Los paisajes valencianos de Esteve Adam

PASEO BOTÁNICO CON… ESTEVE ADAM
« el arte nos lleva a la ecología »

Las dos salas expositivas del Jardí Botànic se han llenado de paisajes valencianos gracias al pincel del pintor de Algemesí Josep Esteve Adam. En palabras del comisario de la muestra, Vicent J. Escartí, Terres i temps es un “un encuentro de pinturas que van desde el apunte casi fotográfico a la obra de gran formato, que evidencian la maestría del autor sobre un medio que domina perfectamente”. Con él recorremos tanto las tierras de marjal del Albufera, como las de interior, más duras pero igualmente bellas. La exposición estará en el Jardí Botànic hasta el 12 de septiembre.

Acogemos en el Jardí Botànic un pellizco de las tierras valencianas que has plasmado en tu obra. ¿Qué idea hay detrás de esta exposición?

Sobre todo, mi amor por la naturaleza junto con mi condición de vecino de Algemesí, pueblo eminentemente agrícola, así como la alegría inmensa de volver al Botànic, donde descubrí el paisaje como identidad en la etapa de estudiante de Bellas Artes. Paisaje era, justamente, la asignatura impartida por Josep Amérigo, y precisamente aquí obtuve la beca de paisaje de El Paular (Segovia).

Con Terres i Temps nos has traído al Jardín tu vertiente paisajística. ¿Qué te da la naturaleza cuando posa para ti? ¿Qué echas de menos cuando te enfrentas a una naturaleza muerta o un retrato?

Son tres disciplinas diferentes. Cuando pinto paisaje, estoy en un entorno muy extenso; en cambio, la naturaleza muerta la trabajo en el interior del estudio, así como el retrato. También con el paisaje el equipo de pintar es más rústico, y en el estudio tengo todas las comodidades, incluso la calefacción o el aire acondicionado.

Es cierto que el escenario de trabajo es muy diferente. De hecho, cuando paseo por el Botànic, veo artistas con su caballete recortando trozos de jardín para llevarlos al lienzo y siento que en ese momento el Jardín está más completo. Es como si cuando los artistas pintarais nuestra naturaleza fuerais como cronistas de toda la riqueza que poseemos. ¿Apreciaríamos más nuestro entorno si lo pintáramos más? ¿Si le dedicáramos más poema?

Evidentemente. Comienzo disfrutando del paisaje hasta que lo integro dentro de mí. Desde este momento, yo soy el paisaje. Si se tuviera en cuenta la belleza que posee el paisaje mediante su representación, tanto para el pintor como para el escritor, esta pasaría a ser parte de este paisaje a través de su mirada y crearía un sentimiento de protección. Sentimiento que evitaría el avance del deterioro. Podemos decir que el arte nos lleva a la ecología.

Vamos a esos paisajes en los que te conviertes. Los que tú creas parecen puros, como si los hubieras limpiado de detalles, pero en realidad están llenos. Los trazos definen construcciones, márgenes, rocas, matas, desniveles, acequias. Quienes no entramos somos las personas. ¿Nunca te has planteado que estemos? ¿O nos tenemos que adivinar?

Mi pintura siempre es de síntesis, por lo que veo el paisaje como una inmensidad donde hay una fusión total de cielo-tierra. A partir de este planteamiento, la figura humana quedaría minimizada y no puedo contar con ella.

Hablando contigo me voy fijando en lo que no rodea y veo tablillas con apuntes que son solo detalles, cuadros que llenan toda una pared… ¿Por qué ambos pueden seducir de igual manera siendo tan diferentes? A mí, seducida por partida doble, me parece todo un misterio.

Son dos maneras de sentir y realizar la obra. Pinto las tablillas disfrutando de la realidad y a veces tienen el encanto de la incomodidad; la obra de gran formato está hecha con toda la comodidad que da tener todo el tiempo y material necesario.

¡Nunca me había planteado que había encanto en la incomodidad! No quiero llamarlas manías, pero me gustaría que me listaras tus tics de artista. ¿Algún ritual inexcusable? ¿Elementos sin los que no puedes estar?

Más que manías son auténticos rituales, como dices. Primero tomo posesión del lugar, del tema. Paseo hasta sentirme parte del paisaje escogido, respiro profundamente, huelo la tierra, las flores, la humedad, la sequedad, y me dispongo a elegir una temática y lo que quiero expresar. Después, cojo mi equipo de pintar: pinceles, paleta, caballete, los colores y los trapos, y todo situado dentro de un orden absoluto.

Te imagino en ese ritual que describes y recuerdo cómo me sorprendió, cuando nos conocimos, la cantidad de horas que me contaste que habías dedicados, y dedicabas, a los apuntes al natural. Cómo ibas kilómetros a sentarte entre la naturaleza para captarla, exprimirla y, de alguna forma, retenerla. ¿Cuánta energía has dedicado a esta tarea?

Se podría decir que le dedico casi toda mi energía. Es el inicio de la obra, es el momento más emocionante, es pintar envuelto en naturaleza. La anotación por sí misma puede considerarse una obra definitiva. En el estudio de pintura, las mejores, previa selección, pasan al gran formato donde, al llegar a la finalización, se pueden convertir en otra obra completamente diferente de la anotación. Puedo decir que la anotación es el motor de arranque.

Explícame un poco más ese proceso que describes, que va desde la primera raya sobre un bloc de campo hasta los cuadros que encontrará la gente en la exposición.

Primero de todo, como te decía, tomar contacto con el tema, sin prisa. Respirar y disfrutar del paisaje, paseándome hasta que tengo claro lo que pintaré. Comienzo con el libro de acuarelas, para hacer pruebas de color (casi abstractas). Cuando ha pasado una hora, quizá estoy en condiciones de “atacar” ya la tablilla, de DM de 27 x 45 cm. Normalmente, pinto dos o tres apuntes, donde escribo la hora de ejecución de cada uno. Después, vuelvo al estudio, donde escojo cuál es la tablilla que más me motiva para pasarla a gran formato.

Las conversaciones contigo sobre el entorno saltan de pronto a una canción, de allí a un poema, y vuelven y se sientan en una montaña. ¿Puede alguien dedicarse a la pintura sin amar la música o la literatura?

No podría a dedicarme a este oficio si desestimara la música como la del pianista de Carlet, Perfecto García Chornet, o la literatura del gran escritor y amigo Daniel Arenas. He tenido la suerte de contar con grandes amigos en los dos terrenos, que me han acompañado y continúan acompañándome. De hecho, recuerdo grandes éxitos de cuadros pintados con la compañía de una buena música; tengo un buen equipo y una buena colección de CD en el estudio.

¿Con qué estación te quedas para pintar? ¿O es imposible escoger?

Todas las estaciones, como queda demostrado en los apuntes, son interesantes. Ahora bien, yo me quedo con el otoño, incluso en la marjal.

Martí Domínguez te ha definido como “el último paisajista”. Él mismo reconoce que era una exageración, pero no es fácil encontrarlos. ¿A quién podemos destacar actualmente por su tarea registrando artísticamente nuestro patrimonio natural?

Destacaría a Calo Carratalà, Marcelo Fuentes (enlazar a https://espores.org/es/es-jardines/diario-del-jardin-de-marcelo-fuentes/ ) y Salvador Montó, entre otros.

Dice Borges: “Ya somos el pasado que seremos”. Con toda esta locura del progreso mal entendido y el cambio climático llamando a la puerta, ¿cómo imaginas mañana los paisajes que pintas?

Espero que algunos no cambien, y que, si lo hacen, que sea para bien.

Extracto del diálogo publicado en el catálogo de la exposición:
Terres i temps. Terres de país i variacions de temps.

Más información http://jardibotanic.org/?apid=agenda-33&id=1857&idioma=_spa#.YP7VoEDtaUk

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Responsable de Cultura y Comunicación del Jardí Botànic UV.
Me gusta la música, los libros, viajar, escribir, la divulgación científica e ir al cine con todas las consecuencias; hacer cola, comer palomitas... Me divierte ordenar con mis hijos la colección de coches de Cars. Nunca he comprendido las reglas del tenis y me da dentera cortar la pizza con tenedor y cuchillo.
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