Descomponeniendo la diversidad forestal

Nacer, crecer, reproducirse y morir. Si preguntáramos a cualquier persona qué es lo que define a un ser vivo, seguramente nos respondería con este gran dogma de la biología. Y la verdad es que no andaría errado. Sin embargo, esta afirmación que desde tan pequeños nos han inculcado, sólo se centra en lo que el organismo hace durante su vida, pero ¿qué hay más allá de la muerte? ¿Qué ocurre cuando un árbol muere?

Pues que efectivamente, ha muerto. Si alguno albergaba esperanzas de que este post hablase sobre algún efecto paranormal o sobre el sentido y significado de la vida, temo que se encontrará un pelín decepcionado. Y es que el fin de una vida es el principio de muchas otras, y aunque esta afirmación también parezca una obviedad, ¿sabemos realmente lo que ocurre detrás de la muerte de un árbol en un ecosistema forestal?

 

La descomposición de la madera

Cuando un árbol cae y muere en medio del bosque (sí, aunque no haya nadie para escucharlo hace un ruido atronador), tan solo ha cumplido con una parte de su papel ecológico. La madera muerta es un componente estructural y funcional esencial de los ecosistemas forestales, que participa en múltiples procesos ecológicos. La descomposición de la madera es fundamental para el reciclaje de los nutrientes y su reincorporación al suelo. Además, la madera actúa como almacén de carbono, reteniendo el CO2 atmosférico fijado durante su vida, forma parte de la estructura del suelo reteniendo agua y participando en el ciclo hidrogeológico, favorece la regeneración vegetal sirviendo como semillero para otras especies vegetales y es hábitat para multitud de organismos.

 

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Árbol muerto caído muerto en mitad de un bosque. / Li Jiangang - Unsplah

 

Como vemos, las implicaciones ecológicas de la madera muerta son muchas y muy importantes, pero ¿qué factores determinan el proceso de la descomposición? En primer lugar, y aunque resulte lo más obvio, el tipo de madera, es decir, la especie arbórea. No es lo mismo descomponer una madera de haya o de álamo que una madera más dura y resistente con una mayor densidad como la del roble que puede tardar hasta 25 años en descomponerse. Además, la climatología es esencial. Cuanto más tropical sea el clima antes actuarán los agentes descomponedores. Por el contrario, en climas templados y boreales, el frío ralentizará la actividad de los organismos dilatando en el tiempo la descomposición.

 

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Los restos de madera en el suelo pueden constituir un hábitat para diferentes organismos. / Joel Van Schonhoen - Unsplash

 

A este respecto, los organismos son, sin ninguna duda, el factor más importante en la descomposición de la madera. Los hongos y las bacterias son los descomponedores principales, capaces de mineralizar los nutrientes, transformando los compuestos orgánicos complejos de la madera como la celulosa, hemicelulosa o lignina en compuestos inorgánicos más simples como el nitrógeno, fósforo o carbono. Éstos, con el tiempo, retornarán al suelo volviendo a formar parte de sus ciclos biogeoquímicos facilitando de esta manera que otros seres vivos los aprovechen.

El resto de los organismos, principalmente insectos, como escarabajos, moscas, termitas o cucarachas, arácnidos como ácaros o pseudoescorpiones u otros grupos como los colémbolos, ciempiés o lombrices, también son esenciales para la descomposición, pero en este caso actuando a mayor escala ayudando mediante la acción mecánica a fragmentar la madera. Además, las galerías que estos animales generan en la madera permiten el flujo de aire cargado de esporas o bacterias. Es más, en algunos casos, como en los escarabajos ambrosía (Scolytinae), ellos mismos portan en estructuras especializadas para ello esporas de hongos descomponedores. De esta manera los escarabajos se beneficiarán del trabajo de descomposición de los hongos, mientras que los hongos aprovechan este transporte gratuito para dispersarse a lo largo del bosque.

 

Colonizaciones microbianas y animales

Por otro lado, el tamaño y la disposición de la madera con respecto al suelo también condicionan lo rápido que una madera se descompondrá. Es obvio que, a mayor tamaño del resto leñoso, más tiempo necesitará para descomponerse. Sin embargo, troncos más grandes pueden albergar diferente fauna e incluso actuar como semilleros de otras especies vegetales, lo que puede ayudar a acelerar la descomposición. A pesar de que existen organismos adaptados a diferentes diámetros, un gran insecto como el ciervo volante no podrá colonizar un tronco pequeño, mientras que pequeños escarabajos como los latrídidos si podrán instalarse en mayores restos. Además, la posición de la madera también es importante, ya que cuanta más superficie haya en contacto con el suelo o expuesta a las lluvias y a la humedad, más fácil será la colonización. El suelo es fuente de hongos y bacterias y por lo tanto un mayor contacto implica mayores y más abundantes colonizaciones microbianas y animales.

 

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Galerías producidas en la madera por el escarabajo Scolytus multistriatus. / Flickr

 

La madera es vida mientras los árboles verdes lucen sus hojas al sol, pero también lo es tras la muerte proporcionando alimento y cobijo a otros seres que aprovechan lo que el ecosistema les proporciona. Nosotros no podemos ser ajenos a estos ciclos y por tanto la gestión que de los bosques realizamos debe tener en cuenta la infinidad de procesos que un trozo de madera muerta oculta. Para poder conservar la diversidad forestal es necesaria una gestión sostenible, donde poder extraer leña, podar árboles o aclarar el terreno para el ganado, sin perjudicar la inmensa vida que sucede tras la caída de un árbol. Es probable que el sentido de la vida no sea otro que experimentar lo que los ecosistemas tienen, comparten y toman de nosotros. Nuestra responsabilidad como seres vivos supone que formemos parte de este ciclo infinito que es la vida y la muerte, conceptos, tan contrarios y complementarios al mismo tiempo que definen nuestra existencia como las de los demás seres vivos que habitan y comparten este planeta.

 Artículo escrito por Jose Mª Marmaneu y Gabriel Jacques Souba.

José Marmaneu

Biólogo por la UA con máster en Biodiversdad, Conservación y Evolución por la UV. Actualmente, estudiante de doctorado en Biodiversidad y Conservación en la UA. Léeme en GRUBIAL.

Me ecanta escribir sobre ciencia y explorar todo lo que nos rodea. Lector, viajero y curioso por naturaleza. Ordeno la despensa con la etiqueta de los productos hacia delante y siempre escribo la fecha al inicio de una lectura.