Proteger el ozono, proteger la vida

Cada 16 de septiembre celebramos el Día Mundial de la Preservación de la Capa de Ozono, una fecha para mirar al cielo y reflexionar sobre qué es y qué le pasa a aquello que nos protege desde la estratosfera.

 

Aunque siempre haya estado sobre nuestras cabezas, protegiéndonos de los nocivos rayos ultravioletas, la capa de ozono apareció en las vidas del público general en los años ochenta, cuando se descubrieron en ella una serie de problemas derivados de la contaminación producida por el ser humano y de la expulsión a la atmósfera de gases industriales de composición química muy tóxica. El principal problema de la capa de ozono era su gran y famoso agujero, que en realidad no es tal, sino una disminución del grosor de la capa que la hace más débil y permeable y, por lo tanto, elimina parte de su protección. Los riesgos derivados de este problema no eran ninguna tontería pues si la capa de ozono se extingue los potentes rayos ultravioletas esterilizarán la superficie del globo aniquilando toda vida terrestre. La debilitación no es tan peligrosa pero una mínima filtración de este tipo de rayos sigue siendo muy nociva, ya que aumenta los casos de cáncer y de quemaduras en la piel de forma considerable.

 

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Cuando las alarmas de debilitamiento de la capa de ozono saltaron a mediados de 1974 como consecuencia de un artículo publicado en la revista Nature por Mario Molina y Frank Sherwood Roland la comunidad científica se mostró incrédula. Pero después, refrendados sus argumentos, el conjunto social reaccionó al unísono y de forma rápida. En aquel artículo se hablaba de los CFC (los clorofluorocarburos) como principal causa de la reducción a pasos agigantados de la capa de ozono y, por primera vez en la historia motivados por una cuestión de seguridad ambiental, gobiernos, instituciones y agentes sociales decidieron tomar cartas en el asunto. Así, en 1985 se adoptó el Convenio de Viena para la protección de la capa de ozono, que fue seguido por varios acuerdos internacionales.

 

Entre ellos el más importante hasta la fecha es el Protocolo de Montreal, que se firmó en 1987 y en el que se exige a estados y países un control austero en el uso de CFC. Este Protocolo de Montreal ha ido ratificándose, revisándose y mejorándose con posterioridad, primero con una periodicidad anual, después bianual y, por último, con una revisión definitiva suscrita por prácticamente todos los países del mundo en el año 1999 en Pekín. Se prevé que si todos los países cumplen el tratado la capa de ozono podría recuperar un grosor aceptable entre 2050 y 2060, “cerrándose” así su gran agujero.

 

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El de Montreal es el primer protocolo pensado exclusivamente para la protección de la capa de ozono y fue diseñado gracias a la identificación de sustancias que reaccionaban con el ozono y que, por lo tanto, podían ser responsables del agotamiento de la capa. Tras la firma del Protocolo primero por parte de los países industrializados y después por el resto, se ha conseguido reducir hasta en un 80% la producción de las sustancias peligrosas para la capa de ozono. Los beneficios de esta decisión quizá no se ven día a día pero si conseguimos reducir al 0% la producción de CFC evitaremos 19 millones de casos de piel, 150 casos de cataratas y millones de pérdidas en pesca y agricultura de aquí a 2060. Por no hablar de un largo plazo donde peligraría la vida de la tierra. Por eso, en 1995 las Naciones Unidas establecieron que cada 16 de septiembre se celebrara en todo el mundo el Día Internacional de la Preservación de la Capa de Ozono con el objetivo de sensibilizar y concienciar a la opinión pública sobre la necesidad de cuidar esta capa de la atmósfera que nos protege desde las alturas.

 

¿Cuándo se descubrió la capa de ozono?

El Ozono es un gas de color azul pálido, inestable a temperatura ambiente y caracterizado por un olor picante. Tiene un alto poder oxidante, ya que está formado por tres átomos de oxígeno, lo que permite la oxidación y destrucción de microorganismos biológicos tales como bacterias, virus, hongos y esporas. De ahí que se emplee en campos tan diversos como la alimentación, la medicina, los tratamientos estéticos, industria ganadera y vinícola, para productos de aseo personal y en automoción, y que esté reconocido como desinfectante por la OMS. El ozono puede producirse de forma natural en la atmósfera a través de altas concentraciones de energía, por los rayos de las tormentas, los rayos ultravioletas o, por ejemplo, en cascadas debido a la energía desprendida en la caída del agua. Su denominación proviene del griego Ozein, que significa oler, y fue aislado y descubierto como tal en 1985. Sin embargo, muchos años antes ya se sospechaba de la existencia de una capa de la atmósfera que nos protegía de los fenómenos del exterior.

 

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Hasta el año 1913 la capa de ozono era únicamente una sospecha, no se había podido demostrar de forma tangible su existencia, a pesar de que la química demostraba la existencia de rayos ultravioleta y algo debía protegernos. Por eso, aquel año 1913, el físico francés Charles Fabry junto con el profesor Hernry Buisson y con Alfred Perot pusieron en marcha un interferómetro, un aparato ideado para para medir con gran precisión longitudes de onda de la misma luz. Esto les permitió demostrar la existencia de la capa de ozono y determinar la proporción de éste en función de cada capa atmosférica.

 

Algo más de una década después, en 1928, el meteorólogo británico Gordon Dobson descubrió que las temperaturas de la troposfera no eran constantes y demostró la existencia de una nueva capa de la atmósfera, la estratosfera, y en ella, un región donde la temperatura se elevaba bruscamente. La teoría de Dobson era que aquel calentamiento se debía a que la radiación de rayos ultravioleta calentaba el ozono que retenía todo el calor como forma de protección. La definición de la capa de ozono, tal y como la conocemos hoy, se fraguó en aquellos días. Entre 1928 y 1958 Dobson estableció una red mundial de estaciones para monitorizar de ozono que continúan operando en la actualidad y la Unidad Dobson, destinada a la medición de la cantidad de ozono, fue nombrada así en su honor.

 

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Unidad Dobson

 

En 1974 Mario Molina y Frank Sherwood descubrieron los motivos de ruptura del ozono y la debilitación de su capa. El ozono (O3) se forma y destruye continuamente de forma natural. ya que la radiación ultravioleta lo descompone en oxígeno atómico y molecular (O2), que vuelven a combinarse de nuevo para formar más ozono. Aunque el ozono sólo supone unas partes por millón en la composición atmosférica, las cantidades de energía solar que consume son mucho mayores que la energía que usa nuestra sociedad. Por eso, en la estratosfera, la temperatura aumenta con la altura y la capa es muy estable. El problema es que las moléculas de CFC se rompen por la luz ultravioleta cuando ascienden por encima de la capa de ozono. Esto hace que sus átomos de cloro queden libres y se combinen con el oxígeno atómico, impidiendo que éste vuelva a unirse con el oxígeno molecular y forme más ozono. Se trata de una reacción en cadena, pues cada molécula de cloro puede realizar esta acción varias veces seguidas.

 

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Mario Molina

 

¿Cómo podemos cuidar la capa de ozono?

Aunque al principio la comunidad científica se mostró un tanto escéptica, el tiempo ha demostrado que el debilitamiento de la capa de ozono no sólo es una realidad sino que debemos ponerle freno por los peligros que supone para el hombre y para el medio ambiente. Es cierto que las medidas tomadas en últimos años han contribuido a que el grosor de la capa se restablezca, pero el camino es largo. Por otra parte, investigaciones recientes analizan la relación entre la capa de ozono y el calentamiento global. Según los últimos estudios la reconstrucción completa de la capa de ozono podría llegar a generar problemas en ciertas regiones del hemisferio sur que sufrirían sobrecalentamiento.

 

Esto se debe a que la capa de ozono abierta contribuye a aumentar la velocidad del viento en las regiones ubicadas debajo del agujero (o zona más erosionada de la capa de ozono) de tal forma que se forman nubes húmedas y luminosas que durante el verano actúan como espejo y hacen rebotar los rayos del sol, dando como resultado una atmósfera antártica más fría. En todo caso, ese supuesto, todavía no confirmado, sería un mal menor si tenemos en cuenta la necesidad mundial de restablecer los niveles de grosor de la capa de ozono.

 

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Estas son algunas de las acciones que podemos realizar para respetar y favorecer el mantenimiento de la capa de ozono:

 

- Evita comprar aerosoles o sprays en cuya composición intervengan gases clorufluorocarbonos (CFC). Esto puedes aplicarlo en tu hogar, tanto en bricolaje como en el aseo personal.

 - No utilices insecticidas en spray. Apuesta por modelos naturales y ecológicos en tu casa y tu jardín.

 - Evita los halones (los extintores de incendios los usan) y otras sustancias perjudiciales para el ozono.

 - Muchos aislantes se fabrican con gases CFC. A la hora de aislar una casa, usa materiales más ecológicos como el corcho aglomerado oscuro, que no contamina, es respetuoso con el medio ambiente y cumple la misma función.

 - Realiza un buen mantenimiento de los aires acondicionados y aparatos refrigeradores. Las sustancias CFC se emplean para enfriar. Si detectas un mal funcionamiento en tu aire acondicionado o en tu congelador, avisa a un técnico. Una fuga de CFC se escaparía directamente a la atmósfera. Por supuesto, si has de comprar uno nuevo, revisa que no esté hecho con CFC y que sea de bajo consumo. El medio ambiente y tu factura te lo agradecerán.

 - En sembrados y cultivos evita utilizar siempre bromuro de metilo. Si ves que alguien los usa infórmale de que está prohibido por ser una sustancia muy contaminante.

Revista Espores. La veu del Botànic

Redacción de Espores, la veu del Botànic

Revista de divulgación científica del Jardín Botánico de la Universidad de Valencia

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