La meteorología en los grandes incendios valencianos II

Rebrot post-incendi Rebrot post-incendi J. Aparici

¿Por qué apenas existen análisis estadísticos en profundidad de las variables predictoras meteorológicas más representativas que favorecen la configuración de un gran incendio forestal (GIF) en la geografía valenciana? Tras el anterior artículo, en esta segunda entrega seguimos con los objetivos y principales líneas de investigación que han permitido llevar a cabo este proyecto de postgrado sobre incendios en el Dpto. de Ecología de la Universidad de Alicante.

 LOS GRANDES incendiOs Y un miTO que caE: la regla del 30, cUmplida en 1 de cada 3 casos

El GIF de Gátova (El Camp del Túria, Valencia) que calcinó 1.413 Ha en junio de 2017 (Figura 1) a las puertas del PN de la Sierra Calderona, se propagó en condiciones adversas que impidieron su control inmediato. En los días que transcurrió se cumplió lo que los expertos llaman regla del 30, una ecuación compuesta de temperaturas máximas superiores a 30ºC, humedades ambientales inferiores al 30% y vientos del orden de 30 km/h, que rige la probabilidad de que cualquier conato acabe conformándose en un gran fuego.

 

Figura 1

Casi el 60% de la superficie afectada en el GIF de Gátova posee pendientes mayores al 30% y presenta en gran parte daños con severidad alta, explicada por la gran disponibilidad de combustible forestal que unida a la inestabilidad atmosférica, desencadenó fases convectivas de un fuego muy agresivo. / Cadena Ser

 

Si se adhieren otros “30” como 30% de biomasa muerta en el combustible; 30 días consecutivos sin lluvias o que las laderas posean una pendiente de más del 30%, vamos hacia un aumento de la velocidad de los frentes, sumado a que a partir de dicho grado de inclinación el acceso de los medios terrestres de extinción se complica. Así pues, estos estudios evidencian la correlación positiva entre la duración y superficie calcinada tras la ignición y factores como la pendiente, exposición o insolación de las laderas. Además, hay que tener en cuenta que la propagación inicial de los GIF valencianos suele ocurrir en laderas de orientación sureste, siguiendo la línea de cresta y a favor de la máxima pendiente hacia la divisoria de aguas.

El ejemplo anterior del GIF de Gátova escenifica la multitud de ocasiones que la opinión pública recurre al argumento erróneo de que la “regla del 30” es el escenario meteorológico exclusivo detrás de la generación de grandes fuegos (Figura 2). Una investigación periodística a escala estatal relacionó los datos de las tres variables meteorológicas de dicha regla correspondientes a los GIF y sus más de 380.000 Ha calcinadas entre 2007 – 2016, y obtuvieron unos resultados que diferían de la creencia general. Solo en el 37% de los incendios, 72 del total de 196, la temperatura, la humedad y el viento se regían por la “regla del 30”.

Sí se vio que si se consideran al menos dos factores llegamos a más del 65% de los GIF en la anterior década, es decir, 131 de los 196 fuegos. Y continuando con el mismo decenio, la temperatura igual o superior a 30ºC solo ocurrió en 80 GIF, a pesar de que tres de cada cuatro transcurrieron en verano, según las estadísticas estatales de IIFF. Sin embargo, el comportamiento del viento con rachas que rebasaron los 30 km/h es incluido en 153 de los 196 GIF, ya que cuando se combate un fuego complejo es una variable crucial (la velocidad de avance con viento llega a ser 100 veces mayor que con la ausencia de este).

Al fin y al cabo, la “regla del 30” se consolidó tras la funesta década de los 90 con el fin de introducir nociones elementales de ecología del fuego, pero generaliza las condiciones meteorológicas implicadas en el desarrollo de los grandes incendios y no esclarece, por tanto, sus dinámicas de ocurrencia.

 

Figura 2 1

Figura 2 2

Si se cumple la ‘regla del 30’, estamos ante el peor escenario posible (arriba), pero si se dan dos variables (abajo), también resulta grave, aumentando así el número de provincias afectadas por GIF entre 2007 y 2016 (tonalidades azules). / El Confidencial, MAPA, 'España en Llamas', AEMET

 

Al cap i a la fi, la “regla del 30” es va consolidar després de la funesta dècada dels 90 amb la finalitat d'introduir nocions elementals d'ecologia del foc, però generalitza les condicions meteorològiques implicades en el desenvolupament dels grans incendis i no esclareix, per tant, les seues dinàmiques d'ocurrència.

La estructura y estado del combustible forestal ante la probabilidad de ignición

Mientras la meteorología denota un riesgo general y episódico o la topografía, un riesgo local y permanente; en el caso de los modelos de combustible, un riesgo regional y estacional presente en una matriz agroforestal que ha modificado la fisionomía del paisaje. Esto es fruto de la despoblación en el medio rural, del abandono de usos tradicionales del suelo, de la ausencia de gestión forestal, de la laxa política urbanística o de la arraigada cultura del fuego. Si nos fijamos en la influencia del clima sobre el combustible, mientras que la estructura y continuidad de este dependen de las condiciones climáticas previas al incendio, su estado es regulado más bien por las condiciones del instante de la ignición o inmediatamente anteriores, requiriendo un análisis de la ventana fenológica.

 

Figura 3

Desde el Dpto. de Ecología de la Universidad de Alicante, científicos de referencia en Ecología del Fuego evidencian la percepción extendida erróneamente en torno a “la adaptación de la vegetación al fuego”. Cabe hablar más bien, de resiliencia ecosistémica y de disponibilidad del combustible forestal ante la probabilidad de ignición según la combustibilidad del combustible vivo e inflamabilidad de la biomasa inerte como la acumulada por los aulagares.

 

Este concepto se define a rasgos generales, como la variación estacional del contenido en humedad de la vegetación presente en los estratos de un modelo de combustible (combustibilidad) que junto a la humedad de la biomasa muerta (inflamabilidad), determinan su disponibilidad ante la probabilidad de ocurrencia de una ignición, si se cumplen situaciones meteorológicas óptimas. Así pues, la fenología de las especies mediterráneas ligada al estrés hídrico del verano e invierno sumada una posible primavera cálida y seca, puede generar combustibles ligeros con baja humedad que facilitan el progreso del fuego. Otros estudios indican que, tras inviernos muy secos, la disponibilidad del combustible a principios de marzo seguía siendo elevada y así, lo mostraban grandes incendios de finales de invierno o comienzos de primavera, donde se combinaban déficits pluviométricos con vendavales.


Desde el norte de Alicante hasta Tarragona, se extienden miles de hectáreas que albergan una sobreabundancia de pinares coetáneos con una alta carga de combustible fino, marco resultado de los GIF de los años 90 y expuesto a una mayor recurrencia de fuegos. Esto desencadena el progresivo retroceso del pinar dada su condición de germinadora y sustituido por portes arbustivos xerófitos como aulagares (Figura 3). Sistema forestal que puede convertirse en un catalizador del fuego, retroalimentado esporádicamente por flujos convectivos hasta que la abundancia de biomasa, causante en parte de la velocidad e intensidad de la actividad del fuego, se equilibre. Ante la oleada de grandes incendios del 2012 que azotaron el interior valenciano con los máximos exponentes de Andilla (20.945 Ha) y Cortes de Pallás (29.750 Ha), la solución es compleja. Numerosos trabajos han puesto el foco en la planificación de tratamientos selectivos del combustible, en nodos críticos donde las frentes pueden acrecentar su virulencia.

Las redes meteorológicas, testimonio del transcurso de los grandes incendios

La bibliografía acaparada por tendencias históricas o modelizaciones sinópticas está centrada en predecir la posible influencia del cambio climático en los regímenes de incendios, o en ampliar el conocimiento de la capacidad de respuesta postincendio de las formaciones vegetales, de las propiedades edáficas o del ecosistema a regenerarse. En cambio, se dispone de escasas publicaciones que exploren el peso individualizado o combinado de variables predictoras meteorológicas en patrones de GIF, particularmente a escala valenciana.

 

Figura 4

La red meteorológica, testimonio del transcurso de incendios forestales. La cercanía de las estaciones al perímetro del GIF no se traduce en una mayor calidad de los datos recogidos ya que, si estas se construyen en fondos de valle o en barrancos adyacentes pueden cuantificar una actividad del viento o fluctuaciones de la humedad ambiental que no se corresponde con lo ocurrido durante la ignición y desarrollo del incendio. / AVAMET

 

Hablamos de la valoración de parámetros derivados del rango térmico, de la humedad ambiental, de la precipitación y, con especial atención, de la actividad del viento, a pesar de su indiscutible incidencia en el comportamiento del fuego, donde la obtención de estos puede ser de gran utilidad en tiempo real cuando se disponen de datos in situ. Igualmente, más allá de los partes de incendios y de los informes postincendio de carácter meramente descriptivo de las condiciones meteorológicas, tipos de vegetación o causas durante el desarrollo de un GIF; no se han abordado enfoques analíticos estadísticamente que traten la variabilidad de dichas condiciones, asociadas a rasgos del fuego elementales como la duración y dimensión de este. Esta nueva cuestión se debe a la dificultad de localizar bases climáticas construidas a raíz de muestras significativas de GIF, cartografiados desde al menos los años 70, así como a raíz de estaciones automatizadas y próximas, las cuales contengan registros históricos de datos horarios, diarios y mensuales; siendo ambos últimos insuficientes, en muchas ocasiones, en el seguimiento de la incidencia de grandes incendios.

Tras la modernización de los medios de predicción atmosférica debido al catastrófico otoño de 1982, la segunda revolución tecnológica en 25 años fue marcada desde inicios del actual siglo por la multitud de estaciones privadas no profesionales, en su mayoría automatizadas. Estas estaciones aportan en tiempo real datos digitalizados de calidad a organismos públicos, con el fin de enriquecer series climatológicas incompletas y registradas por las redes que ostentan las competencias oficiales, como en nuestro caso la Delegación de la AEMET en la Comunidad Valenciana. Dicha revolución ha derivado en la mejora de resúmenes meteorológicos estacionales y anuales, esenciales en el entendimiento del desarrollo de los GIF; en la puesta en marcha de bases de datos climatológicas; y en la última ampliación de la red automatizada de la AEMET, acometida a partir del 2008. Con anterioridad a este año, tan solo se contaba con 13 estaciones automatizadas localizadas en su mayoría en la provincia de Valencia.

El ecosistema meteorológico valenciano es referente a nivel estatal por su dinamización y pluralidad de documentación climatológica. Más allá de la AEMET, el Instituto Valenciano de Investigaciones Agrarias, el Centro de Estudios Ambientales del Mediterráneo junto a las Cuencas Hidrográficas, la Asociación Valenciana de Meteorología (AVAMET) y el séquito de colectivos de ámbito comarcal y local, presentan también capas cartográficas propias de estaciones automatizadas. Aunque es cierto que la implantación de una red meteorológica no solo implica la adecuada instalación de la instrumentalización, sino también su conservación y verificación con el objetivo de garantizar, en nuestro caso, tanto el seguimiento en tiempo real de grandes fuegos como el registro de situaciones meteorológicas antecedentes, relacionadas indirectamente con estos.

Por otra parte, para conseguir una representación lo más fidedigna posible de la evolución de un GIF no basta con poseer estaciones operativas y fiables, sino que debe existir una densidad y distribución estratégica de las mismas (Figura 4), prestando atención a las comarcas de interior.

La política preventiva en materia de gestión de incendios, a escala valenciana

Las variables medidas por la red de AEMET dispersada a lo largo del territorio valenciano, junto a las previsiones, es la base para la elaboración de índices meteorológicos en tiempo real. En nuestro caso, aludimos el Índice de Peligrosidad de Incendios Forestales (PIF), estimado por la Delegación Territorial de AEMET, con la finalidad de emitir diariamente los umbrales de riesgo para las 7 demarcaciones según la zonificación establecida (Figura 5) por el protocolo PREVIFOC.

 

Figura 5

El uso de predictoras para el cálculo diario de índices meteorológicos en tiempo real es la base de servicios como el PREVIFOC, el cual publica tres niveles de prealerta por probabilidad de ignición que, de cumplirse, podría suponer superficies calcinadas de 10, 80 y 8.000 Ha/día a mayor nivel de riesgo, respectivamente. / 112 CV, Generalitat Valenciana

 

En función de los valores del PIF y otros factores medioambientales llegamos a 3 niveles oficiales de premergencia: Alerta 1 (Peligro Medio – Bajo), Alerta 2 (Peligro Alto) y Alerta 3 (Peligro Extremo). Estos niveles los establece el Centro de Coordinación de Emergencias (CCE) de la Agencia Valenciana de Seguridad y Respuesta a las Emergencias, que supervisa el Sistema de Planificación y Gestión de Emergencias 112CV. En caso de peligrosidad extrema es cuando entran en vigor actuaciones preventivas de cumplimiento obligatorio, contempladas en el Plan Especial frente al Riesgo de Incendios Forestales (PEIF) de la Comunidad Valenciana.

Paralelamente, el Departamento de Prevención de Incendios Forestales y Sensibilización de la Conselleria para la Transición Ecológica aglutina, desde inicios de este siglo, repositorios virtuales sobre información actual y pasada de incendios como el Sistema Integrado de Gestión de Incendios Forestales (SIGIF), que junto a la Unidad Técnica (UT – 902), se integran en el PEIF encargados de diversas funciones. Hablamos de estadísticas periódicas recogidas en boletines informativos, cartografías e investigación especializada de incendios, red de infraestructuras preventivas, seguimiento de la humedad de la cobertura vegetal y, entre otras, las actuaciones post – incendio. Entre estas últimas cabe señalar los informes de la UT – 902 que reconstruyen el comportamiento del fuego en función de la meteorología tanto previa como durante el incendio, relieve o vegetación de aquellos GIF ocurridos desde el año 2012.

La respuesta por inercia de la administración pública ante la problemática de los IIFF ha consistido en reforzar eficazmente la política de extinción, centrada en la filosofía del ataque rápido y directo de conatos de baja y media envergadura. Pero la ocurrencia de grandes fuegos pone en cuestión la capacidad de control de las tasas de propagación, inducidas por la combinación de meteorología y carga de combustible. Es la paradoja de la extinción.

En cualquier caso, más allá de la habitual visión socioeconómica en torno a un incendio, la comunidad científica manifiesta la actual obligación de abordar, desde la multidisciplinariedad, la siempre conflictiva presencia del fuego en los ambientes mediterráneos; entendiendo que la investigación aplicada a la gestión forestal, la legislación ambiental o las campañas de sensibilización ciudadana giran alrededor de un núcleo central. Este es las predicciones climáticas y, en nuestro caso, los marcos meteorológicos locales que esclarezcan exhaustivamente y sin generalizaciones vagas, su vínculo con la configuración de los GIF en una orografía y matriz forestal compleja, en una Cuenca Mediterránea cada vez más frágil frente al calentamiento global. En síntesis, caracterizar estas perturbaciones es el objetivo primordial del presente proyecto de postgrado, con el acento puesto en los protocolos preventivos vigentes y de la mano del equipo de investigación en Perturbaciones Climáticas, Dinámica Vegetal y Ecología del Fuego, integrado en el Departamento de Ecología de la Universidad de Alicante.

¿cuáles son los objetivos que planteamos?

Como objetivo principal está el definir los escenarios meteorológicos críticos que han regido los patrones de ocurrencia de grandes incendios forestales (GIF) en la geografía valenciana durante el período 2000 – 2018. Pero este gran objetivo podría dividirse en otros más específicos, como la construcción de una base cartográfica y climatológica mensual, diaria y horaria sobre el desarrollo específico de cada GIF de estudio; con documentación procedente de estadísticas históricas, de partes y de redes meteorológicas oficiales, a estudiar sus potencialidades y/o deficiencias en relación con su representatividad. Y también la modelización estadística, tanto de aquellas variables predictoras meteorológicas pertenecientes a las condiciones climáticas previas al instante de la ignición y a los días durante el desarrollo del GIF, como de estos bloques temporales con mayor capacidad explicativa y/o predictiva de la dinámica del fuego, representada en la duración y superficie calcinada.

Además, se deberían identificar las tendencias de los GIF considerados anómalos dada su extensión u incidencia estacional respecto a la muestra restante de incendios. Tendencias derivadas de los patrones de distribución a obtener para una serie de variables predictoras meteorológicas de interés. Por último, los avances del presente estudio buscan complementar cartografías sinópticas a escala valenciana; fortalecer el entendimiento de la causalidad de los GIF, especialmente la influencia de la actividad del viento tras la ignición, y también impulsar una reflexión abierta sobre la precisión de los sistemas vigentes de prealertas por preemergencias meteorológicas y por riesgo de IIFF en ecosistemas mediterráneos.

En cuanto a las principales preguntas que se plantea la investigación están: ¿Qué bloque temporal meteorológico, sean las condiciones climáticas previas, el instante de la ignición o los días durante el desarrollo del incendio es más determinante en la configuración de un GIF? Y en cada bloque, de forma individual, ¿cuáles son las variables predictoras meteorológicas más significativas a escala valenciana ante la probabilidad de ocurrencia y propagación del fuego? Y ¿cuáles son las situaciones ambientales más representativas en los GIF anómalos de la muestra de estudio, tanto los transcurridos en invierno como aquellos megaincendios de verano con dimensiones excepcionales, fuera de capacidad de extinción?

José Aparici

Graduat en Biologia per la Universitat de València i postgrau d’Ecologia Avançada i Gestió del Medi Natural per la Universitat d’Alacant
He treballat al Servei Tècnic d’Espais Naturals Protegits de la D.G. de Medi Natural (GV), al Museu de Ciències Naturals de València i al Parc Científic-UV. També he realitzat col·laboracions formatives al Jardí Botànic UV, assistències tècniques en AE-Agró i com a Especialista Municipal Voluntari del Fons Valencià per la Solidaritat a Bolívia.