A la sombra de Darwin

Alfred Russel Wallace, el padre de la biogeografía, fue un naturalista destacado del Inglaterra Victoriana con numerosas aportaciones a la botánica, la entomología y la antropología. Pero lo que muchos no saben es que fue co-descubridor de la teoría de la evolución junto a Charles Darwin.

Algunos apuntan al hecho de que la fama de Darwin y su Teoría de la Evolución hicieron que la figura de Wallace quedara en el olvido a pesar de ser una de las figuras intelectuales más importantes de su época, otras se decantan porque su olvido fue debido a algunos de sus ensayos sobre la evolución intelectual humana y las capacidades morales del hombre, que no fueron muy recibidos por sus contemporáneos y que le comportaron muchas y duras críticas. Sin embargo, Wallace hizo importantes contribuciones a la biogeografía, especialmente con su obra La distribución geográfica de los animales, publicada en 1876. Por otro lado, sus ideas que relacionan las glaciaciones y el clima en la distribución de los organismos han supuesto importantes contribuciones en biogeografía histórica, y en geografía formuló una teoría sobre los efectos de la erosión glacial en la formación de valles y lagos. También publicó diferentes ensayos sobre la evolución de la humanidad, las razas humanas, etnografía y antropología, e incluso llegó a esbozar una teoría del lenguaje analizando las expresiones de la boca y los gestos al hablar.

 

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Alfred Rusell Wallace (Gales, 1823 - Broadstone, 1913) nació en la época previctoriana y desde joven fue un hombre culto, interesado por los viajes y por las últimas aportaciones científicas, que recorrió prácticamente toda Inglaterra y estudió los Principios de geología de Lyell, y El viaje del Beagle de Darwin, además de otras obras científicas importantes. A lo largo de su vida fue naturalista, explorador, geógrafo y biólogo, e incluso un grande evolucionista. Según explican algunas de sus biografías, el libro Vestigios de la historia natural de la Creación de Robert Chambers le interesó mucho y curiosamente fue este trabajo el que ayudó a abrir camino para la aceptación de la teoría de la evolución; se piensa que después de esta lectura, Wallace empezó a pensar en el problema del origen de las especies y que por eso se lanzó en un viaje en América en el cual pensaba recolectar especímenes que contribuyeron a su resolución.

 

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Permaneció en Brasil cuatro años recolectando insectos, aves y plantas, después visitó el Orinoco y Uaupés, pero se incendió el barco donde viajaba con todas sus colecciones y perdió la mayor parte de las posibles evidencias de la evolución de las especies y la existencia de la selección natural. Así, sentía que no podía declararse abiertamente como evolucionista, ni tampoco a través de sus escritos, pero sí se consideró preparado para entender e interpretar sus hallazgos.



La línea de Wallace
Posteriormente organizó otro viaje, esta vez al Archipiélago Malayo, donde se dio cuenta de las peculiaridades que tenían algunas aves, monas y mariposas. Así pudo demostrar que, de la misma forma que la Amazonas y el Río Negro en Brasil, una fundición de subducción bajo el agua de estas islas hacía de barrera en la distribución de las diversas especies. En esta ocasión Wallace sí hizo públicas sus ideas, revelando sus tendencias evolucionistas a las sociedades científicas. Wallace comparó la información de Brasil con el Archipiélago pensante en el problema del origen de las especies, y escribió sus dos artículos más importantes relacionados con la teoría de la evolución publicando su trabajo El Archipiélago Malayo, un resumen de la historia natural de estas islas, su compleja geografía y las relaciones antropológicas entre razas.

 

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Wallace definió los límites de la distribución geográfica de Borneo, Sumatra, y Java (asiáticas) y Celebes (australiana), trazando una línea imaginaria que todavía hoy es conocida como la Línea de Wallace. Una separación que explicaba las marcadas diferencias entre las especies de los dos grupos de islas, a pesar de su proximidad geográfica y similitudes climáticas. A partir de este momento la mayor parte de su trabajo en el campo de la biología se dirigió fundamentalmente a la Teoría de la evolución, con particular atención a los hechos que revelan la distribución de los organismos.

Los principales enunciados de Wallace son de carácter geográfico y geológico, y están relacionados con la distribución de espacio temporal de las especies y grupos taxonómicos de mayor jerarquía. El primer enunciado es que en geografía ninguna especie o género se encuentra en dos localidades muy distantes sin ser encontrado en localidades intermedias, y en geología, que la vida de una especie o género no ha sido interrumpida porque ningún género o especie se ha originado dos veces; de esto deriva su segundo enunciado: cada especie se ha originado coincidiendo tanto en espacio y tiempo con otra preexistente y próximamente relacionada.

 

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Wallace vs. Darwin
Aunque hacía muchos años que Darwin había concebido la idea de la evolución por la selección natural, estando ya para hacerla pública recibió una carta de Wallace, en la cual le exponía una teoría casi análoga en la suya. Eran tan parecidos que Darwin dijo "si Wallace hubiera poseído el esbozo del manuscrito que redacté en 1842, no habría podido hacer él un resumen mejor y más corto". Así que, en julio de 1858, Darwin presentó una comunicación de las ideas de los dos a la Linnean Society y destacando el descubrimiento conjunto de Wallace.

Posteriormente escribió el ensayo sobre la tendencia de las variedades. En primer lugar, decía que la natura hace que muchas variedades sobrevivan a la especie parental y que dan origen a variaciones sucesivas, alejándose cada vez más del tipo original, y en un segundo enunciado, relacionado con el tamaño de las poblaciones, afirmaba que no está relacionado con el potencial reproductivo de las mismas sino con los obstáculos que se le presentarán al crecimiento potencial de la población. Sin embargo Wallace, que también negaba la intervención divina, presentaba una visión secular sobre el origen de las especies y puntualizaba que este fenómeno se debía de a la selección natural, además de argumentar en contra otras teorías enunciadas anteriormente. Fue ignorado por la comunidad científica porque muchos pensaron que sólo especulaba y necesitaba más evidencias.

A lo largo de su vida continuó defendiendo la teoría de la evolución, aunque sus puntos de vista presentaban ligeras diferencias con los de Darwin. Wallace no estaba del todo de acuerdo con que las observaciones en animales domésticos podían ser aplicadas al estudio de la naturaleza y quizás por eso no usó el término selección en sus trabajos. Además, a diferencia del darwinismo, no creía en la selección sexual. Otra diferencia importante es que Wallace primero apoyó la teoría de caracteres adquiridos por uso y desuso de órganos de Lamarck, pero lo coloca en un contexto diferente diciendo que "se pueden obtener resultados similares por la acción de principios que están en constante funcionamiento en la natura". Por el contrario, al no encontrar mejores argumentos, Darwin sí apoyaría las ideas de Lamarck a lo largo de su carrera. Además, Wallace relacionaba estrechamente la evolución con el hombre y el trabajo taxonómico, mientras que Darwin lo hacía con la reproducción animal.

 

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Sin embargo, a pesar de sus diferencias, Darwin y Wallace mantienen algo en común, la medalla Darwin-Wallace. Una distinción que otorga la Sociedad Linneana de Londres cada 50 años a partir de las charlas de Wallace y Darwin sobre la selección natural.

Revista Espores. La veu del Botànic

Redacción de Espores, la veu del Botànic

Revista de divulgación científica del Jardín Botánico de la Universidad de Valencia

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