Horquillas en los árboles, ¿suponen siempre un riesgo de caída de ramas?

Aprovechando la poda invernal, la técnico arbolista Marta Muñoz nos ayudará a familiarizarnos con este tipo de bifurcaciones tan habituales que podemos encontrar en los árboles, y así poder evaluar a priori cúando pueden convertirse en un problema estructural que haya que corregir con la ayuda de un profesional.

Invierno es tiempo de poda por excelencia. Y es que las bajas temperaturas incitan a las plantas a realizar una parada vegetativa que las llevará a cerrar compartimentos intercelulares, para evitar así la pérdida de reservas que les serán tan útiles a la hora de pasar el frío de esta estación, y así nuestra intervención será menos dañina.

No es que no podamos practicar una poda el resto del año, podemos realizarla siempre que sea necesaria y respete la biología del árbol. Pero puesto que hoy vamos a hablar de los árboles y muchos de ellos están ahora mismo desprovistos de hojas, la poda supondrá un menor coste energético y podremos acceder y trabajar más fácilmente sobre las ramas desnudas. Así que os invito a mirar hacia arriba y poner atención en estos pequeños y gigantes monumentos de la naturaleza que inundan nuestros parques, calles y jardines.

En este contexto, una de las cuestiones más habituales que nos podemos encontrar es la de las horquillas de los árboles. Un tema controvertido que suele suscitar muchas dudas sobre la estabilidad o no de nuestros ejemplares arbóreos y que hoy analizaremos detenidamente.

 

¿Qué es una horquilla?

Una horquilla es la formación de una bifurcación en los troncos o ramas, de manera que nos encontramos con dos ejes equivalentes o no, brotando desde un mismo punto del árbol con diferentes tipos de ángulo. Generalmente, el tema de las bifurcaciones en los árboles siempre ha sido una materia delicada a tener en cuenta a la hora de hacer un diagnóstico de un árbol o una poda. 

 

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Corteza incluida

 

Desde los inicios de la arboricultura moderna, se ha enfatizado en la problemática de las horquillas o bifurcaciones como defectos estructurales capaces de llegar a desencadenar un riesgo en función del estado de sus uniones. Sobre todo, en aquellas en forma de “V” o con corteza incluida, es decir, cuando son tan cerradas que queda corteza comprimida entre las dos ramas o troncos y dan lugar una unión débil.

Este tipo de estructuras se pueden identificar fácilmente en ramas principales que presentan un ángulo muy agudo de inserción, cuyas fibras de la madera no están insertadas en la médula del árbol, sino que tienen otro tipo de crecimiento más inestable que las ramas propiamente dichas. Por ello, hasta hace bien poco, siempre se recomendaba podarlas en la edad más temprana del árbol con una poda de formación. 

Hoy en día, gracias a grandes profesionales e investigadores del mundo del árbol, sabemos que esto no es siempre la solución más acertada. Así, la especie de árbol, el hábitat donde se encuentre y su estado de desarrollo condicionarán el tipo de estructura de cada horquilla y nos orientarán en muchos aspectos a la hora de tomar una decisión correcta en la poda.

 

¿Cuándo debo preocuparme por estas bifurcaciones?

En primer lugar, se deberá leer la estructura del árbol, en la medida de lo posible, y aprender a identificar qué tipo de horquilla tenemos delante desarrollada. Christopher Drenou, hace una clasificación “sencilla” para poder identificarlas y ubicarlas en cuatro grupos: temporales, recurrentes, principales y accidentales.

 

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Horquilla temporal en el JBUV (Fagus sylvatica) / Marta Muñoz

 

Empezaremos por las horquillas temporales, son propias de plantas jóvenes condicionadas a un estrés como podría ser un déficit de luz y de espacio. Éstas horquillas surgen para fomentar una mayor garantía de supervivencia del árbol. Es decir, la rama principal se bifurca para tener unas condiciones óptimas para su crecimiento. Por ejemplo, en haya (Fagus sylvatica) cuando la luz escasea, en un bosque cerrado, tienden a formar su propia estructura provista de horquillas temporales, muy distinta a la estructura real que tendría si estuviera en un bosque abierto sin competencia alguna. Normalmente, estas horquillas son reabsorbidas o reconducidas por el árbol a medida que va alcanzando el estado adulto.

Por otra parte, tenemos las horquillas periódicas o recurrentes, éstas aparecen anualmente al final del tronco, y son propias de las familias de las Ulmáceas y Fagáceas, entre otras. Normalmente, no suelen ser horquillas con riesgo de caída, ya que su crecimiento es en forma de “U” no en forma de “V” y no presentan corteza incluída. No se deben quitar en un árbol ya que están marcadas en la estructura del mismo.

 

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Horquilla recurrente en el JBUV (Quercus virginiana) / Marta Muñoz


Y luego tenemos las horquillas principales que son características de árboles ya adultos y marcan el final de la edificación del tronco. Es el resultado final de una lenta y progresiva metamorfosis sistemática de ramas y se crean para poder llevar los cimales (ramas principales) y dar cabida a la formación de la copa definitiva del árbol. En principio, si la horquilla está establecida, no se debe realizar ningún tipo de intervención ya que es propia de una buena formación estructural. No obstante, se deberá revisar la inserción entre ambas ramas principales.

Por último, nos encontramos con las horquillas accidentales. Éste tipo de bifurcación surge normalmente tras un accidente traumático de la guía principal del árbol, por ejemplo, debido a la ingesta de algún roedor en edades tempranas o por alguna helada. Tras su pérdida, la yema apical dominante pierde su jerarquía y los brotes que le siguen intentan ocupar su puesto. Normalmente, suelen ser dos nuevos brotes (latentes o no) los que compiten por su dominancia, de ahí que surja una horquilla. Normalmente, éste tipo de horquillas son muy difíciles de eliminar si el árbol ha alcanzado su estado adulto. 

 

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Horquilla accidental en el JBUV (Celtis australis) / Marta Muñoz

 

¿Cómo puedo distinguir entre horquillas principales y horquillas accidentales si el árbol es adulto?

Como comentábamos anteriormente, la horquilla principal de un árbol aparece cuando ha alcanzado su estado de desarrollo adulto. Sin embargo, las horquillas accidentales, pueden aparecer en cualquier momento, son imprevisibles y continuarán creciendo con el árbol. Por lo tanto, cuando una horquilla se consolida en un árbol se pueden observar dos situaciones:

 

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1. Horquilla principal: el árbol da lugar a ramas mucho más cortas que el tronco y estas mismas horquillas dan lugar a ramas todavía más pequeñas, y así sucesivamente hasta componer el conjunto de la copa del árbol.
2. Horquilla accidental: desde la horquilla se muestran ramas verticales que son claramente más largas que el tronco.

 

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Horquilla accidental en el JBUV (Sapindus spicatus) / Marta Muñoz

 

En resumen, y tras una rápida lectura de las horquillas de un árbol, es importante decidir sobre qué tipo de bifurcación podemos aplicar una poda de formación o no. En horquillas temporales, horquillas recurrentes y horquillas principales, no es apropiado su eliminación con una poda de formación, ya que éstas presentas unas características intrínsecas que tras una poda de formación no supondría una mejora para el árbol, sino todo lo contrario.

Por otra parte, cuando nos encontramos con horquillas accidentales, siempre y cuando el estado del árbol lo permita, será recomendable realizar una poda de formación. No obstante, llegado a ese punto, es recomendable llamar a un profesional de la arboricultura para evitar una mala actuación y por consiguiente una mala gestión del árbol. 

Marta Muñoz

Ingeniero Técnico Agrícola. Técnico en Arboricultura.