Vernon Heywood: «Si llegamos a 2050 igual que hasta ahora, la destrucción será demasiado grande para poder recuperarla»

El professor Vernon Heywood atén les preguntes del públic en un acte commemoratiu sobre microreserves al Jardí Botànic de la Universitat de València. El professor Vernon Heywood atén les preguntes del públic en un acte commemoratiu sobre microreserves al Jardí Botànic de la Universitat de València. Tato Baeza

La vitalidad del profesor Vernon H. Heywood, botánico y profesor emérito de la Universidad de Reading (Reino Unido), impresiona. La entrevista se realiza un viernes por la tarde, después de que haya pasado el día visitando los espacios protegidos de la Marjal dels Moros i el Racó de l’Olla. Tras una excursión así y con las elevadas temperaturas de este otoño, cualquiera estaría agotado. Él, sin embargo, a sus 91 años, sonríe, bebe un poco de agua y se muestra dispuesto a continuar con la jornada. Está en Valencia con motivo del acto de celebración de los 25 años de la creación de las microrreservas de flora, conmemoración organizada por la Conselleria de Agricultura, Desarrollo Rural, Emergencia Climática y Transición Ecológica y el Jardí Botànic de la Universitat de València.


Vernon H. Heywood es una autoridad en botánica, disciplina que ha impartido a lo largo de toda su carrera, primero en la Universidad de Liverpool y después en la Universidad de Reading. Es un experto en conservación y biodiversidad, especialmente en el área mediterránea. Dirigió la Secretaría para la Conservación en Jardines Botánicos, que se convirtió en el Botanic Gardens Conservation International (BFCI), entidad que representa a los jardínes botánicos de más de cien países de todo el mundo. Ha recibido numerosos premios como la medalla Linneana y publicado numerosos artículos y libros, entre los que se encuentra Las plantas con flores (Reverté, 1983). Heywood contesta a la entrevista en español, idioma que habla con fluidez y en el que se siente cómodo.

Usted ha coordinado gran parte de la literatura que existe sobre conservación de flora, especialmente en el ámbito mediterráneo. Ahora se celebran los veinticinco años de la creación de las microrreservas. ¿Cómo ha contribuido esta figura a la conservación de la biodiversidad?

El concepto de microrreservas es muy especial porque raras veces en la conservación, tanto general como de plantas en particular, se produce algo que sea una novedad y las microrreservas lo son. Debo explicar que las microrreservas son parcelas pequeñas de tierra que abarcan plantas endémicas, raras, de interés económico, social, o todos combinados. Y en este caso, tienen el mérito de contar con una legislación formal aprobada por la Generalitat Valenciana. La mayoría de microrreservas, mini reservas o pequeñas parcelas que hay por el mundo no tienen ese tipo de protección. Muchas veces, la protección es informal y en muy pocas tiene fuerza legal. Pero no solo eso, sino que hay una gran cantidad de estudios que se han hecho sobre las microrreservas, sin precedentes en el mundo de la conservación de áreas. Existe una literatura muy extensa, casi toda generada por el grupo de Valencia o por otros centros en España donde han adoptado el mismo concepto. Fuera de eso, casi nadie ha escrito sobre microrreservas, aparte de dos o tres personas, yo por ejemplo (rie) y un compañero israelí que estaba trabajando conmigo en China. De modo que es un proyecto que realmente no tiene precedentes en este campo, no solo por la consolidación legal sino porque, tras veinticinco años, hay una base enorme de investigación y de experiencia.

 

Por tanto, es un proyecto que no parece agotado.

¿Agotado? No, al contrario. Surgen una serie de problemas que hay que afrontar ahora.

 

¿Cuál cree que es el principal reto al que se enfrentan estos microespacios?

El mismo hecho de ser tan pequeño tiene sus límites. Un espacio pequeño está sujeto a más riesgos en cuanto a su permanencia comparado con un área más grande porque es muy difícil perder o destrozar un área protegida grande, mientras que es relativamente fácil eliminar un área pequeña. Así que esa es una de las desventajas que tiene el sistema. Las ventajas es que son más manejables, pueden permitir la contribución del público en las tareas de monitoreo y vigilancia del área y las especies que contiene, etc. porque la idea es conservar no solo el área sino la biodiversidad de plantas o también de animales o microorganismos. En este caso, el foco siempre ha estado en las plantas pero las microrreservas, lógicamente, contienen otros grupos de organismos que también reciben cierta protección por el mero hecho de estar dentro de esa área protegida. Es una ventaja también para ellos.

 

Haciendo un paralelismo con la idea de corredores ecológicos que permiten el flujo y la transición de especies entre grandes espacios ¿se puede y se debe evitar el aislamiento en estas microrreservas de flora o es más difícil?

Está muy de moda hoy en día hablar de conectividad, corredores, etc. Sirven bastante bien para algunos grupos de animales, para invertebrados no sirven realmente pero para mamíferos sirven bastante porque pueden correr por los pasillos, dentro de esa red de conectividad. Las plantas, sin embargo, no tienen la posibilidad de moverse directamente, solo se pueden mover por su polen o por sus semillas. Las plantas son fijas, estáticas, como las reservas. Las reservas tampoco pueden moverse. A lo largo del tiempo sí que se mueven las fronteras, los límites pueden avanzar un poco o retroceder, pero normalmente se suele decir que las reservas, grandes o pequeñas, son fijas. Y ese realmente es el problema de estas áreas frente a lo que nos preocupa hoy en día, el cambio global, sobre todo, el cambio climático porque, aunque las especies o poblaciones de especies pueden moverse, la reserva no. Es más, no todas las especies que son capaces de moverse lo hacen al mismo tiempo o a la misma velocidad porque su capacidad de seguir la frontera climática, que se está desplazando, es diferente de una a otra. Algunas pueden adaptarse y seguir ahí bastante bien, otras pueden intentar migrar con cierto éxito o no –depende de las circunstancias porque hay que moverse a hábitats adecuados para sus necesidades—, otras no pueden hacer nada y entonces se mueren mayormente. Adaptarse, migrar o morir, esas son las posibilidades.

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Vernon Heywood ofreció una conferencia con motivo del acto de conmemoración del veinticinco aniversario de las microreservas, que se celebró el 17 d'octubre en el Jardí Botànic de la Universitat de València. / Tato Baeza

 

¿Cómo afecta el cambio climático a la conservación de la biodiversidad vegetal de pequeñas áreas como las de las microrreservas?

No se sabe, no sabemos todavía realmente ni cómo van a reaccionar las reservas grandes. Sabemos, claro, que, como consecuencia del cambio climático, como he dicho, algunas especies van a poder migrar, pero el resto no lo sabemos porque hay que tener en cuenta que una reserva puede contener 200.000 o 300.000 especies, cada una con su capacidad de migrar. Y después, vamos a imaginar que pasan diez años. ¿Cuál es el resultado? Algunas especies habrán podido llegar, otras no, así que la mezcla de especies que habrá en la reserva en su nuevo sitio será muy diferente de la que había antes, con las especies que han podido migrar, más las que estaban ahí en el nuevo hábitat ya, más las invasoras que entran... Serán nuevos ecosistemas y no sabemos si van a funcionar porque un ecosistema no es solo una colección de especies en un hábitat, es un dinamismo de reacciones entre ellas, entre ellas y el suelo, entre ellas y el clima, etc. No sabemos si esa dinámica va a funcionar porque no en todas las reservas los ecosistemas gozan de buena salud. El énfasis en la conservación hoy día no es solo en cantidad sino en la salud del ecosistema. Eso significa que funcionen las especies, que puedan convivir y ofrecernos lo que se llaman servicios de ecosistema [ecosystem services, apunta también en inglés], es decir, la contribución de la naturaleza a la humanidad.

 

Usted ha nombrado las especies invasoras ¿Cómo afectan a la conservación de los endemismos vegetales y especies raras?

Depende. Cada caso es diferente.

 

¿Las microrreservas están más protegidas de especies invasoras?

En las microrreservas bien vigiladas, si entra una especie invasora es relativamente fácil eliminarla, controlarla. En áreas grandes es mucho más difícil. Hay espacios protegidos que están casi destrozados por especies invasoras y gran parte del presupuesto del área se utiliza en eliminarlas y controlarlas. Depende del sitio. Cada reserva es diferente.

 

Entre los proyectos figura también el de microrreservas de flora submarina. En el ámbito marino ¿puede ser suficiente la protección de pequeños espacios o debería hacerse con áreas de mayor extensión?

Depende. Muchos organismos marinos tienen poblaciones que ocupan áreas muy grandes y no se quedan en un solo sitio, migran y salen al mar gran parte de su vida y vuelven otra vez. Es pronto para generalizar. Seguro que tendrá ciertas ventajas tener microrreservas de ese tipo. Además, hay que tener en cuenta que todas las microrreservas forman parte de una conectividad, del paisaje, que está compuesto de parcelas de tierra de distintos usos: reservas, no reservas, terreno agrícola, parques nacionales, parques locales, campos de futbol, cementerios… Hay que tener en cuenta el ámbito general, el paisaje, el concepto bioregional y no solo local.


Normalmente hablamos del área mediterránea, pero es una zona con escenarios diversos ¿Cómo se adaptan estos microespacios protegidos a la realidad diferente del Mediterráneo?

Bueno, la realidad mediterránea es difícil de definir. Dentro de la zona general llamada mediterránea hay varios climas, de norte a sur, este-oeste, hay transiciones… No se suele hablar de un solo clima, esto está bien establecido hace años. La microrreserva tiene que adaptarse a las condiciones y al clima local.

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Vernon Heywood en un momento de la conferencia. / Tato Baeza

 

Usted ha visitado el Botánico en diversas ocasiones ¿Cómo ve la investigación que se hace en los jardines botánicos en relación con estos espacios de conservación de la flora?

Lo que puede hacer en cuanto a conservar espacios, micro o macro, es muy limitado porque el jardín botánico es una colección de plantas, fundamentalmente ex situ, que no están en su hábitat normal. Hay algunos jardines que contienen áreas de vegetación natural, pero, en general, no es lo habitual. Es una colección de plantas traída de la naturaleza, cultivadas de una forma u otra en el jardín. O se mantiene en bancos de germoplasma, normalmente de semillas, pero también de cultivos celulares. Muchos jardines han contribuido como fuente material en una reserva, por ejemplo, si es necesario reintroducir una especie o aumentar la población porque hay pocos individuos como para sobrevivir. Otra cosa a la que puede contribuir el jardín botánico es con los conocimientos. Los jardineros tienen mucha experiencia y pueden ayudar a los que están gestionando microrreservas: esta planta prefiere este tipo de suelo, este problema de germinación se resuelve de esta forma, etc. El personal puede contribuir a proyectos de conservación in situ pero, por su naturaleza, el jardín botánico en sí no puede porque es ex situ.

 

EEn esa línea de actividades de los jardines botánicos universitarios de combinar ciencia, naturaleza y cultura ¿cómo se puede encontrar un equilibrio?

Cada jardín debe buscar su solución a este problema porque las opciones que puede adoptar son varias. Puede enfocarse casi totalmente a la conservación o puede dedicarse casi completamente a la educación, la formación personal, la educación de niños, adultos, público en general. Puede enfocarse en ayudar a la ciudad, a los ayuntamientos en su política de greening, está muy de moda ahora.

 

¿La tendencia es que estén cada vez más vinculados con la sociedad?

Más que vinculados con la sociedad… [piensa un poco la respuesta]. Hay que tener en cuenta que en muchos sitios y muchas universidades la botánica casi no figura. En mi país, en Gran Bretaña, hay pocas universidades con departamentos de Botánica. La tendencia es crear escuelas de Biología y la Botánica forma una parte pequeña así que, realmente, el jardín botánico universitario es un anacronismo porque ya no se enseña la botánica en muchas universidades y entonces es muy difícil convencer a las autoridades de la universidad de mantener el jardín. Entonces, ¿qué buscan? El apoyo del público. Y el público cada vez pide más del jardín botánico. Estamos ante una situación un poco delicada porque cuanto más se ofrece al público, este más pide hasta llegar a decir: «nosotros vamos a decidir qué va a hacer el jardín botánico». No se puede llegar a este punto. El director, la Universidad, el Consejo del Jardín tiene que decidir lo que va a ser su política, pero hay una presión enorme por parte del público. 

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El profesor Vernon Heywood atiende a las preguntas del público en el acto conmemorativo de las micorreservas. / Tato Baeza

 

Usted mantiene una gran actividad con conferencias y encuentros con estudiantes ¿Cómo ha cambiado la formación en botánica en las últimas décadas?

Brutalmente. Realmente no se puede comparar porque hoy día el biólogo tiene que aprender toda una serie de técnicas e ideas que ni siquiera existían hace 20, 30 o 40 años. La revolución genética, molecular, bioinformática, de investigación microscópica electrónica de barrido... toda una serie de técnicas que no existían y tienen que estar muy dispuestos a utilizarlas. Antes era relativamente fácil porque era aprender fisiología vegetal, un poco de bioquímica, la morfología, la forma de las plantas, la taxonomía, los varios grupos de organismos, etc. O sea que es una disciplina totalmente diferente y para personas como yo ha sido una lucha tremenda estar al día con todas esas nuevas ideas.

 

hace unos años, en una entrevista en la revista 'Métode', usted se mostraba pesimista respecto del futuro teniendo en cuenta el ritmo de destrucción actual. ¿Ha cambiado algo para pueda mostrarse más optimista ahora?

No, en absoluto. Desgraciadamente, hemos tenido dos oportunidades perdidas de llegar a ciertas metas que los gobiernos aceptaron mediante el Convenio de la Diversidad Biológica. Fracasaron, en su mayoría, las metas de 2010. Van a fracasar varias de 2020. Están preparando las de 2030. Eso no puede continuar así. Yo no voy a estar ya ahí, pero si llegamos a 2050 igual que hasta ahora, la destrucción será demasiado grande para poder recuperarla. Además, hablamos del cambio climático. No sabemos exactamente las consecuencias, pero todas las indicaciones son bastante pesimistas. Sin embargo, lo peor realmente es que la voluntad de los países, de los gobiernos, a llegar a cumplir estas metas se pone en duda en muchos casos. Dicen que sí, pero tendrían que tomar decisiones políticas que afectarían al público de una manera drástica, que sería muy difícil de vender. Por ejemplo, viajar menos en avión. Se diría entonces ¿y por qué mandan a 3.000 personas a una reunión de un convenio o un tratado? La cantidad de dinero que se gasta en eso y la cantidad de carbono que se emite en todos esos viajes y hoteles… no se habla de lo que cuesta. Entonces, cuando uno se pregunta ¿y qué es lo que se debe hacer? Pues dejar de usar plástico, comer menos carne, etc. Vender esto al público va a ser muy difícil. No soy muy optimista [se queda pensando de nuevo]… Sí que soy optimista en el sentido en que creo que la ciencia y la tecnología es capaz de hacer avances enormes y eso es lo que puede salvarnos.

 

¿Con ese optimismo nos quedamos?

Sí. Yo creo que sí.