La Huerta en marzo

Más consejos de nuestra jardinera Carmen para disfrutar cultivando en nuestro huerto. Este mes sembraremos los cultivos que consumiremos durante todo el verano y prepararemos también la parcela para acoger el transplante en el mes siguiente. Preparativos que apuntan ya al final de la estación invernal.

Ya estamos a las puertas de la primavera, que en el lenguaje de los agricultores quiere decir que es época de empezar a preparar nuestros huertos para sembrar los cultivos de la estación siguiente, la estival. Y es que siempre hay que ir un par de pasos por delante planificando con antelación de qué tipo de verduras vamos a querer disfrutar este verano, no sólo para degustarlas sino también para poder lucirnos ante nuestras amistades y vecinos de huerta, o simplemente por satisfacción personal.

 

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Los cultivos de verano suelen ser los más vistosos del año y quién no quiere sentirse orgulloso por ejemplo de tener unos tomates o pimientos lustrosos, carnosos y olorosos. Pero antes de ponernos a sembrar hay que preparar el terreno. Abonaremos y labraremos nuestra parcela para crear el lugar idóneo donde nuestras verduras crezcan bien alimentadas.

 

¿Qué quiero en mi huerto?

Tomates, berenjenas y pimientos son los cultivos más importantes que vamos a sembrar en el Jardín Botánico este mes. De hecho está previsto hacer un monográfico con variedades antiguas que ocuparán seis de los cuadros de nuestra huerta con dos variedades en cada uno. En breve se reunirán el conservador del Jardín, Jaime Güemes, y el director de la Estación Experimental Agraria de Carcaixent, Josep Roselló, para decidir que variedades serán las elegidas en función de sus cualidades organolépticas, culturales o históricas.

 

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De las variedades tradicionales de tomate cultivadas en nuestro territorio el más conocido sin duda es el tomate valenciano. Muy carnoso y de sabor excepcional sobre todo si ha sido cultivado en al zona de Perelló, ya que la textura arenosa de la tierra y la elevada salinidad del agua hacen que el tomate absorba todavía más azúcares y tenga un característico sabor dulzón. En cuanto a la forma podemos encontrar el tipo “masclet”, el más utilizado, que termina en una punta redondeada, y también la “femella” que es un poco más grande y con una pequeña oquedad en la parte inferior.

 

También encontramos otras variedades como el “centenares”, que produce muchos racimos, el “garbí”, que indica su zona de procedencia, el “rosa”, por su llamativo color encarnado o el de ”pebre”, por su forma parecida al pimiento. Hay muchos más, pero en mi caso particular me decanto por el “carne” ya que su sabor es inmejorable y es muy carnoso, el problema es que sólo se producen tres o cuatro tomates por mata y hay que mimarlos mucho porque no tiene mucho follaje que proteja al fruto, pero vale la pena si eres fan de los tomates.

 

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En cuanto a los pimientos destacaríamos el “cuerno”, que es largo y se recoge verde por lo que guarda cierto parecido con el italiano pero más estrecho, carnoso y gustoso. También estarían el de “torrar”, grande, carnoso y con una característica tonalidad rojiza, ya que se deja madurar más tiempo en mata, que se utiliza sobre todo para asar, y por otra parte el “amarillo” bastante carnoso también pero que se consume principalmente en salmuera.

 

Y respecto a las berenjenas solemos utilizar la “blanca” que puede ser de forma globosa o alargada pero siempre tendrá pocas semillas y un agradable sabor, la “verde” con una textura más oleosa y untuosa que es una delicia, y la conocida “listada de Gandía” también muy rica y la más comercializada al ser más productiva que las anteriores.

 

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Sembrando sabor

Ante la gran variedad de semillas que encontramos hoy en el mercado tanto ecológico como convencional, es difícil decidirse por un cultivo u otro. En el Jardín nos decantamos siempre por variedades tradicionales, de carácter ecológico, para recuperar en parte la sabiduría popular de nuestros agricultores que durante siglos han fomentado la biodiversidad agrícola. Algo que ahora parece no estar accesible al consumidor en cuanto a grandes superficies se refiere.

 

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Podemos comprar las semillas directamente pero lo mejor es participar en los intercambios de semillas, de los que ya os hablamos en el artículo anterior, que asociaciones como Llavors d’ací llevan a cabo en nuestro territorio durante todo el año. Así, al no tratarse de semillas híbridas podemos extraerlas con cariño de nuestros cultivos y guardarlas para el año siguiente.

 

Una vez elijamos nuestros cultivos y sus variedades los sembraremos en semilleros que podéis comprar directamente en vuestras tiendas habituales de plantas o recurrir a versiones más caseras como los vasitos de yogur y similares. En cuanto a la tierra, también venden preparados para semilleros pero en el Jardín preferimos la turba porque es esponjosa y conserva muy bien la humedad.

 

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Con dos semillas en cada hueco será suficiente y después habrá que dejarlas en un lugar oscuro y resguardado del frío, y mantener siempre húmeda la tierra para que germinen. Una vez germinadas trasladarlas a un sitio más luminoso para que se desarrollen adecuadamente, pero nunca al exterior. Una vez alcancen el tamaño adecuado, dos o tres pisos de hojas, estarán listas para plantar, pero ya estaremos en el mes de abril, así que os seguiremos contando en el próximo artículo.

 

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Mientras tanto podemos preparar la infraestructura necesaria para que las tomateras puedan crecer correctamente. Hay varias formas de hacer las estructuras, siendo las más utilizadas las de tipo barraca, para ello necesitaremos cañas de dos metros aproximadamente y cuerda de cáñamo. También podemos diseñarlas en espaldera y si plantásemos en invernadero, utilizaríamos hilo atado a la estructura superior, con el fin de que las plantas suban por el mismo.

Carmen Latorre

Jardinera del Botánico de la Universidad de Valencia

Encargada de la huerta y las plantas útiles

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