Bautizar las plantas

¿Será por su forma? ¿Por su color? ¿Por su localización geográfica? ¿Quién y porqué decide qué nombre se le pone a cada planta? Descubre los secretos de la nomenclatura botánica.

Somos muchos los que nos preguntamos porqué las plantas tienen el nombre que tienen. Muchas veces la denominación de cada planta está relacionada con su color, con su forma, con el lugar de donde es originaria o con el investigador que la ha descubierto. Hablábamos hace poco de la milenaria teoría de las señales, una creencia popular y tomada como cierta por algunas antiguas civilizaciones según la cual Dios había dado a las plantas formas concretas que servirían al ser humano para descifrarlas, para sacarles todo el partido posible. Así, teniendo en cuenta su forma, algunas plantas recibían un nombre concreto, como la Pulmonaria (Pulmonaria officinalis) una planta de grandes hojas manchadas de blancoque podían recordar el aspecto de los nódulos tuberculosos de un pulmón.

 

Sin embargo, más allá de estos métodos populares, llegó un momento en el que hubo que establecer una forma de catalogar las especies (taxones) que superara las barreras espaciales y temporales y que sirviera para ordenar, definir y nombrar cada una de las especies de nuestro planeta. Para ello se creó un código específico, el Código Internacional de Nomenclatura Botánica, para marcar las reglas que han de seguir botánicos (incluyendo ficólogos y micólogos) para nombrar los organismos que estudian.

 

Fundamentos del Código de Viena

El código Internacional de Nomenclatura Botánica fue aceptado por primera vez en el año 1905 durante la celebración del II Congreso Internacional de Botánica, celebrado en Viena. De ahí que también sea conocido como código de Viena. Su objetivo principal era poder conservar los nombres que se otorgaron en la primera de las descripciones de plantas publicada en 1753 por Carlos Linneo, considerado como el padre de la botánica y de la ordenación taxonómica moderna de las plantas.

 

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El Código de Viena va cambiando constantemente acorde a los cambios y a los nuevos hallazgos botánicos y científicos. La edición que tiene vigencia actual es el aprobado en el 2005 durante la celebración del XVII Congreso Internacional de Botánica, que fue en la capital austriaca para conmemorar el centenario de la aprobación del código por primera vez. No obstante, cada código deroga los anteriores y se aplica retroactivamente desde la fecha fijada como el inicio de la botánica sistemática moderna, es decir, desde la publicación de Species Plantarum de Linneo).

 

El código de Viena conserva, salvo excepciones, el nombre correspondiente a la primera descripción publicada de un determinado taxón. Los nombres pre-linneanos (y los nombres que Linneo publicó antes de 1753) no se consideran válidamente publicados. A la descripción acompaña normalmente un tipo, es decir, un ejemplar del taxón en cuestión preservado y conservado en una colección o herbario.

 

El último cambio que ha sufrido este Código fue su propia denominación, ya que que a partir del XVIII Congreso de Botánica, en Melbourne al 2011, pasó a denominarse Código Internacional de Nomenclatura para algas, hongos y plantas. Ésto fue porque su clasificación no sólo se refiere al reino de las plantas tal y como lo conocemos hoy en día, sino a todos los organismos tradicionalmente estudiados por la botánica incluyendo algas y hongos.

 

Bautizando seres vivos

El código botánico especifica que los nombres de las especies deben estar en latín y usar solamente letras de su alfabeto. En lo que se refiere al resto, existe libertad prácticamente absoluta para que cada descubridor decida cómo llamar a su especie. Los nombres pueden servir como homenaje a grandes científicos, pueden llevar el nombre de su descubridor o contar, de forma encubierta, alguna anécdota sobre el descubrimiento de cada organismo. 

 

Hay quien bautiza a las plantas otorgándoles nombres de científicos de especial importancia en un campo concreto. Un ejemplo serían los dinoflagelados Alexandrium margalefi, en honor al ecólogo español Ramón Margalef, y Alexandrium balechi, por el taxónomo argentino Enrique Balech. En este caso, el nombre Alexandrium viene de Alejandría, en Egipto, en cuyo puerto fue aislado este taxón por primera vez.

 

Otro ejemplo serían las diatomeas, Pseudo-nitzschia hasleana y P. fryxelliana, descritas en 2012 y llamadas así en honor a dos expertas en la materia que comparten el mismo nombre, Grethe R. Hasle (Noruega) y Greta Fryxell (EEUU). Otro caso reciente del que os hablamos fue el descubrimiento de una nueva orquídea, la Orphrys x donatae bautizada así por sus descubridores en honor de su profesora de botánica, Pilar Doñat.

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Orphrys x donatae

 

También existen casos en los que el descubridor pone a la planta su propio nombre, como la Rafflesia , un tipo de magnolia que está considerada como la flor más grande del mundo y que debe su nombre a su descubridor, Sir Thomas Stamford Raffles. O la Welwitschia mirabilis descubierta en 1860 por el doctor Friedrich Welwitsch y que está considerada como una de las plantas más raras.

 

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Rafflesia

Welwitschia_mirabilis

Welwitschia mirabilis

Inluso se usa la localización geográfica para bautizar los taxones, ya sea un país o un accidente geográfico. Así por ejemplo, encontramos entre las algas la Pseudo-nitzschia brasiliana, originaria evidentemente de Brasil, la Alexandrium tamarense, que debe su nombre al río Tamar del Reino Unido, o la Ostreococcus tauri, bautizada así en honor al río Thau, en Francia. En el caso de plantas, podemos nombrar el lirio cobra (Darlingtonia californica) carnívora originaria de la costa occidental norteamericana

 

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Darlingtonia californica


Entre los casos más curiosos está el alga Pseudo-nitzschia dolorosa, dado lo que costó identificarla. En el trabajo original los autores dicen que fue una especie muy problemática de clasificar. También es curioso el caso del dinoflagelado Gyrodinium impudicum, descrito por Santiago Fraga y col. (1995), cuya denominación se basa en su forma fálica.

 

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Gyrodinium impudicum

Revista Espores. La veu del Botànic

Redacción de Espores, la veu del Botànic

Revista de divulgación científica del Jardín Botánico de la Universidad de Valencia

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