Entrevistas

26 Dic 2019

Botánica del mes: Silvia López

Botànica del mes: Silvia López

De pequeña quería ser detective privado, pero con el tiempo pensó que podía aplicar sus dotes de observación al mundo vegetal, a las plantas. Ese gusto por la minuciosidad y por las salidas de campo hicieron que la Botánica se convirtiese en su ocupación y pasión. Silvia López, doctora en Biología, y que actualmente trabaja como consultora ambiental, especializada en seguimiento de flora amenazada, es nuestra Botánica del mes.

¿Qué te atrajo de la Botánica?

Mi atracción por la Botánica fue bastante tardía. Desde detective privado -mi gran vocación infantil- hasta aterrizar en la Botánica, pasé por varias fases que me llevaron a estudiar Biología, principalmente por la etología animal. En 2º de carrera descubrí la Botánica y me decidí continuar por esa especialización. El comportamiento de las plantas y su organización llegó a interesarme más que el comportamiento zoológico. Luego, cuando llegué a 5º de carrera, la florística fue para mí la estrella de la Botánica. El curso que impartía Gonzalo Mateo requería un trabajo de catalogación de flora de un territorio elegido por nosotros, en nuestro caso Oropesa del Mar. El trabajo, realizado junto a otras dos compañeras, Maria José y Aurora, y del que resulto la primera cita de Crucianella latifolia para la comarca de La Plana Alta, fue uno de los que más he disfrutado y del que guardo uno de los mejores recuerdos.

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Silvia, con Maria José y Aurelia, en Oropesa del Mar, durante un descanso en el trabajo de Fanerogamia de 5º curso de Botánica, en 1989.

¿Nos podrías resumir tu trayectoria profesional?

Nada más acabar la carrera, en 1989, entré a formar parte del equipo de investigación de Gonzalo Mateo en el Departamento de Botánica, todavía en el Campus de Burjassot. Ahí empecé colaborando en las tareas del Herbario VAB y realizando la tesis de licenciatura, “Aportaciones botánicas del Dr. Pius Font i Quer a la Flora de Alicante, Castellón, Valencia y Teruel”. Estos comienzos me permitieron ampliar mis escasos conocimientos botánicos y canalizar mis preferencias hacia la taxonomía y la corología. En 1990 obtuve una beca de investigación de dos años otorgada por el Instituto de Estudios Turolenses (IET). Esta beca afianzó mi trayectoria botánica y me empujó a realizar la tesis doctoral que defendí en el año 2000 y que lleva por título “Estudio corológico de la Flora de la provincia de Teruel”.

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Una excursión a Vistabella del Maestrat con Carlos, Gianni Bacchetta, Carmen y Amparo.

Una vez acabada la beca tenía que compaginar el trabajo con la tesis doctoral. Fue en 1992 cuando comencé a colaborar con Carlos Fabregat e iniciamos nuestra carrera profesional juntos. Empecé trabajando en cartografía vegetal para el Gobierno de Aragón, cuya dirección de los trabajos la llevaba Carlos, y también participando en el equipo de trabajo de la zona 4 del Proyecto Hábitats, coordinado por Gonzalo Mateo. En 1995, y subvencionado por la Generalitat Valenciana, inicié mis primeros trabajos de Conservación de Flora Amenazada, realizando estudios de prospección, censo y distribución de las especies Sideritis javalambrensis, Erodium celtibericum y Goodyera repens a la Comunitat Valenciana. Ese mismo año nos adjudicaron la propuesta “Estudio de localización de enclaves singulares de flora en la provincia de Teruel”, un trabajo que me permitió conocer los mejores lugares de la provincia y dar un fuerte empujón a mi tesis doctoral. En 1997, con el Gobierno de Aragón, participé en el proyecto LIFE “Conservación de trece especies de plantas amenazadas de Aragón”, entre las que estaban incluidas Sideritis javalambrensis y Puccinellia pungens. Desde entonces, mi trayectoria profesional ha continuado desarrollándose, en gran medida, dentro de la conservación de especies de flora amenazada y de la cartografía de hábitats, en el entorno del Sistema Ibérico meridional.

Desde un punto de vista profesional, pero también personal, ha cobrado gran relevancia la provincia de Teruel, sobre todo tres entornos muy emblemáticos para mí, la Sierra de Javalambre donde se encuentra una diversidad de endemismos florísticos muy alta; la sierra de Gúdar, el pequeño Pirineo turolense, ya que comparte especies cuya distribución es principalmente cantabro-pirenáica; y la Laguna de Gallocanta. Respecto a este último entorno, decir que soy miembro del Comité Científico Asesor de la Reserva Natural Dirigida de la Laguna de Gallocanta desde junio de 2009, de lo cual me siento muy orgullosa.

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En la sierra de Albarracín con parte del equipo de Gonzalo Mateo, Nuria Mercadal, Amparo Caballer y Juan Pisco. Año 1995.

La gran ventaja de este trabajo es que puedo compatibilizarlo bien con la investigación en taxonomía y corología, y me ha permitido seguir colaborando con el equipo de investigación en fanerogamia de Gonzalo Mateo. Gracias a ello pude continuar en las tareas de gestión del Herbario VAB –para lo cual obtuve dos becas de colaboración en 1997 y 1998-, hasta su traslado al Botànic, cuando se llevó a cabo la fusión de los distintos herbarios de la Universitat de València para su unificación en el Herbario VAL. Y también pude continuar investigando en taxonomía. El estudio de los taxones cuyas características no concuerdan con los compartimentos ya establecidos por los botánicos, hace revivir en mí la vena detectivesca. Esa “llamada de atención” que ofrece la planta cuando se observa en ella unas diferencias no reseñadas con anterioridad, es lo que me llevó a estudiar y a proponer la descripción de nuevas especies como Erodium aguilellae o Gentianella hispanica. También es muy gratificante demostrar que especies que estaban consideradas como sinónimas de otras son, en realidad, nuevas especies. Es el caso de Santolina ageratifolia reconocida por Ignacio Jordan de Asso como especie nueva en 1784, que fue sinonimizada a S. rosmarinifolia y olvidada hasta 1997, cuando la reivindicamos. Hoy en día está considerada un endemismo exclusivo de área restringida al extremo occidental de la provincia de Teruel, y sobre ella se han realizado estudios de censo, distribución y estado de conservación por parte del Gobierno de Aragón, cuyos resultados nos llevaron a incluirla como vulnerable en la Lista Roja de la Flora Vascular Española. Y ya en el campo de la corología, el descubrir nuevas localidades de plantas raras, aumentando así su área de distribución conocida, es muy emocionante. Todavía recuerdo mi primer ¡Eureka! con Carlos cuando encontramos Goodyera repens en el Maestrazgo.

¿En qué consiste tu trabajo?

Comparto despacho profesional con Carlos Fabregat en el que nos encargamos principalmente de gestión del medio natural referida a vegetación y flora. Proporcionamos a las administraciones públicas, tanto central como autónomicas, las herramientas adecuadas para la gestión del territorio, realizando trabajos de prospección, localización, seguimiento, análisis de estado de conservación y propuestas de gestión con especies de flora amenazada, cartografía de vegetación, estudios de corología florística y asesoramiento, etc. También, aunque en menor medida, trabajamos con empresas privadas en la elaboración de estudios florísticos o de cartografía de hábitats, colaboramos con un despacho de arquitectos en la elaboración de planes de ordenación del territorio y trabajamos en la divulgación de la botánica con cursos, excursiones, etc.

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Con Carlos en la isla de Tabarca, durante los trabajos de cartografía de Hábitats. Año 2018.

Para realizar nuestras funciones son primordiales las salidas de campo, lo que nos ha permitido adquirir unos buenos conocimientos de la flora y vegetación del territorio en el que trabajamos, que comprende la Comunidad Valenciana y Aragón mayormente. Así que somos como los osos, a comienzos de la primavera salimos de nuestra guarida para ir a la montaña e invernamos en nuestro despacho redactando los informes que entregaremos a finales de año.

Tu especialidad es la conservación de flora amenazada. ¿Qué te interesó de este campo de estudio?

Los estudios de conservación te permiten conocer a fondo una especie. Para conservar una especie se necesita obtener una información muy completa, que abarca muchos campos de conocimiento y que no son independientes entre ellos. Así están implicados, entre otros, la taxonomía, la corología, la demografía, la biología de la reproducción, la ecología, la genética y la sociología. La evaluación del estado de conservación de un taxón se hace evaluando todos los parámetros y analizando la presencia de presiones tanto naturales como antropogénicas, o la presencia de amenazas que puedan actuar a largo o corto plazo. En función de los resultados hay que proponer unas medidas de gestión que contrarresten las posibles presiones y amenazas para poder garantizar la pervivencia de poblaciones o de especies. Cuanto mayor y mejor sea la información, más efectiva será la gestión. Sin embargo, las administraciones públicas cuentan con recursos limitados, por lo que es importante equilibrar el máximo de eficacia con el mínimo coste necesario. También a veces no se tiene oportunidad de realizar estudios previos más exhaustivos porque el tiempo aprieta, y entonces hay realizar actuaciones de emergencia decidiendo las más efectivas con la información disponible en ese momento.

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Colaborando con Carlos en las parcelas de seguimiento de vegetación en las islas Columbretes. Año 2010.

Otro aspecto importante de la conservación es que no es una actividad que se mantenga al margen de la sociedad, ya que la comprensión y aceptación por parte de los habitantes de los municipios implicados, de ganaderos y agricultores de la zona, contribuye a un mayor éxito en los planes de recuperación. Por otra parte, la implicación de la ciudadanía por medio de las actividades de voluntariado, supone la creación de una fuerza social que exija a los partidos políticos la inclusión, y el cumplimiento, de medidas de protección del medio natural serias y efectivas en sus programas electorales.

¿Estás orgullosa de haber participado en algún proyecto en especial?

Uno de los proyectos de los que me siento muy honrada por haber participado, es la elaboración de los géneros Bunium y Conopodium, junto con Gonzalo Mateo, para el volumen X de Flora Ibérica. Para mí, que siento una especial atracción por la taxonomía, supuso una experiencia muy enriquecedora tanto a nivel profesional como intelectual, además del orgullo de aparecer como autora en una de las obras más importantes de la botánica de la Península Ibérica.

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Estudiando la viabilidad demográfica de Oxytropis jabalambrensis en lo alto de Javalambre. Año 2006.

Además, hay otros dos proyectos por los que siento también una gran satisfacción personal. Uno de ellos es el Atlas de Flora Amenazada (AFA), con sus subsiguientes adendas. En sus inicios formé parte del equipo de la Universitat de València, del que fui responsable junto a Jaime Güemes y Josep Antoni Roselló. Fruto de este proyecto fue el primer Atlas y Libro Rojo de la Flora Vascular Amenazada de España, que se publicó en 2003. Significó mi maduración profesional en el campo de la Conservación Vegetal, y gracias al estudio de variabiliadad demográfica de Oxytropis jabalambrensis, incluido en el proyecto y que elaboré junto a Carlos Fabregat, pude conocer mucho mejor la especie con la que estamos trabajando desde 1999 para el Gobierno de Aragón.

Y por último, pero no por ello menos satisfactorio, es el proyecto “Atlas de la Flora de Aragón”, que comenzó a elaborarse en 2002 y cuyo resultado fue la generación de una página web donde aparecen recopilados todos los conocimientos sobre los taxones de flora vascular y su distribución en Aragón. Este proyecto fue fruto de un convenio de colaboración entre el Departamento de Medio Ambiente del Gobierno de Aragón y del Instituto Pirenaico de Ecología (IPE-CSIC) y en el que participamos un gran equipo de más de 20 personas, coordinado y dirigido por Daniel Gómez. En este trabajo, del que me siento muy orgullosa, están incluidos todos los datos de mi tesis doctoral.

Cuéntanos en qué proyectos trabajas ahora mismo

Acabamos de completar un proyecto LIFE+, denominado “Red de seguimiento para especies de flora y hábitats de interés comunitario en Aragón (RESECOM)”, llevado a cabo por el Departamento de Desarrollo Rural y Sostenibilidad del Gobierno de Aragón y el Instituto Pirenaico de Ecología (IPE-CSIC). Su objetivo ha sido la puesta en marcha de una red de seguimiento de especies de flora y hábitats de interés comunitario (EIC e HIC respectivamente) en espacios de la Red Natura 2000 en Aragón, para conseguir información de primera mano que permita mejorar la gestión de las EIC y los HIC objeto del proyecto. Su originalidad radica en que para la organización de la red física de los seguimientos se ha involucrado, además de profesionales y Agentes de Protección de la Naturaleza (APN), a ciudadanos voluntarios amantes de las plantas y de su conservación.

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Asesorando en el seguimiento de Erodium celtibericum, en el Puerto de Cabigordo, a voluntarios del proyecto LIFE RESECOM. Año 2016.

¿Qué relación tienes con el Jardí Botànic de la Universitat de València?

Mi relación se remonta a los años 90, cuando estaba realizando mi doctorado y pasaba algunas mañanas tomando notas en su herbario para mi tesis. Era aquella época antes de la fusión de los herbarios de las Facultades de Farmacia (Herbario VF) y Ciencias Biológicas (Herbario VAB). También por aquella época, cuando acabé mi beca y me apunté al paro, me salió un curso de Educador Ambiental y decidí hacer mis prácticas en el Jardí, por lo que impartí visitas guiadas bajo la tutela de María José Carrau. Posteriormente, cuando se construyó el edificio de investigación y mi director de tesis, Gonzalo Mateo, se trasladó al Jardí Botánic, yo también como miembro de su equipo me trasladé con él y estuve como vinculada de investigación hasta 2017. Durante ese periodo trabajé en varios proyectos, algunos relacionados con el herbario -“Restauración, catalogación e informatización de colecciones del Herbario VAL, dentro de la red de GBIF”-, y otros relacionados con la conservación de flora –“Estudio de plantas amenazadas de la flora local del Macizo de Penyagolosa” y “Estudio de plantas amenazadas de la flora local del Tinença de Benifassà”-. También he participado en congresos y publicado y realizado investigación botánica bajo su auspicio. La petición de una ayuda a la investigación que gané en 2013, en el XXX Concurso de Ayudas a la Investigación del Instituto de Estudios Turolenses para la realización del ‘“Estudio taxonómico de Sideritis javalambrensis (Magnoliopsida, Labiatae), patrimonio natural exclusivo de la provincia de Teruel”, estuvo avalada por Isabel Mateu, entonces directora del Jardí. Además también he impartido allí algunos cursos sobre flora y conservación. En la actualidad, sigo participando en cursos y colaboro con Elena Estrelles en la recolección de semillas para el Banco de Germoplasma.

¿Piensas que tu trabajo te permite aprender sobre temas no relacionados con la Botánica?

Imagino que en mi trabajo puedo aprender sobre otras materias distintas a la botanica. Los trabajos de investigación requieren la utilización de otras capacidades que parecen no guardar relación con la actividad principal investigada y eso te permite aprender sobre un conjunto de temas transversales. Sin embargo, no sabría poner un ejemplo concreto. Pero, como persona, lo que sí que me ha enseñado la botánica es a ser más observadora, más rigurosa y más analítica. Y fundamentalmente a aprender a maravillarme y a respetar la naturaleza.

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 Censando Pinguicula dertosensis en el río Ulldemó (Teruel). Año 2014.

¿Qué importancia tiene la divulgación?

La divulgación es esencial para conseguir que la sociedad, y en concreto los habitantes del mundo rural y del urbano, se implique en la conservación de la naturaleza. El conocimiento favorece la comprensión del mundo natural y de cuál es nuestro papel en él. Una ciudadanía que comprenda los mecanismos de la naturaleza, comprenderá mejor cuales van a ser los riesgos de no conservarla y a la par obligará a los políticos a aplicar medidas para su preservación.

¿Cómo valoras la situación laboral del sector?

La situación laboral es bastante precaria, sobre todo si trabajas como profesional autónomo. Cada vez es más complicado, burocráticamente hablando, concursar a las licitaciones, se asigna poco presupuesto y, a nivel personal, siempre está ahí la inseguridad de la continuidad.
A nivel general percibo que, si el desarrollo y el crecimiento económico priman más que la conservación del medio natural -y en general la sociedad lo percibe actualmente así y lo apoya-, los gobiernos no pondrán coto al desarrollismo en el territorio y, por lo tanto, seremos prescindibles en un futuro ya no muy lejano.

¿Qué futuro le espera a la botánica?

¿La botánica del futuro? Me la imagino como un complicado algoritmo aplicado a imágenes de plantas tomadas desde satélite, en donde el botánico será un autómata que generará las conclusiones. Los seres humanos quedaremos obsoletos.

¿De quién te consideras discípula?

Me considero discípula de Gonzalo Mateo. Con él conocí realmente la botánica y a los botánicos que hicieron historia. Aprendí nomenclatura, taxonomía y corología. Aprendí a gestionar un herbario, a buscar y recopilar información bibliográfica, a trabajar como botánica de campo y, sobre todo, descubrí un territorio que ha llegado a ser muy emblemático para mí, que es la provincia de Teruel. Y en el equipo de Gonzalo Mateo conocí a uno de los mejores y más concienzudos botánicos, Carlos Fabregat, con el que me embarqué en uno de los viajes más emocionantes, la vida.

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 Sesión de prácticas del curso de Botánica de la Universidad de Verano de Teruel. Año 2002.

¿Qué época de la Botánica te hubiera gustado vivir y por qué?

Siempre he imaginado hacer un viaje en el tiempo, pero no al futuro sino al pasado, y explorar la tierra antes de que el hombre empezara a modificar de forma tan drástica el paisaje, un viaje a finales del Pleistoceno. Sin embargo, creo que lo más cercano a esa fantasía sería vivir en la época de las grandes expediciones botánicas del siglo XVIII, y poder participar en ellas, claro, porque como mujer creo que lo tendría bastante complicado.

En todos estos años como botánica, ¿cuál es la situación más curiosa o divertida en la que te has encontrado?

Nuestro trabajo en botánica necesita hacer muchas salidas de campo, por lo que Carlos y yo hemos llevado habitualmente con nosotros a nuestros hijos, Jorge y Sergio, desde que eran unos bebes. Y con la inagotable curiosidad de los niños, siempre nos andaban preguntando por todo y sorprendiéndose de todo lo que les rodeaba (plantas, insectos, piedras, pueblos…) y, sin que nos dieramos cuenta, también aprendían de lo que hablábamos entre nosotros.

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Con Sergio y Jorge en el Monte de San Ginés (Teruel), estudiando Santolina ageratifolia. Año 2005.

En una ocasión, haciendo cartografía de vegetación en la sierra de Javalambre, circulábamos por una pista forestal que recorría un magnífico sabinar albar maduro cuando apareció tras un recodo una repoblación de pino albar. Extrañados y contrariados por la presencia de esta formación antrópica que rompía el paisaje comentamos: “¿Y estos pinos …?” A lo que Jorge, que tenía entonces 4 años, respondió con condescendencia: “Pinus sylvestris”, como pensando “Qué pena, mis padres ya no controlan”.

¿Qué salvarías de tu despacho en caso de incendio?

En caso de incendio salvaría a nuestra gata Tesla. Tenemos el despacho al lado de nuestro domicilio y casi todas las mañanas, cuando vamos a trabajar, Tesla viene con nosotros y nos hace compañía durmiendo encima de los papeles, ayudando a Carlos con la cartografía o paseando insistentemente por nuestros teclados.

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La gata Tesla “trabajando” en el despacho.

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