SÍMBOLO Y FANTASÍA EN EL JARDÍN DE LAS DELÍCIAS

El Jardín de las Delicias de Bosco es un cuadro peculiar por sus características, una obra didáctica, recopilación de un mundo fantástico oculto en los textos de la época. Flores y frutas representando felicidad y placer, un desenfreno que desemboca en locura y, al final, en el infierno. Un Jardín con árboles de simbología oculta que junto a animales y seres humanos conforman un paisaje repleto de historias.

El tríptico se encuentra expuesto en el Museo del Prado de Madrid, datado aproximadamente en 1500, fue realizado por Hieronymus Bosch, más conocido como El Bosco. Sobre la biografía del pintor existen pocos datos, y lo que conocemos de su vida personal no parece acorde con lo misterioso de su pintura. Su verdadero nombre era Jeroen van Aken, nacido en Holanda, entonces Hertogenbosch, el 2 de octubre del 1453. Su familia procedía de Aquisgrán, su abuelo trabajó como pintor en la catedral holandesa. No existen datos de la formación artística de El Bosco, probablemente fue en el taller artesano familiar. La escala de sus figuras y la composición abigarrada recuerdan las ilustraciones de antiguos manuscritos.

 

El tríptico de la lujuria

El título que se generalizó fue El Jardín de las Delicias, pero no era el original. Enrique III de Nassau fue uno de los primeros propietarios, luego pasó a don Fernando, hijo ilegítimo del duque de Alba, en su testamento se cita como Una pintura de la Variedad del Mundo. La denominación que se impuso se basa en textos de la antigüedad, el Génesis cita el Paraíso como Jardín delicioso, y el pecado de Eva fue en las Delicias del Paraíso. 

 

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El cuadro se divide en tres escenas, las tablas laterales se convierten en dos puertas que cerradas muestran la creación del mundo, con el Creador en la parte superior y la cita bíblica: "Dijo y fue hecho, ordenó y fue creado". Siguiendo el relato bíblico, un globo transparente con agua del que emerge lo árido, la Tierra, la yerba y las plantas del Génesis.

 

El tríptico abierto muestra en tres actos a la Humanidad en lujuria. La fugaz belleza de las flores y las frutas representan la fragilidad de la vida, lo efímero de la felicidad y el placer. En la escena de la izquierda, Eva introduce la lascivia en el Paraíso, el inicio del mal. En la tabla central, se desata la locura, el frenético aparejamiento, los placeres de la vida. Un jardín dominado por el sexo, el desenfreno de los hombres que se dejan llevar por la lujuria. En la esquina, el Bautista señala al culpable de la locura, la mujer, inductora al pecado y origen de los males. En la tabla derecha, el tercer acto es el castigo a los lujuriosos, el Infierno, confusión y desorden.

 

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Detalles del tablero de la izquierda

 

Al interpretar la obra parece imposible dar un hilo narrativo completo a todas las figuras, existen numerosos símbolos, parece una suma de acciones fruto de la fantasía. Se inspiró principalmente en la Biblia, las figuras de su pintura son comunes a las esculturas y grabados de la época, que recopiló imprimiéndoles grandes dosis de imaginación. El Bosco fue miembro de la Cofradía de Nuestra Señora de 's-Hertogenbosch, origen de su religiosidad, en ella ingresó Erasmo en 1484. Luchaban contra la corrupción interna del clero. Su actitud reformista les situó fuera del ámbito de la iglesia oficial. Otros la han interpretado como una secta, cuya doctrina de libertad sexual sería la vía de salvación del alma.

 

Símbolos en el jardín

La esfera del tríptico cerrado, imagen de la Creación, hace alusión a textos alquímicos, a la solidez de los cielos y sus bóvedas cristalinas. Universo divino y cosmos humano de vicio y degradación, un mundo de vidrio que amenaza con quebrarse. Los globos de vidrio son comunes del arte flamenco, con figuras humanas o criaturas diabólicas. Sobre una planta similar a un aquenio de diente de león, tras las paredes de vidrio se agita una pareja, según el proverbio Felicidad y vidrio, ¡Qué rápidamente se quiebran!... Los vasos esféricos con personajes se relacionan con una fábula oriental del Infierno, Buda había encarcelado al hijo más joven de Kuei-tse-Mu, madre de dos mil demonios, en un vaso para limosnas, un globo de vidrio. En un globo aparece el demonio en la pintura tibetana y en la flamenca.

 

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Detalle de la imagen central del cuadro

 

Los elementos del paisaje, las montañas y rocas zoomorfas tienen fisonomía y vida propias. Recogen influencias del Egipto antiguo a través de Grecia, y también de origen extremo-oriental. Existen analogías entre el paisaje fantástico occidental y el chino, rocas escarpadas y géiseres de piedra. Con el Bosco vibran las formas animales del mundo, colinas con ojos y mandíbulas que amenazan. La tierra es un monstruo gigantesco, jorobas, hoyos, cicatrices, volcanes que escupen fuego y abren las fauces de Leviatán. Dos orejas humanas en el bosque ilustran un proverbio flamenco El bosque tiene orejas y el prado ojos.

 

La montaña abrupta con un mechón de cabellos y un sombrero de plumas, con su ojo indiferente contempla la escena. La presencia del agua alude a un texto en el que Adán y Eva son arrojados a un estanque lleno de males y adversidades, tras la expulsión del Paraíso. La fuente, como símbolo de la vida sexuada es presidida por la media luna. Sobre las ramas, un pavo real y un cuchillo significan la lujuria. Sus formas refieren el árbol del Sol y de la Luna descrito en el Libro de viajes de Mandeville. Los tres árboles de la escena izquierda se pusieron de moda por su exotismo, la palmera y el manzano se han relacionado con el árbol de la Ciencia del Bien y del Mal, el drago podría ser el árbol de la Sabiduría.

 

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Detalle de la imagen central del cuadro

 

En la Edad Media muchos motivos grotescos surgen de conchas. Afrodita nace de una, pero también producen diablos. En El Jardín de las Delicias, el nacimiento se produce en un mejillón, unas piernas se agitan en el interior de las valvas negras acarreadas por un hombre. El mito y las imágenes se trasponen, remite a la antigua doctrina cosmogónica grecorromana. Mientras de la concha nacen animales terrestres, el aire se puebla de seres marinos. Hombres y mujeres galopan sobre atunes y delfines que vuelan sin alas ni velas. Petirrojos y otras aves símbolo de la lascivia, una cabalgata libidinosa gira alrededor de la fuente de la juventud.

 

Una pareja dentro de una concha representa el adulterio, y el portador es el marido engañado. A su lado, un personaje se masturba alcanzando el clímax, como indica el fruto rojo. Fresas, uvas, cerezas y frambuesas son símbolo de la lujuria, significan la caducidad de los placeres carnales. El grupo de hombres dentro de un cardo, alude a la homosexualidad. Del trasero de uno de ellos sale una flor, y sobre el cardo, una mariposa la simboliza, también los hombres con el pez que salen de otro vegetal, y los de la tienda de coral. El gigantismo de pájaros, frutos y peces remite a la literatura del "mundo al revés".

 

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Detalles de la tabla derecha del cuadro, el castigo

 

En la tabla izquierda el castigo, el infierno es un caos de torres incendiadas, los diablos son seres híbridos, monstruosos, y los condenados desnudos representan los muertos. Emblemas de lujuria femeninos son el vaso y la linterna, los cuchillos y patines son símbolos masculinos. Subir la escalera remite al acto sexual, los instrumentos musicales sirven como tortura, inducen a la mujer al pecado carnal. Las enormes orejas, que atravesadas por la flecha sustentan un cuchillo, son la traslación sexual de los genitales masculinos y femeninos, o el castigo por no oír la palabra de Dios. El Bosco retoma el motivo de los demonios arborescentes, al centro un hombre construido con troncos nudosos. Estos árboles huecos son símbolos alquímicos, pero su transformación en humanos deriva de los demonios.

 

El enigmático rostro bajo la gaita se ha considerado un autorretrato. El tronco central, una especie de esqueleto de cisne, contiene en su interior una escena de taberna. Los comensales se sientan sobre sapos, y les sirve una vieja celestina. La cornamusa, los individuos que suben la escalera con la jarra, todo son símbolos sexuales. En el plato superior danzan hombres emparejados con aves y mujeres al son de la gaita. Como en el Libro de Job, los condenados patinan sobre aguas heladas hacia el infierno. La humanidad corrompida navega a la deriva.

 

La pintura es un testimonio crítico y moralizador de la lujuria. Al pintor se le ha relacionado con un club esotérico, probablemente su situación económica y la posición social elevada le permitieron libertad de ideas en su obra, poco ortodoxas y críticas con la Iglesia y la sociedad. Aunque al observar la obra, más bien parece un moralista obsesionado con lo que combate, fascinado con agrado por visiones de obscenidades, perversiones y torturas.

Mª Ángeles Pérez

Licenciada en Historia del Arte

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