Botánica del mes: María José Sanz

Maria José Sanz tiene una enorme curiosidad por el descubrimiento de la naturaleza y la biodiversidad para avanzar en el conocimiento científico. Pero la suya es, a la vez, una carrera investigadora con compromiso para transferir conocimientos a la sociedad, con vocación por participar en los organismos internacionales dedicados a ámbitos como, por ejemplo, el cambio climático, el desarrollo o la alimentación sostenible. Es la directora del Basque Centre for Climate Change (BC3) después de una intensa trayectoria en instituciones como la Secretaría de la Convención Marco de Cambio Climático de las Naciones Unidas o la FAO, con implicación en todo tipo de cumbres globales. Sus raíces se encuentran en la Facultad de Ciencias Biológicas de la Universitat de València. Hizo la tesis doctoral en ecofisiología de líquenes como bioindicadores de calidad del aire. Ha tenido grandes maestros, pero siempre destaca el talento e intuición científica de Millán Millán, quien fue promotor y director de la Fundació CEAM,  el centro donde María José Sanz se especializó en dinámica de la contaminación atmosférica y creó su primer grupo de investigación.

¿Qué te atrajo de la botánica?

Mi infancia transcurrió en la huerta de València y, desde que recuerdo, me atraían mucho las plantas y los animales, además de estar todo el rato al aire libre. Ya estando en la educación primaria discutía con mi abuela y le intentaba explicar los ciclos de las plantas que había aprendido en el colegio. Ella me respondía que eso no era verdad, ¿cómo era posible que un helecho tuviese dos fases? Un helecho es un helecho, decía. En la secundaria, la biología era mi asignatura favorita y, en particular, los ciclos de las plantas, sobre todo, las plantas inferiores. Ello me llevó a estudiar ciencias biológicas en la Universitat de València. Aunque también pensé en agronomía.

Con compañeros de las Naciones Unidas en 2007 en Saint Kitts (Caribe).

¿Cómo resumirías tu trayectoria profesional?

Siempre digo que mi carrera profesional ha seguido la evolución de los seres vivos. Una vez, para explicar a alumnos de secundaria -a los que investigadores del BC3 contamos por qué nos hicimos científicos y en qué consiste-, les puse la imagen siguiente. Un poco para comparar con la evolución de las plantas y, al final, acabar abordando la complejidad de la interacción de nuestra especie con la naturaleza.

Yo comienzo interesándome por el medio marino y durante el último año de carrera -ya en la especialidad de botánica- a trabajar sobre taxonomía de comunidades bentónicas mediterráneas, pero mis problemas con una sinusitis crónica me dificultaban la inmersión con botellas. Pronto me pasé al estudio de comunidades de fitoplancton, sobre las que hice mi tesis de licenciatura. Y después me surgió la posibilidad de pedir una Beca de Formación de Personal Investigador con la recién llegada catedrática de botánica Eva Barreno, con la que hice mi tesis doctoral en ecofisiología de líquenes y su capacidad como bioindicadores de la calidad del aire (con el inestimable apoyo del Dr. Secundino del Valle, el Dr. Thomas Nash y la Dr. Corina Gries).

La parte más experimental de laboratorio la realicé en la Universidad Estatal de Arizona, donde construí un sistema de fumigación controlada para líquenes e hice una estancia postdoctoral. En Arizona continué los experimentos de mi tesis exponiendo líquenes a diferentes concentraciones de contaminantes y colaboré en las recolecciones de la Flora de Líquenes del desierto de Sonora, lo que me llevó conocer su flora y las fascinantes adaptaciones de sus especies vegetales.

¿Cómo fue el regreso?

De vuelta a España, comencé a trabajar en la Fundació CEAM, de la mano del Dr. Millán Millán, con el que aprendí mucho sobre la dinámica de la contaminación atmosférica. De este modo, pude crear un Departamento de Efectos de la Contaminación Atmosférica que después ampliamos a la observación sistemática del ciclo del carbono. En el CEAM desarrollé toda mi etapa postdoctoral y como investigadora senior. Hasta que en el año 2007, se incorporé a la Secretaría de la Convención Marco de Cambio Climático con el objetivo de entender mejor las claves que conectan la ciencia y el desarrollo de políticas ambientales, en este caso a escala multilateral. Fue una gran experiencia que me llevó a volver para contribuir al lanzamiento del Instituto de Investigación sobre el Cambio Climatico de Zaragoza. Además, a los pocos meses me incorporé a la FAO como coordinadora del Programa UNREDD (un programa conjunto del PNUMA, PNUD y FAO) cuyo objetivo es reducir la deforestación y degradación forestal en los países en vías de desarrollo. Y, finalmente, en 2016 me incorporé como directora científica del Basque Centre for Climate Change (BC3), un centro internacional multidisciplinar que aborda diferentes aspectos relacionados con el cambio climático, desde la glaciología hasta la economía.

¿Alguna lección fundamental?

Mi trayectoria me ha demostrado que los problemas a los que nos enfrentamos hoy son complejos y requieren de una gran integración de disciplinas que abarcan las ciencias naturales y sociales. La botánica me ha permitido dos cosas: valorar la diversidad vegetal y entender que la observación es tan critica como la predicción. Y, sobre todo, que la capacidad de observación, reflexionar y ser paciente son cualidades fundamentales para un científico.

¿En qué consiste tu trabajo?

Coordino un equipo de investigación multidisciplinar internacional que aborda problemas complejos relacionados con la adaptación y mitigación del cambio climático en un contexto más amplio de promoción de la sostenibilidad. Trabajamos a diferentes escalas desde la local a la global, con diversas herramientas que incluyen la modelización y la inteligencia artificial, metodologías participativas y de cocreación con los actores sociales.

Sanz dirige el centro de excelencia en investigación en cambio climático BC3 en el País Vasco.

¿Estás orgullosa de haber participado en algún proyecto especialmente?

Sí, en proyectos de observación sistemática del ciclo de carbono que han constituido los fundamentos del actual EU ICOS (International Carbon Observation System) y en la facilitación de las negociaciones multilaterales en el seno de la Convención de Cambio Climático en torno a cómo los ecosistemas terrestres pueden contribuir a mitigar el cambio climático, en particular, a través de la reducción de la deforestación y la protección de los ecosistemas forestales tropicales. Y más recientemente, de mi colaboración con el equipo de ARIES (ARtificial Intelligence for Environment and Sustainability) basado en BC3.

Tu grupo de investigación se denomina Terrestrial Ecosystems. ¿Cuáles son vuestras líneas de trabajo?

Mi grupo trabaja en diversos aspectos relacionados con la capacidad de mitigación y adaptación de los ecosistemas terrestres, incluidas los sistemas agrícolas y ganaderos. Además, de en cómo estos interaccionan con la sociedad. Por ejemplo, valores relacionales y servicios ecosistémicos. Trabajamos con herramientas de modelización, recolección de datos, observación y análisis de los mismos, experimentos de manipulación y modelización. Además de utilizar este conocimiento en la mejora de políticas ambientales y procesos de participación con actores sociales.

Midiendo flujos de gases en campos de Segovia en 2003.

¿Qué impacto pueden tener vuestros resultados para la ciudadanía?

Confío en que mi trabajo sirva para que se tomen decisiones mejor informadas y el conocimiento pueda ser compartido con la sociedad y, a la vez, beneficiarse del conocimiento colectivo.

¿En qué proyectos trabajas ahora mismo?

Estoy colaborando con el equipo de ARIES (ARtificial Intelligence for Environment and Sustainability) basado en BC3, con el que pretendemos abordar de forma sistémica la restauración de los sistemas socioecológicos.

¿Cuál es la parte más desagradable y la más gratificante de tu trabajo?

La burocracia es la más desagradable, así como la constante necesidad estandarizar como la ciencia se mide y comunica. La más gratificante, el constante aprendizaje que me permite.

¿Crees que tu trabajo te permite aprender sobre temas no relacionados con la botánica?

Si, y pienso que es fundamental estar abierto a cualquier tipo de aprendizaje.

¿Has conocido personas interesantes gracias a tu investigación?

Sí, y con una genialidad muy especial, desde aquellas con un conocimiento profundo de los fundamentos de su disciplina combinados con una intuición extraordinaria (Millán Millán); una visión del futuro de la ciencia de la sostenibilidad y del uso de la ciencia para la integración y democratización del conocimiento sin precedentes (Ferdinando Villa, un ecólogo que se encuentra en la frontera de la integración de la inteligencia artificial y la sostenibilidad); o una capacidad de traspasar las fronteras de la ciencia e influir en como esta informa a las decisiones políticas (Jim Penman, un gran amigo astrofísico de formación que dedicó su carrera a las negociaciones sobre cambio climático). La verdad es que es difícil seleccionar algunos, porque hay muchos y muy interesantes en estos últimos 30 años.

Con un grupo de negociación con delegados de los EEUU y Paraguay en una reunión de la UNFCCC a Ghana el 2009.

También he conocido otras personas que me han hecho adquirir otras habilidades que me sirven hoy en cómo me enfrento a la ciencia: Yvo de Boer (ex secretario ejecutivo de la Convención de Cambio Climático, un hombre comprometido que llevó el cambio climático a las agendas políticas); Teresa Ribera (ex directora de IDDRI y ministra de Transición Ecológica, comprometida con la trasformación en nuestro país y gran conocedora de los aspectos políticos del cambio climático); Kofi Annan (ex secretario general de Naciones Unidas), entre otros muchos.

Pero, ante todo, siempre he tenido y tengo el placer de colaborar con personas de gran calidad humana y muy comprometidas con su trabajo.

¿Qué papel tiene la divulgación para ti?

Es clave para poder trasmitir a la sociedad el conocimiento científico llegando a todos los colectivos sociales, sin límites de edad, formación o contexto sociocultural. Ello permite que se valore su contribución a la sociedad en su justa medida y puede también ser un canal para hacer comprender a los científicos que tienen el deber de llegar a la sociedad y no quedarse confinados en el mundo académico.

En todos estos años, ¿cuál es la situación más curiosa o divertida en la que te has encontrado?

Cuando estaba en mi postdoc, en las salidas para recolectar material en Baja California, solíamos acampar. Pero cada cierto tiempo parábamos en un hotel, así que en una ocasión en Loreto, entramos para ver la habitación. A los cinco minutos de entrar, un collie que llevábamos empezó a ladrar y rascarse sin parar….. y nosotros también (a rascarnos … no a ladrar). ¡Encendimos las linternas y levantamos el colchón y creo que nunca en mi vida he visto tantas pulgas! Salimos corriendo los tres (el perro incluido) y nos metimos en el Mar de Cortes con ropa y todo… y salimos fluorescentes impregnados de Noctiluca, una de las mayores floraciones que he visto. No se si mató las pulgas, pero paramos de rascarnos y nos quedamos boquiabiertos. Sin pulgas igual no la hubiésemos contemplado.

¿Una habilidad imprescindible para tu trabajo?

La capacidad de observación, la tolerancia y la apertura de mente.

¿Qué es lo primero que haces al entrar en tu despacho?

Regar las plantas y hacerme una infusión.

¿Qué salvarías de tu oficina en caso de incendio?

Mis libros de notas y mis guías de campo.

¿Eres alérgica a alguna planta?

Tengo alergia a las especies del género Clematis, que me provocan ampollas especialmente si me expongo al sol.

Encinar en Els Ports donde M.J.Sanz hizo trebajos de campo para su tesis doctoral.

Imagina que tienes tanto presupuesto como quieres. ¿Qué cosas mejorarías?

Yo creo que les daría a los miembros de mi equipo tiempo para la reflexión y poder dirigir sus esfuerzos a resolver los problemas que tenemos identificados para los que es muy difícil encajar las en la financiación actual. De esa forma, en lugar de invertir la mayor parte de nuestro tiempo en construir propuestas que deben encajarse en temas preconcebidos por otros, competir en peticiones de proyectos para no conseguir los escasos fondos disponibles, podríamos producir nuevo conocimiento e integrar mejor nuestros respectivos conocimientos y disciplinas.

La ciencia siempre ha sido una aventura y un reto, para el descubrimiento y la creatividad, que no se puede meter en jaulas de I+D+i preconcebidas, o que responden a intereses particulares.

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Revista de divulgación científica del Jardí Botànic de la Universitat de València.
Revista de divulgación científica del Jardín Botánico de la Universidad de Valencia

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