A raíz desnuda

En estos últimos 12 meses en Espores os hemos ofrecido consejos para cuidar vuestro jardín en función de la época del año. A partir de ahora, os iremos contando otras actividades que harán aún más provechoso el tiempo que dediquéis a la jardinería.

Aunque las plantaciones de los árboles de hoja caduca o arbustos a raíz desnuda están recomendadas cuando se acerca el invierno, no queremos dejar de contaros algunos consejos para llevarlas a cabo lo mejor posible.

 

Llamamos plantación a la operación de emplazamiento definitivo de vegetales para su crecimiento. Para hacerla correctamente lo mejor es preparar un plan de plantación, en el que figure no sólo la relación de especies a plantar, sino también su emplazamiento. Será muy útil, ya que evitará futuros cambios y trasplantes con el consiguiente riesgo de deterioro de las plantas. Este plan de plantación consiste en una serie de operaciones que se realizarán antes, durante y después de ella.

 

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Lo primero es tener prevista la preparación del terreno. Se deben realizar las labores previas a toda plantación, que modifican bien la textura del suelo, bien su composición química, o ambas, con el fin de obtener las condiciones más ventajosas para el buen desarrollo de las plantas. Entre estas labores cabe citar desfonde, enmiendas en la estructura del suelo, laboreo del terreno, abonado de fondo, etc.

 

Después hay que preparar los árboles y realizar la plantación. El traslado de los árboles desde el vivero se debe realizar con el máximo cuidado y a su recepción debe inspeccionarse la calidad de los ejemplares. Las dimensiones aproximadas de los hoyos de plantación para un árbol son de 1x1x1 m.

 

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En cuanto a la plantación de árboles a raíz desnuda, no presenta especiales dificultades para su posterior enraizamiento, pero se aconseja utilizar plantas repicadas. El perímetro del tronco a un metro de altura no debe exceder los 16-18 cm. Por encima de este perímetro se aconseja usar árboles con cepellón o en contenedor. Por debajo de los 10-12 cm, el árbol arraiga bien, pero es demasiado vulnerable, aunque se utilicen tutores.

 

Las raíces deben tener una longitud mínima de 30 cm, y abundante cabellera, con cortes limpios y sin desgarros ni aplastamientos. Tampoco debe presentar síntomas de haber padecido desecación o heladas. Previamente a la plantación se eliminan las raíces dañadas durante el transporte, tratando de conservar el mayor número posible de raicillas. Se introduce la planta en el hoyo de modo que las raíces no sufran flexiones, especialmente la raíz principal en el caso de que esta exista.

 

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El riego posterior a la plantación debe ser abundante. Durante el primer año y dependiendo del régimen de lluvias, se efectuarán dos riegos semanales entre mayo y octubre, de unos 50 litros por árbol. Además, el abonado debe ser rico en fósforo, que ayudará a un buen enraizamiento. Si seguimos todos estos consejos es muy probable que en un tiempo podamos disfrutar de ejemplares sanos y completamente asentados en nuestro jardín.

Manuel Soler

Jardiner del Botànic de la Universitat de València

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