición haya dado a la zona un origen que roza lo sobrenatural. Existen dos leyendas sobre su formación. La primera se atribuye al mítico héroe Hércules y cuenta la leyenda que de Pirene, hija del atlante Tubal, se enamoró Gerión, un enorme y brutal ser de tres cabezas. Pirene temerosa huyó al parque, y el monstruo irritado decidió prender fuego al bosque donde la bella joven murió abrasada. Hércules demostró su pesar ante la noticia apilando inmensas rocas a modo de monumento funerario dedicado a su hija, que dieron lugar al Valle de Ordesa.

 

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Lucha de Hèracles contra Gerión, vaso del siglo  VI a. de C., museo del Louvre.


La otra leyenda cuenta que Atland fue un hombre de una fuerza desproporcionada y de carácter solitario que vivía en la zona. Había construido un castillo con cuatro grandes torres custodiadas por magníficas bestias talladas en piedra. Ya que Atland era un ser mágico, los lugareños pensaban que las fieras cobrarían vida con la llamada de su amo y vivían con miedo. Un día un forastero llegó hasta allí y mató a Atland, y para vengar esta muerte se produjo una enorme tormenta y un rayo acabó con el asesino. El mismo rayo hizo que los Montes se abrieran y que en el centro quedara en pie, como si se tratase de Atland, la gran Mole de Monte Perdido quedó plantada en medio de Valle, vigilando a la población y presidiendo la cadena montañosa.

Revista Espores. La veu del Botànic

Redacción de Espores, la veu del Botànic

Revista de divulgación científica del Jardín Botánico de la Universidad de Valencia

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