Botánica del mes: M. Ángeles Alonso

Botánica del mes: M. Ángeles Alonso M. Ángeles Alonso / Foto de M. Murillo.

Doctora en Biología y profesora titular de Botánica en el departamento de Ciencias Ambientales y Recursos Naturales de la Universidad de Alicante, miembro de su grupo de  investigación Botánica y Conservación Vegetal, coordinadora del Grado de Biología y directora de la sede de Villena de la misma Universidad. M. Ángeles Alonso cree, firmemente, que solo se puede conservar si se conoce, por lo que enseñar y divulgar el mundo de las plantas es su pasión. Es especialista en saladares o, como ella diría, una botánica “la mar de salá”.

¿Qué te atrajo de la Botánica?

Mi infancia transcurrió en un pueblo de la provincia de Castellón que se llama Algimia de Almonacid, y allí crecí en plena naturaleza, por lo que mi inclinación hacia la Biología ya la tenía desde muy pequeña, aunque si hubiera sido por mi padre me hubiera dedicado a la ornitología. El amor por las plantas con seguridad me ha venido vía “cloroplástica”, una herencia materna, de la línea femenina de mi linaje. Y todo se materializó en el primer curso de Biología, cuando fuimos a hacer unos trabajos de campo en la Sierra de Salinas (Villena) y descubrí lo maravilloso que era reconocer las plantas y saber su nombre. A partir de ahí, tuve muy claro que yo quería dedicarme al estudio de las plantas.

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M. Ángeles Alonso durante una de las estancias en el herbario de Kew Gardens, en Londres. / Ana Juan Gallardo.

 

Cuéntanos un poco tu trayectoria.

Como te he comentado antes, mi vida como “botánica” empezó en una campaña de campo en el primer verano de universidad. Nuestra promoción era la primera y el profesorado iba llegando a medida que nosotros pasábamos de curso. En segundo, teníamos como asignatura la Botánica y para impartírnosla llegó un jovencísimo botánico procedente de la Universidad de Valencia, Manuel B. Crespo, con muchas ganas, ideas y proyectos. Fue así como en ese primer año nació el embrión de lo que luego sería el herbario ABH, de la Universidad de Alicante, que el año que viene cumplirá 30 años. Ese mismo año, 1990, yo, como estudiante de Biología, no dudé en ir a hablar con él para ayudarle en este incipiente grupo de botánicos que se estaba creando; colaboración que ha durado hasta ahora y que espero que dure muchos más. Al año siguiente llegó otro botánico, en este caso de la Universidad de Murcia, Antonio de la Torre, y poco a poco el grupo de Alicante fue tomando entidad. Ellos han sido los dos botánicos que me facilitaron mi carrera profesional como botánica.

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Saladar de Cordovilla (Albacete). /  María Dolores Vargas. A la derecha, portada del libro que recoge su primera investigación como botánica y con la que consiguió el grado de Licenciada (la antigua Tesina).

 

Mi primer trabajo de investigación fue mi tesina, sobre la flora y vegetación del Valle de Villena, que condicionó mi principal línea de investigación en la cual he trabajado durante toda mi carrera y en la que continúo: las  plantas de los saladares, en todas sus versiones, flora, vegetación, conservación, taxonomía, etc. El Valle de Villena, uno de los más áridos y continentales de la Comunidad Valenciana, tiene afloramientos de yesos y unos pozos de agua salada que junto con el clima condicionaron la aparición de zonas muy salinas. Me fasciné tanto por estas plantas que mi tesis estuvo centrada en los saladares del Sureste de la península Ibérica… Se podría decir que soy una botánica “la mar de salá”.

Pero aunque mi línea de investigación principal son las plantas halófilas, he trabajado en muchas ramas de la Botánica; esto siempre pasa, los proyectos condicionan, en cierta manera, los temas en los que tienes que trabajar. Como grupo hemos trabajado en proyectos de estudios de impacto ambiental, en colaboraciones con administraciones, en biología de la conservación, en trabajos taxonómicos para floras (Flora Valentina, Flora iberica), etc., y en la dirección de tesis doctorales que, en ocasiones, no han estado centradas en mi línea de investigación principal.

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Laguna del salado, Páramo del Almorzadero, Colombia, M. Ángeles Alonso con Luis Roberto Sánchez, Diego Iván Capacho (que hizo su Tesis en este páramo) e Hipólito Alvarado (que realizó su tesis en Venezuela).

 

Por ejemplo, he dirigido algunas tesis en territorios sudamericanos (Perú, Colombia y Venezuela) y, aunque no eran propiamente de saladares, las tres estaban relacionadas con ecosistemas acuáticos. Experiencias de campo y flora de otros lugares que me enriquecieron como persona y como botánica. Otras tesis que he dirigido sí estaban en mi línea de investigación, como dos sobre el género Sarcocornia y el género Tamarix y otra sobre la diversidad funcional de los saladares, más centrada en la ecología del ecosistema. Y también he tenido becarios que han trabajado sobre otros temas como las plantas invasoras o géneros no halófilos como Biscutella.

En los últimos cuatro años, gracias a un proyecto europeo, hemos podido trabajar en Sudáfrica, centrados en las plantas bulbosas de la familia de la Hyancinthaceae, grupo del que tenemos con nosotros al mayor experto de la familia, Mario Martínez-Azorín, otro de los miembros del grupo de investigación de Botánica y Conservación Vegetal de la Universidad de Alicante, al cual pertenezco.

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En Sudáfrica con Michael Pinter, Manuel B. Crespo y Mario Martínez-Azorín. / Neil Crouch.

 

¿Cuál es la habilidad imprescindible para tu trabajo?

La observación y la paciencia son imprescindibles para trabajar en la Botánica, tal y como yo la concibo, porque como en todo, antes de nada habría que definir qué es un botánico o una botánica, ya que los tiempos van cambiando y las concepciones también. Para mí, un botánico es el que estudia y trabaja con las plantas, desde las propias salidas de recolección en campo, el que reconoce las plantas en fresco y en seco, el que  trabaja con ellas desde que son recolectadas hasta, si fuera necesario, trabajar con ellas en el laboratorio para hacer trabajos de biología molecular. Por eso la observación y la paciencia son imprescindibles. Se podría incluir también la memoria, pero en este caso  la memoria y el aprendizaje están muy relacionado con las emociones, por lo que lo importante es que lo que hagas lo hagas desde la emoción.

 

¿En qué consiste tu día a día profesional?

Desafortunadamente, mi día a día en la Universidad está lejos de lo que a mí me gustaría como botánica, aunque todos los días busco ese momento de encuentro con las plantas. Actualmente estoy asumiendo dos cargos de gestión, que me ocupan un elevado porcentaje de mi tiempo, pero es solo transicional; volveré de nuevo a dedicar el cien por cien de mi tiempo a la docencia y al estudio de las plantas. Aún así, todos los años hago una, dos o tres salidas al campo, ya sea de campaña de recolección o de estancia en un herbario o centro de investigación.

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En una de las excursiones del equipo de Flora iberica a Cádiz / Antonio Prunell.

 

¿Estás orgullosa de haber participado en algún proyecto en especial o en algún “descubrimiento”?

Tuve la grandísima suerte de terminar la carrera justo cuando se puso en marcha el proyecto Hábitat. Como comentaba, ya colaboraba con el grupo de Botánica de Alicante y el grupo formaba parte del equipo de Levante que capitaneaba Manuel Costa Talens. Éramos el subequipo alicantino. Para mi formación fue una experiencia importantísima, porque salíamos mucho al campo, realizábamos muchos inventarios de vegetación en hábitats diferentes, un mundo de nombres de plantas, de trabajo de determinación, etc. Además, empezamos en verano y mis mentores me decían eso de que hay que reconocer las plantas en todas las épocas del año…. Cuando llegó la primavera, alguna que reconocía en seco no la conocía en flor. Fue muchísimo trabajo, pero una suerte para mi aprendizaje.

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Como secretaria de organización de las Jornadas de Fitosociología que se realizaron en Alicante en el 2009. En la mesa con Manuel B. Crespo, Salvador Palazón, Javier Loidi y Salvador Rivas Martínez. / José Carlos Cristobal.

 

Más tarde, ya como botánica senior, estoy orgullosísima de participar en el proyecto Flora iberica, una obra con la que he aprendido mucho a lo largo de mi vida profesional y en la que he tenido la suerte de participar en sus últimos tomos publicados.

En cuanto a mi descubrimiento especial mencionaré la primera planta descrita por mí, descubierta en una de las estancias de investigación que realicé en Argentina. Se trata de una planta halófila del saladar de Añelo (Neuquén) y le pusimos el nombre de Suaeda neuquenensis.

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En el saladar de Añelo (Argentina), M. Ángeles Alonso fotografiando la nueva especie Suaeda neuquenensis, con Beatriz Cerazo. /  Luisa Conticello. A la derecha, con Antonio de la Torre y María Vicedo, en una salida de campo a Cuenca con el proyecto Hábitats.

 

¿Qué importancia tienen este tipo de proyectos para la sociedad en general?

En los últimos tiempos, en la universidad se les está dando mucha importancia a la transferencia del conocimiento a la sociedad, tanto al tejido empresarial como al tejido social y político. La Cumbre de la Tierra celebrada en Río de Janeiro, en 1992, marcó un hito para el medio ambiente en este sentido. Se intentaron establecer políticas de conservación y de desarrollo sostenible, pero se dieron cuenta de que, aunque había mucha información científica sobre plantas, animales y hábitats, no había documentos sistematizados para que las administraciones pudieran hacer uso de ellos, y en su caso establecer dichas políticas. Por eso el proyecto CORINE (Coordination of Information on the Environment), del que deriva el proyecto Habitat al que hacía referencia, planteaba la realización de estos inventarios. Ha sido un proyecto que ha tenido una gran repercusión en la conservación de los ecosistemas. Este proyecto junto al Catálogo de flora endémica rara y amenazada, en el cual también hemos participado desde el grupo de investigación de Botánica de la UA, son, posiblemente, de cara a las administraciones públicas, las mejores herramientas de gestión de la conservación que hemos podido legar.

 

¿En qué trabaja ahora en el grupo de investigación?

En estos momentos estamos trabajando en la publicación de los resultados de varios proyectos que han transcurrido en los últimos años. Un proyecto europeo, que hemos desarrollado en Sudáfrica, y del que tenemos muy buenos resultados con la publicación de varias especies nuevas. El proyecto Flora iberica, en el que estamos trabajando intensamente con las Gramíneas. Pronto, estos últimos tomos verán la luz y, con ellos, concluirá esta magnífica obra. Y algunos artículos todavía por publicar de las recientes tesis doctorales que se han leído en el Grupo de Investigación. Con todo, sí puedo destacar un trabajo este año, que ha sido increíblemente mediático, y que es la descripción de una nueva especie de planta carnívora, Pinguicula saetabensis, en las montañas setabenses (Comunidad Valenciana). Se hicieron eco de este descubrimiento diferentes televisiones y nos han hecho algunos reportajes que se han retrasmitido en sus cadenas. Por lo que puedo concluir que estoy satisfecha de ver los resultados de los diferentes proyectos e ilusionada de las nuevas puertas de investigación que se nos abren.

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Durante la grabación para La Sexta de la noticia sobre Pinguicula saetabensis. /   Manuel B. Crespo.

 

Hablando de medios... La divulgación forma parte, también, de tu trayectoria. Charlas, programas de radio… Cuéntanos algunas de estas experiencias y por qué dedicas parte de tu tiempo a la divulgación.

Siempre he tenido una gran vocación docente, y también cierta aptitud para la comunicación, por lo que me gusta poder enseñar, y que mejor que enseñar aquello que me apasiona, el mundo de las plantas. Con el tiempo, he descubierto que estos canales de transferencia son necesarios. Por eso, en el marco de mis actividades como profesional, lo incorporo en todos los ámbitos: siempre estoy dispuesta a ir donde quieran escucharme si el fin es transmitir la importancia de las plantas. Por contar alguna de estas experiencias recientes, por el hecho de ser la Directora dela Sede Universitaria de Villena, me llamaron para participar en un programa que retrasmiten en una radio local de mi ciudad que se llama “La música que esconde los libros”. El esquema del programa es el siguiente: una persona elige un libro y se entabla una tertulia y en medio de la entrevista se introduce música relacionada con el libro o directamente canciones que se nombran en él. Se lo puse difícil a los entrevistadores, que se tienen que leer todos los libros que el entrevistado elige, porque el elegido fue el libro de Ramón Morales Una flora literaria: el mundo vegetal en la obra de Cervantes. Sorprendentemente gustó muchísimo, la gente nos escribía a la radio para decirnos que hiciéramos una segunda parte, que aprendieron mucho de plantas, que eran desconocedores de muchas de las cosas que contábamos sobre plantas tan conocidas para nosotros como son los tomates y las calabazas.

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M. Ángeles Alonso en Ciència a la fresca del Jardí Botànic de la Universitat de València. / M. C.

 

Y a lo último que me he tenido que enfrentar fue aquí mismo, en el Jardí Botànic de la Universitat de València, como “monologuista vegetal”. Un micrófono y a contar al público cómo de maravilloso es el mundo de las plantas. Una gran experiencia, también rodeada de música.

En resumen, donde tengo la oportunidad de dar a conocer esto de la Botánica voy: colegios, institutos, programas organizados desde la Universidad dirigidos al público en general como “La nit de ciència” o para institutos como “Ven a hacer prácticas a la Universidad”, cursos de extensión universitaria, etc. Creo firmemente en la frase “solo se puede conservar si se conoce” y quien mejor que nosotros, los botánicos, para conseguir que todos conozcan las plantas y les den el valor que tienen.

 

Como docente y coordinadora del Grado de Biología de la UA, ¿de qué estás más satisfecha y qué mejorarías?

A mí me encanta la docencia, es una de las mejores partes de mi trabajo, cuando cierro la puerta de la clase dejo fuera todo y doy lo mejor de mí. Me preocupa mucho conseguir llegar a las nuevas generaciones y me doy cuenta de que cada vez llegan unos alumnos que nada tiene que ver con los primeros que tuve, claro que yo tampoco. Pero por eso también me preocupa mi renovación formativa como docente, porque mi objetivo es llegar a ellos y que les guste la botánica tanto como me gusta a mí. Yo ya estoy pagada cuando un alumno viene y me dice: no me gustaba nada la Botánica pero he terminado y ha sido una de mis asignaturas favoritas. ¿Qué cambiaría? El número de alumnos. Creo que la universidad está masificada y la ratio profesor-alumno no es muy baja. Nosotros tenemos del orden de 70 alumnos por clase y es difícil trabajar individualmente con todos. En cuanto a la coordinación del Grado de Biología… eso es una locura, muchísima burocracia, y resulta difícil que todos estén contentos contigo. Todo está normativizado, afortunadamente, pero en este país parece que las normas están para querer saltárselas y por eso es una lucha continua. Es un puesto complicado, pero alguien tiene que hacerlo. Es de estos cargos que piensas que todos deberían pasar por aquí para que sepan qué es esto.

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De excursión con su alumnado al Parque Natural de Grazalema.

 

¿Cómo animarías al alumnado de Biología para se dedicaran a lo mismo que tú?

En ocasiones tengo que recibir a los alumnos de bachillerato  en la Facultad de Ciencias, y tengo que hablarles de todos los grados, tenemos siete en la Facultad,  y cuando le toca al grado de Biología les digo: ¿por qué hacer biología?, pues porque es el grado más bonito y en el que se aprende sobre la vida en toda su extensión, qué más se puede pedir.

 

¿Qué nos destacarías de tu faceta de directora de la  Sede Universitaria de Villena de la Universidad de Alicante?

Tengo que decir que yo soy una persona que primero me tiro a la piscina y luego miro a ver si había agua… En este caso me ofrecieron la posibilidad de gestionar la Sede Universitaria de Villena, que es un órgano que nace para la extensión universitaria, y fue un reto, ya que nunca había realizado una actividad de esta naturaleza, pero también una oportunidad: trabajar para llevar la Universidad a mi ciudad. Una experiencia que, a día de hoy, casi tres años después, puedo decir que ha sido enriquecedora. Aprendo todos los días, no sólo de la propia gestión y administración de la Sede, sino de que este cargo me ha dado la posibilidad de conocer a muchísima gente, profesores de la propia Universidad de Alicante que trabajan junto a mí y que, si no hubiera sido por las actividades de la Sede, es posible que no los hubiera conocido. Y, por otro lado, personas maravillosas de mi ciudad que tampoco sabias de su existencia y de sus valores. Este trabajo te abre miras al conocimiento de lo que se está haciendo en tu propia universidad y a las necesidades e inquietudes, en mi caso, de la sociedad de Villena, que en muchos sentidos pueden ser extrapolables a la generalidad.

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Toma de posesión como directora de la Sede Universitaria de Villena. M. Ángeles Alonso con el rector de la Universidad de Alicante, Manuel Palomar.

                                                                                                                                 

Otro de tus intereses es trabajar por la inclusión de las mujeres en las carreras STEM.

Es posible que digan que estamos en una época donde nos focalizamos mucho en la visibilidad de la mujer en ámbitos que son mayoritariamente masculinos… ¡Pues ya era hora! Soy una firme luchadora por cambiar las mentalidades, porque esto no es cuestión de igualdad, sino de mentalidad. Yo ya tuve mi época revolucionaria de estar en primera fila por la lucha por la igualdad, pero ahora ya estoy en un periodo más tranquilo, de reflexión. No se trata de hacer las mismas cosas que hace un hombre, se trata de hacer las cosas como las haría una mujer. En este sentido, la sociedad tiene mucha culpa de que la presencia femenina en carreras de ciencias e ingenierías sea minoritaria. Seguro que muchas personas piensan cosas como: “pues ahora las mujeres pueden elegir lo que quieran”, “si no las hay es porque ellas no quieren hacerlas”, pero las cosas no son tan fáciles. Con poco que se conozca cómo funcionan las fuerzas sociales, creencias invisibles y arraigadas en nuestros inconscientes, leyes por las que se rigen las sociedades, que cuestan mucho de cambiar pero que, afortunadamente, no son inmutables, se puede comprender que no se trata solo de abrir la puerta de una facultad para que se llene de mujeres. En mi opinión, es inadmisible que una niña de primaria diga que ella es una chica y que, aunque le gustaría ser ingeniera, no es una opción que se plantee, que eso es cosa de chicos. Y esto está ocurriendo. Lo que acabo de contar es una respuesta real de una niña de un colegio, este año. En este sentido, desde la UA estamos llevando un programa a todos los institutos de la provincia que han querido participar que se llama Quiero ser ingeniera y que pretende romper estos tabúes y sacar a la luz referentes femeninos en este tipo de carreras. Esto de los referentes funciona, “si ella pudo yo también”, “si ella rompió la brecha, yo cambiaré el sistema”. Además, en estos momentos, estamos trabajando para incluir la perspectiva de género y de inclusión en los programas de los Grados en la Facultad de Ciencias.

 

¿Cómo es tu relación con el Jardí Botànic UV?

Para mí, el Jardín Botánico de Valencia es la casa de mis amigos. He venido muchas veces, ya sea por causas relacionadas con la investigación, con alumnos que he traído de excursión botánica y también a alguno de los homenajes que se han hecho a botánicos como Manuel Costa. Para mí, Manolo ha venido a ser “mi abuelo botánico”. Mi tesis tiene una gran parte de fitosociología, y mientras la realizaba siempre estuvo dispuesto a ayudarme y a enseñarme, además de que él lideraba el grupo levantino del proyecto Hábitat que he comentado anteriormente. Por otra parte, actualmente comparto con Jaime Güemes, la participación en el proyecto Flora iberica.

 

¿Cuál es la parte más asquerosa de tu trabajo y la más gratificante?

No sé cómo va a quedar que te diga que no hay parte asquerosa en mi trabajo como botánica pero escarbando un poco… pues podría decir las pocas ayudas que la ciencia básica está obteniendo actualmente. Gratificantes son todas, pero si hay algo de mi trabajo que me gusta por encima de todo son los viajes de recolección. Me da igual las condiciones en las que tenga que trabajar, ya sea en los Andes a 4000 metros de altura, con un burro como único vehículo para llevar las prensas, o como comer un bocadillo mojado (es bastante asqueroso eso de comer el pan mojado), porque no paraba de llover en el páramo colombiano, o salir al amanecer y terminar recogiendo unas plantas utilizando los faros del coche porque la noche se nos echa encima…

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De campo en Sudáfrica. / Mario Martínez-Azorín.

 

¿Qué salvarías de tu lugar de trabajo en caso de incendio?

El herbario, es parte de nuestra vida, allí hay esfuerzo, alegrías, penurias, en cada uno de esos pliegos hay un trozo de cada uno de los botánicos que lo recogió y lo prensó, es nuestro legado y a veces es complicado que se entienda el valor de un herbario en las universidades y en los centros de investigación. Nosotros llevamos unos 20 años “de manera transitoria” en un edificio con muchas deficiencias estructurales, y hemos tenido dos problemas gordos con el herbario y todavía se me encoge el corazón de pensar el desastre que podría haber sido la perdida de nuestro herbario. Es algo irreparable.

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En la excursión de las Jornadas de Fitosociología de Alicante, celebradas en 2009, con Francisco Alcaraz y Salvador Rivas-Martínez.

 

¿Qué futuro le espera a la Botánica?

La Botánica es una de las ciencia básicas que nunca desparecerá. Dependiendo de los tiempos se perciben como más o menos importantes en los presupuestos para la investigación, pero por mucho que las ciencias aplicadas emergen ahora como las más punteras, estas no existirían sin sus cimientos. Y la Botánica junto con otras ciencias básicas son los cimientos del conocimiento. El problema lo veo en que cada vez haya menos jóvenes que quieran dedicarse a ella, porque la verdad es que en estos momentos no es “una ciencia rentable”.

 

¿Te consideras discípula de algún botánico o botánica?

Cómo no. Y es un orgullo poder tener grandes maestros. Yo he tenido dos maestros en mi vida botánica, Antonio de la Torre y Manuel B. Crespo. De ellos he aprendido mucho, ya no solo de sus enseñanzas, que han sido y son muchas porque tengo la suerte de seguir trabajando con ellos, sino de su forma de vivir la Botánica.

 

¿A qué botánico o botánica te hubiera gustado conocer en persona?

A Humboldt, lo tengo clarísimo. Me gusta pensar en esos naturalistas que se enrolaban en los barcos en busca de un mundo de animales y plantas por descubrir. Yo tengo ese espíritu y por eso admiro también a Jeanne Baret; no sé si fue el amor o la Botánica lo que la animó a disfrazarse de hombre y enrolarse en un barco como ayudante del naturalista, posiblemente las dos cosas, pero ella terminó todos los trabajos botánicos y fue reconocida por ello. Me parece una mujer valiente de esas que luego son referentes para mujeres botánicas como yo.

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Cumpliendo uno de sus sueños: ir a ver a la mítica Welwitschia mirabilis, en Namibia. / Mario Martínez-Azorín.

 

Revista Espores. La veu del Botànic

Redacción de Espores, la veu del Botànic

Revista de divulgación científica del Jardín Botánico de la Universidad de Valencia

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