Ganadería BIO

Además de ser más sostenible y ecológica, de la ganadería BIO destaca la calidad de sus productos, más ricos en nutrientes, más beneficiosos para nuestra salud y más respetuosos con los derechos y el bienestar de los animales. ¿Quieres saber más motivos para apostar por la ganadería ecológica?

 

El pasado mes de enero Mª Dolores Raigón, presidenta de Sociedad Española de Agricultura Ecológica (SEAE) y miembro de la Escuela Técnica Superior de Ingeniería Agronómica y del Medio Natural de la UPV, concedía una entrevista a la revista The Ecologist tras su paso BioCultura Madrid, una de las ferias de productos ecológicos y consumo responsable más importantes de nuestro país y que aterriza en Valencia a principio del mes de marzo. En esta entrevista Raigón, una de las voces más importantes del panorama bio, dejaba constancia de la mayor calidad de la carne ecológica, más rica en nutrientes y proteínas que la carne convencional. Así lo aseguraba según sus últimos estudios que confirmaban una mayor seguridad y calidad, tanto en la carne como en otros derivados de alimentos ecológicos.

 

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Y es que a lo largo de las últimas décadas los métodos de producción ganadera intensiva y la tecnificación de alimentos han hecho que muchos de los nutrientes naturales de la carne hayan disminuido e incluso desaparecido. El problema no es únicamente nutricional: en los procesos de ganadería intensiva muchas veces se introducen aditivos alimentarios que pueden llegar a convertirse en perjudiciales para nuestra salud, y que algunos estudios han asociado directamente con la aparición de alergias, bajada de defensas y mayor riesgo de intoxicación alimentaria por sustancias químicas. Este hecho unido a la garantías de sostenibilidad y respeto al medio ambiente, ahorro de energía, aumento de puestos de trabajo y la certificación de la salud animal y de respeto a la biodiversidad, certificados por la ganadería ecológica, nos hacen plantearnos por qué debemos apostar directamente por un modelo ganadero bio.

 

Que tu alimento sea tu medicina”

Esta frase pronunciada por Hipócrates, uno de los padres de la medicina, hace más de dos mil años y a la que Mª Dolores Raigón hace referencia en su entrevista, pone en evidencia cuál es el principal motivo para plantearnos el consumo de alimentos (tanto hortofrutícolas como ganaderos y derivados de ambos) procedentes de la agricultura y la ganadería ecológicas. Estos productos no contienen sustancias artificiales y, por lo tanto, son asimilados por nuestro cuerpo sin alterar nuestras funciones metabólicas. Además están libres de alimentos adicionales sintéticos que a la larga pueden ser perjudiciales para la salud.

 

Por otra parte, no hay que olvidar que en las técnicas la ganadería industrial no sólo se dan a los animales aditivos alimenticios para su engorde sino que también se les suministran fármacos para evitar enfermedades, plagas o la aparición de posibles patógenos. El uso de estos medicamentos y antibióticos es fundamental para los ganaderos ya que, debido a que los animales de la ganadería industrial viven en condiciones de estrés constante y de falta de espacio, suponen una red de seguridad frente a las normativas sanitarias.

 

Sin embargo este hecho, que a priori es una garantía de salud, supone un arma de doble filo para el consumidor final. El motivo es muy sencillo: muchos de estos fármacos suministrados a los animales se mantienen en su organismo y pueden dejar residuos en éste, en su carne o en sus productos derivados (como pueden ser la leche o los huevos) y que, al final, acaban transmitiéndose directamente al ser humano que los consume.

 

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El uso continuado de estas sustancias, especialmente antibióticos, ha hecho que las especies de la ganadería industrial sean cada vez más resistentes a la medicina, por lo que en demasiadas ocasiones no son realmente efectivos y se deben buscar sustancias cada vez más fuertes. El riesgo para el consumidor se multiplica. Por una parte pueden aparecer nuevas plagas, desconocidas hasta ahora, que no son detectadas hasta que el producto ya ha sido elaborado y procesado (cuando no vendido). Por otra, productos con antibióticos más fuertes tienen como resultado más residuos farmacológicos en carnes y derivados que llegan al ser humano que los consume indirectamente, acostumbrando su organismo a ellos, de tal forma que si en algún momento necesitamos antibióticos éstos tendrán que ser más fuertes para que tengan el efecto deseado. Según la FACUA, estudios del Centro de Prevención y Control de Enfermedades de la Unión Europea (ECDC) ya han alertado el aumento de la resistencia a los antibióticos con bacterias como E.coli, una de las más comunes que se nos transmite.

 

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Escherichia coli. (E.coli)

 

En este círculo vicioso la única solución viable es empezar por reducir el consumo de carne y proteína animal, y después frenar la producción y el consumo de carne industrial para apostar por métodos de producción ecológicos que vuelvan a lo tradicional y que son mucho más beneficiosos para nuestra salud. Uno de los principios de la ganadería bio es que los animales se alimenten exclusivamente de productos ecológicos asegurando un modelo cerrado y, además, vivan en condiciones más saludables, libres de estrés. Ambos aspectos garantizan la salud de ganado, que a la larga, se convierte también en salud para los consumidores.


Además de ser garantía de salud, la ganadería ecológica es una forma más de respetar el medio ambiente. En primer lugar porque se huye de la sobreexplotación, contaminando mucho menos los acuíferos y haciendo las tierras más fértiles, libres de sustancias químicas. En segundo lugar porque mantiene el hábitat natural de los animales silvestres apostando por las especies autóctonas y favoreciendo la biodiversidad de cada zona. Y en tercer lugar porque la ganadería ecológica va ligada indivisiblemente a la agricultura ecológica y ambas requieren más puestos de trabajo que la ganadería y la agricultura industrial, un valor al que se añade que no se despilfarra energía, mucho más controlada por el uso limitado de maquinaria, lo que también se traduce en un ahorro económico.

 

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Sostenible con el medio ambiente, beneficiosa para nuestra salud y nuestra nutrición, natural para nuestro cuerpo, generadora y regeneradora de un desarrollo rural sostenible y muy positiva tanto a nivel social como económico. Parece que la ganadería bio tiene solo ventajas, sin embargo, no debemos olvidar el sector que avisa de que una producción a gran escala es la que está permitiendo abastecer de alimentos a la grandísima población que los consume, y que solo esos métodos garantizan precios más económicos al alcance de economias más castigados. Por lo tanto la implantación de la ganadería ecológica pasa por seguir buscando también un equilibrio en estos aspectos.

 

¿Podemos hacernos bio?

La respuesta es que sí, que toda explotación ganadera puede convertirse en bio realizando para ello los cambios oportunos. No se trata de un proceso rápido. Además de una serie de solicitudes administrativas, la fase de adaptación de industrial a ecológica requiere incorporar a la producción una serie de métodos y metodologías que se van consolidando a largo plazo. Este periodo de conversión puede durar varios años y afecta tanto a la maquinaria y los métodos de trabajo como a los animales, a las tierras asociadas a la producción animal y a la salud de los acuíferos. Hasta que este periodo no ha finalizado, la explotación no podrá comercializar sus productos como bio.

 

A grandes rasgos la agricultura ecológica (también llamada orgánica o biológica) es un sistema de producción con unas técnicas y una normativa especiales, y que tiene como principal objetivo obtener alimentos de máxima calidad sin utilizar para ello sustancias químicas de síntesis (plaguicidas, abonos químicos, etc.) ni organismos modificados genéticamente (transgénicos). La regulación de todos todos estos aspectos está recogida en el Reglamento (CE) 2092/91 sobre la producción agraria ecológica y su indicación de los productos agrarios y alimenticios.

 

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Ante todo la ganadería ecológica está ligada al suelo, a la tierra. Por ello una explotación ganadera industrial que aspire a convertirse en ecológica debe disponer de tierras de pasto o cultivo para obtener la mayor parte de los alimentos para los animales, contribuyendo al equilibrio del sistema agrícola y cerrando el círculo de la producción ecológica, y la sostenibilidad energética y medioambiental. Por otra parte, estas tierras deben cumplir a su vez una normativa correspondiente.

 

Queda terminantemente prohibido la implantación de sistemas mixtos (mitad industrial, mitad ecológico) y el pastoreo en zonas comunales está permitido siempre que esas tierras no hayan sido tratadas con productos distintos de los autorizados en la producción ecológica, al menos en los últimos tres años, y que los animales de cría no ecológica que usen esas tierras se críen en ganadería extensiva, es decir, en grandes extensiones de suelo al aire libre donde los animales buscan su alimento de forma más o menos salvaje, todo lo contrario que la ganadería intensiva, que se realizan en régimen de concentración (lo que se conoce como cría y engorde).


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Agricultura extensiva (arriba) vs. agricultura intensiva (abajo)

Respecto a los animales aptos para la ganadería ecológica, y debido a que ésta está extremadamente ligada al suelo, se apuesta por las razas autóctonas por su mayor capacidad de adaptación al entorno, que la vez son las más resistentes a las inclemencias del tiempo y a las enfermedades de la zona. Los animales deben criarse en libertad y con acceso a zonas de pastoreo donde cada raza pueda desarrollar su comportamiento innato. Los alojamientos de los animales se estipulan dependiendo del tipo de animal y la raza, pero siempre asegurando unas condiciones de higiene, ventilación y aislamiento contra el frío y el calor suficientes. A los animales de la ganadería bio no se les administran ni suplementos alimenticios ni antibióticos preventivos. En caso de necesitar algún tipo de cuidado adicional por enfermedad el tratamiento debe regularse de acuerdo con lo establecido en el Reglamento (CE) Nº 1804/99.

 

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