UN BOTÁNICO EN EL BRONX

Con una extensión de más de un kilómetro cuadrado el Jardín Botánico de Nueva York es uno de los primeros que se construyó en Estados Unidos, y actualmente una de las instituciones botánicas más importantes del mundo.

En el 200 de East Street, lindando con Kazimiroff Boulevard en el suburbio neoyorquino del Bronx, encontramos el Jardín Botánico de Nueva York. Históricamente fue construido en Belmont, una extensa finca perteneciente al magnate del tabaco Pierre Lorillard. Fue promovido por el geólogo, botánico y taxónomo estadounidense, Nathaniel Lord Britton, quien en 1889 y como director del Torrey Botanical Club, solicitó la creación de un Jardín Botánico en la ciudad a semejanza del Kew Garden de Londres.

 

Se implicacó hasta el punto de financiarlo con fondos recaudados por el propio Lord Britton, que aprovechó su puesto en la Universidad de Columbia para realizar una colecta con tal fin. Su expansión y contribución a la educación y al conocimiento, así como las piezas que alberga en su interior, hicieron que en 1967 el Jardín Botánico de Nueva York fuera declarado patrimonio histórico nacional de los Estados Unidos.

 

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En 1875 Nathaniel Britton (en la imagen) y Arthur Hollick, ambos profesores en la Universidad de Columbia,  se afiliaron al Torrey Botanical Club, en cuyo boletín publicaban sus trabajos los botánicos más importantes de su época. En este club fue donde Nathaniel Britton maduró la idea de fundar un Jardín Botánico en Nueva York. Lord Britton será su primer director

 

Espacios imprescindibles

El Jardín Botánico cuenta con paseos que unen los 48 jardines diferentes que lo forman y dentro de sus numerosas colecciones de plantas, cascadas y estanques destaca la muestra de acuáticas. De camino, podremos recorrer las sendas y bosques situadas a orillas del río Bronx, que va por una parte importante del jardín. En uno de estos paseos, a través de rápidos y gargantas, podemos encontrar y visitar el Molino Lorillard, uno de los restos de la originaria finca Belmont y que data de 1840.

 

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Pero sin ninguna duda, uno de los grandes atractivos del Botánico de Nueva York es la representación de Naturaleza Virgen, una extensión de más de 200.000 m2 que incluye gran variedad de árboles como cerezos, robles, fresnos o abedules, de la época en la que los colonos europeos llegaron a la ciudad a principios del siglo XVII. Otra de las vistas imprescindibles es el invernadero de estilo Palacio de Cristal, uno de los edificios más antiguos del jardín forjado con hierro en 1890. Y también el jardín de grava japonés y la rosaleda Peggy Rockefeller, donativo de la paisajista y arquitecta estadounidense Beatrix Farrand Jone.

 

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El botánico como institución investigadora

Desde su fundación en 1891, el Botánico de Nueva York se ha erigido como una de las instituciones investigadoras más importantes del país. Se han documentado alrededor de 2.000 misiones exploratorias realizadas por investigadores del jardín por todo el planeta con el objetivo de recoger nuevos especímenes. Además, su biblioteca sobre especies es una de las más completas del mundo con más de 50.000 volúmenes.

 

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Arriba: postal ilustrada del Jardín Botánico de Nueva York de finales del siglo XIX. Abajo: entrada de la gran biblioteca

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Actualmente, en el Botánico se encuentra la sede del Pfizer Plant Research Laboratory (Laboratorio Pfizer de Investigación Vegetal), institución fundada en 2006 y pionera en la investigación con plantas. Un centro de investigación financiado con fondos públicos y privados que incluye proyectos de universidades y compañías farmacéuticas, y en el que trabajan de forma habitual más de 200 investigadores.

 

Se trata de un lugar de investigación pura, con proyectos más diversificados que la investigación que se suele hacer. El énfasis está enfocado en el genoma de las plantas, es decir, el estudio de cómo los genes funcionan en el desarrollo de la planta. Los científicos esperan contestar a la pregunta del misterio abominable de Darwin, cuando, donde, y porqué emergieron las plantas de flor. También se fomenta sistemática molecular, el estudio de la ADN como evidencia que pueda revelar la historia y las relaciones evolutivas de las especies de plantas.

 

El personal científico también trabaja el uso de las plantas en las comunidades inmigrantes en la ciudad de Nueva York, y los mecanismos genéticos por los cuales las neurotoxinas se producen en algunas plantas, un trabajo que se puede relacionar con las neuropatías en seres humanos. Además, en el laboratorio de bioquímica vegetal, se extraen los compuestos bioquímicos de las plantas, para crear una biblioteca de ADN de las plantas del mundo. Así, allí se almacena en una sección de almacenaje de ADN, con 20 congeladores que albergan muestras de millones de especímenes, incluyendo especies raras, en peligro o extintas en la naturaleza.

 

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Más información:

http://www.nybg.org/

Revista Espores. La veu del Botànic

Redacción de Espores, la veu del Botànic

Revista de divulgación científica del Jardín Botánico de la Universidad de Valencia

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