Los misterios de las Afortunadas

El archipiélago canario es uno de los destinos más turísticos de España y no sólo por sus playas y la bondad de su climatología. Senderismo, cicloturismo y deportes en plena naturaleza son el otro gran atractivo de estas islas de peculiar orografía.

 

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En los últimos años, las Canarias son más que la meca del turismo de playa, con un abanico de opciones mucho más amplio. Los deportes de aventura se han convertido en el nuevo reclamo turístico del archipiélago, que el año pasado recibió alrededor de 12 millones de visitantes. También el cruce de caminos entre la cultura, el misterio y la naturaleza está dando lugar a distintas formas de conocer las llamadas Islas Afortunadas, islas que esconden decenas de secretos, rutas desconocidas y un interior repleto de paisajes sobrecogedores por su belleza. De entre todos estos sitios, destacan aquellos que hunden sus raíces en el misticismo de los antiguos guanches, los primeros pobladores de las islas.

 

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Tres rutas mágicas:

Tindaya, la montaña mágica (Fuerteventura)

Situada en el municipio de La Oliva, en el Norte de la isla de Fuerteventura, esta llamativa montaña está formada por escasa vegetación entre la que destacan los matorrales y espinos,  y pertenece al Parque Natural de las Dunas de Corralejo. En ella fueron encontrados antiguos utensilios domésticos, varias inscripciones de tipo religioso y algunas construcciones funerarias que delatan la presencia de la cultura guanche en la zona.

 

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Tindaya cuenta con uno de los principales yacimientos de manifestación rupestre de Fuerteventura. Según los guanches, era una montaña mágica en la que podemos ver reflejados gran parte de los recursos naturales y paisajísticos de toda la isla. Además de su valor histórico, esta cima tiene más de 500 m de altura ha sido reconocida como Monumento Natural y Punto de Interés Geológico. 

 

Este Monumento natural es una montaña de composición traquítica, roca volcánica de composición básica, que ha quedado al descubierto gracias a la erosión que ha sufrido el volcán que había sobre él. Todo el Tindaya está recubierta por una interesante vegetación como la presencia de algún endemismo como la Caralluma burchardii protegida por normativa regional. Además, es Espacio Natural Protegido desde 1.987 y desde 1.990 Área de Sensibilidad Ecológica.

 

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La Cova dels Verds (Lanzarote)

 Situada en el norte de Lanzarote y al sureste del volcán Monte de La Corona, pertenece a un sistema de tubos subterráneos, los jameos, de unos 6 km de longitud, siendo una de las formaciones volcánicas más interesantes de Europa y uno de los tubos volcánicos más largos del mundo.

 

Las cuevas y galerías surgieron durante una erupción prehistórica del volcán, hace más de 4.000 años, presuntamente cuando una corriente ancha de lava se precipitó hacia la costa oriental adentrándose en el mar. Primero se enfrió rápidamente la superficie de la lava solidificándose, mientras el río de lava ardiente seguía fluyendo por debajo de la capa basáltica petrificada. En el siglo XVII las cuevas sirvieron de refugio a los lanzaroteños para protegerse de piratas y cazadores de esclavos.

 

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Los Jameos del Agua se encuentran situados en la sección de este túnel más cercano a la costa y deben su nombre a la existencia de un lago interior que constituye una formación geológica singular. De entre todos los jameos, destaca el conocido popularmente como "Jameo Chico". Esta zona tiene una abundante vegetación y diferentes elementos naturales que sirven como ornamentación del lago y que nutren de estímulos visuales la estructura del Jameo.

 

En el interior de la cueva también hay un lago natural de aguas claras y transparentes que alberga más de una docena de especies endémicas de gran interés científico, entre las que destacan los célebres cangrejos ciegos Munidopsis polymorpha, punteando el fondo rocoso del lago. La oscuridad de la gruta provoca la carencia de pigmentación de este raro espécimen único en el mundo, de color blanquecino y de un centímetro de longitud.

 

El roque de Idafe (La Palma)

En plena Caldera de Taburiente, es todo un monumento natural de la Isla de la Palma. Está situado cerca del Barranco de las Angustias, y según la tradición fue el último reducto del Mencey Tanausú, de la tribu Aceró y el más aguerrido de los héroes guanches, el último en ser apresado por el ejército español capitaneado Fernández de Lugo.

 

El esbelto Roque Idafe preside el corazón de este maravilloso espacio natural que destaca especialmente por su peculiar vegetación. En La Caldera se han contabilizado casi un centenar de especies de plantas, de las cuales tres no viven en ningún otro lugar del planeta. Una diversidad biológica que es posible por los acusados contrastes orográficos del Parque, en el que conviven ecosistemas muy distintos entre sí.

 

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Los bosques de pino canario, Pinus canariensis,  ocupan la mayor parte del Parque Nacional. Las acículas del pino, que en La Palma reciben el nombre de pinillo, enrarecen el suelo para evitar la competencia de otras especies y sólo algunas plantas como el amagante, una especie de jara, y el corazoncillo, al que también favorece el fuego, han logrado coexistir bajo su sombra.

 

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La segunda comunidad vegetal de interés es la constituido por la flora rupícola, la especializada en vivir en paredes y roquedos. En las paredes más inhóspitas de La Caldera viven especies como los abundantes bejeques, de los cuales el Aeonium nobile o bejeque rojo, es con toda seguridad el más llamativo ya que sólo florece una vez a lo largo de su vida, inmediatamente antes de morir de forma exuberante.

 

Por último, también destacamos algunas especies pertenecientes a el alta montaña que constituyen uno de los tesoros más apreciados de la flora de La Caldera. De hecho, La Palma es, junto Tenerife, la única isla canaria en la que podemos observar este tipo de plantas. Un ejemplo extremo de su rareza es el Helianthemum cira, descubierta en 1992 y que tiene en La Caldera su única población del planeta. Bastante más común es el cedro, único árbol capaz de soportar la radiación y las temperaturas extremas, que sobrevive agarrado a los riscos. El codeso, una leguminosa tenaz y resistente, pone color amarillo a la zona y, de forma algo más tímida pero igualmente imponente encontramos algunos ejemplares de Viola palmensis, de intenso color añil, que los palmeros llaman "pensamiento de cumbre".

Revista Espores. La veu del Botànic

Redacción de Espores, la veu del Botànic

Revista de divulgación científica del Jardín Botánico de la Universidad de Valencia

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