Un gran vertedero llamado India

A principios del nuevo milenio la filósofa y activista ecologista india Vandana Shiva alertaba sobre uno de los problemas que amenazaban a su país, en su prematuro y excesivo desarrollo se estaba convirtiendo en el mayor vertedero tecnológico del mundo. Hoy, la e-basura sigue siendo uno de los problemas de contaminación más importantes del mundo.

 

En el año 1992 ciudadanos y gobiernos de todo el mundo se reunieron en Río de Janeiro para ocuparse, por primera vez y de forma consensuada, de algunas de las amenazas ecológicas más importantes a las que se enfrentaba el mundo como consecuencia del progreso tecnológico producido a lo largo del siglo XX. Entre los temas que se trataron estaba un cambio climático en pleno apogeo de investigación, la erosión de la biodiversidad a lo largo y ancho del planeta, la deforestación del Amazonas y de otros pulmones de la Tierra, la contaminación de los recursos hídricos, la crisis política, social y bélica generada en lugares con escasez de agua y la acumulación de residuos tóxicos.

 

Dentro de este último bloque tomaba especial importancia la contaminación ambiental producida por los residuos tecnológicos, un problema nuevo, de nuestro siglo, y que surgía como consecuencia del desarrollo tecnológico y de la sociedad de consumo. ¿Qué hacer con aquellos residuos derivados de la producción y el consumo informático a gran escala? ¿Donde van a parar todos esos ordenadores, pantallas, teclados, impresoras, tablets o teléfonos móviles desechados a toneladas cada año, y con una cantidad de plomo y mercurio suficiente para contaminar acuíferos y terrenos agrícolas? ¿Cómo se reciclan?

 

Las respuestas estaban por resolver, pero ante la amenaza latente las voces de alarma se multiplicaron. Si algo estaba claro es que en un mundo totalmente globalizado y de comercio libre la potencia económica era lo único que determinaba el poder y el control. Y ese liberalismo que hace que todo pueda comprarse y venderse se acentuaba más en productos no regulados hasta entonces como, por ejemplo, ocurría con la basura tecnológica. Como si de un atajo se tratara, muchos países en vías de desarrollo habían optado por la obtención de dinero (sinónimo de bonanza económica, y por lo tanto, de poder a escala mundial) a través de exportar sus recursos naturales a los países ricos y vender su territorio importando parte de esa basura tecnológica y altamente contaminante. De esta forma los recursos se trasladaban de los países pobres a los ricos y la contaminación de los ricos a los pobres.

 

INDIA_VERTEDERO

ewaste-keyboards

El resultado, tal y como aseguró Vandana Shiva, era una especie de apartheid ambiental a escala mundial en el que los países en vías de desarrollo estaban condenados a soportar la degradación ambiental a cambio de un futuro e hipotético desarrollo económico. Un precio demasiado alto si tenemos en cuenta los efectos directos de estos vertederos tecnológicos, que arrastran con ellos cada día a cientos de refugiados ambientales. Cuando Shiva publicó su ensayo “El mundo en el límite” (Giddens y Hutton, editores. El mundo en el límite: la vida en el capitalismo global. Tusquets, Barcelona. 2001) a punto de celebrar el diez años de la primera conferencia de Río, la India ya era el gran vertedero del planeta que acogía la basura informática de algunos de los principales países productores del mundo como EEUU o Corea del Norte.

 

A día de hoy, la India es uno de los diez mayores productores de tecnología de información del mundo, lo que la convierte en una potencia a nivel mundial. Sus exportaciones de software superan los 50.000 millones de dólares al año, el país crece a un ritmo vertiginoso, y con un PIB que en menos de cinco años ha ascendido al 9.3%, situándolo entre las diez economías más importantes. Pero, inexplicablemente, sigue siendo, junto con China, el mayor vertedero informático del mundo.

 

Un drama humano detrás de cada pantalla

Según el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambienta (PNUMA), cada año se producen en el mundo 50 millones de toneladas de basura electrónica que en su mayoría van a parar a la India, China y Pakistán, y Nueva Delhi es desde hace años la ciudad del mundo con mayor cantidad de desperdicios digitales. Estas miles de toneladas de basura llegan de forma velada e ilícita violando el Convenio de Basilea (entró en vigor en 1994) que busca regular y disminuir la importación-exportación de residuos altamente contaminantes.

 

Cientos de ordenadores portátiles y de sobremesa, teléfonos móviles, impresoras y otros electrodomésticos llegan a la India en contenedores camuflados como ayuda humanitaria para asociaciones no gubernamentales o para colegios. El lugar al que va a parar son esas grandes pirámides de torres de ordenador, teclados y pantallas por las que escalan niños y mujeres y que se han convertido en una triste y habitual imagen del paisaje indio. También de China, de Pakistán y de Ghana, el más reciente basurero tecnológico del mundo.

 

basura_electronica

 

El motivo que muchos de estos países (sus políticos y magnates empresariales) alegan para albergar la basura tecnológica, es la capacidad para poder reciclarlos y así generar nuevos beneficios obtenidos de la venta de segunda mano. También está el supuesto esfuerzo de reducir la brecha digital. Pero tras esta cortina de humo se esconde un drama en el que se ven envueltos millones de personas. En primer lugar, porque no todo lo que llega hasta allí puede recuperarse. En segundo porque para ese proceso de recuperación es necesario desmontar los aparatos y extraer cada uno de sus componentes (cables, circuitos, carcasas de plástico, baterías, soldaduras) comprobando su posibilidad de reciclado. Estos componentes a su vez se venden de forma ilegal a caciques o pequeños empresarios que los compran a precios irrisorios y que contribuyen a la creación de un mercado clandestino que favorece la explotación de los más débiles, generalmente mujeres y niños.

 

Y en tercer lugar está el problema ambiental, ya que estos grandes vertederos se encuentran al aire libre, dispersando sus sustancias contaminantes por el aire, la tierra y el agua. Puesto que muchos de los residuos llegan prácticamente destrozados, acaban en unas plantas de reciclaje donde, como no se sabe cómo recuperarlo, el material se quema a cielo abierto. La cantidad de residuos es tanta (en la India se pueden llegar a manipular unas 20.000 toneladas de residuos informáticos al año sólo en Nueva Delhi) que la toxicidad llega a la tierra primero y a los acuíferos después, pudiendo entrar en la cadena alimenticia.

 

Basura_rio

tecnobasura_1

Los efectos de la contaminación tecnológica son muchos y muy negativos para la salud y para el medio ambiente. Además del terreno tradicionalmente agrícola que estos gigantescos vertederos ocupan y que obliga a los habitantes de la zona a buscar alternativas, el ecosistema queda fuertemente dañado por la presencia continua de materiales como bromo, mercurio, plomo, cobre o selenio. Los efectos de estos materiales en las personas que los manipulan de forma constante, incontrolada y sin seguridad de ningún tipo son devastadores: desde daños en el sistema neurológico a malformaciones embrionarias de las mujeres embarazadas, pasando por debilitación de los huesos y del sistema inmunitario o las irritaciones cutáneas, y los problemas respiratorios cuando la recuperación de materiales se realiza a través de quemas o de sumergir los restos en algún tipo de ácido.

 

Si tenemos en cuenta además que el trabajo se realiza en condiciones de insalubridad y con una higiene mínima, esto se multiplica considerablemente. El drama es mayor porque generalmente este tipo de trabajos son realizados por niños. Y esta pautas se repite, tristemente, en todos los vertederos tecnológicos del mundo, tanto en la India, como en China, en Pakistán o en África. Por lo tanto, estamos hablando de que la basura tecnológica es un problema a nivel global.

 

¿Buscando nuevos vertederos?

Si tradicionalmente la India y China son los vertederos donde países como EEUU o Japón depositan su basura tecnológica, en el caso de la UE parece que el lugar elegido para deshacerse de la basura tóxica está en África. Por eso en el año 2008, y tras obtener pruebas de que algunos países europeos exportaban residuos electrónicos a Ghana de forma ilegal, Greenpeace realizó una investigación sobre la contaminación de este tipo de basura en el país africano, tanto en el entorno como en las personas que trabajan con estos materiales.

 

Los resultados de este informe fueron devastadores. Abocado a convertirse en el nuevo vertedero tecnológico del planeta, en el suburbio de Agbogbloshie a las afueras de Accra, capital de Ghana, la contaminación por plomo, cadmio y cobre era cincuenta veces superior a los niveles libres de riesgo. Cientos de niños están cada día en contacto con las sustancias que extraen directamente de los aparatos o a través de la quema de partes más grandes.

 

wawis-basura-tecnologica

page

Localización de los mayores vertederos del mundo según Greenpeace


Pero, ¿cuál es la solución ante una aparente pasividad de los países desarrollados y de la comunidad internacional? El primer paso es que las autoridades adviertan y reconozcan el problema de forma unánime, y para ello es imprescindible que todos los países implicados, importadores y exportadores, se adquieran al pacto de Basilea y lo respeten. Hasta ahora, países como Ghana no se habían adscrito y a él y, por lo tanto, se mantenían al margen o en un limbo legal en cuanto a la legislación internacional de comercio de residuos tóxicos se refería. En el plano político también es necesario alcanzar un consenso general sobre el problema del reciclaje y la eliminación de residuos electrónicos.

 

Puesto que ya se ha generado un mercado clandestino de este tipo de materiales difícil de erradicar, porque son muchas las personas que a falta de actividades agrícolas han convertido esta actividad en su modo de vida, lo justo sería acordar un sistema global de reciclaje de basura tecnológica acompañado de modelos de negocio acordes con los estándares de salud, seguridad y medio ambiente, con empresas que reciclen de forma respetando todas las normas internacionales. Para conseguirlo, en 2012 diversas empresas informáticas como Dell, Microsoft, Hewlett Packard o Philips se unieron bajo la iniciativa StEP, creada por la ONU y la Agencia de Protección Medioambiental de EEUU (EPA) solucionar el problema de e-Basura.

 

Aún así, los esfuerzos parecen pocos, o al menos son poco eficientes. Si bien es cierto que aunque la exportación de este tipo de basuras no se ha erradicado, sí que es cierto que se controla más pero, de forma general, el problema de la basura tecnológica es muy difícil de solucionar. Y parece que sólo hay una solución realmente eficaz, eliminar las sustancias químicas peligrosas de los aparatos electrónicos para poner fin a esta herencia tóxica que nos deja la globalización tecnológica.

 

Leer informe Greenpeace completo:

http://www.greenpeace.org/espana/global/espana/report/contaminacion/envenenando-la-pobreza.pdf

Revista Espores. La veu del Botànic

Redacción de Espores, la veu del Botànic

Revista de divulgación científica del Jardín Botánico de la Universidad de Valencia

Medios