Stuttgart 21, entre necesidad y conflicto

¿Una red ferroviaria más rápida y eficaz o preservar zonas verdes urbanas de gran valor natural? Este el dilema que se le ha planteado a los habitantes de la ciudad alemana de Stuttgart ante la necesidad de seguir creciendo como urbe. Un proyecto de gran controversia que finalmente ha derivado en la organización de un referendum. 

 

Desde el año 1994 un polémico proyecto sobrevuela la ciudad de Stuttgart, en el estado federado alemán de Baden-Württemberg. Una propuesta que pretende llevar a cabo una profunda reestructuración urbana entorno a la estación central de trenes de la ciudad, donde se encuentran algunos de los espacios verdes más admirados por sus vecinos. Y es por eso que desde su origen, el proyecto, generó un fuerte movimiento de oposición ciudadana.

 

Stuttgart 21 es, sin lugar a dudas, el proyecto urbanístico más ambicioso que ha asumido la ciudad alemana en su historia reciente. El plan pretende soterrar y reconfigurar la estación central de ferrocarril y adecuarla a la línea de alta velocidad Magistrale for Europe, que unirá París con Bratislava a lo largo de más de 1.500 kilómetros. En un principio el proyecto se presupuestó en 2.600 millones de euros, financiados públicamente, aunque a finales de 2012 la cifra habría ascendido hasta los 6.000 millones. Este desajuste en el presupuesto, sumado a que el plan pretende borrar del mapa varios jardines que son símbolo de la ciudad, ha originado una movilización ciudadana sin precedentes en contra del proyecto.

 

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Fue precisamente ante la amenaza de la tala masiva de árboles de los parques que rodean la estación cuando se creó la figura del Parkschützer (literalmente "protector de parques"). Este movimiento consiguió aglutinar a un gran número de vecinos de diverso signo político que, de manera completamente altruista y, en cierto modo, romántica, montaron guardia día y noche durante más de dos años tratando de poner freno a la destrucción de las zonas verdes frente a una fuerte represión por parte de la policía. 

 

Concretamente, los protectores de los parques se estaban encargando de defender la conocida como "U Verde". Un espacio de ocho kilómetros de longitud, alrededor del ferrocarril, formado por un conglomerado de parques procedentes de distintas épocas que ofrecen un recorrido por la historia de la horticultura y la jardinería de Stuttgart.

 

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Parkschützer

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Wilhema Zoologische-Botanische Garten, Stuttgart

 

Los parques que forman este conjunto y que se verían parcialmente afectados por las intervenciones son: el Schlossgarten, el jardín particular del Castillo de Stuttgart, dividido en tres partes y que data de 1350, con olmos, plátanos, castaños de indias, arces y robles con troncos de hasta cinco metros de perímetro; Rosensteinpark, el jardín inglés más grande de Alemania diseñado a principios del siglo XIX junto al palacio del mismo nombre; Wilhelma y Leibfriedscher Garten, que acogen el jardín botánico y el zoológico de la ciudad; y Killesbergpark, un espacio creado con motivo de una feria de horticultura en el año 1939 y que en la actualidad sigue acogiendo eventos relacionados con esta práctica agrícola.

 

Seguramente, esta polémica fue el motivo principal que llevó a los ciudadanos de Stuttgart a elegir al primer alcalde verde de su historia en las elecciones municipales de junio de 2009. Más tarde, en marzo de 2011, el candidato Winfried Kretschmann se convertiría en el primer presidente verde de la historia del Land, destronando al CDU de Angela Merkel tras 58 años en el gobierno del estado federal.

 

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 Winfried Kretschmann

 

Sin embargo, en contra de lo que pudo parecer desde un principio, resultó que no todos los vecinos de Stuttgart eran contrarios a la ejecución del megalítico proyecto, y así lo demostraron en un referéndum que se llevó a cabo en noviembre del 2011. La consulta se mostró favorable, con un 60% de los votos, a la realización del proyecto y, por ende, a la reconfiguración de los parques y jardines más emblemáticos de la ciudad. Como afirmó Krestchmann, no sin cierta decepción, "cuando la gente decide, ya está todo dicho".

 

Desde entonces el proyecto parece que no ha hecho más que sufrir un contratiempo tras otro, con lo que su inauguración se ha atrasado hasta 2022. Según el diario Der Spiegel, que lo califica como el más polémico de la historia reciente de Alemania, los responsables de Stuttgart 21 han reconocido que, de haberlo sabido, las obras nunca debieron comenzar. Pero ahora ya no hay vuelta atrás.

 

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Una historia que desgraciadamente no termina con final feliz, particularmente para los jardines de Stuttgart, pero que ejemplifica a la perfección el continuo conflicto que se deriva de las prácticas urbanísticas (que, por supuesto, no siempre son negativas) y de la dimensión política omnipresente en ellas. Como afirma el urbanista y político catalán Jordi Borja, la ciudad del mañana sólo puede imaginarse de esa manera: como resultado de las tendencias, contradicciones, resistencias al cambio, memoria colectiva y actores e ideas emergentes que evolucionan entre necesidad y azar.

 

Como ocurriera con los conflictos que se derivaron del proyecto previsto en el Parque Taksim Gezi de Estambul en mayo del año pasado y en tantos otros, en Stuttgart el patrimonio natural y, en particular, los árboles centenarios, han actuado como el elemento aglutinador en la lucha contra un supuesto progreso que ha secuestrado al sentido común. Parece que los árboles se están empeñando en devolvérnoslo y nos envían un mensaje. La cuestión es, si como sociedad, sabremos leerlo a tiempo.

Santi Hernández

Licenciado en Ciencias Ambientales por la Universidad de Valencia con Máster en Planificación del Territorio.