Botánico del mes: Pablo Ferrer

Conservar especies vegetales amenazadas es el gran reto al que se enfrenta día a día este doctor en ciencias biológicas desde el Centro de Investigación y Experimentación Forestal (CIEF) de la Conselleria de Agricultura, Desarrollo Rural, Emergencia Climática y Transición Ecológica de la Generalitat Valenciana, y a través de numerosos proyectos de investigación en colaboración con la Universitat de València, entre otras instituciones. Un campo laboral apasionante, esencial y complejo, sobre todo en el contexto de emergència ambiental en el que nos encontramos, que Pablo no concibe sin trabajar en equipo y con una importante labor de restauración ecológica combinada, bajo lo que el denomina como "biología de recuperación".  

¿QuÉ tE atrAJO DE LA BOTÁNICA?

Desde que hice el bachillerato, y sobre todo desde 3ª de BUP, empecé a interesarme por las Ciencias Naturales. Se lo debo a un profesor de ciencias que tuve ese año, Juan Antonio de la Torre García, con el que hice mi primera salida “naturalista” al monte. Fue una ruta por Benagéber (en la comarca Utiel-Requena, pues estudié el BUP y COU en el Instituto de Utiel, que en la actualidad se llama IES Alameda Utiel), estuvimos todo el día andando, y me encargaron ser el fotógrafo de la excursión; tenía que llevar una pesada cámara de fotos a cuestas y documentar todo lo que fuéramos viendo ese día, animales, plantas, minerales, fósiles, etc. Ese fue un momento importante y de inflexión, en esa excursión, el que yo fuera el encargado de documentar la salida, se debía a mis buenas notas en esa asignatura. No así en las demás, ya que más bien era un estudiante mediocre y con bastantes suspensos, pero en ciencias naturales sacaba muy buenas notas.

Además de mi profesor de ciencias, Juan Antonio era mi tutor y eso me permitió un acercamiento mayor a él. Recuerdo una conversación en privado que tuvimos, en la que me vino a decir que me esforzara en conseguir lo que me gustaba, por encima de las dificultades que pudiera encontrar por el camino. Con ello se refería al resto de asignaturas, que en ese momento para mí resultaba una verdadera pérdida de tiempo, tenía una gran falta de motivación. Con los años comprendí muy bien por qué era así. ¡A mí lo que me gustaba eran las ciencias naturales!

Al terminar el Bachillerato tenía claro que quería estudiar ciencias, pero no sabía muy bien lo que más me gustaba, estaba indeciso entre la Geología, la Biología y la Química. Tal vez hubiera estudiado Geología, pero al no estar la licenciatura en Valencia y tener que desplazarme más lejos, me decanté por la Biología. De hecho, uno de los campos que más me atraía en ese momento era la fisiología y anatomía humana, pero no quería estudiar Medicina y creí que a través de la Biología podría acceder a esta disciplina.

Así que, comencé la universidad y eso implicó ir a vivir a Valencia. Tener que vivir en la ciudad fue un cambio muy radical para mí, pues venía de una aldea de algo más de cien habitantes. El comienzo fue bien, el primer año de estudios lo que más me gustaba seguía siendo la química, saqué muy buenas notas en algunas asignaturas y todo mejoró mucho en el segundo cuatrimestre, cuando empezamos a estudiar materias más relacionadas con lo que creía en ese momento que se debía de estudiar en la carrera.

El segundo año en la Universidad fue decisivo. Tenía la asignatura de Botánica y recuerdo perfectamente la parte teórica impartida por el profesor Juan Alcober, me fascinó. Pero el momento determinante, en el que decidí que quería estudiar las plantas, fue durante la primera clase de prácticas de la asignatura de Botánica, que cursé con el profesor Juan Teodoro Corbín Llorente. La identificación que hicimos de las muestras de plantas en clase fue algo que me llamó mucho la atención y despertó una gran curiosidad en mí. Desde ese momento, con la compra de mi primer libro de claves (“el Bonnier”), recuerdo que no paraba de recolectar plantas e identificarlas. Me encantaba determinar especies desconocidas para mí, llegar a conocer su nombre y como eran, fue algo que me maravilló desde un primer momento y todavía ahora lo sigue haciendo.

 

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Haciendo uno de los primeros herbarios que tuve, en concreto para la asignatura de Briófitos y Cormófitos, que cursé en 4º de Biológicas.

 

Además, en dicha asignatura había que hacer un herbario, una colección de plantas secas. Esta práctica la veía como algo manual, en su momento no le di mucha importancia aunque le dediqué un buen tiempo. Pero además de no tener las herramientas adecuadas para que quedarán bien prensadas y preparadas las muestras (prensa, papel adecuado, cartones, almohadillas, etc.), sentía que una vez identificadas las plantas el resto era hacer trabajos manuales que me hacían perder el tiempo. (Quiero dejar una nota aquí: actualmente sigo haciendo pliegos de herbario y cada vez parece que me gusta más).

 

Entonces, si pudieras elegir, ¿qué época de esta disciplina te hubiera gustado vivir y por qué?

La actual está muy bien, pero me hubiera encantado formar parte de alguna expedición a bordo de algún HMS inglés, por ejemplo del primer viaje del Capitán James Cook de finales del siglo XVIII al Pacífico Sur a bordo del HMS Endeavour, o acompañar como botánico a la expedición americana de Alexander von Humboldt también de finales del siglo XVIII y principios del XIX. Me considero un verdadero fan de las expediciones científicas que se realizaron con los viajes de circunnavegación del Capitan Cook, sobre todo de las aportaciones a la Botánica de estas expediciones y los materiales de herbario. Tanto es así que, estuve obsesionado por estudiar algunas de las plantas que más me han llamado la atención desde siempre de estas expediciones, y fruto de ese estudio pudimos aportar algo a la ciencia por nuestra parte.

 

MONTAJE ARTICULO LAMINA

A la izquierda, ilustración del tipo de Sitodium altile (Artocarpus altilis o árbol del pan) realizada por Sydney Parkinson en la primera expedición de James Cook al Pacífico (©). A la derecha, artículo donde fue designado el tipo de referencia del nombre de esta planta. 

 

¿Nos podrías resumir tu trayectoria profesional?

A partir de tercero de carrera comencé a trabajar por las mañanas, encontré un trabajo que me permitía compatibilizar los estudios con el trabajo. Se trataba de trabajar para la Regiduría de Educación del Ayuntamiento de Valencia, en unos talleres educativos que ofrecía a escuelas de Primaria y Secundaria. El trabajo era desde abril hasta julio, y consistía en visitar los colegios y estar una hora por curso realizando cuadernos didácticos relacionados con el medio ambiente. Me acuerdo especialmente de dos de estos talleres, uno sobre la conservación de animales y otro sobre las calles arboladas de la ciudad de Valencia. Además, el trabajo incluía también un programa para escolares en el que debía hacer de guía en el Zoo de Valencia y en el Museo de Ciencias Naturales de Valencia (Museo Paleontológico), ambos en su momento en los jardines del Real (Los Viveros).

Con este trabajo ganaba poco pero me permitía vivir en Valencia y comprar libros, aunque lo que esperaba sobre todo algún día era poder comprarme una lupa binocular, herramienta que consideraba del todo imprescindible para estudiar mucho mejor las plantas. Al final, ¡la pude tener!

En cuarto de carrera, recuerdo que por incompatibilidad con el trabajo, no pude asistir en el segundo cuatrimestre a la asignatura de Cormófitos, algo lamentable, pero resultaba del todo imposible poder llegar a un acuerdo para que pudiera asistir a las clases sin dejar de trabajar, tuve que decidir y como bien imagináis… dejé de ir a las clases, claro. ¡Tenía que comprarme esa lupa fuera como fuera!

El último año de la licenciatura me enteré que en el Departamento de Botánica ofertaba una plaza para colaborar con el profesor Miguel Guara en el estudio de la flora de la Reserva Valenciana de Caza de la Muela de Cortes de Pallás. Ese puesto me interesaba mucho y, aunque quería terminar bien mis estudios y no distraerme demasiado con otras cosas, consideré que era una oportunidad muy interesante. Con ayuda de Esther, mi pareja en ese momento y en la actualidad, que me animó y ayudó a presentarme, preparé un currículum y fuimos a entregarlo al profesor Guara. Pero en ese momento no estaba en su despacho y al ser el último día para poder entregarlo, recuerdo muy bien que lo metí por debajo de la puerta. No sé por qué se me quedó grabado en la memoria ese momento y, aunque supongo que no es la mejor manera de presentarse, así lo hice, y al final fui elegido por el profesor Guara junto a otros cuatro estudiantes más.

 

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En el laboratorio del profesor Miguel Guara Requena, en el Departamento de Botánica de la Facultad de Ciencias Biológicas (Universitat de València), año 2004.

 

Comenzamos las salidas de campo y las visitas a Cortes de Pallás. En la primera salida fuimos cinco estudiantes, pero luego nos quedamos solo dos. La beca tenía una duración de dos meses, que comenzaban en mayo de 2002, pero recuerdo estar hasta final de año trabajando en el proyecto. Miguel me dejaba trabajar en su laboratorio, me dio unas llaves y dispuso para mí su biblioteca. Iba todos los días al terminar las clases al laboratorio a continuar con la identificación de las muestras, que traíamos en nuestras visitas y herborizaciones a la Muela de Cortes, y la preparación de un herbario que confeccionamos con todas esas plantas que había recolectado en la campaña de 2002. Al año siguiente, Miguel me ofreció una beca de investigación para todo un año y pudimos continuar con el estudio de la flora vascular de ese territorio.

Al terminar la beca de investigación, consideramos que sería muy interesante seguir profundizando en el estudio de las plantas de aquel lugar. Pensamos que lo mejor sería emprender una tesis doctoral, así que me matriculé en los cursos de doctorado del programa Biodiversidad y Biología Evolutiva, que ofertaba el Institut Cavanilles, y comenzamos a pedir becas. Solicitamos unas cuantas, pero fueron denegadas por “escaso interés científico de la propuesta”. Sin embargo, esa situación en vez de afligirme, me animó mucho más a continuar. Así, al cabo de un año presentamos el Trabajo de Investigación y defendí el Diploma de Estudios Avanzados (DEA). Una vez superado estos dos pasos, y defendidos ambos trabajos ante sendos tribunales, el objetivo era la Tesis Doctoral.

 

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Consultando pliegos de herbario en diferentes colecciones, herbario del Orto Botanico de la Università degli Studi di Catania (CAT), herbario de Florencia (Museo di Storia Nturale dell’Universitá di Firenze, FI) y herbario del REal Jardín Botánico de Madrid (MA).

 

Así, dada la situación del momento, decidí realizar la tesis doctoral sin financiación y me lancé de lleno al estudio de la flora vascular del Lugar de Interés Comunitario Muela de Cortes y Caroche. Durante los años 2003 y 2004 realicé un gran número de visitas a la zona, herborizando de sol a sol, llenando prensas y prensas de plantas. Llevaba el coche de mis padres, una furgoneta Fiat Fiorino, que me permitía cargar con las pesadas prensas y pernoctar en su interior en esas noches de primavera y verano en mitad del monte. Terminaba la jornada de recolección, prensaba, cenaba y me iba a dormir para poder estar en el tajo al día siguiente nada más salir el sol.

Recuero una anécdota graciosa de aquellos días. Una jornada en la Muela de Bicorp, después de prensar las plantas y ya de noche, estaba dentro de la furgoneta y me disponía a acostarme cuando vi unas luces que parecían proceder de dos linternas. Las luces se acercaban cada vez más al coche, no entendía muy bien que estaba pasando pero reconozco que llegué a sentir algo de miedo. Las luces llegaron al coche y al tiempo que tocaban en la ventanilla lateral de la furgoneta dijeron que eran de la Guardia Civil. Salí del coche y me hicieron unas preguntas, les mostré las prensas, las bolsas con plantas frescas, todo el material que llevaba para herborizar y los libros, y les conté lo que hacía por allí. Al parecer, fueron en mi búsqueda porque alguien del pueblo les había comentado que merodeaba desde hacía unos días una furgoneta blanca por el término, así que quisieron averiguar quién era. Después de un rato charlando se marcharon y yo continué allí, con mis plantas, en medio del monte.

 

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Preparando y estudiando las muestras recolectadas durante el día.

 

Después de dos años de intensa recolección y preparación de muestras, comenzaba a flaquear de dinero. Había ahorrado bastante de aquella beca que tuve años atrás, pero sobre todo eran mis padres los que me estaban ayudando y apoyando en todo momento. No obstante, notaba que necesitaba acelerar el estudio o conseguir alguna beca (lo cual veía complicado) o de lo contrario, tal vez, no podría terminar la tesis.

En junio de 2005, camino a la zona de tesis, saliendo del pueblo de Quesa, recibí una llamada telefónica, era el profesor Rafael Currás. Conocía a Rafael, pues pasaba algunos ratos en el laboratorio donde yo estaba y sobre todo porque compartía despacho en el Departamento de Botánica con Miguel Guara. Éramos amigos en ese momento y lo seguimos siendo. Rafael me llamó y me dijo que había una plaza de trabajo que ofertaban para un puesto de botánico en un centro de la Consellería de Medio Ambiente, concretamente en el Banc de Llavors Forestals (actualmente dentro del CIEF, Centro para la Investigación y la Experimentación Forestal de la Generalitat Valenciana). Este fue un momento importante en mi carrera.

Me presenté a la entrevista de trabajo y ese día conocí a Toni Marzo, el director técnico en aquel momento del Banc de Llavors Forestals y del CIEF. Recuerdo especialmente como Toni me enseño el centro y lo amable que fue conmigo, y como al cabo de unos días me notificaban que entraba a trabajar allí. Y así fue, el 1 de julio de 2005 empecé mi andadura en el Banc de Llavors Forestals, en un proyecto internacional de conservación de germoplasma de especies vegetales del Mediterráneo. Tuve de compañero a Christophe Zreik, con quien todavía trabajo en el mismo centro y es amigo, y juntos tuvimos la oportunidad de viajar a varios países del Mediterráneo para conocer instituciones donde se trabaja la conservación de la flora.

 

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Visita a una de las pocas poblaciones mundiales de Artemisia molinieri (Marsella, 2006)

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Expedición a Marruecos realizada en 2006, destinada la recolección de semillas de especies de interés para la conservación. Parte de los objetivos de esta expedición fue comenzar la creación de un banco de germoplasma en Rabat. La expedición e realizó entre el CIEF, el Conservatorio botánico nacional mediterráneo de Porquerolles de Francia, el Institut Botànic de Barcelona y la Universidad Mohamed V de Rabat. En la imagen se aprecia la recolección de un ejemplar de Senecio giganteum en el Medio Atlas Marroquí. En la foto de grupo aparecen, de izquierda a derecha (Pablo Ferrer, Henri Michaud, Myriam Virevaire, Mohamed Fennan, Samuel Pyke, Jalal El Oualidi y Josep María Montserrat).

 

Después de este proyecto continuamos con otro de temática similar, también internacional, pero con la participación de más países, en esta ocasión con presencia algunos africanos. La implicación de Marruecos en el proyecto me permitió viajar en varias ocasiones a este país y colaborar en varias expediciones dedicadas a la recolección de semillas de especies de interés para la conservación y el estudio de muestras vegetales. Al acabar, pasé a formar parte del equipo de conservación de flora amenazada del Servicio de Vida Silvestre de la Generalitat Valenciana, coordinado por Emilio Laguna y Juan Jiménez, como Jefe de Servicio. Parte de este grupo, en concreto el dedicado a la flora terrestre, tenía el sitio de trabajo en el CIEF.

¿Y la tesis doctoral? El trabajo me ocupaba todo el tiempo y no tenía hueco alguno para seguir invirtiendo en ella, hasta el año 2010, momento en el cual la retomé por fin. Así, después de sopesar y diseñar en mi cabeza como sería la vuelta, y sobre todo gracias a la ayuda de mi amiga Inma Ferrando que no paraba de animarme, decidí terminar lo que había empezado. El mes de diciembre de ese año desempolvé los archivos y comencé de nuevo, decidido a terminar. Después de cuatro años de trabajo muy intenso, ayudado por muchas personas, el 14 de diciembre de 2014 presentaba y defendía la tesis doctoral.

 

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Después del solemne acto de investidura de nuevos doctores en el Rectorado de la Universitat de València, año 2016, con mis padres (Isidro y Pilar) y mi hija Julia.

 

Fui elegido para representar a la Facultad de Ciencias Biológicas en el acto de investidura de nuevos doctores en el Rectorado de la Universitat de València, algo que me hizo sentir muy honrado. Además, gracias a todo el trabajo en la tesis y las aportaciones que veníamos haciendo en forma de publicaciones, me presenté a la candidatura para el premio extraordinario de doctorado y lo conseguí, lo que me procuró un momento de gran felicidad en mi vida. En este sentido, acudí con toda mi familia, dos años después de la lectura de la tesis, de nuevo al Rectorado, a un acto solemne que hizo que me sintiera humildemente muy orgulloso de mi labor y de tanto esfuerzo, sacrificio y dedicación.

 

En LA ACTUALIDAD, TRABAJAS EN EL CIEF. ¿EN qué consiste tu trabajo?

Soy técnico del Servicio de Vida Silvestre en el departamento del CIEF, donde desarrollo mi trabajo en el campo de la biología de la conservación de plantas amenazadas.

 

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Con motivo del año de las orquídeas, propuesto por el Servicio de Vida Silvestre en 2017, se realizaron varios trabajos enfocados a la conservación de germoplasma de algunas de las especies de orquídeas más interesantes en la flora valenciana.

 

El equipo de trabajo del que formo parte es el encargado de gestionar el germoplasma de especies en peligro de extinción así como la conservación y recuperación de poblaciones de plantas que están desapareciendo. Desde la localización de poblaciones de estas especies amenazadas hasta la recolección y manejo de su germoplasma para su conservación en el Banco de Germoplasma de la Flora Silvestre de la Generalitat Valenciana, pasando por el estudio de la fisiología de la germinación de las semillas y la producción de planta, para los diferentes planes de conservación, recuperación y manejo de estas especies en el medio natural. Toda esta cadena de trabajo exige una dedicación importante, no solo desde el punto de vista técnico y práctico sino también desde una perspectiva más intelectual.

 

Tu especialidad entonces es la conservación de especies vegetales en peligro de extinción. ¿Qué te interesó de este campo de estudio?

Mi actividad profesional y mi carrera laboral se centran en esta área, y es un campo de trabajo que me interesa mucho, ya que plantea importantísimos retos y exige una preparación y actualización de la información constante. Un contexto laboral de gran complejidad y responsabilidad, en el que quiero profundizar todavía más y en el que me gustaría aportar muchas cosas.

 

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Equipo del Departamento de Botánica de la Universitat de València y el CIEF que formaba parte del proyecto Filmed I, para el estudio de la filogeografía de algunas especies integrantes de la vegetación de la maquia mediterránea. En la foto, de izquierda a derecha: Pablo Ferrer, Toni Marzo, Rafael Currás, Toni Aguilella, Fernando Boisset, Joan Pedrola, Miguel Guara, Felisa Puche e Isabel Mateu.

 

Además de trabajar para la Generalitat Valenciana, no he dejado de colaborar con el Departamento de Botánica de la Universitat de València, con varios de los profesores de este departamento, del Jardí Botànic (Miguel Guara, Rafael Currás, Isabel Mateu, Fernando Boisset, José A. Rosselló, Felisa Puche, Gonzalo Mateo, Jaime Güemes, etc.) o de la Facultad de Farmacia (Juan B. Peris, Gerardo Stübing, etc.), así como de la Universidad Politécnica de Valencia y otras universidades españolas con las que llevo muchos trabajos de colaboración desde hace tiempo.

 

¿Qué tipo de proyectos de investigación llevas a cabo?

Me interesa mucho y me apasiona la biología de la conservación, pero también la taxonomía de algunos grupos. Me fascinan géneros de plantas como Teucrium, Sideritis, Thymus, Limonium, Centaurea, entre otros muchos. Un campo de estudio que también me entusiasma y con el que me siento muy cómodo trabajando es la nomenclatura botánica.

 

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Imágenes de una planta recientemente descrita para la flora valenciana, una variedad albina de la Silene de Ifac; a la izquierda, una planta en su localidad clásica (Illot de la Mona), a la derecha, el pliego de herbario que contienen su tipo, conservado en el herbario del Jardí Botànic de la Universitat de València.

 

Estoy colaborando en varios proyectos de diversa índole y temática. Me resulta muy gratificante la colaboración en el Inventario Nacional de los Conocimientos Tradicionales, tanto el relativo a la biodiversidad silvestre como el de las plantas cultivadas. También en otro tipo de proyectos de convocatoria más humilde, como el estudio fisiológico de la respuesta de algunas especies adaptadas a ambientes de estrés salino o el dedicado a la genética y cariología de especies vegetales valencianas y procesos de hibridación, así como de índole más práctica como el dedicado a la restauración ecológica forestal y la participación social en ambientes alterados por perturbaciones y áreas post-incendio, en el cual codirijo una tesis doctoral.

Además de estos proyectos consolidados, en la actualidad colaboro con varios equipos de trabajo de diferentes universidades y centros de investigación, algunos extranjeros, desde la dirección de proyectos final de Grado y Máster, hasta la coautoría de estudios dedicados a la nomenclatura o descripción de nuevas especies de plantas.

 

¿Te consideras discípulo de algún botánico o botánica en especial?

Me considero un biólogo conservacionista y en esta rama he aprendido mucho de varios botánicos, personas con las que he estudiado y con las que he trabajado durante todo este tiempo en los diferentes proyectos en los que he colaborado. En especial, destaco sobre todo a Emilio Laguna. He trabajado con él muchos años y todavía lo hago en la actualidad, me gusta considerarme un apóstol de su doctrina de conservación, tanto de la figura de Microrreservas de flora como la de conservación a ultranza de los endemismos vegetales.

 

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Foto de grupo durante la visita del profesor Vernon H. Heywood a Valencia con motivo del acto de celebración del 25 aniversario de la aprobación de la figura de Microrreservas de flora valencianas. De derecha a izquierda: Ana Pons, Pablo Ferrer, Emilio Laguna, Vernon Heywood, Angelo Salsi, Joan Mayol, Jaime Güemes.

 

Además, durante esos primeros años después de la carrera aprendí muchas cosas con Miguel Guara y también, sobre todo en esa primera etapa de mi trabajo, con Toni Marzo y Rafael Currás, de quienes aprendí ciertas habilidades y talantes que me han servido mucho en mi vida profesional. Otras personas me han enseñado a trabajar y moverme en el mundo de la Botánica, como Juan B. Peris, Roberto Roselló, Josep A. Rosselló, con ellos he compartido importantes momentos que me han hecho aprender mucho.

Por último, quiero agradecer además a mis jefes, Emilio Laguna, Rafael Currás y Toni Marzo, la oportunidad que me han ofrecido en muchas ocasiones de conocer a personas muy importantes para mi vida profesional y mi carrera intelectual.

 

Por otra parte, trabajas también en un proyecto más personal relacionado con la viticultura. HÁBLANOS un poco de él.

Además de la Botánica, me interesa mucho la viticultura y la enología. Formo parte de un proyecto familiar, somos tres hermanos (Miguel Ángel, Raúl y yo) que junto a nuestros padres trabajamos el viñedo de la familia y elaboramos vino natural orgánico procedente de una viticultura ecológica y absolutamente respetuosa con el medio ambiente. Desde que tengo memoria he trabajado como agricultor ayudando a mi familia a cultivar la vid, he crecido entre viñedos y toda mi infancia está ligada al mundo rural y la agricultura. Desde el año 2012 elaboramos nuestros propios vinos de una manera artesanal, tradicional, ecológica y alternativa a la corriente actual.

 

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Arriba, mi sobrino João y mi padre Isidro en uno de los viñedos más antiguos que tenemos (Las Parideras); abajo, botella de vino ENDEMIC.

 

Alcanzamos un producto con el que estamos todos muy satisfechos, nos llena y nos complace saber que se puede hacer un producto de gran calidad respetando la naturaleza, alcanzar un vino de alta gama con una elaboración que no requiere ningún aditivo, que puede ser realizado solamente mediante la fermentación que realizan las propias levaduras que trae la uva del campo en la vendimia y que no necesita nada más. Ese es nuestro vino (ENDEMIC) y la manera que tenemos de entender la viticultura, la agricultura y la vida en general.

 

 

Una marca con mensaje que apuesta por la conservación del patrimonio cultural y botánico. ¿qué VALORES pretendes transmitir?

El respeto a la naturaleza lo es todo para poder tener un ambiente sano en el que vivir y en el que hacer una agricultura sostenible. El patrimonio cultural (tangible o intangible) ligado a la naturaleza y el patrimonio botánico o medioambiental van ligados. En mi opinión, tienen sentido si se conservan y mantienen juntos, no el uno sin el otro. Creo que hemos maltratado durante mucho tiempo el medio natural, hemos sido muy agresivos, incluso en el modo de hacer agricultura que ahora podríamos considerar como ecológica.

 

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Imagen de la Bodega ecológica y autosuficiente Ferrer-Gallego (Jaraguas, Valencia) en medio del viñedo.

 

En estos momentos la situación es crítica y como se comienza a decir por ahí, estamos en situación de “emergencia”. Por ello, es necesario no solo una importante concienciación medioambiental por parte de la sociedad, algo que creo que no llegará hasta dentro de mucho (si es que en algún momento viene), sino políticas ambientales destinadas a salvar y conservar lo que nos queda de naturaleza. Pero más importante aún, creo que es necesario recuperar naturaleza, recuperar parte de lo que hemos perdido por nuestras malas prácticas y abusos sobre el medio. En este sentido, la biología de conservación y la restauración ecológica tiene un importante reto, es lo que a mí me gusta denominar como la “biología de la recuperación”.

 

¿Qué relación tienes con el Jardí Botànic de la UV?

Me encanta el Jardí Botànic de la Universitat de València. Para mí es un espacio de vida y diversidad. Desde que era estudiante y me vine a vivir a Valencia, que ya paseaba por el Jardín. Me encanta ver las plantas que conserva in vivo y lo encuentro un espacio muy agradable.

 

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A la izquierda, muestra tipo de la carrasca (Quercus rotundifolia) conservado en el herbario del Jardí Botànic de la Universitat de València y designado como espécimen de referencia mundial en un estudio recientemente publicado sobre la nomenclatura de esta especie. A la derecha, imagen de los cromosomas de una especie en estudio fruto de la colaboración con el equipo de Biología Evolutiva del Josep A. Rosselló y Marcela Rosato.

 

Por otra parte, actualmente me siento muy bien colaborando con varios de los investigadores del Jardín y aportando en la medida de mis posibilidades todo lo que puedo, desde pliegos de herbario y muestras de semillas hasta mi trabajo en diferentes estudios que estamos llevando a cabo conjuntamente.

 

¿A qué botánico o botánica te hubiera gustado conocer en persona?

Sin duda alguna me hubiera gustado conocer a Heinrich Moritz Willkomm, a quien considero una figura gigante de la Botánica. Admiro su Prodromus Florae Hispanicae y creo que es la obra más relevante realizada hasta el momento para la flora española. También me hubiera gustado mucho conocer a Carlos Pau, por supuesto.

 

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Recolección de muestras en una expedición botánica realizada por Túnez, intentando alcanzar una planta de Pancratium foetidum.

 

¿Cuál es la parte más farragosa de tu trabajo y la más gratificante?

A veces la biología de la conservación y sobre todo la restauración ecológica de espacios, hábitats y poblaciones amenazadas es algo muy complicado. Resulta sumamente complejo llegar a establecer una población de una especie amenazada en el medio natural, hay muchos factores y condicionantes con los que tienes que contar para lograr el éxito. Esta parte es a veces muy desmoralizadora y frustrante, pero por algo estas especies necesitan nuestra ayuda. Supongo que si fuera más fácil, la biología de la conservación, no tendría tanto sentido ni sería tan necesaria. Sin embargo, es muy gratificante llegar a ver trabajos exitosos, proyectos que logran hacer que poblaciones de especies realmente amenazadas de extinción lleguen a establecerse, que las plantas crezcan y se reproduzcan con éxito.

 

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Pablo y Julia recolectando plantas en el Pirineo, algunas de ellas llegarán al herbario del Jardí Botànic de la Universitat de València, otras tal vez no.

 

También es muy enriquecedor trabajar en equipo. Considero que muy pocas cosas se podrían alcanzar sin un buen trabajo en red, los logros saben mucho mejor cuando se alcanzan entre todos. Además, también me gusta mucho ver como personas que en un principio estaban ajenas a determinados trabajos de conservación, gracias a conversaciones, salidas al campo juntos y en definitiva a un acercamiento, una comunicación efectiva y un conocimiento de las especies amenazadas, pueden llegar a implicarse y preocuparse como el que más en estas tareas, y sobre todo llegar a sentir realmente la importancia y la necesidad de lo que hacen. 

Revista Espores. La veu del Botànic

Redacción de Espores, la veu del Botànic

Revista de divulgación científica del Jardín Botánico de la Universidad de Valencia